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15 de Abril de 2005

 

 

 

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  UN HOMENAJE A ERNESTO SABATO
  En esta página podrá encontrar material referente al gran escritor
  argentino...

   

  

Texto de E. Sabato para el disco "Descar-
tes" del cantan-
te cubano Silvio Rodríguez...

 

Texto leído
por E. Sabato en la Universi-
dad de Belgra-
no, el 20 de julio de 1978, reconocimiento a Don Leopoldo Marechal...

 

Entrevista: el martes 25 de septiembre de 2001, E. Sabato nos recibió en su casa, en Santos Lugares. Aquí algunas impresio-
nes de lo que fue la charla que mantu-
vimos con él...

 

Textos inéditos: escritos de un ensayo nunca antes publicado que iba titular-
se Textos y pretextos...

 

La Música: E. Sabato y el tango. Sus composiciones y sus ideas...

 

 

Juan Marquez Libros

-Libros Antiguos-
-Curiosos - Agotados-
-Primeras Ediciones-
-Artísticos - De lujo-

Libros de
E. Sabato, J. L. Borges, A. Bioy Casares, J. Cortázar y otros autores argentinos e hispanoamericanos...

 

 

 

 

EL ÚLTIMO LIBRO DE ERNESTO SABATO

Artículo publicado en la revista Viva, del diario Clarín. (Bs. As., 21-6-2004)

Esta semana se publica "España en los diarios de mi vejez". En estas crónicas de viaje aparecen las reflexiones,las observaciones y los miedos de un Sabato íntimo. Viva ofrece un anticipo del texto.

Jueves (en Madrid)

Me siento a escribir lo que me va saliendo, para asirme a algo, como uno pudiera tomarse de un tronco en la crecida de un gran río, o como si lo escrito pudieran ser mojones que me recordarán el camino cuando esté perdido; como frecuentemente me sucede en estos años cuando a cada paso enfrento un precipicio.

(...) Le voy dictando a Elvirita (N. de la R.: su constante compañía), y busco en algún fondo inhallable de mí, las escenas o los momentos, que quiero contar. A veces aparecen borrosas, a veces se muestran y luego se van, es casi una cacería. La vida me ha ido quitando posibilidades que antes fueron mías, y a cambio me estuviera dejando el escribir como un último don. Cuando las pérdidas parecen cubrirme los ojos, escribir y pintar me renacen.
Escribir como lo último que me va quedando.
También los afectos. Siempre.


Visita al museo del Prado

Caminando despacio hemos ido hasta el correo de Cibeles.
Me detengo a mirar esa zona en que Madrid se ensancha, donde grandes y antiguos paseos trepan hacia la Puerta de Alcalá, por un lado, y por el otro, hacia la Puerta del Sol.
Pero prefiero la sombra, entonces apurados salimos de las avenidas y nos vamos lentamente bajo los árboles del Paseo del Prado, hacia el Museo. Nunca miro más que a un pintor, lo contrario hasta me parece una falta de respeto. Esta vez sólo algún cuadro de Goya. El Goya oscuro, el feroz, el desgarrador Goya me sigue deslumbrando. Y también El Bosco. Cuánta incomprensión habrán sufrido estos creadores geniales en su época. Uno, por advertir los monstruos terribles que ocultaba en su vientre la diosa razón, con sus toros y aquelarres. El otro, con sus seres híbridos y deformes, anunciando las desgracias de un mundo que se mueve compulsivamente tras la riqueza y los bajos placeres. Reyes a caballo junto a fieras mitad humanos, junto a minúsculas escenas de matanzas y sacrificios. Aquellos símbolos habrán sido considerados esquivos y desafiantes en su tiempo. Hoy se nos aparecen con toda lucidez, como trágico acabamiento de un modo de vivir y concebir la existencia.
Como autómata, como cuando de chico me levantaba sonámbulo, me dirijo hacia Goya.
Y elijo un cuadro, un solo cuadro y me detengo.
El pintor de los monstruos; el que pintó magistralmente con humo y sangre. El Dos de Mayo. Lo miro de a poco, como si lo tanteara y me sumergiera en él. Fue en 1814 cuando Goya en su taller pintaba la batalla. Sí, están ahí, son hombres fuertes peleando por su tierra; peleando por Madrid.

(...)

De pie frente al cuadro de pronto comprendo que estoy, en este mismo momento, por el misterio de lo imaginario, en mi propio taller sintiendo entre los dedos la ansiedad del pincel.

 


JM Libros - Librería Anticuaria
 

Librería virtual especializada en la venta de libros curiosos, agotados, coleccionables, artísticos y primeras ediciones de autores argentinos e hispanoamericanos

jmlibros@hotmail.com
 www.geocities.com/jmlibros 

 

 

Jueves en el café de la vuelta

Ayer por la tarde, después de volver a corregir una de las conferencias, caminamos unas cuadras y ya con frío entramos a un bar del viejo Madrid. No más pasar la puerta me ensordece el alegre griterío, el humo y las risas que rebalsan el local; con dificultad avanzo hasta sentarnos contra una pared como para tener donde atrincherarme. Es un café típico, quiero decir típico de antes, de cuando lo moderno aún no había hecho estragos en España.
Este es un reducto anticuado, con mesas de madera y sillas tipo Viena, percheros de hierro y lámparas que parecen de opalina. A un lado, la barra repleta de parroquianos que vociferan a los gritos sus preferencias en el fútbol. Después de una breve pero ardua lucha con mi carácter molesto, impaciente, nervioso, intolerante, rescaté mi lado observador y me dispuse a gozar de los madrileños en su caldo. Lo primero que sorprende es ver en las mesas a familias enteras, algo impensable en Buenos Aires. Hay abuelos, hijos jóvenes, nietos, sin problemas generacionales ni historias. Todos hablan a la vez y a los gritos.
Los miro y más me doy cuenta que están todos de fiesta, que la vida es para ellos una fiesta, podrían decirme “vea tío, mejore la cara, pues, aquí se viene a celebrar”. Y me río al pensarlo, tan distintos de mí, ¡tan distintos de mi educación severa! ¿Quién de nosotros se hubiera atrevido a hablar y reír sin reparos delante de nuestro padre?
Hay marcas que son estigmas. Durante mi infancia era sonámbulo y tenía permanentes pesadillas; con los años, con vergüenza y dolor, reconocí que la pesadilla consistía en verme sentado, a solas, con mi padre. ¿Quién hubiera osado reírse de él, o tocarle un papel, o aunque más no fuera a hacerle una pregunta personal? Así me crié hace muchos años.


Sábado

Ayer temprano en la tarde llamaron de la editorial para decir que de ninguna manera podíamos ir al Bernabeu. Estaban agitados y no parecieron escuchar razones: la ETA había hecho estallar una bomba enfrente mismo del estadio. Ni pensarlo, fuimos igual.
(...) Fue un partidazo.
Quiero agradecerle a Valdano esta oportunidad de volver a ser joven, nuevamente como en aquellos partidos entre Estudiantes de La Plata y Gimnasia y Esgrima. En perpetua y feroz rivalidad. Yo era rompecanillas, así me decían, muy violento; me apasionaba, pero tuve que dejar porque tenía la mollera débil. Salimos de la cancha antes de que terminara el partido y así y todo, la salida fue brava porque yo insistí en bajar a la calle. Estos riesgos me rejuvenecieron. Y dentro de un rato salimos lo más bien para Santiago de Compostela. Los riesgos rejuvenecen, claro, si uno sale vivo.


Otra tarde

Estoy alejándome de la vida de esta vida,
La miro con emoción como si ya estuviera fuera de mí.
O, más bien, como sentado en esas mesas de café que están en las veredas desde donde uno puede ver pasar la gente, y oírlos hablar. A veces nítidamente veo el caminar de hombres y mujeres. De pronto me sonríen.
Pero otras veces, confusamente, como detrás de una nube, o de mis lágrimas.
Soy injusto, siempre hay alguien conmigo.
Pero la vida se aleja.


12 de junio (en Santos Lugares)

Ayer sucedió algo que me obliga a interrumpir la cronología de los hechos. El príncipe de Asturias venía a la Argentina y quiso venir a visitarme. Su gesto me produjo una gran alegría.
Vino directo del aeropuerto. El barrio nunca había visto tanto despliegue que precedió a su llegada ni oído tanta sirena. Pero en cambio, cuando llegó se comportó con una sencillez, una llaneza como sólo lo sabe hacer un rey. Y en ese clima transcurrieron las dos horas en que estuvo en casa. Hablamos de literatura, miró mis cuadros y recorrió esta vieja casa, con su mirada limpia y sensible. Dada su alegría, Elvira a la salida me dijo por lo bajo “parece estar enamorado”. Creo que lo oyó y que ha de ser cierto porque se dio vuelta y sonrió.


29 de junio

Me he quedado mirando mi biblioteca.
¡Cuántos libros he leído que no volveré a abrir!
Es triste.
Miro a esos escritores que fueron verdaderos compañeros de camino. Toco los libros como si por tocarlos me fueran a escuchar. (...) Hace años que no puedo leer, ya he olvidado todo aquello que había aprendido; y lo que es más fuerte aún, ya no tengo aquella ansia de saber. Sin embargo sigo gozando cuando me leen.


Madrid

He estado afirmando la reencarnación.
Elvirita no entra en la discusión, ni argumenta, lo que me irrita. Dice que ni cree ni descree, sólo que no le gusta esa idea de volver, como actores en otra obra, pero sin experiencia, siempre empezando de nuevo, no sabe, no le gusta.
Le insisto con mi sensación. Hombres geniales han creído en la reencarnación; es esa conocida sensación que tienen ciertas personas de que ya han estado en ese lugar; o quienes aseguran que ya vivieron eso mismo que les acontece. A mí me pasa.
Ella me escucha, pero distraídamente. Insisto (...). No quedan dudas, la reencarnación es un hecho demostrable. Existe.
Elvira con calma, como si también lo suyo fuese un hecho, y esta vez inapelable, dice: “Cuando te reencarnes, vas a ser mujer”.
Yo di un grito desesperado, no lo pude contener.
Sonríe victoriosa, ¿ves? ésta es tu verdadera posición frente a la mujer, ya que si fuese verdad que te parecieran superiores y admirables, hubieras reaccionado con alegría.
Inútil fue argumentar que mi sobresalto se debía al sacrificio y abnegación que le atribuyo a las mujeres.
Terminamos riéndonos con unas copas de vino.


Noticias relacionadas a la visita de Ernesto Sabato
a España en Abril de 2002.

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