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Eugenio de Nora

 

 

 

EUGENIO DE NORA

España, Zacos, León (1923)

CARMEN DEL ÉXTASIS

Distraída del mundo,
más, lejana como un vuelo de pájaros,
tú existes dónde el silencio empieza,
dónde el alma, dónde las avenidas misteriosas,
de árboles altos y de sombra extraña
nos llevan a la pena más hermosa,
dónde la noche llora,
constelada frente a sí misma,
porque todo es poco,
porqué los mundos brillan en la nada,
como nosotros, dónde la belleza suspende el tiempo,
dónde canta mi voz más sola,
en mi reducto último, allí estás tú, silencio, alma.
Alza los ojos, tienes la cabeza de una imposible luz aureolada,
quieres, querrías, pero no te sientes,
porqué eres sólo noche, noche clara.
Ah dame ese silencio, rompe esta belleza que nos mata,
y en tu infinita noche, álcese un viento dulce, despertando ramas.

 

POESÍA

Bajo el alba,
entre rosas extasiadas,
salí camino del cielo,
para ver si te encontraba.

Para ver si te encontraba,
y tú, mi vida, no estabas.
Tú no estabas. Entre rosas,
llamándote, bajo el alba.

Hallé rosas de la aurora
venciendo mares de sombra.
Miré rosas de la tierra,
erguidas porque las quieran,
las besen.
Cántico del sol que muere,
vi las rosas del poniente.
Los ángeles las regalan.

Y tú, mi vida, no estabas.
Rosa de nadie, ignorada.
Tú, que te harás porque si,
y sin servir para nada.

De tu perfección avara,
purísima, alma del alma,
rosa bella, sin motivo,
oh, poesía mía, increada.
 
 

 
CANCIÓN SIN DESTINO

Tú, nunca encontrado,
sólo a quien busqué.
¿Siempre he de seguirte
sin llegarte a ver?

Amor prometido
en rosa y en luna,
en toda belleza
que quede o que huya...

Tú que me naciste.
y el amor nació;
unidad completa,
soledad, amor.

¡Amor sin amada!
¡Fantasma de fe,
nostalgia, recuerdo
que nunca miré!

¿No eres tú quien mueve
la buena pelea,
tú, a quien se va siempre,
y nunca se llega?

Si eres en mi alma
flor de eternidad,
¡florécete y huye,
no me des la paz!

Pero, no: en el mundo
me naciste un día;
pues en ti soy hombre,
déjame que viva.

Estoy: una vida
es la eternidad.
Jamás tendré otra,
te quiero alcanzar.

¡Sí, quiero alcanzarte,
y tenerte, sí;
vivir un destino,
vivir y vivir!

¡Yo quiero tus ojos,
tu voz y tu boca,
y tu alma y tu carne
toda, toda, toda!

lOh, amor prometido
que nunca he de ver;
si eres como un sueño,
bella debes serl


CANCIÓN TRISTE

Mi tristeza decía:

¿Qué flor nueva iluminas
en tu tierra de voz?
Sangran viejas heridas,
y llora el ruiseñor
de ayer, al aire nuevo,
su canción.

Y yo:

¡Ay, amor,
que te fuiste y te vuelves;
ay, amor!

Mi alegría decía:

No sé si el tiempo gira,
o si retorno yo,
pero rosales de oro
miro otra vez en flor,
y en una fuente seca
juega el agua y el sol.
¡La primavera vuelve,
corazón!

Mi corazón decía:

¡Primavera otra vez!
Cántale, ruiseñor,
tu antigua y siempre nueva,
siempre bella canción:
«Cuánto te quiero, mi vida y
mi sol.
¡Ya el nomeolvides tuyo
floreció!»

Y yo decía, sólo,
tu estribillo, canción:

¡Ay, amor,
que te fuiste y te vuelves;
¡ay, amor!
 

 
ADIÓS

¿Recuerdas? Era así. Césped de alfombra
florecía en colores dulcemente,
y en la vibrante y tibia y clara sombra
era verdad tu cuerpo adolescente.

Dorados, rosas, blancos, tus vestidos:
gaviotas de aquel cielo, extenuadas
por adioses inmensos, sólo oídos
en mis remotas playas deslumbradas.

¡Adiós, amor! Tu fuego ya en mi pecho.
¿Dónde el mundo y su forma, luz gozosa?
¡Huye, cintura breve, astro deshecho, 

opaca ya en tu piel la luz hermosa!
Nada quedaba, boca. Así fui hecho
a la furia: besar un ascua rosa.

 

 

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