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Juan del Encina

 

 

 

JUAN DEL ENCINA

España, Salamanca (1468-1530)

No te tardes que me muero, 
carcelero, 
no te tardes que me muero. 

Apresura tu venida 
porque no pierda la vida, 
que la fe no está perdida, 
carcelero, 
no te tardes que me muero. 

Bien sabes que la tardança 
trae gran desconfiança; 
ven y cumple mi esperança, 
carcelero, 
no te tardes que me muero. 

Sácame desta cadena, 
que recibo muy gran pena, 
pues tu tardar me condena. 
Carcelero, 
no te tardes que me muero. 

La primer vez que me viste 
sin te vencer me venciste; 
suéltame, pues me prendiste. 
Carcelero, 
no te tardes que me muero. 

La llave para soltarme 
ha de ser galardonarme, 
proponiendo no olvidarme. 
Carcelero, 
no te tardes que me muero. 

Fin 

Y siempre cuanto vivieres 
haré lo que tú quisieres 
si merced hacerme quieres. 
Carcelero, 
no te tardes que me muero.
 

 
ROMERICO

Romerico, tú que vienes 
De donde mi vida está, 
Las nuevas de ella me da, 
Dame nuevas de mi vida 
Así Dios te dé placer, 
Si tú me quieres hacer 
Alegre con tu venida. 
Que después de mi partida 
De mal en peor me va. 
Las nuevas de ella me da.
 

 
ROMANCE

Yo me estava reposando, 
durmiendo como solía. 
Recordé, triste, llorando 
con gran pena que sentía. 
Levantéme muy sin tiento 
de la cama en que dormía, 
cercado de pensamiento, 
que valer no me podía. 
Mi passión era tan fuerte 
que de mí yo no sabía. 
Conmigo estava la Muerte 
por tenerme compañía. 
Lo que más me fatigava 
no era porque muría, 
mas era porque dexava 
de servir a quien servía. 
Servía yo una señora 
que más que a mí la quería, 
y ella fue la causadora 
de mi mal sin mejoría. 
La media noche passada, 
ya que era cerca el día, 
salíme de mi posada 
por ver si descansaría. 
Fui para donde morava 
aquella que más quería, 
por quien yo triste penava, 
mas ella no parecía. 
Andando todo turbado 
con las ansias que tenía, 
vi venir a mi Cuidado 
dando bozes, y dezía: 
«Si dormís, linda señora, 
recordad por cortesía, 
pues que fuestes causadora 
de la desventura mía. 
Remediad mi gran tristura, 
satisfazed mi porfía, 
porque si falta ventura 
del todo me perdería.» 
Y con mis ojos llorosos, 
un triste llanto hazía 
con sospiros congoxosos, 
y nadie lo parecía. 
En estas cuitas estando, 
como vi que esclarecía, 
a mi casa sospirando 
me bolví sin alegría.

 

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