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Garcilaso de la Vega

 

 

 

GARCILASO DE LA VEGA

España, Toledo (1503-1536)

 

 

SONETO III 

La mar en medio y tierras he dejado 
de cuanto bien, cuitado, yo tenía; 
y yéndome alejando cada día, 
gentes, costumbres, lenguas he pasado. 

Ya de volver estoy desconfiado; 
pienso remedios en mi fantasía; 
y el que más cierto espero es aquel día 
que acabará la vida y el cuidado. 

De cualquier mal pudiera socorrerme 
con veros yo, señora, o esperallo, 
si esperallo pudiera sin perdello; 

mas no de veros ya para valerme, 
si no es morir, ningún remedio hallo, 
y si éste lo es, tampoco podré habello.

 

SONETO IV 

Un rato se levanta mi esperanza: 
mas, cansada de haberse levantado, 
torna a caer, que deja, mal mi grado, 
libre el lugar a la desconfianza. 

¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado! 
Esfuerza en la miseria de tu estado; 
que tras fortuna suele haber bonanza. 

Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos 
romper un monte, que otro no rompiera, 
de mil inconvenientes muy espeso. 

Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, 
quitarme de ir a veros, como quiera, 
desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.

 

SONETO X 

¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas, 
dulces y alegres cuando Dios quería, 
Juntas estáis en la memoria mía, 
y con ella en mi muerte conjuradas! 

¿Quién me dijera, cuando las pasadas 
horas que en tanto bien por vos me vía, 
que me habiáis de ser en algún día 
con tan grave dolor representadas? 

Pues en una hora junto me llevastes 
todo el bien que por términos me distes, 
lleváme junto el mal que me dejastes; 

si no, sospecharé que me pusistes 
en tantos bienes, porque deseastes 
verme morir entre memorias tristes.

 

SONETO XXII 

Con ansia extrema de mirar qué tiene 
vuestro pecho escondido allá en su centro, 
y ver si a lo de fuera lo de dentro 
en apariencia y ser igual conviene, 

en él puse la vista: mas detiene 
de vuestra hermosura el duro encuentro 
mis ojos, y no pasan tan adentro 
que miren lo que el alma en sí contiene. 

Y así se quedan tristes en la puerta 
hecha, por mi dolor, con esa mano 
que aun a su mismo pecho no perdona; 

donde vi claro mi esperanza muerta. 
y el golpe, que os hizo amor en vano 
non esservi passato oltra la gona.

 

SONETO XXXII 

Mi lengua va por do el dolor la guía; 
ya yo con mi dolor sin guía camino; 
entrambos hemos de ir, con puro tino; 
cada uno a parar do no querría; 

yo, porque voy sin otra compañía, 
sino la que me hace el desatino, 
ella, porque la lleve aquel que vino 
a hacerla decir más que querría. 

Y es para mí la ley tan desigual, 
que aunque inocencia siempre en mí conoce, 
siempre yo pago el yerro ajeno y mío. 

¿Qué culpa tengo yo del desvarío 
de mi lengua, si estoy en tanto mal, 
que el sufrimiento ya me desconoce?

 

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