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André Breton

  

 

 

ANDRÉ BRETON

Francia, Tinchebray (1896-1966)

  

LO ESCRITO SE LO LLEVA EL VIENTO

El raso de las páginas de los libros que se hojean modela una mujer tan hermosa 
Que cuando no se lee se contempla esa mujer con tristeza 
Sin osar hablarle sin osar decirle que es tan hermosa 
Que cuando uno está por saber no tiene precio 
Esa mujer pasa imperceptiblemente entre un murmullo de flores 
A veces se da vuelta en las temporadas impresas 
Para preguntar la hora o mejor quizás finge contemplar atentamente las joyas 
De un modo insólito en criaturas humanas 
Y el mundo muere una ruptura se produce en los anillos de aire 
Una herida a nivel corazón 
Los diarios matutinos traen cantantes cuyas voces tienen el color de la arena en orillas tiernas y peligrosas 
Y a veces los vespertinos dejan paso libre a cumplidas muchachitas que conducen fieras encadenadas 
Pero lo mejor está en el intervalo de ciertas letras 
Donde manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía 
Saquean un nido de golondrinas blancas 
A fin de que llueva para siempre 
Tan bajo tan bajo que las alas no puedan entremezclarse 
Manos por las que se asciende hasta brazos tan leves que el vapor de los prados en sus graciosas volutas sobre las charcas es un espejo imperfecto 
Brazos que sólo se articulan al peligro excepcional de un cuerpo creado para el amor 
Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de las zarzas llenas de velos 
Y que sólo tiene de terrestre la inmensa verdad de hielo de los trineos de miradas sobre la extensión absolutamente blanca 
De lo que no veré nunca más 
A causa de una venda maravillosa 
Que es la que utilizo al jugar al gallo ciego de las heridas.


LA UNIÓN LIBRE

Mi mujer de cabellera de fuego de madera 
De pensamientos de relámpagos de calor 
De cintura de reloj de arena 
Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre 
Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud 
De dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca 
De lengua de ámbar y de vidrio frotados 
Mi mujer de lengua de hostia apuñalada 
De lengua de muñeca que cierra y abre los ojos 
De lengua de piedra increíble 
Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil 
De cejas de borde de nido de golondrina 
Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero 
Y de vaho en los vidrios 
Mi mujer de hombros de champaña 
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo 
Mi mujer de muñecas de cerillos 
Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones 
De dedos de heno cortado 
Mi mujer de axilas de marta y de hayucos 
De noche de San Juan 
De ligustro y de nido de escalares 
De brazos de espuma de mar y de esclusa 
Y de mezcla del trigo y del molino 
Mi mujer de piernas de cohete 
De movimientos de relojería y de desesperación 
Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco 
Mi mujer de pies de iniciales 
De pies de llaveros de pies de calafanes que beben 
Mi mujer de cuello de cebada no perlada 
Mi mujer de garganta de Valle de oro 
De cita en el lecho mismo del torrente 
De pechos de noche 
Mi mujer de pechos de topera marina 
Mi mujer de pechos de crisol de rubíes 
De pechos de espectro de la rosa bajo el rocío 
Mi mujer de vientre de despliegue de abanico de los días 
De vientre de garra gigante 
Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical 
De espalda de azogue 
De espalda de luz 
De nuca de canto rodado y de tiza mojada 
Y de caída de un vaso en el que acaba de beberse 
Mi mujer de caderas de barquilla 
De caderas de lustro y de penas de flecha 
Y de tronco de plumas de pavo real blanco 
De balanza insensible 
Mi mujer de nalgas de asperón y de amianto 
Mi mujer de nalgas de espalda de cisne 
Mi mujer de nalgas de primavera 
De sexo gladiolo 
Mi mujer de sexo de yacimiento de oro y de ornitorrinco 
Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos 
Mi mujer de sexo de espejo 
Mi mujer de ojos llenos de lágrimas 
De ojos de panoplia violeta y de aguja imantada 
Mi mujer de ojos de sabana 
Mi mujer de ojos de agua para beber en la cárcel 
Mi mujer de ojos de madera siempre bajo el hacha 
De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego


EN LA RUTA DE SAN ROMÁN

La poesía se hace en el lecho como el amor 
Sus sábanas deshechas son la aurora de las cosas 
La poesía se hace en los bosques 
Tiene todo el espacio que necesita 

No éste sino otro que condicionan 
El ojo del Milano 
El rocío sobre la planta cola de caballo 

El recuerdo de una empañada botella de Traminer sobre una bandeja de plata 
Un alta verga de tumolina sobre la mar 
Y la ruta de la aventura mental 
Que sube vertical 
Y al primer alto se enmaraña 

No se grita por las calles 
Es inconveniente dejar la puerta abierta 
O llamar testigos 

Los bancos de peces la banda de pájaros 
Los rieles a la entrada de una gran estación 
Los reflejos entre dos orillas 
Los surcos en el pan 
Las burbujas del arroyo 
Los días del calendario 
La hierba de San Juan 

El acto de amor y el acto de poesía 
Son incompatibles 
Con la lectura en voz alta del periódico 

La dirección del rayo del sol 
El fulgor azul que enlaza los hachazos del leñador 
El hilo del palote en forma de corazón o de nasa 
El golpear acompasado de la cola de los castores 
La diligencia del relámpago 
El chorro de almendras de lo alto de viejos peldaños 
La avalancha 

La cámara de los hechizos 
No señores no es la Cámara de diputados 
Ni los vapores de la recámara una tarde de domingo 

La figuras de danza en trasparencias sobre las charcas 
La delimitación contra un muro de un cuerpo de mujer al lanzarlos puñales 
Las volutas claras del humo 
Los bucles del pelo 
La curva de la esponja de Filipinas 
Los lazos de la serpiente coral 
La entrada de la hiedra en las ruinas 

Tiene todo el tiempo para ella 
El abrazo poético como el abrazo carnal 
Mientras dura prohíbe toda caída en la miseria del mundo.

 

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