LA
COPA DEL REY DE THULE
Hubo en Thule un rey amante,
Que a su amada fue constante
Hasta el día en que murió;
Ella, en el último instante,
Su copa de oro le dio.
El buen rey, desde aquel día,
Sólo en la copa bebía,
Fiel al recuerdo tenaz,
Y al beber humedecía
Una lágrima su faz.
Llegó el momento postrero
Y el hijo su reino entero
Cedióle, como era ley:
Sólo negó al heredero
La copa el constante rey.
En la torre que el mar besa.
Por orden del rey expresa
(Tan próximo ve su fin),
La corte, en la regia mesa,
Gozó el último festín.
En postrer soplo el anciano
Moribundo soberano
Apuró sin vacilar,
Y con enérgica mano
arrojó la copa al mar.
Con mirada de agonía,
la copa que al mar caía,
Fijo y ávido siguió,
Vio como el mar la sorbía,
y los párpados cerró.
LA DESPEDIDA
¡Deja que adiós te diga con los ojos,
ya que a decirlo niéganse mis labios
¡La despedida es una cosa seria
aun para un hombre, como yo, templado!
Triste en el trance se nos hace, incluso
del amor la más dulce y tierna prueba;
frío se me antoja el beso de tu boca
floja tu mano, que la mía estrecha.
¡La caricia más leve, en otro tiempo
furtiva y volandera, me encantaba!
Era algo así cual la precoz violeta,
que en marzo en los jardines arrancaba.
Ya no más cortaré fragantes rosas
para con ellas coronar tu frente.
Paquita es primavera, pero otoño
para mí, por desgracia, será siempre.