María en la calle
de Amargura
Docilidad a las inspiraciones divinas

+ En el Nombre del Padre
del Hijo
y del Espíritu Santo
Amén.
Acto de Contrición
A vuestra soberana Madre vengo a honrar, Señor mío Jesucristo, y al querer debidamente hacerlo, me avergüenza ante todo el estado de mi pobre alma, tan llena de ofensas a Vos. Os he faltado, Señor, mil veces, y agraviándoos a Vos, he agraviado juntamente a Vuestra dulcísima Madre y Madre mía. ¿Cómo he de poder, pues, presentarme en su presencia sin que le provoque a repugnancia y enojo mi indignidad?
Vos, Señor mío, que tan misericordioso sois y que desde las entrañas de
Vuestra dulce Madre habéis traído al mundo tesoros de bondad y de compasión,
tenedla de este pobre pecador y perdonadme una vez más mis negras ingratitudes.
¡Pésame, Señor, en lo más vivo de mi alma, haber herido con ellas Vuestro
amante Corazón! ¡Pésame, Padre mío, y no quiero ofenderos con ellas ya más!
Ayudadme con Vuestra Gracia para perseverar en este mi arrepentimiento y firme
propósito hasta el fin de mi vida.
Amén.
Vuestro permiso imploro, Madre y Señora mía, para acercarme, a pesar de mi
indignidad, a vuestro altar sagrado. A él vengo, celestial Maestra, para que me
instruyáis; a él corro, bondadosa Madre, para que me consoléis; a él me
refugio, Abogada poderosísima, para que me protejáis. Todo lo sois; Señora,
para el pueblo cristiano y para este infeliz pecador: luz, consuelo, amparo,
fuerza, esperanza y segura protección. Enseñadme con el ejemplo de Vuestra
vida, especialmente con el paso de ella que me propongo hoy meditar;
fortalecedme con la divina gracia que benévolamente me alcanzaréis de Vuestro
Hijo Jesús; consoladme y acariciadme con las infinitas dulzuras de Vuestro
culto y amor, singularmente en Vuestro devoto Mes.
Amén.
¡Madre y Señora mía! de vuestro Soberano Hijo y Señor mío otorgadme en estos momentos el especial beneficio de hacer con fruto para mi alma estos breves puntos de meditación.
María
en la calle de Amargura
Docilidad a las inspiraciones divinas
A poco de hallarse María desposada castísimamente con José, sorpréndele un día un anuncio celestial. Gabriel arcángel le trae embajada de Dios, notificándole que va a ser Madre del Verbo, y aguardando tan sólo para la realización de este misterio el consentimiento de la humildísima Doncella. Otorgole María con estas palabras: He aquí la esclava del Señor; y el Verbo Dios hízose Hombre en sus virginales entrañas.
Muy a menudo recibes, alma mía, embajadas del cielo, sino tan gloriosas, no menos dignas de atención; sino por intermedio de Arcángeles, por inspiración divina y por conducto tal vez del Ángel de tu guarda. Voz de Dios es aquel secreto movimiento que en tu alma sientes a dejar aquélla amistad vana, o a practicar aquel sacrificio, o a cultivar aquélla virtud, o a practicar aquélla obra buena. ¿Por qué te haces voluntariamente sorda al divino llamamiento? ¿Por qué en vez de oponer culpables resistencias, no contestas como Saulo: "Señor, qué queréis que haga" O no dices resueltamente como María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra"? ¿No dices cada día en la oración dominical: "Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo? ¿Por qué no cumplen, pues, tus obras lo que tantas veces afirma tu labio? ¿Sabes a qué te expones cerrando la puerta al Señor que llama con recias aldabadas a ella, o por lo, menos no abriéndosela más que a medias, o tardando en abrírsela por culpable negligencia? Te pones en riesgo de que se aleje el Señor de ti y no vuelva a repetir la llamada.
Haz reflexión en esto, y desde hoy imita la conducta dócil y sumisa de María en este misterio de su Anunciación.
Ahora saludemos fervorosamente el Nombre suavísimo de nuestra Divina Madre con las siguientes jaculatorias y Ave Marías:
Ave María...
Arca de Dios y Tesorera del cielo,
concededme abundantes gracias para detestar y llorar mis pecados.
Ave María...
Reina de los cielos y tierra,
sed mi amparo y mi defensa en las tentaciones de mis enemigos.
Ave María...
Inmaculada Madre de mi Dios y Señor,
alcanzadme lo que os pido para mi Salvación.
Ave María...
Abogada mía y refugio mío,
amparadme en el trance espantoso de la muerte y abridme las puertas del cielo.
Ave María...
Gloria...
Oración de San Bernardo
Acordaos,
Oh piadosísima Virgen María,
que jamás se oyó decir que alguno de los que acudieron a vuestra mediación e
imploraron vuestro auxilio fuese desamparado de Vos.
Alentado con esta seguridad,
a Vos acudo,
Virgen Reina de las vírgenes,
y aunque agobiado bajo el peso de mis culpas,
atrévome a aparecer ante vuestra presencia.
No despreciéis mis ruegos,
antes dignaos atenderlos,
y favorablemente escucharlos.
Ofrecimiento del día
Cuanto piense, cuanto hable, cuanto obre y cuanto quiera en
este día de Vuestro sagrado Mes, os lo ofrezco, purísima Reina de los cielos,
como florido homenaje de amor, consagrado a vuestra devoción. Sean por Vos
todas y cada una de mis respiraciones. Sean por Vos todos y cada uno de los
latidos de mi corazón. Sean por Vos los deseos más íntimos de mi alma. Os
dedico muy especialmente el obsequio o flor espiritual de hoy, y deseo lo recibáis
como nueva prenda de mi fidelidad a vuestro amor. Y haced, Señora, que según
Vos viva, y en Vos muera, y con Vos reine felizmente por toda la eternidad.
Amén.
Os ofrezco hoy Santísima Madre: Tener silencio completo un par de horas pensando en la Pasión.