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La arquitectura encierra
el encanto de la tradicional corriente puneña: líneas simples, más asociable
con un oratorio que con una capilla. De planta rectangular, libre de naves
laterales ni sacristía; solo un altar sin aditamentos al fondo, campanario con
acceso mediante escalera externa.
El techo es en forma
de tijera con una tirantería pintada con motivos y colores propios de la
alfarería indígena. Unas pequeñas ménsulas de algarrobo tallado sirven de
asiento a las cabriadas.
El canónigo Juan
Trifón Moyano diferencia dos manos y estilos de obra tras un pormenorizado
estudio de la Capilla:
"la primitiva, construída por asperones ligados
por argamasa de caliza que los indios quemaban en pequeñas hornallas de pirca
seca, entre las cuales colocaban en estrados, por orden, leña, taquilla y
terrones de caliza, varias veces superpuestos, a los que daban fuego, resultando
mal cocida la cal y argamasa granulada; no obstante por su calidad, cualquier
construcción formaba con el tiempo un monolito. La segunda o ensanche,
construída de piedra y adobes quemados y argamasa de cal y mármol, quemada en
hornos de bóveda y arena, en correspondiente proporción; es la época de la
misión y la colonia y Santa Leocadia transformada en la actual San José".
Los cuadros de San
José y de la Inmaculada Madre de Dios, inventariados en 1670, aún existen.
Ambos, de origen cuzqueño, se encuentran un tanto deteriorados. Dos imágenes
de jerarquía artística son el San José y la Purísima, complementados con una
Santa Rita, un San Agustín, pequeñas imágenes de San Pedro y San Pablo, un
crucifijo de Marfil y una Santa Catalina de Siena pintada sobre madera junto a
mobiliario y demás objetos de culto propios de la época colonial.
El 29 de octubre de
1790 la Capilla es testiga del bautismo de quien sería el Brigadier General
Juan Bautista Bustos. Los óleos fueron impuestos por el presbítero Petroneo
Pupili.
Agradecemos
al Arq. Ricardo Muela
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