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Lewis Carroll

 

 

 

LEWIS CARROLL

Reino Unido, Daresbury, Cheshire (1832-1898)

DEDICADO A ALICE PLEASENCE LIDDELL 

Niño de pura y despejada frente 
en cuyos ojos brilla el asombro de un sueño: 
aunque el tiempo pase raudo y quiera 
que media vida me separe de la tuya 
tu tierna sonrisa acogerá con gozo 
el regalo, lleno de amor, de un cuento. 

No he visto tu cara radiante de luz 
ni he oído la caricia de tu risa de plata; 
la memoria de tu joven vida no guardará 
luego de mí recuerdo alguno... 
¡Básteme ahora que quieras escuchar 
el cuento que te voy a contar! 

Una historia que comenzó en días ya pasados 
en el bochorno de una tarde de verano... 
Una simple canción servía para impulsar 
el ritmo de nuestro remar... 
sus ecos perviven aún en la memoria; los años 
envidiosos no lograrán hacérmelos olvidar. 
¡Ven pronto y escucha, pues! Antes de que esa voz 
venga a anunciar la terrible nueva 
¡Y ordene acostarse a la melancólica joven 
en ese lecho que tan poco desea!... 
Amada: no somos más que niños grandes 
que se agitan en vano cuando llega la hora de dormir 

Afuera, triunfan los hielos y azotan las nieves, 
brama la locura desatada del vendaval... 
Dentro, nos acoge el rescoldo del hogar 
y el nido feliz de la niñez. 
Quedarás prendado por las mágicas palabras: 
dejará de atemorizarte el furor de la tormenta. 

Y aunque la sombra de un suspiro 
quizá lata a lo largo de esta historia, 
añorando esos «alegres días de un estío de antaño» 
y el recuerdo desvanecido de un verano ya pasado... 
no ajará con su infeliz aliento 
la gracia encantada de nuestro cuento. 

Bajo un soleado cielo, una barca 
se desliza calladamente 
en el sueño de una tarde de verano... 

Tres niñas se acurrucan muy cerca, 
los ojos brillantes, el oído atento 
quisieran oír un sencillo cuento... 

Mucho ha ya de aquel soleado cielo, 
se apagan sus ecos y su recuerdo... 
El gélido otoño ha muerto aquel julio estival. 

Mas su espíritu..., aún inquieta mi ánimo: 
Alicia deambulando bajo cielos 
que nunca ojos mortales vieron. 

Aún querrán niños un cuento, 
los ojos brillantes, el oído atento 
acurrucándose amorosos a mi lado. 

Penetran en un país de maravillas. 
Soñando mientras pasan los días, 
soñando mientras mueren los estíos. 

Siempre deslizándose con la corriente..., 
siempre flotando en ese rayo dorado..., 
la vida, acaso, ¿no es más que un sueño?

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