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El pueblo de Riglos es famoso por
sus mallos, fortaleza pétrea que se asoma sobre el valle
del Gállego y a donde acuden numerosos escaladores para
disfrutar de una de las escuelas de escalada más clásicas
y antiguas de Aragón.
Por ello nos alegra mostraros la primera vía ferrata de
Riglos.
Algo alejada de los mallos principales y junto la peña
Don Justo; esta vía y los rápeles a los que da acceso
(existe otra bajada a pie) pueden proporcionarnos una entretenida
jornada entre clavijas y cuerdas disfrutando de una vista de los
mallos de Riglos verdaderamente excepcional.
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La senda está bastante bien
marcada y tras cruzar el bosque, llegamos al inicio de la
subida situada a la
derecha de la peña Don Justo. Enseguida nos encontramos
con el primer tramo de clavijas que no reviste dificultad. El
siguiente tramo algo más aéreo está provisto
de una sirga a la cual podemos enganchar nuestro arnés
para una mayor seguridad. Más arriba llegamos a otro tramo
de clavijas. Es una travesía muy fácil pero con
una foto estilo "Al filo de lo imposible" que quedará
muy bien en cualquier portafotos que se precie.
Una vez en la cima, tenemos dos opciones:
La más cómoda es bajar por una senda que rodea el
mallo hasta dar con la pista de regreso al pueblo.
La otra es bajar rapelando por una serie de tinglados preparados
para tal fin y que se encuentran atravesando la cima hacia la
izquierda. La senda aquí es menos marcada y mucho nos tememos
que si no se usa acabe desapareciendo.
Los rápeles son seis en total, aunque debido a la situación
del último tinglado es preferible hacer los dos últimos
en uno solo utilizando dos cuerdas de 60; de este modo evitaremos
una reunión tan incómoda como resbaladiza.
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Prepirineo, sierras exteriores. |
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Huesca-Ayerbe-Riglos |
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Vía ferrata corta y fácil. Es posible la bajada a pie. |
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Arnés, mosquetón y casco. Cuerda de 60 para los rápeles (preferiblemente dos para así evitar el último tinglado de rápel) y artilugio de descenso para los que opten por rapelar. |
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Es aconsejable llevar cantimplora y algo para picar porque aunque la vía no es excesivamente larga, la aproximación a las Pils abre el apetito. |
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