Unam, Sanctam, Cathólicam, et Apostólicam Ecclésiam

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Día 19

25 de Noviembre

María junto al Sepulcro
Única confianza en Dios

+ Por la señal de la Santa Cruz
+ de nuestros enemigos
+ líbranos Señor, Dios Nuestro

+ En el Nombre del Padre
del Hijo
y del Espiritu Santo
Amén.

Acto de Contrición

A vuestra soberana Madre vengo a honrar, Señor mío Jesucristo, y al querer debidamente hacerlo, me avergüenza ante todo el estado de mi pobre alma, tan llena de ofensas a Vos. Os he faltado, Señor, mil veces, y agraviándoos a Vos, he agraviado juntamente a Vuestra dulcísima Madre y Madre mía. ¿Cómo he de poder, pues, presentarme en su presencia sin que le provoque a repugnancia y enojo mi indignidad?

Vos, Señor mío, que tan misericordioso sois y que desde las entrañas de Vuestra dulce Madre habéis traído al mundo tesoros de bondad y de compasión, tenedla de este pobre pecador y perdonadme una vez más mis negras ingratitudes. ¡Pésame, Señor, en lo más vivo de mi alma, haber herido con ellas Vuestro amante Corazón! ¡Pésame, Padre mío, y no quiero ofenderos con ellas ya más! Ayúdadme con Vuestra Gracia para perseverar en este mi arrepentimiento y firme propósito hasta el fin de mi vida.
Amén.

Oración a María Santísima.

Vuestro permiso imploro, Madre y Señora mía, para acercarme, a pesar de mi indignidad, a vuestro altar sagrado. A él vengo, celestial Maestra, para que me instruyáis; a él corro, bondadosa Madre, para que me consoléis; a él me refugio, Abogada poderosísima, para que me protejáis. Todo lo sois; Señora, para el pueblo cristiano y para este infeliz pecador: luz, consuelo, amparo, fuerza, esperanza y segura protección. Enseñadme con el ejemplo de Vuestra vida, especialmente con el paso de ella que me propongo hoy meditar; fortalecedme con la divina gracia que benévolamente me alcanzaréis de Vuestro Hijo Jesús; consoladme y acariciadme con las infinitas dulzuras de Vuestro culto y amor, singularmente en Vuestro devoto Mes.
Amén.

¡Madre y Señora mía! de vuestro Soberano Hijo y Señor mío otorgadme en estos momentos el especial beneficio de hacer con fruto para mi alma estos breves puntos de meditación.

Meditación.

María junto al Sepulcro
Única confianza en Dios

Dos piadosos varones bajan de la cruz el cadáver de Cristo, y después de haberlo tenido en sus brazos la desconsolada Señora, danle honrosa sepultura y cierran luego la boca de ella con una piedra. María se ve privada hasta de ese último consuelo sensible, y sumida en la más dolorosa soledad.

La sufre también alguna vez el alma cristiana, cuando place al Señor probar tu fidelidad en el divino servicio por medio de las tristezas del desamparo. Las consolaciones sensibles suele prodigarlas el Divino Esposo a las almas primerizas en la virtud, que necesitan la leche de tales dulzuras para que les sea más fácil el desapego de las mundanas satisfacciones, a que tal vez vinieron entregadas. Mas pasada ésta como espiritual infancia, no es ya la leche de los consuelos el manjar de las almas adultas; es muchas veces el pan duro de la interior tribulación. Escóndese aparentemente el Señor a las miradas del alma su enamorada, deja de hacérsele oír su voz en el corazón; rodéala por todas partes noche tenebrosa; créese la infeliz realmente abandonada de su Dios y Señor. Los más grandes Santos han pasado por la dolorosísima prueba de la interior desolación. Dios, bondadoso con ella, aun en medio de su aparente desvío, no permite sucumba a la duda y a la desesperación, pero se vale de esta espada para acabar de cercenar del corazón que quiere para sí todo resto de humano afecto, para asegurarle en la humildad y baja estima de sí propio. Como se afina el oro en el crisol y como se aquilata en el yunque el diamante, así las almas fieles bajo la amargura del interior desconsuelo.

¡Alma mía! No desmayes aunque negras sombras de desolación te roben al parecer la presencia sensible de tu Señor. Separación verdadera de Dios sólo se hace por el pecado mortal, que es lo único que debes verdaderamente temer.

Después de la Meditación

Ahora saludemos fervorosamente el Nombre suavísimo de nuestra Divina Madre con las siguientes jaculatorias y Ave Marías:

 

Madre mía amantísima,
en todos los instantes de mi vida acordaos de mí,
miserable pecador.

Ave María...

Arca de Dios y Tesorera del cielo,
concededme abundantes gracias para detestar y llorar mis pecados.

Ave María...

Reina de los cielos y tierra,
sed mi amparo y mi defensa en las tentaciones de mis enemigos.

Ave María...

Inmaculada Madre de mi Dios y Señor,
alcanzadme lo que os pido para mi Salvación.

Ave María...

Abogada mía y refugio mío,
amparadme en el trance espantoso de la muerte y abridme las puertas del cielo.

Ave María...
Gloria...

Oración de San Bernardo.

Acordaos,
Oh piadosísima Virgen María,
que jamás se oyó decir que alguno de los que acudieron a vuestra mediación e imploraron vuestro auxilio fuese desamparado de Vos.
Alentado con esta seguridad,
a Vos acudo,
Virgen Reina de las vírgenes,
y aunque agobiado bajo el peso de mis culpas,
atrévome a aparecer ante vuestra presencia.
No despreciéis mis ruegos,
antes dignaos atenderlos,
y favorablemente escucharlos.

Ofrecimiento del día.

Cuanto piense, cuanto hable, cuanto obre y cuanto quiera en este día de Vuestro sagrado Mes, os lo ofrezco, purísima Reina de los cielos, como florido homenaje de amor, consagrado a vuestra devoción. Sean por Vos todas y cada una de mis respiraciones. Sean por Vos todos y cada uno de los latidos de mi corazón. Sean por Vos los deseos más íntimos de mi alma. Os dedico muy especialmente el obsequio o flor espiritual de hoy, y deseo lo recibáis como nueva prenda de mi fidelidad a vuestro amor. Y haced, Señora, que según Vos viva, y en Vos muera, y con Vos reine felizmente por toda la eternidad.
Amén.

Os ofrezco hoy Santísima Madre: Rezar cinco Credos, teniendo los brazos en cruz, por la con versión de los blasfemos. 1