"Hambre". Esta palabra encabezaba una manifestación de obreros en Buenos Aires hace menos de un mes. No hacen falta comentarios. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), "muchos trabajadores de la región (América Latina) se encuentran atrapados en un círculo vicioso de inseguridad laboral, inseguridad económica e inseguridad social". La crisis económica en algunos países, la recesión en otros, la política del máximo beneficio en todos, ha colocado a los obreros en una situación extrema: reducción de los costos de mano de obra (con la consiguiente reducción de los salarios), limitación del derecho a la huelga, de las formas de negociación colectiva y de los procesos de asociación sindical, así como el aumento de las contrataciones de corta duración y la reducción de las indemnizaciones por despido.
Aún tienen suerte aquellos que, en estas condiciones, tienen trabajo. El desempleo en América Latina ha pasado del 5,8 al 8,7 por ciento en los últimos diez años. En algunos países la situación es crítica: en Argentina el desempleo urbano se ha duplicado (del 7,4 al 14,3 por ciento de 1990 a 1999) en Colombia ha pasado del 10,5 al 19,4 por ciento en el mismo período de tiempo; Ecuador ha aumentado del 6,1 al 14,4 por ciento. Incluso Chile, uno de los países más prósperos de la zona, ha visto como el desempleo urbano llegaba al 9,8 por ciento sólo en el último año. En Perú, el subempleo ocupa al 43 por ciento de la población.
La situación es aún peor para aquellos jóvenes sin formación. El desempleo afecta al 24 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 24 años en México; al 21 por ciento en Argentina; al 20 por ciento en Ecuador; al 22 por ciento en Colombia y Honduras. Se trata de personas pertenecientes a las capas sociales más bajas, sin posibilidades, sin estudios, sin formación. La delincuencia queda, en ocasiones, como la única salida. Los logros conseguidos en los últimos años en los países más afectados por la crisis asiática (sobre todo Brasil) en la reducción de la pobreza y la indigencia se encuentran en serio peligro. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) expresa en su proyecto "Panorama Social 1999-200" su temor: "todo parece indicar que en estos países, la tendencia a la reducción de la pobreza observada en los años noventa se verá interrumpida y en aquellos en los que la recesión fue muy intensa se puede prever que se producirán aumentos en los porcentajes de hogares en situación de pobreza". Ni tan siquiera las cifras macroeconómicas son favorables: de 1997 a 1999 la tasa de variación del Producto Interior Bruto (PIB) por habitante pasó del 3,7 al -1,06 por ciento. Cada una de las pequeñas o grandes crisis sufridas por los países de América Latina ha empeorado un poco las condiciones de vida de sus habitantes.
A finales de 1994 una gran crisis en México provocó la caída estrepitosa de los salarios. No hay que olvidar, que el desastroso "efecto tequila" se produjo tan sólo diez meses después de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá. Tan sólo diez meses después de que México abandonase el 'club de los pobres'. A pesar de la recuperación progresiva, en 1999 los salarios eran aún un 20 por ciento más bajos que antes de la crisis.
Cualquier crisis conduce inevitablemente al Fondo Monetario Internacional (FMI). Las "políticas de ajuste" de esta institución, cuyo cumplimiento es necesario para recibir sus préstamos, se basan en la drástica reducción de los presupuestos del Estado. Es decir, en la progresiva destrucción del tejido social que no es, evidentemente, la mejor de las políticas para los 200 millones de pobres que existen en América Latina. Con cada uno de estos préstamos, la deuda externa aumenta - 150.000 millones de dólares en el caso de Argentina - y con ella la partida presupuestaria dedicada a su pago. Resultado: vuelve a reducirse el gasto social. La privatización de las empresas públicas y su venta a grandes multinacionales elimina otra fuente de ingresos. Así quizás se entienda la desaparición de la clase media en Venezuela, el índice de desigualdad en Brasil (el más alto del mundo), el aumento del número de niños que viven en la calle, la inseguridad, la delincuencia y el desempleo.
Por otro lado, la dependencia de América Latina respecto a las economías más poderosas del planeta no hace sino aumentar. Los países, emergentes o no, del continente americano se han convertido en el campo de batalla de la "guerra comercial" entre Estados Unidos y la Unión Europea. En este sentido, la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) parece el golpe de mano decisivo de los Estados Unidos.
La construcción de esta zona de libre tránsito, cuyo calendario se ha fijado esta semana en Buenos Aires, supone la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo: un mercado de casi 800 millones de personas, que engloba a 34 de los 35 países del continente (a excepción de Cuba) con un PIB conjunto de más de 11,5 billones de dólares (el 40 por ciento del PIB mundial). Poco se ha considerado sobre la población. Todo el proceso se está llevando a cabo, y parece que culminará en enero de 2006, sin tener en cuenta a los ciudadanos.
Es necesario señalar que los más beneficiados son las grandes empresas multinacionales, ya que se ven favorecidos por la supresión de los límites comerciales, por la desaparición de las leyes medioambientales (o su equiparación a las norteamericanas), por la desregulación del mercado laboral (tan patente, ya, en toda América), por la supremacía de la economía sobre las personas y por la desaparición de la sociedad civil y su conversión en cifras.
Nada más aparece en el calendario de las negociaciones. Mejor dicho, sí: una preocupación casi obsesiva por la defensa de la propiedad intelectual, entendida como aquella por la que los países pobres no pueden fabricar medicamentos, aquella que permite el ultraje de la sabiduría indígena, aquella que surgió, bajo la denominación de ADPIC, de la Ronda de Uruguay.
No hay exageración, ni demagogia: siete años después de la firma del TLC, nada ha mejorado la situación de los millones de pobres de México. El precedente es significativo.
"Hambre". Cada vez más gente se encuentra en América Latina junto a quienes estaban detrás de esa pancarta. Las cifras tan sólo adquieren significado como expresión de una realidad. En este caso parece evidente: este no es el buen camino.
Juan Carlos Galindo
Periodista
Centro de Colaboraciones Solidarias
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