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Manuel Altolaguirre

  

 

 

MANUEL ALTOLAGUIRRE

España, Málaga (1905-1959)

 

Bibliografía: Las islas invitadas y otros poemas (Málaga, 1926); Ejemplo (Málaga, 1927); Soledades juntas (Madrid, 1931); La lenta libertad (Madrid, 1936); Las islas invitadas (Madrid, 1936); Nube temporal (La Habana, 1939); Poemas de las islas invitadas (México, 1944); Nuevos poemas de las islas invitadas (México, 1946), Fin de un amor (México, 1949); Poemas en América (Málaga, 1955)- Poesías completas (México, 1960); Vida poética (Málaga, 1962), y Poema del agua (Málaga, 1973).

FIN DE UN AMOR 

No sé si es que cumplió ya su destino, 
si alcanzó perfección o si acabado 
este amor a su límite ha llegado 
sin dar un paso más en su camino. 

Aún le miro subir, de donde vino, 
a la alta cumbre donde ha terminado 
su penosa ascensión. Tal ha quedado 
estático un amor tan peregrino. 

No me resigno a dar la despedida 
a tan altivo y firme sentimiento 
que tanto impulso y luz diera a mi vida. 

No es culminación lo que lamento. 
Su culminar no causa la partida, 
la causará, tal vez, su acabamiento.


MIS PRISIONES 

Sentirse solo en medio de la vida 
casi es reinar, pero sentirse solo 
en medio del olvido, en el oscuro 
campo de un corazón, es estar preso, 
sin que siquiera una avecilla trine 
para darme noticias de la aurora. 

Y el estar preso en varios corazones, 
sin alcanzar conciencia de cuál sea 
la verdadera cárcel de mi alma, 
ser el centro de opuestas voluntades, 
si no es morir, es envidiar la muerte.


PLAYA 

A Federico García Lorca 

Las barcas de dos en dos, 
como sandalias del viento 
puestas a secar al sol. 

Yo y mi sombra, ángulo recto. 
Yo y mi sombra, libro abierto. 

Sobre la arena tendido 
como despojo del mar 
se encuentra un niño dormido. 

Yo y mi sombra, ángulo recto. 
Yo y mi sombra, libro abierto. 

Y más allá, pescadores 
tirando de las maromas 
amarillas y salobres. 

Yo y mi sombra, ángulo recto. 
Yo y mi sombra, libro abierto.


SEPARACIÓN 

Mi soledad llevo dentro, 
torre de ciegas ventanas. 

Cuando mis brazos extiendo 
abro sus puertas de entrada 
y doy camino alfombrado 
al que quiera visitarla. 
Pintó el recuerdo los cuadros 
que decoran sus estancias. 
Allí mis pasadas dichas 
con mi pena de hoy contrastan. 

¡Qué juntos los dos estábamos! 
¿Quién el cuerpo? ¿Quién el alma? 
Nuestra separación última, 
¡qué muerte fue tan amarga! 

Ahora dentro de mí llevo 
mi alta soledad delgada.


TUS PALABRAS 

Apoyada en mi hombro 
eres mi ala derecha. 
Como si desplegaras 
tus suaves plumas negras, 
tus palabras a un cielo 
blanquísimo me elevan. 

Exaltación. Silencio. 
Sentado estoy a mi mesa, 
sangrándome la espalda, 
doliéndome tu ausencia.

 
 
POR DENTRO 

Mis ojos grandes, pegados 
al aire, son los del cielo. 
Miran profundos, me miran 
me están mirando por dentro. 

Yo pensativo, sin ojos, 
con los párpados abiertos, 
tanto dolor disimulo 
como desgracias enseño. 

El aire me está mirando 
y llora en mi oscuro cuerpo; 
su llanto se entierra en carne, 
va por mi sangre y mis huesos, 
se hace barro y raíces busca 
con las que brotar del suelo. 

Mis ojos grandes, pegados 
al aire, son los del cielo. 
En la memoria del aire 
estarán mis sufrimientos.


MIRADAS 

Ojos de puente los míos 
por donde pasan las aguas 
que van a dar al olvido. 
Sobre mi frente de acero 
mirando por las barandas 
caminan mis pensamientos. 

Mi nuca negra es el mar, 
donde se pierden los ríos, 
y mis sueños son las nubes 
por y para las que vivo. 

Ojos de puente los míos 
por donde pasan las aguas 
que van a dar al olvido.


 

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