Índice de Autores

Juan Boscán

 

 

 

JUAN BOSCÁN

España, Barcelona (1493-1542)

   

A LA TRISTEZA

Tristeza, pues yo soy tuyo, 
tú no dejes de ser mía; 
mira bien que me destruyo 
sólo en ver que el alegría 
presume de hacerme suyo. 

¡Oh, tristeza! 
que apartarme de contigo 
es la más alta crueza 
que puedes usar conmigo. 
No huyas ni seas tal 
que me apartes de tu pena; 
soy tu tierra natural, 
no me dejes por la ajena 
do quizá te querrán mal. 

Pero, di: 
ya que estó en tu compañía, 
¿cómo gozaré de ti, 
que no goce de alegría? 
Que el placer de verte en mí, 
no hay remedio para echallo, 
¿quién jamás estuvo así? 
que de ver que en ti me hallo, 
me hallo que estoy sin ti. 

¡Oh ventura! 
¡Oh amor, que tú hiciste 
que el placer de mi tristura 
me quitase de ser triste! 
Pues me das por mi dolor 
el placer que en ti no tienes, 
porque te sienta mayor, 
no vengas, que si no vienes, 
entonces vernás mejor. 
Pues me places, 
vete ya, que en tu ausencia 
sentiré yo lo que haces 
mucho más que en tu presencia
 

 
SONETO XXIX

Nunca de amor estuve tan contento, 
que en su loor mis versos ocupase: 
ni a nadie consejé que se engañase 
buscando en el amor contentamiento. 

Esto siempre juzgó mi entendimiento, 
que deste mal todo hombre se guardase; 
y así porque esta ley se conservase, 
holgué de ser a todos escarmiento. 

¡Oh! vosotros que andáis tras mis escritos, 
gustando de leer tormentos tristes, 
según que por amar son infinitos; 

mis versos son deciros: «¡Oh! benditos 
los que de Dios tan gran merced hubistes, 
que del poder de amor fuésedes quitos».
 

 
SONETO LIV

Ha tanto ya que mi desdicha dura, 
que en esto solo tuve mi esperanza; 
esperé de fortuna su mudanza, 
que por mí no negara su natura. 

Entendióme, yo pienso, la ventura, 
y ha tornado al revés mi confianza; 
que por tenerme siempre so la lanza, 
firme se ha hecho, y de su ser no cura. 

Para bien destruirme, se destruye; 
deja de ser, por ser contra mí fuerte; 
sus leyes naturales en mí vence. 

Pensé do no hay razón, que hubiera suerte; 
agora sé que el mundo ya me huye; 
y es fuerza que otro mundo se comience.
 

 
SONETO LXI

Dulce soñar y dulce congojarme, 
cuando estaba soñando que soñaba; 
dulce gozar con lo que me engañaba, 
si un poco más durara el engañarme; 

dulce no estar en mí, que figurarme 
podía cuanto bien yo deseaba; 
dulce placer, aunque me importunaba 
que alguna vez llegaba a despertarme: 

¡oh sueño, cuánto más leve y sabroso 
me fueras si vinieras tan pesado 
que asentaras en mí con más reposo! 

Durmiendo, en fin, fui bienaventurado, 
y es justo en la mentira ser dichoso 
quien siempre en la verdad fue desdichado.
 

 
SONETO LXXIV

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, 
dulces y alegres cuando Dios quería! 
Juntas estáis en la memoria mía, 
y con ello en mi muerte conjuradas. 

¿Quién me dijera, cuando en las pasadas 
horas en tanto bien por vos me vía, 
que me habíades de ser en algún día 
con tan grave dolor representadas? 

Pues en un hora junto me llevastes 
todo el bien que por términos no distes, 
llevadme junto al mal que me dejastes. 

Si no, sospecharé que me pusistes 
en tantos bienes, porque deseastes 
verme morir entre memorias tristes.
 

 
SONETO LXXXII

Cargado voy de mí doquier que ando, 
y cuerpo y alma, todo me es pesado; 
sin causa vivo, pues que estó apartado 
de do el vivir su causa iba ganando. 

Mi seso está sus obras desechando; 
no me queda otra renta, ni otro estado, 
sino pasar pensando en lo pasado, 
y cayo bien en lo que voy pensando. 

Tanto es el mal, que mi corazón siente 
que sola la memoria de un momento 
viene a ser para mí crudo accidente. 

¿Cómo puede vivir mi pensamiento 
si el pasado placer y el mal presente 
tienen siempre ocupado el sentimiento?

1