
"¡Señor,
sálvanos, que perecemos!" (Mateo 8:25). Este angustioso grito
de los discípulos en medio de la tempestad muestra claramente que la
salvación responde a la perdición, como lo confirman otros
varios pasajes. En 1 Corintios 1:18 se establece un contraste entre
"los que se pierden" y "los que se salvan". Más
adelante el apóstol divide a los hombres entre "los que
se salvan" y " los que se pierden" (2 Corintios 2: 15). El
mensaje del Evangelio afirma igualmente: "El Hijo del Hombre vino a
buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10).
Como culpables,
tenemos necesidad del perdón. Como condenados, nos hace falta la
justificación. Como esclavos, debemos ser rescatados. Al ser
enemigos, debemos ser reconciliados. Finalmente, si estamos perdidos, a
punto de perecer, tenemos necesidad de salvación.
F. B. Hole


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