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Una novel organización
Al
plantearse el tema de la organización, Luis Fernando Figari
declinó ser la cabeza. Como eran tres las áreas de
trabajo, propuso que mensualmente se fuese rotando el cargo de responsable.
Y así sucedió. El padre Haby fue nombrado Asesor religioso.
No todos tenían las
mismas ideas. Así, en 1972 cuando el Cardenal Juan Landázuri
Ricketts, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, envió
a uno de sus Obispos Auxiliares, Mons. Germán Schmitz, el
proyecto futuro era aún difuso. En la reunión tenida
en el distrito de Barranco, Luis Fernando le fue explicando al Obispo
lo que percibía en su interior y cómo veía
que Dios quería una comunidad como aquellas de los comienzos
de la Iglesia, en la que hubiese sacerdotes, laicos consagrados
y casados unidos en un compromiso apostólico. El Obispo dio
su bendición y el grupo fue avanzando.
En los primeros meses de 1973
el Cardenal Arzobispo invitó a Luis Fernando Figari para
que le informara sobre la marcha del Sodalitium. Durante
la reunión le pidió que periódicamente le rindiera
personalmente cuenta de cómo iba desarrollándose esa
"obra de Dios", qué obstáculos encontraba,
qué avances hacía. Así, cada cierto tiempo
el Cardenal invitaba a Luis Fernando al Palacio Arzobispal en donde
luego de recibir el informe daba sus orientaciones y no pocas veces
consejos. Por ello, conocedor desde los primeros momentos de la
prehistoria y de la historia del Sodalicio el Cardenal Landázuri
dijo en 1980: "Esta semilla que decía antes, ha ido
germinando, ha ido creciendo y se ha convertido en un árbol
que ha extendido sus ramas en medio de nuestra Iglesia... Para mí
como Pastor, hermanos, como Obispo de la Iglesia, yo encuentro en
el Sodalitium Christianae Vitae un motivo de profundo consuelo,
de inmensa alegría".
En
1975 la organización fue adquiriendo una fisonomía
más clara y dentro de ella surgió una nueva estructura.
Desde agosto de ese año, Luis Fernando aceptó ser
el responsable de jure. Es la mejor forma de explicarlo,
pues desde siempre fue el corazón de los grupos que formaban
parte del Sodalitium. El año anterior había
fundado una sociedad femenina con el nombre de Asociación
de María Inmaculada.
Para entonces ya se
vislumbraba una plasmación del sueño de Luis Fernando:
una comunidad fraterna de laicos consagrados, sacerdotes y matrimonios
entregados al apostolado. En el año 1977 el Cardenal Arzobispo
de Lima concedió su aprobación al Sodalitium Christianae
Vitae como pía sociedad. Era el primer paso en el íter
canónico.
A partir de entonces quedó
establecida la estructura de una Asamblea, un Superior elegido por
ella y un Consejo de Asistentes que cooperarían en la buena
marcha de la sociedad orientada a su servicio eclesial.
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