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Manuel María Flores

 

 

 

MANUEL MARÍA FLORES

México, San Andrés Chalchicomula (1840-1885)

ADIÓS 

Adiós para siempre, mitad de mi vida, 
un alma tan sólo teníamos los dos; 
mas hoy es preciso que esta alma divida 
la amarga palabra del último adiós. 

¿Por qué nos separan? ¿No saben acaso 
que pasa la vida cual pasa la flor? 
cruzamos el mundo como aves de paso... 
mañana la tumba, ¿por qué hoy el dolor? 

¿La dicha secreta de dos que se adoran 
enoja a los cielos, y es fuerza sufrir? 
¿Tan sólo son gratas las almas que lloran 
al torvo destino?... ¿La ley es morir?... 

¿Quién es el destino?... Te arroja a mis brazos, 
en mi alma te imprime, te infunde en mi ser, 
y bárbaro luego me arranca a pedazos 
el alma y la vida contigo... ¿por qué? 

Adiós... es preciso. No llores... y parte. 
La dicha de vernos nos quitan no más; 
pero un solo instante dejar de adorarte, 
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ¡Jamás! 

Con lazos eternos nos hemos unido; 
en vano el destino nos hiere a los dos... 
¡las almas que se aman no tienen olvido, 
no tienen ausencia, no tienen adiós!

SOÑABA
(Heine) 

Soñaba yo: mis párpados henchidos 
de lágrimas sentía; 
soñé que estabas en la tumba, muerta, 
y muerta te veía... 
Era un sueño no más , pero despierto 
lloraba todavía. 

Estaba yo soñando, y por la cara, 
el llanto me corría; 
soñé que te arrancaba de mi lado 
alguno, vida mía... 
Era un sueño no más, pero despierto 
lloraba todavía. 

Soñaba yo... Me ahogaban los sollozos, 
el llanto me bebía... 
Estaba yo soñando que me amabas, 
¡soñando que eras mía! 
¡Era un sueño no más, no más que un sueño, 
y lloro, más que nunca, todavía!

 

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