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Mariano Brull

 

 

 

MARIANO BRULL Y CABALLERO

Cuba, Camagüey (1891-1956)

DESNUDO 

Su cuerpo resonaba en el espejo 
vertebrado en imágenes distantes: 
uno y múltiple, espeso, de reflejo 
reverso ahora de inmediato antes. 

Entraba de anterior huida al dejo 
de sí mismo, en retornos palpitantes, 
retenido, disperso, al entrecejo 
de dos voces, dos ojos, dos instantes. 

Toda su asencia estaba —en su presencia— 
dilatada hasta el próximo asidero 
del comienzo inminente de otra ausencia: 

rumbo intacto de espacio sin sendero 
al inmóvil azar de su querencia, 
¡estatua de su cuerpo venidero!
 

 
VÍSPERA 

Al caos me asomo... 
El caos y yo 
por no ser uno 
no somos dos. 
Vida de nadie, 
de nada... —No: 
entre dos vidas 
viviendo en dos, 
víspera única 
de doble hoy. 
Muere en la máscara 
quien la miró, 
yo —por dos vidas— 
me muero en dos...
 

 
EL NIÑO Y LA LUNA 

La luna y el niño juegan 
un juego que nadie ve; 
se ven sin mirarse, hablan 
lengua de pura mudez. 

¿Qué se dicen, qué se callan, 
quién cuenta una, dos y tres, 
y quién, tres, y dos, y uno 
y vuelve a empezar después? 

¿Quién se quedó en el espejo, 
luna, para todo ver? 
Está el niño alegre y solo: 
la luna tiende a sus pies 

nieve de la madrugada, 
azul del amancer; 
en las dos caras del mundo 
—la que oye y la que ve— 
se parte en dos el silencio, 
la luz se vuelve al revés, 
y sin manos, van las manos 
a buscar quién sabe qué, 
y en el minuto de nadie 
pasa lo que nunca fue... 

El niño está solo y juega 
un juego que nadie ve.

 

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