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Sexto Aurelio Propercio

 

 

 

SEXTO AURELIO PROPERCIO

Italia (50 a.C.-15 a.C.)

CINTIA FUE LA PRIMERA (Elegías I 12 ) 

¿Por qué no dejas de acusarme de pereza

y de que Roma, tentadora, me demora?

Ella está alejada tantas millas de mi lecho

cuantas Hípanis dista del Erídano véneto;

ni Cintia me alimenta con su abrazo los acostumbrados amores,
ni su voz suena dulce en nuestro oído.

Antes le era grato; en aquel tiempo a nadie le tocó

poder amar con tal fidelidad.

Fuimos motivo de envidia; ¿no me habrá abrumado algún dios?


¿O la hierba nos separa, recogida en cimas prometeicas?

Ya no soy el que era: un largo camino muda a los enamorados.

¡Cuán grande amor huyó en poco tiempo!

Ahora, por vez primera, solitario, soy obligado a conocer las largas noches

y a que sea, yo mismo, a mis oídos, molesto.
Feliz quien pudo llorar junto a su amada presente:

mucho goza Amor en las lágrimas derramadas;

o si, despreciado, pudo cambiar sus amores,

también hay gozos en la cambiada esclavitud.

A mí no me es posible amar a otra o desistir de ésta;

Cintia fue mi primer amor, Cintia será el último.

 

 

¿CREER QUE PUEDE?

 

¿Crees que puede aún de tu belleza acordarse

quien viste de tu lecho salir con velas al viento?

¡Cruel quien pudo a su niña cambiar por dinero!

¿Tanto valía África entera para hacerte llorar?

Mas tú, necia, en dioses, tú en vacías palabras confías:

quizás él frota su pecho con un amor diferente.

Tienes belleza inmensa, tienes arte de Palas la casta,

 y fama radiante de un sabio abuelo te alumbra,

una casa feliz, si tuvieras un amigo leal.

Yo te seré leal: ¡corre, niña, a mi lecho!

Tú también, que haces aún más los fuegos del estío crecer,

Febo, acorta el camino de la luz que obliga a esperar.

¡Mi noche primera se acerca! ¡Dure esta noche primera!,

espera, Luna, un poco más en mi lecho primero.

¡Cuántas horas sin fin pasarán, conversando nosotros,

hasta que Venus a sus dulces armas nos eche!

Antes habrá de hacerse un pacto y sellar juramentos

y la ley en este nuevo amor he de escribir.

Amor en persona tales garantías con su sello refuerza:

testigo es la corona labrada de la diosa estelar.

Pues, cuando no se afirma el lecho con pacto ninguno,

carece de dioses que la venguen la noche en vigilia,

y a quienes unió, luego la lascivia sus cadenas desata:

 sujeten nuestra lealtad los augurios primeros.

Y así, quien quiebre los pactos en altares sellados 

y manche los sacros esponsales con tálamo nuevo,

padezca los dolores que en el amor acostumbran

y ofrezca su cabeza al rumor charlatán;

y, al llorar a su dueña, no se le abran las ventanas de noche:

ame siempre, mas del fruto del amor siempre carezca.

 

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