NADIE
RECUERDA YA
De sus bondades, se ponderan muchas,
tantas al menos como de esas triacas
de cuyo armario y orden se olvidó el boticario.
La poesía -según ya se escribió-
con artimañas de estratego «saca
del argumento conclusión sutil».
Pero ¿y lo poco airoso del escriba,
su irrelevancia o equivocidad
respecto a un cañamazo de vocablos y músicas
de consistencia nueva o suficiente,
de cierta condición escamondada
para que el artilugio, al menos, no fatigue?
Temblones, cuando no desorientados
por ese filo, náufragos sin leño,
ni siquiera datamos ya: la fecha
en que tal solipsismo se instalara
aparece borrosa en los anales. No es siquiera
precisa como arranque de epidemia mortal:
sí frasco de perfume que gastó ya su aroma
y al que un pueril apego nos impide trizar.
ESLABONES IDÉNTICOS
Como la tea, que sirvió una vez
para alumbrar en el festín de bodas
y prender, de la novia, la pira funeraria,
con similar presura, desfilaron tus años.
Ni siquiera una ráfaga de viento
concedió tregua alguna a los instantes
que ahora, encadenados, se recuerdan.
Fue, asimismo, ilusoria suspensión
amar, leer, escribir y viajar. Y embriagarte.
RIQUEZAS
Unos sostienen sus huertos oreados,
sus panales, sus eras y sus viñas,
mas no conocen las fases del mosto.
Yo no te tengo más que a ti.
Otros tienen sus flotas y arsenales
y capean temporales en la Bolsa
durmiendo entre unos brazos mercenarios.
Yo no te tengo más que a ti.
Los demás tienen prisas y negocios
y tratan de llegar pronto a una cita
para que esta demencia continúe.
Yo no te tengo más que a ti.
CUERPO
Se intentó lo posible, lo imposible:
negarlo, sublimarlo, resaltar su vigor,
su decaimiento.
Soldar la intolerable dualidad,
exaltar en las artes sus más bajas funciones
a fin de redimirlo una vez cuando menos
de los grilletes de la opacidad.
Fue inútil. Ahí está marcando el paso,
imposible es poner cotos a un fundo
lluvioso, soleado, sibilante, en silencio.
Es igual: terco siempre y correoso,
reñido a muerte -sólo ésta fatal-
con cuanto aspire a límite o a cifra.
ARQUEO NAVIDEÑO 1998
El Preso- Van a matarme... ¿Qué dirá mañana
esa prensa canalla?
Max - Lo que le manden.
Valle-Inclán
¿Cuánto,
antes y luego de las dulces fiestas
-que no es intención de uno alterar digestiones
ni pulsos que belén o árbol adornan-,
vale un niñín inglés o americano?
Mucho, en divisas fuertes.
Mucho, de clase media para arriba.
Mucho, si cuentas lo que su familia
y otras instancias, públicas o no,
invirtieron en él desde el primer vagido.
Ya le gustara, ya, a ese niño iraquí
mutilado o entero, pero aún vivo
(nunca libre, pues sufre a un tirano bestial),
que le fuera asignada, no digo aquella suma:
sólo la millonésima fracción
del coste de un misil «inteligente»
que borró de su lado y para siempre
al tibio compañero de pupitre o estera
cuyo hueco aullará contra nosotros
hasta el fin de los tiempos
exigiendo venganza.