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Gerardo Diego

 

 

 

GERARDO DIEGO

España, Santander (1896-1987)

EL CIPRÉS DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas al cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando ti vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

 
A MANUEL MACHADO 

Porque se llama Manuel 
y Machado se apellida, 
en su verso Muerte y Vida 
juegan partida y nivel. 

¿Quién vence? Tablas. Y él, 
banderillero de Apolo, 
supo, cantó y está solo: 
ese poeta chapado 
que se apellida Machado 
y le llamaban Manolo.


ÁNGELUS 
A Antonio Machado 

Sentado en el columpio 
el ángelus dormita 



Enmudecen los astros y los frutos 

Y los hombres heridos 
pasean sus surtidores 
como delfines líricos 

Otros más agobiados 
con los ríos al hombro 
peregrinan sin llamar en las posadas 



La vida es un único verso interminable 



Nadie llegó a su fin 
Nadie sabe que el cielo es un jardín 



Olvido. 


El ángelus ha fallecido 


Con la guadaña ensangrentada 
un segador cantando se alejaba 


CONTINUIDAD 

Las campanas en flor no se han hecho para los senos de oficina 
ni el tallo esbelto de los lápices remata en cáliz de condescendencia 
La presencia de la muerte 
se hace cristal de roca discreta 
para no estorbar el intenso olor a envidia joven 
que exhalan los impermeables 

Y yo quiero romper a hablar a hablar 
en palabras de nobles agujeros dominó del destino 
Yo quiero hacer del eterno futuro 
un limpio solo de clarinete con opción al aplauso 
que salga y entre libremente por mis intersticios de amor y de odio 
que se prolongue en el aire y más allá del aire 
con intenso reflejo en jaspe de conciencias 

Ahora que van a caer oblicuamente 
las últimas escamas de los llantos errantes 
ahora que puedo descorrer la lluvia 
y sorprender el beso tiernísimo de las hojas y el buen tiempo 
ahora que las miradas de hembra y macho 
chocan sonoramente y se hacen trizas 
mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo 
dejadme salir en busca de mis guantes 
perdidos en un desmayo de cielo acostumbrado a mudar de pechera 

La vida es favorable al viento 
y el viento propicio al claro ascendiente de los frascos de esencia 
y a la iluminación transversal de mis dedos 
Un álbum de palomas rumoroso a efemérides 
me persuade al empleo selecto de las uñas bruñidas 
Transparencia o reflejo 
el amor diafaniza y viaja sin billete 
de alma a alma o de cuerpo a cuerpo 
según todas las reglas que la mecánica canta 

Ciertamente las campanas maduras no saben que se cierran como los senos de oficina 
cuando cae el relente 
ni el tallo erguido de los lápices comprende que ha llegado el momento de coronarse de gloria 
Pero yo sí lo sé y porque lo sé lo canto ardientemente 
Los dioses los dioses miradlos han vuelto sin una sola cicatriz en la frente


GUITARRA 

Habrá un silencio verde
todo hecho de guitarras destrenzadas

La guitarra es un pozo
con viento en vez de agua



INSOMNIO 

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes. 
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo, 
y tú, inocente, duermes bajo el cielo. 
Tú por tu sueño, y por el mar las naves. 

En cárceles de espacio, aéreas llaves 
te me encierran, recluyen, roban. Hielo, 
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo 
que alce hasta ti las alas de mis aves. 

Saber que duermes tú, cierta, segura 
—cauce fiel de abandono, línea pura—, 
tan cerca de mis brazos maniatados. 

Qué pavorosa esclavitud de isleño, 
yo, insomne, loco, en los acantilados, 
las naves por el mar, tú por tu sueño.


NOCTURNO 
A Manuel Machado. 

Están todas 

También las que se encienden en las noches de moda 

Nace del cielo tanto humo 
que ha oxidado mis ojos 

Son sensibles al tacto las estrellas 
No sé escribir a máquina sin ellas 

Ellas lo saben todo 
Graduar el mar febril 
y refrescar mi sangre con su nieve infantil 

La noche ha abierto el piano 
y yo las digo adiós con la mano.

 

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