Al
besar sus labios, (pues hallé tal gracia)
creí
oler un jardín de dulces flores:
que
delicados aromas esparcen en su torno
para
que las damas de sus amantes la cámaras decoren.
Sus
labios olían como los alhelíes,
sus
mejillas frescas como rosas rojas
sus
cejas de nieve como capullos de campánula
sus ojos amados como templados claveles.
Su
regazo hermoso como un lecho de fresas,
su
cuellos, como un ramo de aguileñas,
sus
pechos, como azucenas ante de nacer las hojas,
sus
pezones como jazmines jóvenes floridos
Tan
fragantes flores dan los armónicos olores,
pero
su dulce aroma a todas excedía.