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Aprendizaje biosocial: Millon |
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LA TEORÍA DEL APRENDIZAJE BIOSOCIAL
DE THEODORE MILLON
By Juan Carlos Vicente Casado
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La personalidad como conjunto de estrategias de afrontamiento |
Revisión nº 5 - 24 de octubre de 2002
EL APRENDIZAJE BIOSOCIAL
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Resulta
tópico decir que a lo largo de la historia ha habido tantas
concepciones de la personalidad como pensadores que se calentaron la
cabeza preguntándose qué es eso. Theodore Millon (don
Teodoro en lo sucesivo) es un clásico moderno de indudable
valor en este terreno, y una de sus aportaciones (que no la última)
es la teoría del aprendizaje biosocial.
Don Teodoro cree que hay que analizar la configuración de la personalidad como un proceso de desarrollo en el que influyen tanto variables biológicas como ambientales. Y que, fruto de esta interacción, podemos explicar tanto la normalidad como la patología. Desde luego, en un principio no parece que haya descubierto nada nuevo.
Lo que el individuo desarrolla no es una globalidad, una "personalidad" de esas de las que se tiene mucha o poca, sino un conjunto de esquemas, de reglas, de formas de procesar la información que él llama patrones de afrontamiento.
Los patrones de afrontamiento se crean a partir del componente biológico y disposicional, y también de las reacciones que provocan en los demás las acciones del sujeto. Así, las disposiciones biológicas incrementan la probabilidad de aprendizaje de ciertos tipos de conducta y las disposiciones temperamentales tempranas provocan reacciones en los demás que acentúan las tendencias iniciales.
LA PERSONALIDAD COMO CONJUNTO DE ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO
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Hay
tres categorías diferentes de esquemas / patrones de
afrontamiento: Activo-pasivo, Placer-dolor y sujeto-objeto. Nos
aportan una forma muy útil de describir y clasificar los
comportamientos de los seres humanos en algo parecido a un sistema de
rasgos.
La dimensión activo-pasivo, se refiere a si el sujeto toma la iniciativa para configurar los acontecimientos que le rodean o es reactivo a ellos. Así, hay sujetos activos, que serían aquellos resueltos y emprendedores para controlar las circunstancias de su entorno, y pasivos, que esperan que las cosas sigan su curso y presentan una apariencia de inactividad, carencia de ambición y persistencia, con actitud de resignación.
Cuando situamos a un sujeto en la dimensión placer-dolor nos referimos a si tiende hacia los acontecimientos que pueden suponerle un refuerzo positivo (placer), o lo que realiza son conductas de escape y evitación de los estímulos aversivos que refuerzan negativamente.
Por último, y muy relacionada con la dicotomía introversión-extroversión, se encuentra la distinción sujeto-objeto. El sujeto puede obtener el refuerzo de sí mismo o de los otros, con cuatro posibilidades diferentes: Dependiente (alta necesidad de apoyo y atención, si se le priva de afecto y cuidado experimenta un acusado malestar, tristeza y ansiedad), independiente (confía en sí mismo, maximiza el placer y minimiza el dolor si depende más de sí mismo que de los otros), ambivalente (no está seguro de qué camino tomar, permanente conflicto sobre si depender de sí mismo o de los otros), o desvinculado (incapaz de experimentar recompensas procedentes ni de él mismo ni de los demás, oscilando entre aislamiento social y conductas de alienación).
LOS
OCHO PATRONES DE AFRONTAMIENTO BÁSICOS ![]()
Combinando las dimensiones activo-pasivo y sujeto-objeto don Teodoro obtuvo 8 patrones de afrontamiento básicos muy relacionados con los trastornos de personalidad que incluía el DSM-III, la clasificación psiquiátrica entonces vigente.
En síntesis, los 8 patrones básicos y su equivalencia con los diagnósticos DSM-III serían:
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DEPENDIENTE |
INDEPENDIENTE |
AMBIVALENTE |
DESVINCULADO |
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ACTIVO |
Histriónico |
Antisocial |
Pasivo-agresivo |
Evitación |
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PASIVO |
Dependiente |
Narcisista |
Obsesivo |
Esquizoide |
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Activo-dependiente: Está constantemente buscando estimulación y afecto. Teme a la autonomía y necesita la aprobación social.
Pasivo-dependiente: Búsqueda de relaciones en las que se depende de los demás para conseguir afecto. Carece de iniciativa y autonomía, posiblemente como consecuencia de exceso de sobreprotección paterna.
Activo-independiente: Desconfianza hacia los demás, deseo de autonomía y retribución por injusticias pasadas, lucha constante por el poder y desprecio a los demás por ser falsos e indignos de confianza.
Pasivo-independiente: Dirige el afecto hacia sí mismo, sobrevalorando sus propias capacidades. Tiende a explotar a los otros.
Activo-ambivalente: Incapacidad para resolver conflictos, muy cercana a la conciencia. Duda entre la deferencia y la conformidad, y el negativismo agresivo. Patrón caótico de explosiones de ira y testarudez, mezclado con culpa y vergüenza.
Pasivo-ambivalente: Conflicto entre la hostilidad hacia los demás y el temor a la desaprobación social. Resuelve la ambivalencia mostrándose muy respetuoso y cumplidor, aunque por debajo hay gran dosis de angustia y ocasionales pérdidas de control.
Activo-desvinculado: Temor y desconfianza hacia los demás. Busca, mediante el aislamiento, que no se reproduzcan dolores y angustias pasados. Quieren relacionarse, pero prefieren mantenerse a distancia para no sufrir otra vez.
Pasivo-desvinculado: Impasibilidad social. Mínimas necesidades de afectos y emociones, funcionando como observador desvinculado de recompensas y afectos, y de las demandas de las relaciones humanas.
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También propuso 3 patrones adicionales, que reflejan un mayor nivel de psicopatología: El patrón cicloide, paranoide y esquizotípico. La gravedad viene dada por un mayor déficit de competencia social y presencia de episodios psicóticos periódicos y reversibles, así como la vulnerabilidad ante las tensiones de la vida cotidiana.
Cicloide (trastorno límite de la personalidad): Se caracteriza por cambios endógenos en el estado anímico, de manera que alternan períodos de ira intensa, ansiedad o euforia con otros de abatimiento y apatía. Es muy característica la ambivalencia cognitiva-afectiva, con sentimientos simultáneos de amor, rabia y odio hacia los otros.
Paranoide: Desconfiados, y siempre en guardia. Fáciles de irritar, no les resulta difícil provocar enfado en los otros.
Esquizotípico: Vinculación disfuncional. Prefiere la soledad con mínimas vinculaciones y obligaciones personales. Los demás lo ven como extraño o distinto. Puede ser pasivo o activo.
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Millon, Theodore (1998), Trastornos de la Personalidad. Más allá del DSM-IV. Barcelona, Masson.
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