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El rito fundacional de la ciudad en Occidente, concretamente el de la tradición etrusco-latina, ha sido objeto de un importante estudio del profesor J. Rykwert1. El particular rito de fundación de la ciudad se enmarca en el ámbito más general de los ritos de construcción, que engloba la construcción de altares, templos, casas, asentamientos militares y en general cualquier ordenación del territorio por pequeña que esta sea. Las referencias más explícitas al rito fundacional de una ciudad en Occidente han llegado a nosotros a través de los etruscos2, de sus herederos los romanos y de los griegos, pero todas las demás tradiciones tienen también sus ritos de construcción que no difieren en contenido los unos de los otros aunque ciertos aspectos "formales" se acomoden a las circunstancias específicas de cada lugar; desde las tradiciones extremorientales hasta las precolombinas pasando por la tradición occidental el hecho que se persigue es esencialmente establecer en la tierra un centro a partir del cual se repite la cosmogonía, rememorando así el acto divino primordial de creación de toda la manifestación. Establecer este centro pasa por conocer la "voluntad divina", que en la tradición etrusco-latina se obtenía mediante la observación del vuelo de unas determinadas aves, en Grecia se consultaba el oráculo de Delfos y en Samnio, un pueblo de la Italia antigua, se seguía el rastro de un animal sagrado como el lobo o el pájaro carpintero, para finalmente establecer los límites del espacio que, en virtud del rito, pasa a ser sagrado. Así, toda fundación es ante todo una fecundación de la tierra virgen por el espíritu divino, y toda fecundación es una unión de contrarios en la unidad. Fundar una ciudad significa refundar el Cosmos, repetir la cosmogonía, y esta refundación tiene carácter hierogámico: un matrimonio sagrado entre la tierra a ocupar y la otra Tierra prototípica, celeste e Ideal; la de abajo se estructura a imagen y semejanza de la de arriba, y ese trozo de tierra sacralizada pasaba a ser Centro del Mundo, templo a cielo abierto, habitáculo de la Shekhinah, la "presencia real" de la Divinidad3. El rito fundacional de la tradición etrusco-latina al cual nos vamos a referir, consta de un doble tiempo que se plasma en una doble acción ritual. En primer lugar, y como condición de posibilidad, era imprescindible el rito de la Contemplatio. Esta parte del rito era efectuada por un magistrado: el Augur. La Contemplatio consistía en, una vez alcanzado un lugar elevado, generalmente la cima de una montaña que en virtud del rito que se va a efectuar, se convierte en Eje del Mundo, Montaña Cósmica, escrutar el cielo y según la topología que ofrezca en ese instante advertir en ella dos coordenadas, dos meridianos cruzados que configurarán, convenientemente dibujados sobre la superficie de la tierra, las dos direcciones principales o ejes de la ciudad. El Augur era el único capaz de determinar el significado exacto de los signos advertidos en el cielo, su Ciencia era secreta; así, en el caso de que todo estuviera conforme al rito y que los signos fueran favorables él era el encargado de comunicar a los demás la conveniencia o no de fundar una ciudad en el lugar previamente escogido. En el caso de que se dieran las condiciones celestes favorables quedaba así in-augur-ada la ciudad; pero vayamos por partes. Como dijimos más arriba, el Augur advertía en el cielo unas coordenadas; el punto en donde éstas se interseccionaban se proyectaba en el suelo y éste, que pasa a ser el centro de la ciudad, es lo que propiamente se llama templum. El templum era un diagrama trazado en el suelo de carácter analógico y por tanto no implicaba una transposición literal de las directrices advertidas mediante el escrutinio de la topología celeste. El templum podía ser dibujado, dicho o gesticulado, pero de cualquier manera representaba sintéticamente el orden general del cielo en un lugar determinado; en el caso de que el Augur dibujase sobre el suelo el diagrama éste era generalmente circular y dividía el territorio en cuatro partes. Los antiguos etimologistas hacen derivar la palabra templum de tueri, mirar, escrutar, observar, pero, atendiendo a su raíz etimológica, hay dos observaciones importantes más a hacer. En primer lugar la que deriva de temperatura que en latín significa fusión o mezcla bien dosificada y por lo tanto equilibrada, de dos o varias cosas distintas; derivado de temperatura tenemos "templar" que significa, genéricamente, mezclar una cosa con otra para moderar sus actividades, fusionar sus cualidades o energías; así pues, templo, o temple, es también una unión o fusión o mezcla; pero unión ¿de qué? El Augur era el vehículo, "puente" o "canal" mediante el cual los tres niveles cósmicos en juego se unían mediante el rito y se materializaban en una figura o gesto al que se llamaba, como hemos visto, templum. En la tradición extremoriental encontramos una figura análoga al Augur simbolizada por el carácter wang o Rey-Pontífice4 (fig. 1).
Por otra parte, en el subsuelo del templum se construía una cavidad llamada mundus en la cual se alojaban tres cosas: los restos del ave que fuera portadora de los buenos Augurios (más adelante nos referiremos a ella), un puñado de tierra traída de una ciudad hermana y, los restos del héroe fundacional6. Así en el mundus se "fijaban" los tres niveles cósmicos: Cielo (simbolizado por el ave), Hombre (héroe fundacional) - Tierra (puñado de tierra), y sólo en virtud de ser unión de estos tres niveles cósmicos se puede decir que es un Centro; y es a partir de este "Centro del Mundo" que se repite la cosmogonía demarcando en el territorio, es decir en la dimensión horizontal, el "límite de lo sagrado". El mundus era una cavidad circular y se cubría con una losa de piedra, sobre la cual se erigía un altar en donde se encendía un fuego que pasaba a ser el focus de la ciudad. En este preciso momento el héroe fundacional daba nombre a la ciudad: un nombre secreto, otro sacerdotal y el nombre público7, lo que equivale necesariamente a "nombrar" los tres niveles antes mencionados y de los cuales la ciudad era síntesis. Continuando con la etimología de templum nos centramos ahora en la relación entre templum y mandala en el sentido en que ambos términos designan un modelo o patrón8. Un templum es también un diagrama de orden universal, una cosmografía a partir de la cual y siguiendo un complejo sistema de proporciones se establece en el orden de lo sensible una distribución analógica al orden Cósmico. En el transcurso del rito fundacional del templo hindú, el Vastu Purusha-mandala9 (fig. 2) se trazaba ceremonialmente en el suelo, a modo de plantilla, y pasaba a ser un "esquema" de lo que luego sería la construcción física del templo y de la ciudad. Muchas ideas se desprenden de todo ello, pero nos interesa una: que en virtud del rito todas las ciudades y todos los templos son iguales y a la vez únicos pues siendo el modelo (templum, mandala) el mismo, la construcción física se acomoda a las condiciones particulares del lugar escogido10. Todas las ciudades o templos fundados conforme al rito son Centro del Mundo y hay tantos "centros" como ciudades o templos fundados ritualmente: el centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.
Simbólicamente el águila es la mensajera de la voluntad divina, es un símbolo solar y celeste y en cuanto a ave es símbolo angélico y de los estados espirituales superiores; en las Tradiciones del Libro los ángeles tienen frecuentemente forma de águila. El águila se asimila al rayo y al trueno y así manifiesta a un nivel las voluntades del dios supremo y la acción transformadora del cielo sobre la tierra, es decir, la fecundación de la tierra madre (asimilada al caos primordial y a la materia prima) por el espíritu divino12. Siguiendo con el ritual llegaba un experto, el Arúspice (adivinador por el hígado) quien cogía el ave portadora de los augurios, la abría en canal, le sacaba el hígado que subdividía en partes atribuyendo cada una de ellas a una divinidad, y advertía en él el signo. Leía los signos oraculares y si le parecían malos se había de aguardar y si le parecían buenos se procedía a lo que al principio hemos denominado la segunda acción ritual13. Esta segunda acción se ejecutaba posteriormente al trazado de las direcciones de los ejes principales de la ciudad por parte del agrimensor, oficio éste tan excelso como el del Augur, quien con un instrumento llamado gnomon trazaba el cardo y el decumanus maximus acorde con el curso del sol. Cardo quiere decir "eje", es decir, línea en torno a la cual gira el sol, de Norte a Sur, y decumanus debe su nombre, según algunos tratadistas antiguos, a la contracción de duodecimanus, la línea de las doce horas entre la salida y la puesta del sol, es decir de Este a Oeste. El rito realizado por el agrimensor constaba de tres fases: trazado de un círculo entorno al gnomon14, determinación del eje Este-Oeste acorde con el curso del sol y de su perpendicular Norte-Sur y trazado del cuadrado inscrito en el círculo. Estas tres fases del rito corresponden igualmente a las tres figuras fundamentales (círculo, cruz y cuadrado) que simbolizan los tres niveles (Cielo-Hombre-Tierra) del carácter wang expuesto anteriormente15. Precisemos que así como el templum era un
diagrama de orden analógico y su transposición en el territorio
no era literal, las coordenadas trazadas por el agrimensor tampoco determinaban
exacta y necesariamente las directrices básicas de las calles principales;
esto es así porque en su trazado definitivo también intervenían
consideraciones de tipo más pragmático referentes a la salubridad
de las aguas, dirección de los vientos predominantes en la zona
etc., pero este tipo de consideraciones si bien eran importantes para la
correcta distribución de las calles y edificios no eran en absoluto
determinantes en el trazado de la ciudad, lo determinante era lo advertido
mediante el rito. Podríamos decir que el Augur al trazar
el templum señala las direcciones sutiles que ordenan la
Tierra, el agrimensor señala, en un posterior estadio de determinación,
la cuadratura del círculo solar sobre la superficie de la tierra,
y posteriormente se distribuye la zona sacrificada en consideración
a las condiciones atmosféricas, topográficas y de salubridad
propias del lugar. Con todo ello el simbolismo geométrico del conjunto
no resulta en absoluto modificado sino que al contrario imita fielmente
el modelo original y no se confunde con las consideraciones estrictamente
materiales; en la figura 3 se observa el diagrama de una ciudad en donde
el cardo y el decumanus no coinciden con los ejes Norte-Sur
y Este-Oeste.
El fundador llevaba el arado oblicuamente de manera que la tierra levantada por éste cayera en la parte interior del surco. La hendidura hecha por el arado era lo que se llamaba fossa y la tierra sacada por el arado se llamaba "muro". Ovidio relata cómo Rómulo, el fundador mítico de Roma, abre una zanja profunda y la llena de frutos, la cubre con tierra, levanta un altar sobre ella y a continuación se dispone a trazar, con el arado, los límites de la ciudad, lo que será el muro19. Este muro por su estricta condición ritual era sagrado y por lo tanto no se podía traspasar; cuando era necesario establecer una salida al exterior el fundador levantaba el arado y la franja de tierra no fecundada por éste era lo que se llamaba "puerta", que al no poseer valor sagrado podía ser traspasada. (fig. 4).
El rito es la inteligencia de acción. Los símbolos
y los mitos urden armoniosamente nuestra realidad con La Realidad, recordándonos
incesantemente que esta polaridad es sólo aparente, pues en realidad
sólo es Uno y, consecuentemente, que la existencia es sólo
algo contextual, algo verdaderamente relativo que sólo deviene absoluta
cuando se identifica con el Ser. Los símbolos, mitos y ritos nos
atañen a nosotros como implicaron a nuestros antepasados y si en
la actualidad todas estas cuestiones están ocultas, pues ciertamente
se trata de una ocultación y no de una desaparición, es por
la naturaleza misma de lo simbólico que vela su sentido profundo
a quien lo usufructúa y lo revela a quien lo invoca.
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| NOTAS | |
| 1 | Rykwert, Joseph., The Idea of the Town, Faber and Faber Ltd., Londres 1976. Existe ed. en castellano en Ed. Herman Blume, col. Biblioteca básica de Arquitectura, Madrid 1985. |
| 2 | Etruria era un país aristócrata que ocupaba la Italia central, entre el mar Tirreno, el Arno y el Tíber, y estaba organizado según una confederación de doce ciudades "dodecápolis"; fueron grandes astrólogos y magos y desarrollaron el arte de la metalurgia con gran habilidad. |
| 3 | Guénon, R., Aperçus sur l'ésotérisme chrétien, Ed. Traditionnelles, París 1988, cap. III. |
| 4 | Guénon, R., La gran Tríada, cap. XVII. |
| 5 | El Pontifex, literalmente el "constructor de puentes", representado en Grecia por Iris, la "mensajera de los dioses". R, Guénon, Autorité spirituelle et pouvoir temporel, Editions Traditionnelles, París 1975, cap. IV. Asimismo ver El rey del mundo, Luis Cárcamo Ed., pág. 15, del mismo autor. |
| 6 | Todavía hoy se llama "mundo" a un baúl en donde se depositan objetos de cierto valor. |
| 7 | En el caso de Roma el nombre secreto era Amor, el sacerdotal Flor y el público Roma. |
| 8 | En lengua inglesa template o templet significa plantilla, sinónimo de patrón o modelo. |
| 9 | Mandala significa "círculo" y es un símbolo o "imagen de lo divino". Vastu (de la raíz vas, morar, estar en su sitio) sería la extensión total del ser ordenado, Purusha el Hombre cósmico, origen de la existencia, así el Vastu Purusha-mandala es el símbolo espacial de Purusha, de la presencia divina en el centro del mundo. Cf. Rykwert, J. op. cit., p. 206. |
| 10 | No podemos extendernos, pues no es el motivo de este estudio, en la descripción del rito fundacional del templo hindú. Señalemos no obstante que el equivalente hindú del mundus descrito anteriormente es el gharbha "seno del templo", que era en sí un recipiente de bronce que contenía las riquezas de la tierra: piedras preciosas, metal, tierra, raíces y plantas, y que se situaba en el centro del templo. |
| 11 | En el caso de la fundación de Roma, el ave escogida por Rómulo y Remo fue un buitre. En las tradiciones greco-latinas el buitre era también una ave adivinatoria, portadora de presagios, pues estaba asociada al fuego celeste, purificador y fecundante. |
| 12 | En Grecia el águila era también asociada a la actividad oracular: esta se detenía en la vertical de Delfos, siguiendo el curso del sol, cada vez que el oráculo era consultado; M. Elíade nos recuerda que delphys significa matriz: así el oráculo era receptáculo de la revelación divina (simbolizada por el águila). Recordemos también que en la antigua Grecia el héroe fundacional no acometía su actividad sin antes haber consultado la Pitia de Delfos. |
| 13 | El Arúspice era un verdadero científico, pues no tenía por objeto el conocimiento de los fenómenos o de la realidad, sino su exégesis simbólica, ciencia que adquiría mediante la tradición oral, el estudio de los libros sagrados y la propia experiencia acumulada. |
| 14 | Gnomon designa tanto a una varilla de bronce clavada en el suelo en el centro del círculo como un complejo instrumento destinado al trazado más exacto y extenso de los ejes. El término "exacto" no tiene aquí sentido de "precisión" sino de progresiva determinación. |
| 15 | Burckhardt, T., Principios y métodos del arte sagrado, Lidiun, Ed., Buenos Aires, pág. 17, en dónde se hace notar que este particular rito de orientación tiene alcance universal, razón por la cual, trasponemos su lectura simbólica al rito fundacional occidental. |
| 16 | La palabra langala (arado) y la palabra linga derivan de una misma raíz que designa a la vez a la laya (pala para labrar la tierra) y el falo. El linga es por completo un falo y en la mitología hindú es símbolo de Shiva en cuanto principio causal y procreador. En China una pieza de forma triangular (como el arado) de jade se encuentra frecuentemente en el centro de los templos y evoca el carácter sagrado del acto de procreación simbolizando las hierogamias. Chevalier-Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, p. 649. |
| 17 | El héroe fundacional, el arado, la novilla y el toro son los cuatro elementos que intervienen en la demarcación de los límites de la ciudad que junto con la tierra fecundada son cinco. El número cinco, suma del primer par y del primer impar, es símbolo de unión; era un número nupcial para los pitagóricos y simboliza principalmente el matrimonio sagrado entre el principio activo celeste y el principio pasivo terreno. En la tradición china el cinco es la cifra de la cruz y del cuadrado pues no se conciben estos sin el centro que los conforma; así simbólicamente el cinco es un número central formado por la cuadratura de la cruz y su centro, simbolizando así la totalidad del mundo sensible. |
| 18 | Chevalier-Gheerbrant, op.cit., p. 1043. |
| 19 | No debe confundirse este muro, estrictamente ritual y por lo tanto simbólico, con las murallas de la ciudad, estrictamente defensivas. Estas se construían posteriormente y su ubicación no coincidía exactamente con el muro ritual, de manera que entre este y las murallas había una franja de terreno "promoerium" o "postmurum" que igualmente era de carácter sagrado pues estaba "dentro del muro". |
| 20 | Burckhardt, T., op. cit., págs. 9-11. |
INDICE de figuras:
Fig. 2 Dibujo del autor. Fig. 3 La città comme forma simbólica, Bulzoni Ed., Roma. Fig. 4 Dibujo del autor. Fig. 5 La città... Fig. 6 La città... Fig. 7 La città... Fig. 8 La idea de ciudad, Ed. Blume, Madrid. |
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