PRESOCRÁTICOS

Introducción
Tales
| Anaximandro | Anaxímenes | Pitágoras
Heráclito | Parménides

  Zenón | Empédocles  | Anaxágoras | Demócrito
 

           Platón      

Lao Tse - Confucio

Lisa de Barakaldo
Copyright © 2005 Alberto del Río Núñez
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     Como es de bien nacidos ser agradecidos, se informa que el motivo de abrir este sitio sobre los Presocráticos no ha sido otro sino la reciente lectura de un escrito de un tal Martin Heidegger titulado «Parménides». Aunque más bien debería decir el contramotivo, dado que uno sigue aún sin saber de qué va ni para qué puñetas puede haber sido escrito el texto de marras. Lo cual en modo alguno disipa la arrobada admiración que uno confiesa sentir por un señor capaz de llenar 215 páginas sin decir nada sobre su anunciado tema (a saber: el pensador Parménides) y lo que todavía es más asombroso sin decir nada de nada, salvo tres o cuatro jeremiadas sobre el «olvido» de no se qué «ente» y el machacón dar vueltas a lo bobo por la etimología de unos cuantos términos griegos. 

     En fin si, como afirman algunos —que se supone habrán leído sus obras completas, uno sólo ha leído el texto mentado y dejó a medias, por puro aburrimiento, otro sobre la «esencia de la poesía»—, este tipo es el «pensador de nuestro tiempo»... apaga la luz y vámonos, que aquí ya no se distingue ni la bobería académica del pensamiento crudo y duro. Aunque siempre habrá algún listillo presto a declarar que la expresión más idónea del disparate imperante es justamente el sinsentido del discurso de sus gurúes culturales, asumiendo así como principio la perpetuación sine die del absurdo y plegándose a la omnipresente propaganda encubridora de nuestra tramposa existencia de individuos tan «libres e iguales»... como para poder vender nuestra libertad en el mismo mercadillo que el resto de los objetos de puro consumo.—Por contrapartida, uno reconoce que el origen último de lo aquí escrito —entiéndase: de sus esporádicos aciertos— es la lectura de la obra de ese caballero del pensamiento en pulcro castellano que fue don José Ortega y Gasset. Dicho esto, uno se resiste a creer que alguien a quien Ortega trataba como el otro pensador de su tiempo pueda haber dicho tantas y tan sonadas estupideces como se le atribuyen, por más que uno no tenga la menor gana de tomarse la fatiga de transformar su sospecha en convicción, mediante la lectura de unos textos cuyo gongorino estilo parece imponer leerlos en su lengua de origen.  

 

Tales

Anaximandro

Anaxímenes

Pitágoras

Heráclito

Parménides

Zenón

Empédocles

Anaxágoras

Demócrito

Copyright texto © 2005 Alberto del Río Núñez
Imágenes: René Magritte

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