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Luis de Góngora y Argote

 

 

 

LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

España, Córdoba (1561-1627)

A DON ANTONIO VENEGAS, OBISPO DE PAMPLONA 

¡Oh, de alto valor, de virtud rara 
Sacro esplendor, en toda edad luciente, 
Cuya fama los términos de Oriente 
Ecos los hace de su trompa clara! 

Vuestro cayado pastoral, hoy vara, 
Dará flores, y vos gloriosamente, 
Del pellico a la púrpura ascendiente, 
Subiréis de la mitra a la tiara. 

No es voz de fabulosa deidad ésta, 
Consultada en oráculo profano, 
Sino de la razón muda respuesta. 

Deja su urna el Betis, y lozano 
Cuantos engendra toros la floresta 
Por vos fatiga el hábito africano.
 

 
A FRANCISCO DE QUEVEDO (atribuido) 

Anacreonte español, no hay quien os tope, 
Que no diga con mucha cortesía, 
Que ya que vuestros pies son de elegía, 
Que vuestras suavidades son de arrope. 

¿No imitaréis al terenciano Lope, 
Que al de Belerofonte cada día 
Sobre zuecos de cómica poesía 
Se calza espuelas, y le da un galope? 

Con cuidado especial vuestros antojos 
Dicen que quieren traducir al griego, 
No habiéndolo mirado vuestros ojos. 

Prestádselos un rato a mi ojo ciego, 
Porque a luz saque ciertos versos flojos, 
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.
 

 
A UN SUEÑO 

Varia imaginación que, en mil intentos, 
A pesar gastas de tu triste dueño 
La dulce munición del blando sueño, 
Alimentando vanos pensamientos, 

Pues traes los espíritus atentos 
Sólo a representarme el grave ceño 
Del rostro dulcemente zahareño 
(Gloriosa suspensión de mis tormentos), 

El sueño (autor de representaciones), 
En su teatro, sobre el viento armado, 
Sombras suele vestir de bulto bello. 

Síguele; mostraráte el rostro amado, 
Y engañarán un rato tus pasiones 
Dos bienes, que serán dormir y vello.

 
 
AL CONDE DE VILLAMEDIANA, DE SU FAETÓN 

En vez de las Helíades, ahora 
Coronan las Pïérides el Pado, 
Y tronco la más culta levantado, 
Suda electro en los números que llora. 

Plumas vestido ya las aguas mora 
Apolo, en vez del pájaro nevado 
Que a la fatal del Joven fulminado 
Alta rüina, voz debe canora. 

¿Quién, pues, verdes cortezas, blanca pluma 
Les dio? ¿Quién de Faetón el ardimiento, 
A cuantos dora el Sol, a cuantos baña 

Términos del océano la espuma, 
Dulce fía? Tú métrico instrumento, 
Oh Mercurio del Júpiter de España.

 

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