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El taxi de
Barcelona
Más
de 100 años de historia
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En la Edad Media, algunos gremios de Barcelona
se habían especializado en el transporte. Cocheros, arrendadores
de mulas y transportistas eran característicos
de esta época.
A principio del siglo XIX, con la progresiva industrialización
de Barcelona, se iniciaron algunas experiencias orientadas
a la explotación de coches de alquiler. En 1820, el señor
José Riera, llamado "el Ros", alquilaba carruajes en unas
cuadras situadas en la calle Calders. La familia Bigorra
se dedicaba también a esta misma actividad en la plaza del
Pi, con sucursal incluida en la calle Ample.
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Las licencias,
los primeros impuestos, el primer reglamento
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Con
el desarrollo de la ciudad comenzaron a proliferar diferentes
vehículos que ocasionaron los primeros problemas de tráfico.
Las autoridades exigieron entonces una licencia y el pago
de impuestos a los propietarios de los coches de alquiler.
Paralelamente se dieron los primeros pasos para la concentración
empresarial del sector. A mediados del siglo XIX ya existían
las sociedades Collantes, Moore y Cía. "La tartana" debe
ser el más coche de alquiler más característico de Catalunya.
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En 1859,
con el derrumbamiento de las terceras murallas y la adopción
del Plan del Eixample del ingeniero Ildefons Cerdà, Barcelona
entra en una nueva etapa en la que se adoptaron importantes
medidas de carácter local. El 14 de octubre de 1864,
el Ayuntamiento aprobó un Reglamento que introducía por
primera vez el concepto de "coche de plaza" y establecía
unas normas de conducta para los cocheros.
Las diligencias desaparecieron con el ferrocarril, y el
tranvía transformó el sistema de transportes. Todo ello
incidió, evidentemente, en el sector de los coches de alquiler.
En febrero de 1882, el gobierno municipal de Francisco Rius
i Taulet promulgó una nova reglamentación para los servicios
de carruajes públicos. Establecía cinco clases de vehículos:
el "coche de plaza o punto", el coche de alquiler, el coche
para el servicio a las estaciones. Determinaba cinco clases
de vehículos: el "coche de plaza o punto", el coche de alquiler,
el coche para el servicio de las estaciones del muelle y
del ferrocarril, los coches de carrera fija (conocidos como
coches de caminos) y los particulares. Regulaba también
de una forma estricta la concesión de licencias que debían
renovarse anualmente. Además obligaba a exhibir en los laterales
de la caja y faros del vehículo el número de la licencia.
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Nuevos modelos
de automóviles, el invento del taxímetro
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El ingeniero
alemán Wilhelm Bruhn inventó en 1891 el taxímetro, un ingenio
mecánico para medir el tiempo y la distancia recorrida por los
vehículos. Se empezó a difundir por el año 1907, cuando el norteamericano
Harry N. Hallen fundó una compañía de alquiler de vehículos.
También
a final del siglo XIX y a principios del XX, en Francia, Alemania
e Inglaterra se intentaba y se proyectaban nuevos modelos de
automóviles a final del siglo XIX y a principios del XX,
en Francia, Alemania e Inglaterra se intentaba proyectaban nuevos
modelos de automóviles --Austin, Morris, Panhard, Lavasseur,
De Dion Bouton, Renault i Peugeot. Aún así, la fabricación en
serie se impulsó desde los Estados Unidos. La industria de alquiler
de coches evolucionó paralelamente al desarrollo del automóvil.
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La expansión
del automóvil en Barcelona: los primeros taxis
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La Hispano-Suiza
de Automóviles fue la empresa que fabricó y comercializó en
serie los primeros modelos de vehículos españoles. A partir
de 1910 se dieron los primeros pasos para la comercialización
de los "automóviles de plaza", llamados también "taxis", que
sustituyeron progresivamente los coches de caballo. Los primeros
modelos de taxis surgieron de casas catalanas: Ideals, Elizalde
y España, y de las marcas francesas: Delahaye, Peugeot
y Renault.
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La figura
del taxista autónomo
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A partir de
la iniciativa del ciudadano Martín Vidal Pedrola, en la Barcelona
de 1912, surgía la figura del taxista autónomo. Martín Vidal
había situado diariamente su vehículo Fiat 12 HP delante del
establecimiento conocido por Tupinamba -en la esquina de calle
Aribau con Diputación-, con el fin de ofrecerse como servicio
de taxi. El ejemplo fue seguido por otras personas, y se inició
una fuerte competencia entre compañías y autónomos.
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Nacen las
primeras asociaciones profesionales
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Los taxistas
comenzaron a organizarse en 1919, con la constitución de la
Federación de Arrendatarios de Automóviles.
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En 1924, el
Ayuntamiento de Barcelona publicaba un nuevo código de Circulación
Urbana, mucho más completo que el de décadas anteriores. Juntamente
con este código se establecían unos reglamentos específicos
para el servicio de automóviles de plaza.
El 1924 fue otro año significativo para el taxi, ya que la empresa
David, S.A. comenzaba a tener una gran repercusión en la industria.
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Después de
introducir en el mercado automovilístico del país los minitaxis
de dos plazas, David S.A. consiguió la representación en Barcelona
de la empresa S.A. Andrés Citroën de París, y comercializó desde
entonces un modelo de vehículo fabricado para el servicio del
taxi: el Citroën 10 HP de "Landolet". Se trataba de un coche
cómodo, espacioso y con capacidad para 4 pasajeros; los primeros
coches preparados para convertirse en taxis que llegaron a Barcelona.
Para contrarrestar el éxito de los taxis de David S.A. y de
las compañías privadas, la Federación de Arrendatarios de Automóviles
adquirió un mayor protagonismo bajo la dirección de José Grau
Gomàs. Se establecieron normas comunes para todos los
asociados y se obligó a llevar taxímetro y una franja amarilla
en los vehículos. Pertenecer a la Federación era la única vía
de los autónomos para hacer frente a la competencia de las grandes
compañías.
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Quinquenio
1925-1929: gran expansión del taxi
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De los mil
automóviles de plaza y de alquiler de inicios de la década,
se pasó a una flota de 1.779 vehículos en 1995 y al año siguiente,
en 1.969. Durante la Exposición del 29 circulaban por Barcelona
alrededor de 4.000 taxis. El incremento espectacular de la flota
supuso una multiplicación de las compañías privadas. A todo
ello contribuyó la promulgación, en 1928, de un reglamento que
favorecía la consolidación de las empresas privadas de taxis,
que disponían de una gran libertad de actuación. Este reglamento
autorizó también la introducción de la luz verde en el vehículo
para indicar que el taxi estaba disponible. Las medidas de amplia
libertad provocaron una saturación de la oferta de taxis. Fue
una época de oro para los usuarios.
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La Segunda
República y la industria del taxi
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Durante la
Segunda República Española, el Ayuntamiento de Barcelona enfocó
el transporte, y el taxi en particular, desde una nueva perspectiva.
Así, el 29 de julio de 1931 se hicieron públicas las Bases para
la reglamentación del servicio de vehículos autotaxi en el término
municipal de Barcelona, que impulsaban la creación de la Confederación
de Entidades Taxistas como un elemento cooperador del municipio.
Se aportaban, además, otras novedades en relación al tema tarifario,
las fiestas semanales y la revisión de los taxis por parte de
los inspectores municipales.
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El movimiento
cooperativista del taxi sustituyó la iniciativa privada y, pese
a los problemas iniciales y a los enfrentamientos con las fuerzas
municipales ante las nuevas normativas republicanas (la
guerra de taxis), se puso fin a la competencia salvaje entre
industriales y, alrededor de la Confederación de Entidades del
Taxi, se vivió una de las mejores etapas del sector.
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El Ayuntamiento
de Barcelona aprobaba en 1932 el Reglamento General de Circulación
Urbana, promovido por el regidor Jaime Vàchier, y situaba la
ciudad al mismo nivel de otras ciudades europeas en materia
de ordenación europea en materia de ordenación del tráfico.
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El sector experimentó
una envidiable estabilidad en 1934. En este año se determinó
los colores únicos del taxi (amarillo y negro), hecho que eliminaba
la competencia interna. Todo ello repercutió en una reducción
del número de vehículos, y se garantizó el trabajo para el conjunto
del sector. El movimiento cooperativo se afianzó dentro de las
instituciones. La flota inició una paulatina renovación, los
vehículos de la Citroën sustituyeron a los de la Hispano Suiza,
Chevrolet o Studebaker.
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El 1936 se
decretó la colectivización de los taxis. Los conductores taxistas
pasaron a ser trabajadores asalariados de la Generalitat de
Catalunya y de la CNT, con jornales de 10 pesetas diarias o
60 pesetas a la semana, y una jornada laboral de 8 horas. Cada
taxi realizaba un servicio ininterrumpido de 24 horas al día
y los taxistas hacían tunos específicos y conducían coches que
no eran de su propiedad. Los turnos de los 1.800 taxis en servicio
se distribuían desde una central situada en la Gran Vía.
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Las circunstancias
derivadas de la guerra también repercutieron en el sector: la
colectivización del taxi se vio afectada por la escasez de gasolina,
hecho que obligó a suspender el servicio y a devolver los vehículos
a los antiguos propietarios, a pesar de que muchos se identificaron
y fue preciso depositarlos en el Palau de Congressos de Montjuïc.
La
guerra y la crisis de los cuarenta
Finalizada
la Guerra, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó, el 2 de abril
de 1939, las Bases para la reorganización del servicio de autotaxis.
Se trataba de unas normas provisionales para ordenar el movimiento
de licencias y vehículos en servicio con el de que estuviesen
vigentes durante todo el 39. En esta coyuntura se produjo una
espontánea organización de 2.000 taxistas alrededor de la Cooperativa
de los Taxistas Asociados a los locales de la Gran Vía.
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Desde entonces
y hasta el inicio de la Guerra Mundial, el Taxi de Barcelona
se recuperó lentamente, pero con la confrontación bélica llegó
la restricción de combustible, la escasez de recambios y la
depauperación lenta de la flota.
El Ayuntamiento aprobó en junio de 1940 el Reglamento del Servicio
de Autotaxi en el término municipal de Barcelona, que confirmaría
las reformas introducidas durante el periodo republicano: vehículos
amarillo y negro, tarifas unificadas, control municipal en la
concesión de licencias
La década de los 40 fue de una profunda crisis para el taxi.
Organizada la estructura sindical franquista, la Confederación
de Entidades del Taxi que se había creado en la época republicana
fue sustituida por el Sindicato de Transportes y Comunicaciones,
sección taxis. Las personas que formaban este sindicato no procedían
mayoritariamente de Cataluña y, por tanto, desconocían la problemática
del taxi de Barcelona y no pusieron resistencia a la constitución
de la Cooperativa de la Industria del Taxi.
A partir de ese momento, el sector se organizó alrededor de
tres ejes: el Ayuntamiento que reglamentaba el sindicato vertical,
encargado de la orientación ideológica, y la Cooperativa, que
asumió la gestión con un espíritu cooperativista heredado de
la República.
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Los taxistas
estaban obligados a asociarse para poder disfrutar del pleno
reconocimiento del Ayuntamiento y del sindicato. La Cooperativa
de la Industria del Taxi negoció con el Ayuntamiento con el
fin de establecer un férreo control en la concesión de licencias
y permisos de circulación para taxis. El año 1947, la ciudad
disponía de 3.379 taxis, a pesar de que no todos tenían garantizado
el trabajo. Además había escasez de vehículos de exportación.
Ante esta necesidad se impulsó la creación de fábricas nacionales.
Pegaso fue una de ellas. A partir de 1949 aparece SEAT y, el
año 1953, el emblemático modelo 1400.
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La década
de los cincuenta
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Este periodo
se caracteriza por las excelentes relaciones entre la Cooperativa
de la Industria del Taxi (CIT) y el Ayuntamiento de la ciudad.
Gracias a este clima de entendimiento se aprobaron las modificaciones
de las Ordenanzas Municipales referentes al taxi, se acentuó
el papel gestor de la Cooperativa, y se declararon intransferibles
las licencias que el municipio otorgaba gratuitamente, aunque
de manera estrictamente limitada.
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Después de
un convenio entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Comercio,
el CIT se encarga también de los trámites para la importación
de la mayoría de vehículos especialmente preparados para circular
como taxi. Fue un periodo de renovación de una tercera parte
de la flota. A partir de aquel momento, Barcelona contaba
con taxis modelos Austin FX3 (el taxi inglés), Peugeot 203,
o Citroën CV normal o familiar, conocido como "pato".
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A finales de
1955, el Ayuntamiento, la Cooperativa y SEAT acordaron convertir
500 coches del modelo Seat 1400 en taxi, con un inconveniente:
ofrecían tan sólo tres plazas para pasajeros en lugar de las
cinco reglamentarias.
El 1957, José M.ª Porcioles accedía a la alcaldía, e iniciaba
una profunda reforma de la gestión municipal. En julio de ese
mismo año se promueve el sorteo de 1.000 licencias entre los
taxistas dependientes con antigüedad en el servicio, cosa que
permitió a muchos arrendadores acceder a la propiedad de una
licencia.
El 1959, la Cooperativa de la Industria del Taxi vio como el
sindicato vertical ingresaba en la entidad mediante el Subgrupo
Sindical de Autotaxis. A partir de este momento convivieron
dos mentalidades a menudo antagónicas. Por libre subasta se
consiguió que el ayuntamiento concediera 800 nuevas licencias,
pero muy pocas fueron a parar a los taxistas dependientes. A
partir de entonces, para poder obtener una licencia de taxi,
se exigía una cantidad económica importante.
Los vehículos Seat de 5 plazas, modelo 1400 C, salieron al mercado
automovilístico y tuvieron una gran aceptación por parte de
los taxistas.Una novedad de la época fue la aparición de los
motores diesel que al utilizar diesel, más económico que la
gasolina, favorecieron la economía de los taxistas.
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Los años
del "desarrollo"
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El "desarrollo"
de los años sesenta y setenta fue otro momento clave para una
nueva expansión de la ciudad. El ayuntamiento de la época se
vio obligado a potenciar el transporte de autobús y metro, en
detrimento del tranvía. Las deficiencias de transporte se cubrieron
con el taxi.
El 1962, Barcelona comenzó a ofrecer el servicio telefónico
en las paradas de taxi. Dos años más tarde, se aprobó en un
Consejo de Ministros el Reglamento Nacional de los Servicios
de Transportes en Automóviles Ligeros. El Ayuntamiento de Barcelona
constituyó una ponencia para analizar la aplicación del reglamento
en esta ciudad. El 26 de mayo de 1965 quedaba aprobado en un
pleno municipal el Reglamento de Servicios de Transportes en
Autotaxi y otros vehículos de alquiler de Barcelona. El consistorio
se atribuía íntegramente la concesión de licencias, así como
la regulación de la transferencia entre profesionales.
Los primeros años de la década de los 70 estuvieron marcados
por problemas de difícil solución: alto precio de las licencias,
proliferación de contratos de arrendamiento, trabajo dependiente
con salarios muy bajos
A finales de la década, la Cooperativa de la Industria del Taxi
sufrió una fuerte oposición, paso previo para su decadencia
posterior.
En 1973, el gobierno municipal de Enric Massó Vázquez trató
la problemática del taxi con más rigor, marcada per un duro
enfrentamiento entre propietarios, arrendadores de licencias,
y arrendatarios y asalariados. El problema se intentó solucionar
en 1975 con la concesión de 1.693 licencias. Por esas fechas,
Barcelona contaba con 10.000 licencias de taxis.
Los taxistas, especialmente asalariados, se organizaban en torno
de los sindicatos políticos que operaban de manera semiclandestina.
En 1974, l la Unión de Industriales Taxistas se constituía con
el nombre de Cooperativa Condal, entretanto otro grupo de autónomos
vinculados a las reivindicaciones del 73 fundaba el Sindicato
de Trabajadores Autónomos de Catalunya (STATC).
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El taxi,
transporte metropolitano
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El crecimiento
urbanístico acelerado no respetó los límites de Barcelona. La
necesidad de abordar con criterios de unidad los problemas que
planteaba esta realidad llevó a crear la Entitat Municipal Metropolitana
de Barcelona, el 24 de agosto de 1974, punto de partida de lo
que, a partir del 17 de julio de 1977, sería la Corporación
Metropolitana de Barcelona (CMB) en la que participarían 27
municipios metropolitanos.
Más tarde, la CMB absorbería al servicio del taxi mediante la
Unitat Operativa del Taxi, que su turno pertenecía a los Servicios
de Transporte de esta institución.
El 16 de marzo de 1979, se aprobaba por Real Decreto el Reglamento
Nacional del Taxi, que fue recibido con protestas del colectivo
porque no contemplaba la seguridad social ni la jubilación del
taxista autónomo.
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La década
de la consolidación del sector
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En octubre
de 1980 se creó, con la presencia del presidente de la CMB,
Narcís Serra i Serra, el Consejo del Taxi, un órgano consultivo
formado por la Administración, los sindicatos, la patronal,
la Federación de Asociaciones de Vecinos (FAVB) y la Organización
de Consumidores (OCUC), que tenía por finalidad facilitar
las negociaciones entre todas les partes relacionadas con el
sector. Se acordó una revisión de los Reglamentos Metropolitanos
del Taxi; el mismo año, el Consejo del Taxi aprobaba la contingentación
de licencias metropolitanas en una proporción del 2,5 por mil
habitantes de la población del área metropolitana.
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El 12 de abril
de 1981, el Consejo Metropolitano de la CMB aprobaba el Reglamento
Regulador del Servicio de Autotaxis, Autoturismos y Especiales
o de Abono de la Corporación Metropolitana de Barcelona, paso
decisivo para la metropolitanización del taxi en los 27 municipios
del área: la CMB podía intervenir en el sector para dictar disposiciones
complementarias con el objeto de mejorar la prestación del servicio,
la aprobación de tarifas, la concesión metropolitana de licencias,
la fiscalización de la prestación del servicio, la aprobación
de tarifas, la concesión metropolitana de licencias, la fiscalización
de la prestación del servicio, la regulación del descanso semanal
de taxistas, la salida del ámbito metropolitano, la identificación
de los taxis, el estacionamiento en paradas, los horarios, etc.
El Reglamento recogía la contingentación de licencias aprobada
en 1980.
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En 1981, la
CMB impulsó una campaña para promover la instalación en todos
los taxis del módulo luminoso conectado al taxímetro -una
operación indispensable para garantizar la correcta aplicación
del sistema tarifario. La campaña no fue muy bien recibida por
algunos taxistas, porque consideraban que se trataba de una
intervención excesiva de la CMB en el control del cobro de tarifas.
La guerra de módulos, como denomina la prensa a estas movilizaciones,
finaliza con la llegada del Mundial de Fútbol del 82 en Barcelona
y con una política de promoción del taxi que encontraría otras
vías de concreción los años siguientes:
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- En 1983, el Palau
de Congressos de Barcelona acoge las primeras jornadas bajo
el lema: "La Industria del taxi hacia el futuro".
- El 1984, el Consejo
del Taxi fue reemplazado por una Comisión de Seguimiento del
Taxi. Entre las medidas adoptadas por la Comisión destacaban:
- La implantación, con
carácter experimental, de dos días de fiesta semanales: una
en día laborable y otra en sábado o domingo. La medida se
comenzó a implantar en 1985.
- La firma del Acuerdo
Global para la Promoción del Taxi con las fuerzas representativas
del sector (ABEAT, APT, ATMB, CC.OO, STATC, IUTB i USTPT)
y la Corporación Metropolitana de Barcelona. Entre las medidas
adoptadas en el acuerdo figuraba "establecer, a partir
de 1986, la tasa por transferencia de licencias en el 10%
del precio medio de mercado".
- El 1984 se inauguraron
también los centros de revisión de vehículos (ITV) en los
municipios metropolitanos de Sant Just Desvern y Badalona.
- A partir de enero
de 1986, el Ministerio de Economía y Hacienda implantó el
Impuesto de Valor Añadido (IVA), que también debería ser de
aplicación en el taxi.
Barcelona era elegida
sede de los XXI Juegos Olímpicos y el sector inició otra etapa
muy importante para la renovación de su imagen.
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Nace la
Entitat Metropolitana del Transporte
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El 4 de abril
de 1987, el Parlamento de Catalunya promulgó la ley que disolvía
la Corporación Metropolitana de Barcelona (CMB) y al
mismo tiempo creaba la Entitat Metropolitana del Transporte
(EMT), a la cual se otorgaba competencia para ejercer las facultades
de intervención administrativa en los servicios de transporte
público de viajeros en automóviles, entre estos, el taxi. A
partir de entonces, la EMT, mediante el Servicio del Taxi, se
encargaría de administrar el taxi.
Impulso a la promoción
y al reciclaje del taxista
En febrero
de 1987, la EMT firmó un convenio con el INEM para el reciclaje
profesional subvencionado de los taxistas, para lo que se crea
la Escuela del Taxi.
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Los primeros
cursos de inglés catalán, mecánica e historia de la ciudad se
impartirán en las aulas de diversos Centros Cívicos de Barcelona.
Posteriormente la Escuela del Taxi se trasladó a la calle Lutxana.
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En 1988, la
Entitat Metropolitana del Transporte y el Ayuntamiento de Barcelona
promovieron la campaña Taxi, posa't guapo. Fem un canvi d'aires,
encaminada a renovar la flota de taxis con el apoyo institucional
de la campaña Barcelona, posa't guapa.
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Los profesionales
del sector recibían subvenciones para la recolocación del taxímetro
en un lugar visible para el usuario, la instalación de un nuevo
depósito de gas GLP y la instalación de aire acondicionado.
Desde aquel año, la promoción del sector fue uno de los objetivos
prioritarios del Servei del Taxi de la EMT: el 23 de marzo de
1988 se presentó el Diari del Taxi, en el Saló Gòtic de la Llotja,
y al día siguiente salía a la venta el primer número como suplemento
del Diari de Barcelona. Para Sant Jordi, los taxistas
repartieron 100.000 rosas i 25.000 ejemplares del Diari
del Taxi a los usuarios.
El 11 de mayo de 1989, la EMT promovía la constitución de Ciutat
Groga, S.A. con una amplia participación de taxistas. Ciutat
Groga ofrecía un conjunto de servicios a sus asociados: escuela,
seguro colectivo grandes riesgos, taller de reparaciones, tienda
de recambios, actividad cultural y promoción del sector en todos
los ámbitos de Barcelona.
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La primera
consulta electoral
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El 30 de mayo,
los taxistas titulares de licencia fueron invitados por la EMT
a participar en la primera consulta que se hacía en el sector
con el fin de determinar la representatividad de las asociaciones,
los gremios y los sindicatos del taxi. La Administración reclamaba
interlocutores válidos para dialogar y solucionar los problemas
e inquietudes que planteaba el sector.
Un 56,61% de los electores taxistas acudieron a la primera consulta.
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El resultado
puso de manifiesto la acentuada pluralidad del sector, con diversas
tendencias y niveles de representatividad.
El Gremio
Unión de Taxistas (GUT), el Sindicat de Taxistes Autònoms de
Catalunya (STAC), el Sindicato de Taxistas Autónomos de Barcelona
(STAB) y la Associació Empresarial del Taxi fueron las fuerzas
más votadas.
Después
de una valoración de los resultados de la primera experiencia,
la Administración convocó al sector a una segunda consulta el
17 de mayor de 1994. Diez organizaciones se presentaron, registrándose
una participación del 43,21 %, un 10% menos que en 1990. En
esta ocasión las organizaciones más votadas fueron: la Associació
Catalana del Taxi (ACT), el Sindicat de Taxistes Autònoms de
Catalunya (STAC), la Associació Empresarial del Taxi y el Sindicato
de Taxistas Autónomos de Barcelona (STAB).
El 15 de
junio, quedaba constituida la Mesa Tècnica del Taxi, encargada
de tratar periódicamente los temas que se derivan de la política
cotidiana del taxi.
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Constitución
de IMT
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El Consell
Metropolità de la EMT aprobó el 28 de mayo de 1992 los Estatutos
del Institut Metropolità del Taxi (IMT). De esta
manera se dotaba al Servei del Taxi de la EMT de personalidad
jurídica propia mediante la constitución de un organismo autónomo,
pero al mismo tiempo dependiente de la Entitat Metropolitana
del Transport. Con la creación del IMT se agilizarían las tareas
de la administración y gestión del Taxi de Barcelona y área
metropolitana.
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En 1992,
año de los JJOO, circulaba por Barcelona una de las flotas de
taxis más modernas de su historia. Un considerable número de
profesionales hizo un gran esfuerzo personal para renovar su
vehículo.
La crisis
económica, que tuvo su mayor repercusión en el curso 1993-1994,
afectó a todos los sectores económicos del país y, sin duda,
a la industria del taxi. En esta coyuntura, los taxistas reclamaron
la reestructuración del sector mediante la reducción de licencia
y bajo el lema "un taxi, un conductor".
El Presidente del IMT, Joan Torres, extendía en enero de 1995
una invitación al sector con el fin de que un grupo de expertos,
con el soporte de la administración y las asociaciones profesionales
representativas, realizaran un estudio sobre la situación del
Taxi de Barcelona para poder ofrecer una respuesta clara a los
intereses contradictorios que hasta aquel momento se habían
puesto de manifiesto respecto a la reestructuración. Después
de tres meses de trabajo, el estudio se presentó con una conclusión:
el sector del Taxi de Barcelona tenía un déficit de explotación
cifrado en un 12,74%. Para solucionar este problema se aconsejaba
la aplicación de un conjunto de medidas, entre las cuales estaba
la reducción de 1.215 licencias en el periodo de 5 años.
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Un acuerdo
histórico para la reestructuración
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Conocidas las
conclusiones del estudio, la administración del taxi y las asociaciones
profesionales representativas del sector llegaron a un acuerdo
que el 1 de febrero de 1996 era ratificado por el Pleno de la
EMT con los votos favorables del PSC, IC, CiU y la abstención
del PP.
En el marco del acuerdo se aprobaba la Disposición Transitoria
Segunda, que permitía suspender algunos artículos del Reglament
Metropolità del Taxi y establecer, entre otras medidas, la reducción
de un mínimo de 1.215 licencias en el plazo de 5 años; suspender
durante este mismo periodo la aplicación del artículo 17 del
Reglamento de 1981.
A partir de este acuerdo, la Administración del Taxi plantea
a las asociaciones la necesidad de establecer los criterios
para llevar adelante la reestructuración del sector y la manera
de participar de los taxistas en el proceso.
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La reestructuración
del taxi, una realidad
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Coincidiendo
con la reorganización de los órganos de gobierno de la
EMT, después de las elecciones de junio de 1995, el IMT reestructuró
su cuadro directivo e incorporó un nuevo equipo gestor.
El alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall visitó por primera
vez durante una semana del mes de mayo del 96 diferentes ámbitos
del Taxi de Barcelona para conocer de primera mano su realidad
y su problemática.
Se abre
un proceso de diálogo con la Mesa Tècnica del Taxi, después
de un periodo de impasse con la Administración. El IMT, renovado
en su estructura interna, presentó a las asociaciones los ejes
básicos de un Plan de Viabilidad y Modernización del Taxi de
Barcelona que pretendía aunar intereses con la participación
de todos los implicados en el sector.
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Administración,
asociaciones y empresas y profesionales taxistas. Se trataba
de un Plan que no tenía como único objetivo la retirada de licencias,
sino también la modernización del sector.
El Plan de Viabilidad y Modernización
se aprobó definitivamente el 12 de febrero de 1998 con los votos
favorables del PSC, IC-Els Verds y el PI, y los votos en contra
del PP y CiU.
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