Discurso
de Ghiraldo en el mitin de plaza once el 1º de mayo de 1901
El
1º de mayo no puede ser sino lo que es. Podría simbolizarse el acontecimiento
que rememora dibujando una antorcha contra el viento, lanzando un grito
formidable de guerra, escribiendo un himno a la rebeldía; pero nunca haciendo
un alegato de conciliación entre dos fuerzas irreconciliables; jamas redactando
un pacto de paz tan ridículo e inaceptable, por parte de uno de los enemigos,
como lo son todos los programas políticos formulados por los seudo-reformadores
del presente, en frases tan hipócritas como falsas, por mas que ellas aparezcan
endulzadas con la limonada criolla del socialismo legalitario. Yo me pregunto
como puede pretenderse que el obrero consciente de hoy festeje el trabajo,
cuando Žeste se halla deprimido, envilecido, humillado. Yo me pregunto cómo se
pretende hacer que el obrero consciente de hoy que se sabe explotado, burlado y
escarnecido por las clases conservadoras, desfile en este día por calles y
plazas, alegre y risueño, en medio del estruendo de los cohetes y al compás de
las charangas. !Por la memoria de los héroes, basta de sainete!. Esta no puede
ser la fiesta de la paz; los platos del banquete están todos manchados de
sangre! Yo me pregunto cómo se pretende que el obrero consciente de hoy
aparezca festejando la paz mientras los ejércitos asesinos continúan sus
carniceras de pueblos en el Transvaal y en la China, mientras las huestes
huelguistas son deshechas a tiros y bayonetazos, mientras la libertad individual
es conculcada a cada instante por policías y jueces, mientras la miseria
desesperada sucumbe entre gritos de agonía, mientras en toda la tierra continua
vibrando, torturador y terrible, el !ay! de los vencidos! Reflexionemos, pues, y
veamos por que el 1ro. de mayo debe repercutir en el espíritu del proletario
como un clarín de combate, como una trompeta de guerra, como una voz muy alta
que diga: A la lucha, a la rebelión, a la conquista de todos los derechos, de
todas las libertades!.