A una señora que se facilitaba por
dinero
Éntrale el basto siempre a la doncella
cuando de oros el hombre no ha fallado,
espadas su manjar es descartado
porque lo quiere así la madre della.
La malilla, aunque deje de tenella,
no perderá, tanto es lo que le ha entrado;
y si quiere elegir, porque ha robado,
él es la copa y la malilla es ella.
Quien entrare a jugar, quien hombre fuere,
si de oros a triunfar no se dispone,
nunca ganar aquesta polla espere.
Carta de más, dinero no repone
en esta mano, antes quien la diere,
su basto encima a la malilla pone.
A un amigo benemérito mal premiado
Fabio, ni te lamento desdichado,
ni me aflige el clamor de tu justicia,
que repartiendo premios la malicia
en el justo es honor no ser premiado.
Si la ignorancia memoria ha dado
con letras de oro escrito a la codicia,
qué aguarda el sabio; deba a la injusticia
el gusto de vivir desengañado.
Fuerza es que te venza el desconsuelo,
si pasas a impaciente de quejoso,
no, Fabio, más valiente es tu prudencia.
Piensas que en algo se descuida el cielo,
juzgas que aquí el castigo no es forzoso,
sabes cuán poco dura una violencia.
A una dama hermosísima que se quemó en el incendio de una casa
En viva nieve delicada y pura
mostró su enemistad el fuego aleve,
sin duda tuvo celos desta nieve
porque también quemaba su blancura.
Ya de Troya la infausta desventura
de la llama voraz es rigor leve,
si a una ciudad hermosa allí se atreve,
aquí consume un mundo de hermosura.
Tus brasas, oh sacrílego elemento,
a Clori hicieran Fénix peregrina
que en la común piedad renace ufana;
pero qué cierto es que con tu aliento
no vencieras materia tan divina
a no ayudarte la miseria humana.
A un beso de una dama
Divina boca de dulzores llena,
dichoso el labio que te besa y toca,
que no hay en cuantas hay tan dulce boca,
ni para aprisionarme tal cadena.
No el sabroso panal de la colmena
a tanto gusto y suavidad provoca,
que está el dulzor en ti y el suyo apoca
el ámbar, el clavel, el azucena.
Mas dentro de la miel está escondido
el aguijón crüel con que me hieres,
y nadie de la vida [ve] este signo;
boca tierna y pecho empedernido,
no, ni jamás en todas las mujeres
boca tan blanda y corazón tan di[g]no.
A una mujer que ponía los cuernos al conde
Letra:
Lágrimas de embuste
más me endurecen,
pues regados con ellas
mis cuernos crecen.
Glosa:
Niña del negro cabello
y de muchos corazones,
lloras los cuernos que pones,
aquí te caigan en ello.
Quieres que vuelva mi cuello
al yugo de tus engaños,
cuando me avisan mis daños
y desengaños me ofrecen,
que con lágrimas falsas
mis cuernos crecen.
Viví un tiempo enamorado,
mas ya sin culpa o castigo,
cuanto escribo y cuanto digo
es efecto recatado;
que un cuerno ratificado
con embustes, y de su dueño,
dará que sentir a un leño,
que lágrimas no merecen
cuando riegan cuerno,
mis cuernos crecen.
Glosa
Un nuevo jinete vi
del tribu de Zabulón,
no sabe de garrochón,
de lanza y esponja sí.
Cuando al monarca español
recibe alegre Castilla,
en su poderosa silla
cuya águila pudo al sol,
ser la octava maravilla
a la plaza que atendí,
según su ser, a Dios vi,
que era la esfera corintia,
no me engañando la pinta
un nuevo jinete vi.
Nunca en África lidió
contra moros de Alá veces,
ni cual Aníbal perdió
el ojo cuando se vio
sobre los Alpes franceses;
mas del torrente cedrón,
vino después de Nerón
por el incendio descrito,
y es según se ha hallado escrito
del tribu de Zabulón.
Éste, pues, desvanecido,
porque el tiempo le prestó,
desque con pluma se vio,
quiso ser tan atrevido
que su propio ser negó;
y subido en un frisón,
sin verse como pavón,
quiso dar su pavonada,
y aunque ha entrado estocada,
no sabe de garrachón.
De la ganancia y usura
sabe tanto que me espanto,
como no ha robado cuanto
el sol descubrir procura,
que la tierra encubre tanto;
pero no ha faltado allí
el natural de rabí
que luego no le dijese
que en garrochón no entendiese
de lanza y de esponja sí.
Romance satírico a la cazuela de la comedia
En la cazuela del mundo
todos somos pepitoria,
mas en la de la comedia
lo son las mujeres solas.
Más sin gusto el cocinero
le tiene las tardes todas:
quien lo ha probado lo dice,
quien no lo sabe, no lo oiga.
Porque si aquí son enteras,
son las cabezas las mozas,
y las viejas las costillas,
nada carne y todo costras;
las flacas son los alones,
mucho hueso en carne poca,
y en su sudor derretidas
son la manteca las gordas.
Los pescuezos desvaídos
son las muy largas y angostas;
la pimienta las taimadas,
y las mollejas las bobas;
las feas que se aderezan
son especias que sazonan,
por sí solas desabridas
y aderezadas, gustosas.
La sangre cuajada son
todas las necias hermosas,
y en ser un manjar del limbo
-ni bien pena, ni bien gloria-
las afeitadas son salsa
adonde cualquiera moja.
Con perejiles las unas
y con mostazas las todas,
en el portero apretador,
para dar fin a la historia,
es el cucharón de palo
porque las revuelve a todas.
Romance
Francelisa, la más bella
ninfa que pisó cristal,
y sobre coturnos de oro
lleva su tributo al mar,
doliente y correspondida
de Amarilis en el mal,
ella sabe por qué llora
y cuán llorosa estará.
Primas son y las primeras
flores que dio Portugal:
una, formación de estrellas;
otra, de rayos no más;
lo que rubrica la perla,
la siempre luz orïental,
tensa imagen del Aurora
y sol que amanece ya.
Rojos anima claveles
en los dos labios que más
bella afrenta de las perlas
el Amor supo celar.
De sí mismo dé sus flechas,
pues las que al arco da
hebras son finas que Clori
apenas sabe envidiar.
El aliento que respira
quintaesencia es del azahar;
abriles y mayos pisa
con su animado cristal.
Si con dos luceros mira
-que aun no se dejan mirar-,
qué no rinde, qué no vence,
y qué no conquistará.
Presa tiene a Francelisa,
y ella en sus brazos está;
el peligro de sus brazos
de mi muerte lo sabrá.
Con rayos el sol
a cuya lumbre jamás
habrá libre corazón,
habrá exenta libertad.
Dulces son de Amor cadenas,
y aun dellas no liberal,
en la mezcla de los ojos
donde es dulce el espirar.
Cuanto dice y cuanto hace
es peligroso ademán,
el buen aire es su retrato,
si se puede retratar.
La que en su norte es estrella
y no de lumbre polar,
sino de la luz más fija
que venera nuestra edad;
es la suya en pocos años
muchos siglos de beldad,
hermosura con veneno
y peligro que adorar.
Que se le huye y que vive
y que se deja alcanzar,
que no envidie el escarmiento,
que no desprecie el afán.
Por ella llora Amarilis,
por ella llorando están
cuantos saben entender,
cuantos supieren mirar.
Francelisa, agradecida,
o teniendo que pagar,
con su hermosísima prima
dio celos y aun quizá más;
pues para sacar de Amor
misterio que oculto está,
hoy le faltará el deseo
y mañana le sobrará.
Discursos son de la envidia
en la culpa de un mordaz,
Francelisa y Amarilis
magna conjunción es ya.
Romance
Más de una ley tiene Amor
hecha por el que no guarda,
y de glorias que promete
breve plazo desengaña.
La que tenebrosa noche
pasó prometida clara
muchos me prestó luceros
para ver luz que me falta.
Cuántas el no fijo norte
me hizo ver luminarias,
tenebrosas para mí,
puesto el sol de mi esperanza;
en cuyas dudosas sombras,
no injusta queja acompaña
de la deidad más dormida
el ansia más desvelada.
Así pasé de un olvido
noche en mal que tarde pasa,
prestando papel el viento
a quejas que al viento daba.
Una prometida puerta,
con mil lágrimas bañada,
resistió de mis suspiros
y de mis ansias la llama.
A un borracho
Entró a hacer la razón
Gil Toribio en la taberna,
y en vez de hacer la razón
Toribio quedó sin ella.
Era el divino Toribio
un ángel en la pureza,
y en ser de espíritu puro
es divino por esencia.
Cual ángel cayó Toribio,
que, aunque de vino, humos eran,
y así luego lo derriban
humos contra la cabeza.
Así que cayó Toribio,
ya por demonio se cuenta;
y es el Toribio tan diablo
que hasta las paredes tienta.
Los ojos tiene enramados
Toribio, y es cosa cierta
que el ramo de los ojos dice
que hay allá dentro taberna.
De seda estaba vestido
-que hay monas que visten seda-,
y aunque se quedó vestido,
no hay duda que en cueros queda.
Sus ojos vasos de vidrio
por de fuera vino enseñan,
y aunque estén encarnizados,
más cuero que carne muestran.
Un mal le dejó de gota
jarro que sin gota queda,
que otros renquean por gota
y él por azumbres renquea.
Y como en cueros nació
y en cueros morir espera,
para más conformidad
en cueros vivir desea.
Siempre tuvo alma devota,
siempre a lo que Dios enseña
humilde su pecho inclina,
la medida lo gobierna.
Aborreció el agua en vida,
y en la muerte es cosa cierta
que para morir en paz
se reconcilió con ella.