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Rafael Alberti

 

POEMARIOS

Marinero en tierra

 

 

RAFAEL ALBERTI

España, Cádiz (1902-1999)

   

A FEDERICO GARCÍA LORCA 

Sal tú, bebiendo campos y ciudades, 
en largo ciervo de agua convertido, 
hacia el mar de las albas claridades, 
del martín-pescador mecido nido; 

que yo saldré a esperarte, amortecido, 
hecho junco, a las altas soledades, 
herido por el aire y requerido 
por tu voz, sola entre las tempestades. 

Deja que escriba, débil junco frío, 
mi nombre en esas aguas corredoras, 
que el viento llama, solitario, río. 

Disuelto ya en tu nieve el nombre mío, 
vuélvete a tus montañas trepadoras, 
ciervo de espuma, rey del monterío.


GALOPE 

Las tierras, las tierras, las tierras de España, 
las grandes, las solas, desiertas llanuras. 
Galopa, caballo cuatralbo, 
jinete del pueblo, 
al sol y a la luna. 

¡A galopar, 
a galopar, 
hasta enterrarlos en el mar! 

A corazón suenan, resuenan, resuenan 
las tierras de España, en las herraduras. 
Galopa, jinete del pueblo, 
caballo cuatralbo, 
caballo de espuma. 

¡A galopar, 
a galopar, 
hasta enterrarlos en el mar! 

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; 
que es nadie la muerte si va en tu montura. 
Galopa, caballo cuatralbo, 
jinete del pueblo, 
que la tierra es tuya. 

¡A galopar, 
a galopar, 
hasta enterrarlos en el mar!


ALGUIEN 

Alguien barre 
y canta 
y barre 
(zuecos en la madrugada). 
Alguien 
dispara las puertas. 
¡Qué miedo, 
madre! 
(¡Ay, los que en andas del viento, 
en un velero a estas horas 
vayan arando los mares!) 
Alguien barre 
y canta 
y barre. 
Algún caballo, alejándose, 
imprime su pie en el eco 
de la calle. 
¡Qué miedo, 
madre! 
¡Si alguien llamara a la puerta! 
¡Si se apareciera padre 
con su túnica talar 
chorreando!... 
¡Qué horror, 
madre! 
Alguien barre 
y canta 
y barre.
 

 
CORRIDA DE TOROS 

De sombra, sol y muerte, volandera 
grana zumbando, el ruedo gira herido 
por un clarín de sangre azul torera. 

Abanicos de aplausos, en bandadas, 
descienden, giradores, del tendido, 
la ronda a coronar de los espadas. 

Se hace añicos el aire, y violento, 
un mar por media luna gris mandado 
prende fuego a un farol que apaga el viento. 

¡Buen caballito de los toros, vuela, 
sin más jinete de oro y plata, al prado 
de tu gloria de azúcar y canela! 

Cinco picas al monte, y cinco olas 
sus lomos empinados convirtiendo 
en verbena de sangre y banderolas. 

Carrusel de claveles y mantillas 
de luna macarena y sol, bebiendo, 
de naranja y limón, las banderillas. 

Blonda negra, partida por dos bandas, 
de amor injerto en oro la cintura, 
presidenta del cielo y las barandas, 

rosa en el palco de la muerte aún viva, 
libre y por fuera sanguinaria y dura, 
pero de corza el corazón, cautiva. 

Brindis, cristiana mora, a ti, volando, 
cuervo mudo y sin ojos, la montera 
del áureo espada que en el sol lidiando 

y en la sombra, vendido, de puntillas, 
da su junco a la media luna fiera, 
y a la muerte su gracia, de rodillas. 

Veloz, rayo de plata en campo de oro 
nacido de la arena y suspendido, 
por un estambre, de la gloria, al toro, 

mar sangriento de picas coronado, 
en Dolorosa grana convertido, 
centrar el ruedo manda, traspasado. 

Feria de cascabel y percalina, 
muerta la media luna gladiadora, 
de limón y naranja, remolina 

de la muerte, girando, y los toreros, 
bajo una alegoría voladora 
de palmas, abanicos y sombreros.


EN EL DÍA DE SU MUERTE A MANO ARMADA

Decidme de una vez si no fue alegre todo aquello 
5 x 5 entonces no eran todavía 25 
ni el alba había pensado en la negra existencia de los malos cuchillos. 
Yo te juro a la luna no ser cocinero, 
tú me juras a la luna no ser cocinera, 
él nos jura a la luna no ser siquiera humo de tan tristísima cocina. 
¿Quién ha muerto? 
La oca está arrepentida de ser pato, 
el gorrión de ser profesor de lengua china, 
el gallo de ser hombre, 
yo de tener talento y admirar lo desgraciada 
que suele ser en el invierno la suela de un zapato. 
A una reina se le ha perdido su corona, 
a un presidente de república su sombrero, 
a mí... 
Creo que a mí no se me ha perdido nada, 
que a mí nunca se me ha perdido nada, 
que a mí... 
¿Qué quiere decir buenos días?



LOS ÁNGELES MUERTOS 

Buscad, buscadlos: 
en el insomnio de las cañerías olvidadas, 
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras. 
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube, 
unos ojos perdidos, 
una sortija rota 
o una estrella pisoteada. 
Porque yo los he visto: 
en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas. 
Porque yo los he tocado: 
en el destierro de un ladrillo difunto, 
venido a la nada desde una torre o un carro. 
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban, 
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos. 
En todo esto. 
Más en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego, 
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados, 
no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrían en las paredes. 
Buscad, buscadlos: 
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro 
o la firma de uno de esos rincones de cartas 
que trae rodando el polvo. 
Cerca del casco perdido de una botella, 
de una suela extraviada en la nieve, 
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio.


TRES RECUERDOS DEL CIELO 
Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer. 

PRÓLOGO 

No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel. 
Todo, anterior al balido y al llanto. 
Cuando la luz ignoraba todavía 
si el mar nacería niño o niña. 
Cuando el viento soñaba melenas que peinar 
y claveles el fuego que encender y mejillas 
y el agua unos labios parados donde beber. 
Todo, anterior al cuerpo, al nombre y al tiempo. 
Entonces yo recuerdo que, una vez, en el cielo... 

PRIMER RECUERDO 

... una azucena tronchada... 
G.A.BÉCQUER. 


Paseaba con un dejo de azucena que piensa, 
casi de pájaro que sabe ha de nacer. 
Mirándose sin verse a una luna que le hacía espejo el sueño 
y a un silencio de nieve que le elevaba los pies. 
A un silencio asomada. 
Era anterior al arpa, a la lluvia y a las palabras. 
No sabía. 
Blanca alumna del aire, 
temblaba con las estrellas, con la flor y los árboles. 
Su tallo, su verde talle. 
Con las estrellas mías 
que, ignorantes de todo, 
por cavar dos lagunas en sus ojos 
la ahogaron en dos mares. 
Y recuerdo... 
Nada más: muerta, alejarse. 

SEGUNDO RECUERDO 

... rumor de besos y batir de alas... 
G.A.BÉCQUER.
 

También antes, 
mucho antes de la rebelión de las sombras, 
de que al mundo cayeran plumas incendiadas 
y un pájaro pudiera ser muerto por un lirio. 
Antes, antes que tú me preguntaras 
el número y el sitio de mi cuerpo. 
Mucho antes del cuerpo. 
En la época del alma. 
Cuando tú abriste en la frente sin corona del cielo 
la primera dinastía del sueño. 
Cuando tú, al mirarme en la nada, 
inventaste la primera palabra. 
Entonces, nuestro encuentro. 

TERCER RECUERDO 

... detrás del abanico de plumas de oro... 
G.A.BÉCQUER. 


Aún los valses del cielo no habían desposado al jazmín y la 
nieve, 
ni los aires pensado en la posible música de tus cabellos, 
ni decretado el rey que la violeta se enterrara en un libro. 
No. 
Era la era en que la golondrina viajaba 
sin nuestras iniciales en el pico. 
En que las campanillas y las enredaderas 
morían sin balcones que escalar y estrellas. 
La era 
en que al hombro de un ave no había flor que apoyara la cabeza. 
Entonces, detrás de tu abanico, nuestra luna primera.

 

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