Índice de Autores

José Agustín Goytisolo

 

 

 

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

España, Barcelona (1928-1999)

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás 
porque la vida ya te empuja 
como un aullido interminable. 

Hija mía, es mejor vivir 
con la alegría de los hombres, 
que llorar ante el muro ciego. 

Te sentirás acorralada, 
te sentirás perdida o sola, 
tal vez querrás no haber nacido. 

Yo sé muy bien que te dirán 
que la vida no tiene objeto, 
que es un asunto desgraciado. 

Entonces siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso. 

Un hombre sólo, una mujer 
así, tomados de uno en uno, 
son como polvo, no son nada. 

Pero yo cuando te hablo a ti, 
cuando te escribo estas palabras, 
pienso también en otros hombres. 

Tu destino está en los demás, 
tu futuro es tu propia vida, 
tu dignidad es la de todos. 

Otros esperan que resistas, 
que les ayude tu alegría, 
tu canción entre sus canciones. 

Entonces siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso. 

Nunca te entregues ni te apartes 
junto al camino, nunca digas 
no puedo más y aquí me quedo. 

La vida es bella, tú verás 
como a pesar de los pesares, 
tendrás amor, tendrás amigos. 

Por lo demás no hay elección 
y este mundo tal como es 
será todo tu patrimonio. 

Perdóname, no sé decirte 
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino. 

Y siempre, siempre, acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso .
 
 
ESA FLOR INSTANTÁNEA...

 
Miedo a perderse ambos, 
vivir el uno sin el otro: 
miedo a estar alejados 
en el viento de la niebla, 
en los pasos del día, 
en la luz del relámpago, 
en cualquier parte. Miedo 
que les hace abrazarse, 
unirse en este aire 
que ahora juntos respiran. 
Y se buscan y se buscan 
esa flor instantánea 
que cuando se consigue 
se deshace en un soplo 
y hay que ir a encontrar otras 
en el jardín umbrío. 
Miedo; bendito miedo 
que propicia el deseo 
la agonía y el rapto, 
de los que mueren juntos 
y resucitan luego. 
 
 
Y SALUDA A SU AUSENCIA

 
Noche de los amantes: la seducen 
los momentos que vive. Ahora se mira, 
acaricia su cuerpo muy despacio 
mientras piensa por Dios que aún es hermosa. 

Noche de los amantes; él se acerca, 
la abraza por la espalda ante el espejo 
y así enlazados van a la vidriera. 
Puso la mano ahí: tacto y dulzura.

Noche de los amantes: ella observa 
la ciudad ardiente y cree ver su casa 
lejos entre otras muchas. Mueve un brazo 
y saluda a su ausencia. Y se estremece. 
 

 
LA NOCHE LE ES PROPICIA

 
Todo fue muy sencillo: 
ocurrió que las manos 
que ella amaba, 
tomaron por sorpresa 
su piel y sus cabellos; 
que la lengua 
descubrió su deleite. 
¡Ah! detener el tiempo! 
Aunque la historia 
tan sólo ha comenzado 
y sepa que la noche 
le es propicia, 
teme que con el alba 
continúe su sed 
igual que siempre. 
Ahora el amor la invade 
una vez más. ¡Oh tú 
que estás bebiendo! 
Apiádate de ella, 
su garganta está seca, 
ni hablar puede. 
Pero escucha su herido, 
respira la agonía 
de un éxtasis y el ruego: 
¡no te vayas, no, no te vayas. 
¡Quiero beber yo! 
 

 
EL QUE CUENTA LAS CAMPANADAS

 
El amante de medianoche, 
el que ansió que ella le siguiera, 
el que cuenta las campanadas 
como un enfermo desahuciado; 
el que pone cara de cárcel 
cuando se mira en el espejo: 
es el furtivo que no duerme 
acechando a su compañera, 
y ella es feliz porque ahora 
vive una noche tan inefable 
y tan honda como la muerte.

 

1