Índice de Autores

Gutierre de Cetina

 

 

 

GUTIERRE DE CETINA

España, Sevilla (1520-1557)

 

 

AL MONTE DONDE FUE CARTAGO

Excelso monte do el romano estrago 
eterna mostrará vuestra memoria; 
soberbios edificios do la gloria 
aún resplandece de la gran Cartago; 

desierta playa, que apacible lago 
lleno fuiste de triunfos y victoria; 
despedazados mármoles, historia 
en quien se ve cuál es del mundo el pago; 

arcos, anfiteatros, baños, templo, 
que fuistes edificios celebrados 
y agora apenas vemos las señales; 

gran remedio a mi mal es vuestro ejemplo: 
que si del tiempo fuistes derribados, 
el tiempo derribar podrá mis males

 

¡Ay, sabrosa ilusión, sueño süave!, 
¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo veniste? 
¿Por dónde entraste el alma o qué le diste 
a mi secreto por guardar la llave? 

¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan grave, 
el remedio poner que tú pusiste? 
Si el ramo tincto en Lete en mí esparciste, 
ten la mano al velar que no se acabe. 

Bien conozco que duermo y que me engaño, 
mientra envuelto en un bien falso, dudoso, 
manifiesto mi mal se muestra cierto. 

Pero, pues excusar no puedo un daño, 
hazme sentir, ¡oh sueño pïadoso!, 
antes durmiendo el bien, que el mal despierto.

 

¿Qué aprovecha, señor, andar buscando 
hora el puerco montés cerdoso y fiero?, 
¿qué aprovecha seguir ciervo ligero 
ni con hierba crüel andar tirando?; 

¿qué aprovecha, señor, ir remontando 
la garza con halcón muy altanero?, 
¿qué aprovecha, señor, tirar certero 
allí una liebre, aquí un faisán matando?; 

si va siempre tras vos vuestro cuidado, 
si en el alma lleváis el pensamiento, 
si estáis asido dél cuando más suelto, 

si traéis el pensar tan regalado 
que donde estáis más libre y más contento 
a las presas andáis con él envuelto.

 

Horas alegres que pasáis volando 
porque a vueltas del bien mayor mal sienta; 
sabrosa noche que en tan dulce afrenta 
el triste despedir me vas mostrando; 

importuno reloj, que apresurando 
tu curso, mi dolor me representa; 
estrellas con quien nunca tuve cuenta, 
que mi partida vais acelerando; 

gallo que mi pesar has denunciado; 
lucero que mi luz va obscureciendo; 
y tú, mal sosegada y moza aurora; 

si en vos cabe dolor de mi cuidado, 
id poco a poco el paso deteniendo, 
si no puede ser más, siquiera un hora.

 

Entre armas, guerra, fuego, ira y furores, 
que al soberbio francés tienen opreso, 
cuando el aire es más turbio y más espeso, 
allí me aprieta el fiero ardor de amores. 

Miro el cielo, los árboles, las flores, 
y en ellos hallo mi dolor expreso, 
que en el tiempo más frío y más avieso 
nacen y reverdecen mis temores. 

Digo llorando: «¡Oh dulce primavera, 
cuándo será que a mi esperanza vea 
ver de prestar al alma algún sosiego!» 

Mas temo que mi fin mi suerte fiera 
tan lejos de mi bien quiere que sea, 
entre guerra y furor, ira, armas, fuego.

 

1