SONETO
Muchas
aves hay allí, perfectas a la vista;
sus ojos del sol se defienden
y luchan contra la luz que las ofende,
nunca
aparecen, pero en la oscuridad o la noche:
salen para alegrarse, para ver el fuego brillante,
para jugar en el fuego, como ellos fingen,
al contrario de ello, como ellos quieren.
¡¡Ay!! de aquella clase pudiera yo ser por derecho;
Pero no soy capaz de soportar su mirada;
aún no puedo ocultarme en ningún lugar oscuro;
tan solo tengo el recuerdo de aquella cara,
con mis ojos débiles, temblorosos e inestables,
para contemplar mi destino y mi ventaja;
pues sé que entro corriendo en la luz.