Los amotinados de Alost, 1576
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Mientras,
en el asedio de Zierckzee, los españoles defendían varios navíos
que habían dispuesto para bloquear el acceso a la villa que habían
abierto los defensores al romper el dique. En vano intentó el propio
Guillermo de Orange romper ese bloqueo. Visto el fracaso para socorrer a los
de la ciudad los sitiados terminaron por rendirse a finales de junio; no sin
antes acordar que pagarían 200.000 florines a cambio de que se les dejara
marchar. No hubo tiempo para cobrar el dinero y pagar a los soldados españoles
que, siguiendo su costumbre y debido a la falta de muchas pagas, se amotinaron
tras tomar la villa. Los amotinados se dirigieron después a Brabante
y se hicieron fuertes, en número de 1.600, en la ciudad de Alost, cerca
de Bruselas.
![]() Los amotinados entran en Alost. Grabado de Franz Hogemberg. |
La muerte del comendador [Requesens] así como lo inoportuno del motín
y la falta de pagas para el resto del ejército, dio la oportunidad al
de Orange de entablar conversaciones con varios miembros del Consejo de Estado
y gobernadores de villas principales para organizar una revuelta generalizada.
Enterados de la inminencia del levantamiento decidieron los mandos del ejército
real concentrar sus fuerzas en Brabante. Estando en esta situación de
reagrupamiento fueron atacadas las tropas de arcabuceros a caballo de Juan de
Alconeta por cerca de 3.000 civiles armados. Ayudados por refuerzos enviados
por Sancho Dávila pusieron en fuga a los atacantes descubriéndose
una orden firmada y sellada por el Consejo de Estado de degollar no sólo
a los españoles, sino a cualquiera que los ayudara. La traición
estaba consumada ya que se habían concedido armas a los civiles con el
pretexto de permitir su defensa frente a los amotinados. En un golpe de mano,
los traidores Heese y Climes, nobles supuestamente al servicio del rey, prendieron
a los miembros del Consejo leales a la corona, declarando por rebeldes a todos
los españoles.
<<Ya en esta sazón había alguno de los Estados [gobierno de los rebeldes] que tenían inteligencia con François, duque de Alençon, hermano del cristianísimo rey de Francia, pidiéndole viniese en su ayuda con gente, y a la reoina de Inglaterra les diese asistencia; y en Flandes comunicaban con los rebeldes en la manera que si tuvieran treguas con ellos, donde la prisión de los del Consejo y publicación del placarte o premática se juntaron los eclesiásticos, nobleza y villas en Gante, cabeza de aquella provincia, y allí resolvieron en una conformidad de echar a los españoles y gente de guerra extranjera que servía a su Majestad>>.
![]() Los amotinados parlamentan sin éxito en Bruselas las condiciones para su vuelta a la disciplina |
Visto lo anterior y que las tropas valonas y alemanas acantonadas en los fuertes
leales a la corona, cambiaban de bando con inusitada celeridad, decidió
Sancho Dávila prroveer el castillo de Amberes de provisiones coomo para
que los 400 hombres que allí había pudieran sufrir un largo asedio.
Con guarnicioón española quedaban tan solo Liere, Maastricht,Utrecht,
Viennen, Gante y Valenciennes; y el de los amotinados de Alost. Había
un total de 6.000 soldados leales al rey deseperdigados en diversas guarniciones
y únicamente la provincia de Luxemburgo se mantenía sin levantar
armas contra los españoles. El cambio de bando de los nobles flamencos
había sido generalizado <<siendo tan sólo Pieter Pieterssoen,
burgomaestre de Amsterdam, en todos los Paises Bajos al que se vino al castillo
de Amberes, dejando su tierra, mujer, hijos y deudos por cumplir, como él
decía, con la obligación de ser vasallo de su Majestad y de buen
católico en no consentir jamás concierto con herejes>>.
La seguridad en la victoria sobre los españoles era tal que, estando
preparado el asedio de Gante a mediados de septiembre, en unas escaramuzas que
un cuerpo grande de su ejército tuvo con los escasos hombres de don Bernardino
de Mendoza, en las carcanías de Lovaina, los civiles, confiados, se acercan
al saqueo <<y gran número de estudiantes de la universidad de
Lovaina a ver, como ellos decían, combatir con los españoles,
y comprar los despojos, que no hallaron muy baratos>>, pues hubo degollina
cuando, para sorpresa de todos, las tropas de don Bernadino vencieron a las
de los rebeldes.
![]() Derrota rebelde en las cercanías de Lovaina, septiembre de 1576. El grabado destaca por un lado el pequeño número de españoles y por otro los estudiantes de Lovaina -esquina inferioor izquierda- que incautos se habían acercado a disfrutar con lo que creían iba a ser una derrota de los españoles |
Consiguieron los insurrectos comprar a las tropas alemanas de guarnición
en Maastricht, de manera que los escasos españoles que allí había
se tuvieron que hacer fuertes en dos torreones del castillo, negándose
siquiera a hablar de rendición. Esta heroica resistencia permitió
que con más facilidad se derrotara al enemigo cuoando las tropas de don
Fernando de Toledo y don Martín de Ayala acudieron en ayuda de los españoles,
logrando finalmente recuperar la plaza. Viendo su fracaso sobre Maastricht los
rebeldes decidiron apretar el asedio del castillo de Gante, el cual contaba
sólo con una guarnición de 140 españoles, escasos de provisiones
y pólvora. Para su defensa se ordenó venir desde Zierickzee a
cuatro compañías del coronel Mondragón, pues las pocas
tropas reales que habían en Brabante no daban abastoo al estar casi todas
las villas en rebelión y los caminos en poder de los sediciosos. Abundaban
las escaramuzas entre las tropas españolas y los numersos cuerpos del
ejército rebelde que cruzaban Brabantre por distintos caminos para el
asedio de Amberes. En uno de estos encuentros les tocó a unos soldados
bisoños bajo el mando de Andrés Hurtado de Mendoza enfrentarse
a las tropas rebeldes: no arredrándose y consiguieron frenar su avance
<<con ser la primera vez que habían visto enemigos, gallardamente,
cargándoles a las primeras rociadas con más furia que consideración;
que es en lo que más se aventajan los soldados viejos de los que no lo
son>>.
![]() Don Martín de Ayala socorre a los españoles que resistían en Maastricht a causa de la traición de las tropas alemanas. Grabado de Franz Hogemberg. |
Finalmente, aparecieron las tropas rebeldes en Amberes el 3 de octubre. Entraron
sin problemas en la villa pues así lo habían acordado con los
gobernadores de la misma que de esta forma faltaban a la palabra que previamente
habóian dado a Sancho Dávila. Comenzaron los asaltantes, aprovechando
la espesa niebla que había ese día, a hacer trincheras y fortificaciones
en las calles que daban al castillo para facilitar su asedio. Sumaban los sitiados
más de 14.000 civiles armados y 6.000 soldados. Esa misma noche hicieron
la primera salidos los españoles del castillo, reconociendo sus fortificaciones
y matando más de 50 hombres. Al día siguiente se cañoeaba
en ambas direcciones entre el castillo y la villa.
Oyeron el estruendo de los cañones los amotinados que continuaban pertinaces en Alost. No habían conseguido apaciguarles las sucesivas embajadas de los mandos españoles, ni las promesas de apresurar sus pagas, ni las noticias del levantamiento generalizado que había provocado que 16 de las 17 provincias flamencas estuvieran de parte de los rebeldes. Sin embargo, al oír el estruendo que provocaba el asedio de sus compatriotas de Amberes se juramentaron <<resolviéndose de socorrer el castillo y ganar la villa o perder las vidas sobre ello>>.
Salieron los amotinados de Alost a las tres de la madrugada llegando al amanecer al río de Amberes el cual pasaron algunos a nado hasta que juntaoron suficientes barcas de las quoe había al otro lado para que cruzara el resto. Se juntaorn allí con otros 600 españoles que venían con Julián Romero y Alonso de Vargas a reforzar a los sitiados. Todos consiguieron entrar en el castillo de Amberes ante la alegría de Sancho Dávila <<que les pidió que reposasen y comiesen; pero ellos, quoe venían coon ramos verdes y esperanza de buen suceso por los buenos alientos, respondieron el estar resueltos de comer en el Paraíso o cenar en la villa de Amberes>>. Había ya un total de 2.200 infantes españoles, 800 alemanes y 500 caballos con los que hacer la salida; frente a ellos, 20.000 rebeldes armados.
<<Pasaron los amotinados con la demás infantería el puente del castillo, y en la contraescarpa de él hicieron oración todos para asaltar, y al fín de ella, guiándoles un soldado, llamado Juan de Navarrete, natural de Baeza, a quien habían hecho su alférez, que llevaba un estandarte y en él pintado un crucifijo de una parte, y Nuestra Señor de la otra, arremetieron los amotinados con sus capitanes por la calle de San Miguel, y Julián Romero con su gente por la de San Jorge, apellidando [gritando] Santiago, España, al cerrar con las trincheras y reparos de los Estados [rebeldes]>>.
![]() Al conocer el peligro que acechaba a sus compatriotas en Amberes, los amotinados irán espontáneamente en su socorro, logrando una victoria que aseguraba la presencia española en Flandes |
A pesar de su marcada inferioridad numérica ganaron los españoles las trincheras e hicieron retirarse de sus posiciones a las tropas rebeldes. Prendieron fuego al ayuntamiento, donde se habían refugiado numerosos enemigos que con sus mosquetes herían con facilidad a los españoles. El incendio se extendió a cerca de 80 de las casas vecinas para la ruina de la ciudad, siendo ésta loa cauosa de las quejas posteriores y no el saqueo, que no fue demasiado abundante para la desgracia de lo soldados reales. Murieron de los españoles 14 hombres, entre ellos el alférez de los amotinados, siendo 2.500 los caídos de los rebeldes en las calles de la ciudad y cerca del doble de los que murieron intentado huir de ella.
Puede sorprender la desproporción que normalmente se da entre las cifras de muertos rebeldes y de las tropas españolas que nos cuentan los distintos cronistas. No hay que olvidar, sin embargo, que los soldados españoles eran temidos en toda Europa, Africa y América por su valor y disciplina, condiciones que los hacían prácticamente invencibles. No en vano las tropas españolas, casi siempre minoritarias en los tercios de Flandes, eran consideradas el nervio principal del ejército real y su presencia o ausencia decantaba la contienda hacia uno u otro lado. Esto ocurría en parte porque eran los mismo soldados españoles los que se encargaban de mantener a rajatabla el respeto a ambas cualidades: valor y disciplina. Al respecto, nos cuenta Bernardino de Mendoza una anécdota que da idea de hasta que punto era impensable la admisión de la cobardía en los tercios españoles: <<en los cuales salieron seis españoles a correr, y cargándoles más de cien villanos, el uno de ellos dejó a los demás, huyéndose a la aldea, don encontró a caso con don Francisco Valdés, que le preguntó, viéndolo alborotado, lo que era; el soldado le confesó haber dejado a sus compañeros, a quien envió al momento don Francisco de Valdés socorro, y mandó prender al soldado, que el día siguiente pasaron los picas de las banderas, por castigo de flaqueza que había hecho desamparando sus compañeros y ejemplo de los demás. Cosa que no he querido dejar de escribir, para que entiendan por ella los que no han guerreado con la nación española con el rigor que castiga a los que dan muestra de cobardía>>.
![]() Los españoles incendian el ayuntamiento de Amberes |
Juan Giménez Martín. Los Tercios de Flandes. Ediciones Falcata Ibérica.
Enrique de la Vega. Sucesos militares durante los reinados de los Reyes Católicos
hasta Isabel II ![]()
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