José Pérez-Espino
Saldo de 9 años de impunidad

José Antonio Cruz Villalpando, un mecánico de 41 años, confesó haber asesinado a su esposa en 1993. Lo arrestaron apenas en abril de 2002, pero un juez lo dejó de inmediato en libertad gracias a un argumento inesperado: prescribió la acción legal en su contra.

No obstante, será procesado por posesión de mariguana, un delito menor muy distinto al de homicidio, según informó El Diario de Juárez.

Así es de grave la impunidad en Ciudad Juárez. En nueve años, se han cometido por lo menos 277 homicidios de mujeres, entre ellas 70 que nunca se identificaron. Oficialmente, se consignó a 157 presuntos responsables ante un juez, de los cuales 73 ya recibieron sentencia.

Pero hay un dato aterrador: al menos 109 asesinos están sueltos. El número incluye a 90 no fueron identificados ni siquiera como sospechosos, según las autoridades.

Los crímenes y la responsabilidad de las investigaciones han pasado por dos gobernadores, cuatro procuradores, siete subprocuradores y siete fiscales especiales. Han entrado y salido de Ciudad Juárez decenas de legisladores, expertos, visitadores de organismos de derechos humanos...

Se han fabricado culpables, la propia policía mató al abogado defensor de un sospechoso, se ha contratado a expertos extranjeros. El egipcio Abdel Latif Sharif lleva seis años y medio preso y aún no se le dicta una sentencia definitiva, aunque las autoridades lo señalan de ser el autor intelectual de varios crímenes aún estando en la cárcel.

La historia los crímenes se repite ahora en Madera, Casas Grandes y en la ciudad de Chihuahua. En lo que va del año se han registrado 14 homicidios más, tan sólo en Ciudad Juárez. El pasado lunes 20 de mayo, el cadáver de otra niña de 13 años fue hallado en una parcela del Valle de Juárez. Cuatro días después, las autoridades informaron que la responsable del crimen fue una hermana de la víctima, de 23 años, quien supuestamente actuó motivada por un ataque de celos: la estranguló porque la menor sostenía relaciones sexuales con su amante de 37 años.

Este es el diario de un crimen colectivo.

Lunes 3 de mayo de 1993

Cerca de un canal de riego, a unos tres metros de la orilla, se halla el cadáver de una mujer. Su cuerpo está boca abajo, cubierto por una toalla. El short que vestía le fue bajado hasta las caderas, igual que la pantaleta. Era de tez morena y de cabello oscuro. Está descalza, sin tierra en los pies, por lo que pudo ser asesinada en otro lugar y luego llevada al sitio donde se le abandonó, un paraje ubicado por el Camino a Ortiz Rubio, junto a la colonia Satélite. Según la autopsia, murió un día antes de asfixia por estrangulamiento. Mostraba golpes en el rostro y en el abdomen. No se le identificó. Tenía de 30 a 35 años de edad y cinco meses de embarazo.


Domingo 8 de mayo de 1994

El cuerpo sin vida de Gladys Yaneth Fierro Vargas, de 12 años, se encuentra en un sembradío de algodón, a la altura del kilómetro 4 del bulevar Gómez Morin, a colonia Satélite. Fue estrangulada y violada. Se la llevaron por la fuerza un día antes, cuando salió de un ensayo escolar. La última vez que la vieron con vida fue en el trayecto de dos cuadras de la secundaria donde estudiaba, a una parada del transporte público en avenida Vicente Guerrero y Monumento a Juárez, en el centro de la ciudad.


Miércoles 9 de noviembre de 1994

El cadáver de una mujer no identificada es localizado en las tapias de un edificio en construcción en la avenida Vicente Guerrero, entre Bolivia y Uruguay. Los peritos calcularon que tenía unos 30 años y que murió por estrangulamiento, después de ser violada. Su cuerpo estaba cubierto por una cobija, vestía una falda roja, suéter color ladrillo y calcetas blancas. Tenía tez morena y rasgos indígenas.

En dos años, entre 1993 y 1994, se cometieron 14 homicidios en circunstancias similares. Cuatro víctimas eran menores de edad: de 11, 12, 13 y 16 años. La prensa nacional todavía no le pone atención al caso. Tampoco las autoridades judiciales.


EL CASO “LOTE BRAVO”

Sábado 19 de agosto de 1995

Un hombre que junta botes de aluminio encuentra el cadáver de Elizabeth Castro García, de 17 años, en la hondonada de un terreno junto al kilómetro 5 del bulevar Óscar Flores, a la altura del Parque Industrial Juárez. Tiene las muñecas amarradas con las cintas de los zapatos. Viste pantalón de mezclilla verde, blusa y calcetas blancas con rayas azules. La última vez que la vieron con vida con vida fue el 14 de agosto, en avenida Juárez y Vicente Guerrero. Fue violada y estrangulada.

Entre el 19 de agosto y el 10 de septiembre, son localizados los restos de siete mujeres, incluyendo el de Castro García. El caso cobra resonancia mundial:

En una brecha cerca de Granjas Santa Elena es hallado el cuerpo de Angélica Márquez Ledezma, de 16 años, y de una mujer no identificada, asesinadas en fechas distintas; en la zona desértica del Lote Bravo, estaba el cuerpo sin vida de Silvia Elena Rivera Morales, de 16 años; en los llanos del Libramiento Aeropuerto y carretera Panamericana la osamenta de una mujer no identificada. Ahí cerca, en el predio Zacate Blanco, es abandonado el cadáver de Olga Alicia Carrillo Pérez, de 20 años, y es encontrada una osamenta más.

Inexplicablemente, la investigación de los homicidios se encargó al Grupo Antisecuestros de la Policía Judicial del Estado, al mando de Francisco Minjares, sin experiencia en la materia.

La averiguación se concentra en estos siete casos y se olvida de los 14 anteriores, pese a que son los mismos o están cercanos entre sí los lugares en donde residían, donde trabajaban y en los que desaparecieron algunas de las víctimas de 1993 a 1995: en el centro de la ciudad y en áreas aledañas a la carretera al bulevar Óscar Flores y al Parque Industrial Juárez.


Miércoles 4 de octubre de 1995

El egipcio Abdel Latif Sharif Sharif es detenido por agentes de la Judicial del Estado. Blanca, una joven de 19 años lo acusa de secuestrarla y violarla, pero no ratifica su declaración ante un juez y los peritos no encuentran huellas de abuso sexual en ella. Sharif es dejado en libertad, pero a través de una orden ministerial y no de un juez, es arrestado de nuevo en un puente internacional, cuando era deportado a Estados Unidos: la Procuraduría de Chihuahua lo señaló públicamente de ser el responsable de los crímenes del Lote Bravo, aunque lo acusó únicamente del homicidio de Elizabeth Castro Carrillo.

Tres años y medio después, el 3 de marzo de 1999, un juez condenó a Sharif a 30 años de prisión. Pero el 31 de marzo de 2000, un magistrado de segunda instancia anuló la sentencia porque no hubo una audiencia de peritos ni se presentó una prueba de ADN necesaria, por lo que ordenó reponer el juicio.

Sharif llegó a Ciudad Juárez el 14 de mayo de 1994 cuando tenía 50 años de edad, procedente de Midland, Texas, según las autoridades judiciales. Es ingeniero químico y vivía del producto de las patentes de procesos petroleros que inventó. Lleva seis años y medio preso y aún no se le dicta una sentencia definitiva.


EL CASO “LOMAS DE POLEO”

Domingo 14 de abril de 1996

En un operativo realizado durante la madrugada en bares y salones de baile del centro de la ciudad, la policía arresta mediante una orden ministerial a 10 integrantes de la banda “Los Rebeldes” y la señala públicamente de cometer ocho crímenes.

Los detenidos son Sergio Armendáriz Díaz, “El Diablo”, de 26 años, identificado como el jefe de la pandilla; además de Romel Omar Ceniceros García “Charly El Chero”; Juan Jorge Contreras Jurado “El Grande”; Gerardo Fernández Molina, “El Flaco”; y Carlos Barrientos, “El Bailarín”.

Un sexto integrante, José Luis Rosales Juárez, “El Sinaloa”, fue liberado en 1997 por falta de pruebas. Se refugió con una hermana en Dallas, Texas, pero fue deportado en febrero de 2001 cuando se le revocó el auto de libertad por una segunda instancia judicial.

Otros cuatro detenidos fueron después liberados por falta de pruebas en su contra o por ser menores de edad.

Las autoridades responsabilizaron a “Los Rebeldes” de cometer el homicidio de ocho mujeres, cuyos cadáveres fueron encontrados en el lapso de un mes, entre el 9 de marzo y el 7 de abril de 1995, en el caso llamado Lomas de Poleo:

El primer cuerpo, de una menor de entre 9 y 12 años, fue localizado en el kilómetro 27 de la carretera a Casas Grandes. Murió acuchillada.

En el área semidesértica de Lomas de Poleo y Anapra, casi en la línea divisoria entre Ciudad Juárez, El Paso, Texas y Sunland Park, Nuevo México, fueron localizados siete cadáveres:

El de Verónica Guadalupe Castro Pando, 16 años, quien murió acuchillada, así como el de Rosario García Leal, de 17 años, quien fue estrangulada y mostraba heridas con arma blanca. Cinco más, como el primer caso, no fueron identificadas.

Formalmente, “Los Rebeldes” fueron acusados de cinco crímenes: el de Rosario García Leal y el de cuatro mujeres que no fueron identificadas. Pero hasta la fecha, seis años después, ninguno ha recibido sentencia por parte de un juez.

Según la Procuraduría de Chihuahua, el egipcio Abdel Latif Sharif ordenó y pagó mil pesos por cada uno de esos crímenes para crear una coartada en su favor.


EL PÁNICO DE RESSLER

En junio de 1998, el gobierno de Chihuahua contrató los servicios del afamado experto en asesinos seriales, el ex agente del FBI, Robert K. Ressler, ahora consultor privado y asesor, por ejemplo, en la redacción del guión de la película El silencio de los inocentes.

Ressler concluyó que tal vez operaban uno o más asesinos en serie y que el o los asesinos podrían ser hispanos o estadunidenses que residen en El Paso y cruzan a Ciudad Juárez a matar mujeres.

El investigador visitó algunos parajes solitarios y sin alumbrado público, por las vías del ferrocarril, que por necesidad las obreras deben cruzar para utilizar el transporte público. Se espantó y dijo que son tan inseguros que él no se atrevería a cruzar por ellos, ni siquiera de día y armado.

El Gobierno del Estado le pagó 75 mil dólares. Los crímenes siguieron. En mayo de 2002 regresó a dar una conferencia en una escuela de sicología, donde repitió la misma versión.


LEGISLADORES Y COMISIONES VAN Y VIENEN


La Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió en 1998 la recomendación 44/98 titulada “Caso de las Mujeres Asesinadas en Ciudad Juárez y sobre la falta de colaboración de las autoridades de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Chihuahua”, a través de la cual denuncia las irregularidades cometidas en las investigaciones y urge a establecer medidas para la protección de las mujeres.

Por su parte, entre el 11 y 12 de mayo de 1998, en plena campaña electoral por la gubernatura, un grupo de diputados federales integrantes de la Comisión de Equidad y Género visitó Ciudad Juárez, expresando su alarma por las múltiples desapariciones y asesinatos de mujeres. Se reunieron con familiares de las víctimas, autoridades judiciales y ONG´s.

Diputados y Gobierno del Estado establecieron 16 compromisos públicos, principalmente, el de encontrar soluciones para terminar con la violencia contra las mujeres y aplicar las medidas de prevención necesarias entre el gobierno federal, estatal y municipal. Se acabó la campaña electoral y los diputados se olvidaron del asunto.

Casi cuatro años después, el 22 de noviembre de 2001, la Cámara de Diputados aprobó la integración de una nueva Comisión Especial para dar seguimiento a las investigaciones de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, integrada por 12 legisladores de los diferentes partidos políticos.

La presidencia de la comisión especial, sin embargo, estuvo acéfala los siguientes cuatro meses, hasta los primeros días de abril pasado, cuando se nombró presidenta a la perredista Hortensia Aragón y se tomó el primer acuerdo: solicitar la colaboración de la PGR en la investigación de los crímenes. El Congreso de Chihuahua también integró su comisión especial para dar seguimiento a las investigaciones.


“EL TOLTECA” Y “LOS RUTEROS”

Miércoles 17 de marzo de 1999

Nancy, de 14 años, quien obtuvo empleo en una maquiladora falsificando su acta de nacimiento, viaja en una unidad de transporte público rumbo a su casa. Es la última pasajera. De pronto, el vehículo se detiene y el chofer se abalanza sobre ella, la golpea hasta dejarla inconsciente, le arranca la ropa y abusa sexualmente de ella. La da por muerta y abandona su cuerpo en un lote baldío cercano a las instalaciones de Pemex, sobre la carretera a Casas Grandes.

La adolescente sobrevivió al ataque y denunció a su agresor, a quien identificó posteriormente: Jesús Manuel Guardado “El Tolteca”, quien huyó a Gómez Palacio, Durango y fue detenido por la policía municipal de aquella ciudad después de haber golpeado a su esposa provocándole un aborto. El jueves 1 de abril, en Ciudad Juárez, fueron arrestados cuatro choferes más: Agustín Toribio Castillo “El Kiani”, José Gaspar Ceballos Chávez “El Gaspy”, Bernardo Hernández Fernández “El Samber” y Víctor Moreno Rivera “El Narco”, integrantes de la banda que fue conocida como “Los Choferes” y “Los Ruteros”.

“El Tolteca”, su presunto líder, fue señalado de ser el responsable de 12 homicidios, luego de seis. Finalmente, la procuraduría lo consignó ante un juez por el ataque sexual y tentativa de homicidio en perjuicio de Nancy.

Los otro cuatro integrantes de la banda fueron acusados de homicidio, violación y asociación delictuosa en perjuicio de siete mujeres.

Según la procuraduría, “El Tolteca” es responsable de la muerte y violación de Brenda Patricia Méndez Vázquez, de 14 años, asesinada el 25 de junio de 1998, así como de una mujer cuyo cadáver fue localizado en los campos de futbol de Pemex el 31 de enero de 1999 y cuyos restos fueron identificados por sus familiares casi tres años después, en diciembre de 2001, según la fiscal especial Zulema Bolívar, sin que se hubiera practicado la prueba de ADN. Su nombre era Rosalbi López Espinoza y tenía 31 años. No estaba reportada como desaparecida.

De nueva cuenta, el Gobierno del Estado acusó a Sharif de ser el autor intelectual de los siete homicidios cometidos presuntamente por los choferes. “Les ofrecía dos mil 500 dólares por mes, a cambio de las pantaletas de dos mujeres asesinada por mes”, declaró el entonces secretario Gobierno, Víctor Anchondo, quien operó como vocero del caso en vez de la procuraduría.

Victorioso, el gobernador Patricio Martínez declaró entonces: “No habrá ni una muerta más en Ciudad Juárez: los crímenes están totalmente resueltos”.


EN LA ZONA DORADA

Miércoles 25 de abril de 2001

María de los Ángeles Acosta, de 19 años, es vista por última por las avenidas 16 de Septiembre y Francisco Villa, cuando se dirigía a la escuela de computación Ecco, donde estudiaba por las tardes. Más de ocho meses después, las autoridades localizan su cadáver junto a otros siete cuerpos encontrados entre el 6 y 7 de noviembre de 2001, en un campo de algodón ubicado en Ejército Nacional y Paseo de la Victoria, en la llamada Zona Dorada.

Los representantes de la procuraduría hallaron tres cadáveres el martes 6 de noviembre. Al día siguiente regresaron y encontraron cinco más, en el mismo sitio.

María de los Ángeles trabajaba en la maquiladora Phillips ubicada sobre el Eje Vial Juan Gabriel. En esa empresa también trabajaban Rosario García Leal, cuyo cadáver se localizó en abril de 1995, y Mireya Hernández Méndez, asesinada en octubre de 1993, quien a su vez conoció en la misma planta a una hermana de la niña Esmeralda Leyva, asesinada en noviembre de 1993, según la madre de la menor. En la misma compañía laboraba, además, Martha Esmeralda Muñoz, ultimada en enero de 1998.

Por los ocho crímenes de la Zona Dorada, las autoridades acusaron a dos choferes de transporte público: Víctor Javier García Uribe, “El Cerillo” y a Gustavo González Meza, “La Foca”.

El caso, sin embargo, se ha cuestionado por sus irregularidades: se comprobó que los acusados fueron torturados, una testigo del caso declaró que los dos choferes no son las personas a quienes ella vio arrojando un cadáver. El abogado defensor de uno de ellos, Mario César Escobedo Anaya, fue muerto a tiros por policías al mando del comandante de la Policía Judicial del Estado, Alejandro Castro.


CHIHUAHUA: SE REPITE LA HISTORIA

Viernes 2 de marzo de 2002

Paloma Angélica Escobar Ledesma, de 16 años, salió de su casa después de las tres de la tarde con rumbo a la escuela de cómputo Ecco, ubicada en la calle Libertad y Tercera, en el centro de la ciudad (entre los edificios del Palacio de Gobierno del Estado y la Presidencia Municipal). La joven trabajaba por las mañanas en la maquiladora Aerotec, en la ciudad de Chihuahua.

La familia denunció su desaparición, pero las autoridades simplemente la incluyeron en una lista de siete reportes similares más. Desestimaron el caso, no obstante dos mujeres más que estudiaban en la misma escuela fueron asesinadas antes en Ciudad Juárez.

Casi un mes después, el viernes 29 de marzo, el cadáver de Paloma fue localizado en un arroyo, en el kilómetro 4.5 de la carretera Chihuahua-Aldama. Su cuerpo, en estado de descomposición, estaba boca abajo. Según la autopsia, falleció por desnucamiento por lo menos tres semanas antes.

Paloma estudiaba en la escuela de cómputo Ecco a la que asistían otras dos jóvenes que también fueron asesinadas, pero en Ciudad Juárez: Liliana Holguín de Santiago, hallada muerta en las faldas del Cerro Bola en junio de 2000; y María de los Ángeles Acosta, de 19 años, encontrada en la Zona Dorada en noviembre de 2001.

El homicidio de Paloma es parecido a los de Ciudad Juárez tanto en la forma en que se cometió como en las irregularidades en torno a la investigación. Su cadáver fue localizado el viernes 29 de marzo, al día siguiente, su ex novio Vicente Cárdenas Anchondo, fue presentado como presunto autor material del crimen. Pero fue liberado al día siguiente: una testigo declaró que una fotografía del joven, que supuestamente la policía encontró en el lugar del crimen, la había entregado a los agentes el mismo día en que el sospechoso fue arrestado.

Era la única prueba que se tenía en contra del joven. Se descubrió que la evidencia fue “sembrada” por Gloria Cobos Ximello, comandante de la Policía Judicial del Estado en Chihuahua, quien después fue suspendida del cargo.


LA RECOMENDACIÓN DE LA ONU

El 8 de abril pasado, en Ginebra, Suiza, durante la sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, el relator especial Dato'Param Coomaraswamy, rindió un informe sobre el Poder Judicial, la administración de justicia y la impunidad en México, el cual incluye un apartado sobre los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez.

Entre otras cosas, el documento describe así el encuentro del relator con la fiscal especial Suly Ponce, en mayo de 2001, en relación a los crímenes conocidos hasta esa fecha:

“(Al relator) Le sorprendió la absoluta ineficacia, incompetencia, indiferencia, insensibilidad y negligencia de la policía que había llevado hasta entonces las indagaciones”.

El numeral 190 del informe señala: “Para el relator especial resulta evidente que estos asesinatos no se investigaron de forma eficaz ni exhaustiva, si es que hubo algún tipo de investigación. Desde que fue nombrada para investigar estos asesinatos, la nueva procuradora especial se ha dedicado a poner orden en su oficina”.

Por lo tanto, formuló la siguiente recomendación al gobierno mexicano:

“Deben investigarse a fondo los casos aún no esclarecidos en relación con los más de 189 asesinatos de mujeres ocurridos en Ciudad Juárez y procesarse a sus autores. Los tribunales deben acelerar la resolución de los juicios pendientes”.


¿ALGUIEN INVESTIGA?

Entre 1993 y agosto de 1995, no hubo seguimiento alguno a los casos de homicidios de mujeres, sobre todo, por la rotación de mandos judiciales y la ausencia de métodos de trabajo institucional. La sustitución de responsables de las investigaciones es una constante hasta la fecha.

Hasta febrero de 1998 se creó la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres, misma que en cuatro años ha contado con siete titulares, incluyendo a Liliana Herrera López, designada el 3 de marzo de 2002 y destituida tres meses después, el 4 de junio.

Han pasado por las investigaciones cuatro procuradores de Justicia del Estado: Francisco Molina Ruiz, actual oficial mayor de la Secretaría de la Contraloría y Arturo Chávez Chávez, ambos durante la gestión de Francisco Barrio; así como Arturo González Rascón y Jesús José Solís en la administración de Patricio Martínez.

Además de siete subprocuradores en Ciudad Juárez: Jorge López Molinar, de 1993 a 1998. En tres años y medio del gobierno de Patricio Martínez, seis personas han ocupado el mismo cargo: Nahúm Nájera Castro, Alejandro Astudillo Sánchez, Marina Aspeitia Morales, Ricardo Vázquez Santiesteban, José Manuel Ortega Aceves y Elfego Bencomo, quien tiene dos meses en el puesto.

Las más de las veces, las autoridades no determinaron el lugar dónde fueron asesinadas las mujeres y en ocasiones citan equivocadamente el sitio del hallazgo de los cadáveres o no precisan el lugar exacto de la localización de los cuerpos.

A las osamentas no se les practicó la prueba de ADN para identificarlas, en otras ocasiones no establecieron la probable causa de muerte. Para culpar a los sospechosos no se consideró determinar el móvil, ni encontrar el arma homicida, en los casos de asesinatos con arma blanca, de fuego u otros objetos, en los casos en que los cadáveres fueron abandonados en lugares poco concurridos y transcurrieron días o meses para ser encontrados.

Lo más delicado es que, en 54 casos, las autoridades ni siquiera integraron un expediente numerado para dar seguimiento a las investigaciones.

La mayoría de las víctimas identificadas fueron vistas con vida por última vez en las calles y brechas aledañas que se encuentran a lo largo del eje Vial Juan Gabriel, bulevar Óscar Flores y las vías del ferrocarril que cruzan la ciudad casi en forma paralela. También fueron llevadas por la fuerza, por su voluntad o mediante engaños del centro de la ciudad, en el perímetro que forman las calles y avenidas 5 de Mayo, 16 de Septiembre, Juárez y Vicente Guerrero.

Pero las autoridades nunca siguieron esas pistas y menos establecieron medidas de seguridad en esos puntos.


SALDOS DE LA IMPUNIDAD

En el primer caso, del cadáver hallado el 3 de mayo de 1993, los peritos encontraron rastros de líquidos seminales en su cuerpo. Con esas pruebas, dijeron, se podrá identificar al violador y asesino en caso de arrestar a un sospechoso.

Sin embargo, nueve años después, las autoridades no han encontrado al culpable del crimen. Ni siquiera lograron conocer el nombre de la víctima.

Tampoco lograron identificar a por lo menos 70 cadáveres más, entre los 275 homicidios de mujeres que se han cometido en Ciudad Juárez en los últimos nueve años, hasta el 15 de abril.

Hasta diciembre pasado, oficialmente había 103 asesinos sueltos, entre ellos, 89 que nunca fueron identificados presuntos responsables.

Según la subprocuraduría de Chihuahua, del total de los casos, hasta diciembre fueron consignados 157 sospechosos, de los cuales 73 recibieron sentencia por parte de un juez.

En un desplegado periodístico, el 14 de marzo anterior, el Gobierno del Estado publicó que de 1998 a febrero de 2002, se cometieron 268 crímenes en total: 192 crímenes del tipo “situacional” y 76 por “homicidas múltiples”.

Los del tipo “situacional” son los cometidos en forma “imprudencial, pasional, por narcotráfico y otros”. La procuraduría considera como “mujer víctima de homicida múltiple cuando se cometen dos o más homicidios dolosos de persona del sexo femenino por un solo individuo o un conjunto de ellos”, escribió en El Diario de Juárez el reportero Armando Rodríguez, quien ha cubierto la mayoría de los casos desde 1993.

Según la Procuraduría de Chihuahua, durante la administración encabezada por Francisco Barrio, de 1993 a 1998, se cometieron un total de 177 asesinatos de mujeres, 56 de ellos por “homicidas múltiples”.

En el transcurso del gobierno de Patricio Martínez, de octubre de 1998 a febrero de 2002, se han registrado 92 crímenes, 20 de ellos por “homicidas múltiples”.

En lo que va de 2002, se han cometido 14 crímenes más hasta el mes de mayo. Se han realizado dos consignaciones y en nueve de los casos no se ha determinado la identidad de los presuntos responsables.

Se trata de homicidios cometidos sólo en lo que va del año y en Ciudad Juárez, pues por lo menos han ocurrido otros siete casos de iguales características en varias ciudades del estado, incluyendo la capital.

Sin embargo, para el subprocurador de Justicia juarense, Elfego Bencomo, la frontera tiene una imagen negativa “por su mala suerte” y necesita una campaña publicitaria en su favor.

Eso afirma el ex director de la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y actual responsable de las investigaciones.

(Junio 1 de 2002).


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