La página de Federico

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Hernán Cortés

Federico Ortíz-Moreno *


Conquistador de México. Célebre hombre que viniera a nuestro país en busca de
nuevas fortunas. Conquistador español que colonizara nuestra patria y nuestro reino.
Insigne hombre todo envuelto en papeles de héroe y de leyenda: Hernán Cortés.




Grandes conquistadores

Hay de hombres a hombres y de conquistadores a conquistadores. Hernán Cortés fue un gran conquistador. Español de origen y con una cultura muy superior a la del promedio de sus demás congéneres, Cortés sería llamado en poco tiempo para ocupar las páginas de la historia.

Se podrá hablar (o escribir) sobre muchos conquistadores. De hecho ya se han tocado en estas mismas páginas a grandes hombres como lo fueron Alejando Magno, Carlomagno, Carlos V, entre otros. Hoy toca acercarnos un poco más a nuestro pueblo, a nuestros orígenes. A esa raza de la cual partimos y de la cual, de un modo u otro, tenemos que sentirnos orgullosos.

No siempre se puede hablar bien de los conquistadores. En México, por desconocida razón, o por causa que tal vez quisiera ignorar, aplaudimos y adoramos a aquellos que nos conquistan: a aquellos que nos quitan todo; a los que nos humillan, nos quitan y violan nuestras mujeres, nos roban, nos vejan, nos hacen esclavos y nos hacen sentir idiotas.

Esto es sólo una parte de la historia de la conquista. Hecho que, por otra parte, no podemos negar, mucho menos olvidar, pero tampoco enaltecer. La conquista se dio. Pueblos cayeron, otros vinieron, tomaron el mando y, la vida, como siempre, continuó.


Hoy estamos aquí

Hoy estamos aquí simplemente recordando, reflexionando; diciendo con palabras y entre líneas aquello que sale de nuestra alma y que vemos como una historia que se mezcla entre cuento y leyenda. Una historia, nuestra historia, esa que habla de la conquista, la desaparición de nuestro imperio y el surgimiento de una nueva raza, la de los mexicanos.


La historia de los grandes hombres

Como siempre, no podemos negar la gran talla y figura de Cortés. Un hombre valiente, culto, inteligente, que pusiera un gran empeño en hacer lo mejor para llevar a cabo la conquista y establecer una colonia española en México. El fue grande, no lo debemos negar; pero hay que decir también muchas cosas que no se dicen y se callan, como el recordar que fue un vil y cruel asesino.

Por desgracia las cosas se callan y se ocultan. Se aplaude a esos héroes que en busca de conquistas y de gloria vejan, torturan y asesinan. Se aplaude y se levantan estatuas a aquellos que nos ensartan el puñal por la espalda y se olvida aquellos que nos dieron la primera vida.

La historia la hacen los grandes hombres y los grandes pueblos. Algunos pasan a feliz término o a feliz memoria. Otros, en cambio, siempre serán recordados por sus muestras de heroísmo, arrojo y valentía. Cortés fue uno de ellos. La historia lo recuerda no solamente como un gran hombre que, independientemente de que fuera bueno o no, fue un gran conquistador.


Hernán Cortés

Hernán Cortés, celebre conquistador español, nació en la ciudad de Medellín, Extremadura (España), en el año 1485. Sus padres fueron Don Martín Cortés y Doña Catalina Pizarro, pariente, ésta última, de ese otro gran navegante Francisco Pizarro.

Cortés fue un chico feliz, no le faltaban muchas cosas que digamos. Desde pequeño mostró un carácter firme y decidido. Le gustaba que le llamaran por su nombre. Le enojaba que le dijeran "Hernaldo", nombre despectivo para él. Su nombre era Hernán Cortés, y así le deberían de llamar.


Cultura y estudios

Hombre de avanzados estudios. la cultura de Cortés era superior a la de sus demás compañeros de armas. La gente confiaba en él y le apreciaba. Hombre de carácter enérgico, audaz y decidido, el joven Hernán tenía una fe ciega en su valer y su destino. Se iba formando en él un gran hombre, aquél que sería el conquistador de México.


La carrera

Cortés era un hombre decidido. Quería triunfar en la vida como soldado y como político, y así lo hizo. No titubeó nunca en sus empresas. Conocedor del alma humana, supo con firmeza y serenidad enfrontar las situaciones más difíciles y peligrosas. Sabía que podía afrentarlas y vencerlas.

Nuestro personaje fue un hombre que nunca titubeó en sus empresas. Algunas veces demasiado arrojado, algunas veces temerario, Cortés iría labrando su propia personalidad. Se dice que era un hombre sin escrúpulos. Se dice también que su ambición, refinamiento y gusto por la vida le hacer ver como un héroe especial y comodino que lo desea todo a cambio de nada.

Así es la vida de Cortés, sin olvidar tampoco que era también un hombre religioso, lo cual le acercaba, así mismo, con muchos hombres de talla más tranquila. pacífica y conservadora. Hombre inteligente supo granjearse amistades que lo llevarían muy pronto a la conquista de una parte de ese nuevo mundo descubierto por Colón.


El viaje

Con gran sentido de planeación y organización, Cortés preparó con apasionado entusiasmo la empresa que le habían confiado. Alistó once naves y un bergantín, 508 soldados y 109 marineros. Llevaba a bordo diez cañones de bronce, trece escopetas y treinta y dos ballestas. Caballos llevaba dieciocho.

Velázquez era quien le había confiado la hazaña. Ya en 1504 había participado con él en la conquista de La Española, tiempo en el cual no ocupó ningún cargo militar, aunque sí funciones burocráticas. En 1519 Velázquez le confiere el mando de una expedición que culminaría con la conquista de México.


Zarpa Cortés

El viaje estaba preparado, pero Velázquez había recelado de la lealtad de su capitán y trató de impedir su marcha; pero Cortés no era un hombre que se dejase vencer fácilmente, y dio la orden a sus naves para que levaran anclas, iniciaran vuelo y zarparan de inmediato el 18 de noviembre de 1518.

Le acompañaba un magnífico grupo de capitanes, destacando, entre ellos, Pedro de Alvarado, Diego de Ordaz, Juan Velázquez de León, Francisco Montejo, y Juan de Escalante. Desde Cuba la expedición se había dirigido a Yucatán. Sabían que el camino era largo, pero estaban seguros de que llegarían.


Cortés se acerca

Llegan a la Isla de Cozumel el 18 de febrero de 1519. En Catoche, Cortés y sus hombres recogen a Jerónimo de Aguilar, uno de los supervivientes de una expedición anterior, la de Nicusa. Aguilar conocía bien la lengua indígena; y fue, por lo tanto, sumamente útil para Cortés.

Es en Tabasco (no en Veracruz, como a veces se cree o se ha hecho creer) donde se efectúa al primer desembarco. Es aquí mismo donde tiene lugar el primer choque armado con los indígenas. Los indios se resisten, pero éstos son finalmente derrotados por las fuerzas de Alvarado.

Cortés trata de obtener la amistad de los vencidos y lo logra al devolver la libertad a los prisioneros. Ambos grupos tratan de congraciarse. Cortés negocia con ellos y éstos (los indios) le hacen entrega de varios presentes, entre ellos veinte mujeres, una de las cueles sería la famosa Malinche.


La Malinche

Su nombre fue Marina, mejor conocida como Malinche. Una de las veinte mujeres que le dieran a Cortés a cambio de paz y tranquilidad. Malinche, esa mujer sobre quien la historia ha callado mucho y sobre quien se ha hablado mucho, aunque escrito poco. Esa mujer que se convirtiera en la amante de Cortés y fiel interprete y auxiliar de los españoles.

Bella mujer, Malintzin, Marina o Malinche, como quiera usted llamarla, la joven amante de Cortés quien a veces no tenía reposo a fin de complacerla, fue la más fiel y eficaz intérprete de la conquista y la más abnegada compañera del caudillo. Gracias a ella los españoles supieron muchas cosas, muchos secretos y detalles que les hicieron más fácil la conquista.


El desembarco

Habían llegado Cortés y sus hombres el 21 de abril a un islote al que denominaron San Juan de Ulúa. A los pocos días, en la costa del continente, fundaría la Villa Rica de la Vera Cruz; hoy, Veracruz. Cortés renunciaría a los poderes que le fueran conferidos por Velázquez; a su vez se formaría un cabildo quien lo nombraría Capitán General y Justicia Mayor. Cortés obra como un gran político. Había triunfado. Sin embargo, tiene que hacer algo. Hay muchos seguidores que quieren regresar. Hay también muchos adictos a Velázquez que quieren volver a Cuba.

Cortés no deja detalle por escapar. Manda varar y desmantelar todos sus naves. Los descontentos tienen que doblar las manos. No hay más remedio, hay que doblegarse ante los hechos. Los pesimistas y los que no estaban contentos marchan y se disponen a avanzar hasta el corazón del Imperio Azteca. Mientras tanto, al frente de la Vera Cruz queda Juan de Escalante con una pequeña guarnición.


Hacia el interior

Cortés y sus hombres marchan hacia el interior (nótese que el "interior" es propiamente México -la Ciudad de México- y no propiamente la provincia como creen o hacen creer ilusamente los locutorcillos y animadores de muy bajo intelecto de la capital). Cortés sabe que puede tener enfrentamientos, pero sabe también que tiene con que triunfar.

El señorío azteca tenía muchos enemigos. De ello se valió Cortés para someterles. Moctezuma II le pide que abandone el país. Cortés no hace caso y avanza hacia Cempoala en compañía de los totonacos que le habían brindado su alianza. Tendría dificultades, pero las salvaría.

Vence a los tlaxcaltecas y los convierte en sus aliados. Emprende la penetración y va hacia adelante. El hecho más sangriento de la conquista tiene lugar en la ciudad sagrada de Cholula, donde ante las sospechas de una conspiración indígena, Cortés ordena una gran matanza.


En la Gran Tenochtitlán

El 8 de noviembre de 1519 Cortés penetra en la Gran Tenochtitlán (o Tenochtitlan), la capital azteca, a orillas del lago de Texcoco. Nadie trata de impedírselo. Moctezuma II sale a recibirlos y les colma de riquísimos regalos. Les aloja en uno de sus palacios y empiezan los arreglos.

Cortés sabe que se halla en poder del Emperador o Tlacatecutli de los aztecas, quien bien pudiera eliminarlos. La paranoia le entra nuevamente a Cortés. Era necesario hallar un pretexto para apoderarse de Moctezuma y valerse de su persona (un rehén) en caso de peligro.


Mañas y artimañas

Cortés prepara su plan. La oportunidad (excusa o justificación) se presenta muy pronto. Nuestro personaje recibe la noticia de que los indios del litoral se habían sublevado y herido de muerte a Juan Escalante. Algo tenía que hacer, su plan empezaba a funcionar. Había que actuar y el plan ya lo tenía.

Era el 15 de noviembre. Hernán Cortés y sus capitanes hacen una visita a Moctezuma y lo obligan a abandonar el palacio para convivir con ellos en el cuartel. El monarca acepta, pensando, tal vez que con esto, contemporizando con ellos, vencería a sus temibles enemigos; o más bien convencido de que la resistencia sería inútil en vista de las armas sorprendentes que poseían, o bien por que las profecías del retorno de Quetzalcóatl le atemorizaban.

Moctezuma castiga a los culpables del ataque a la Villa de la Vera Cruz. Impide más sublevaciones y pide prudencia y discreción a sus hombres. Luego, Cortés, a fin de asegurar la soberanía española, le pide a Moctezuma que se reconozca como súbdito de España. Moctezuma lo hace y ordena a su pueblo obediencia y sumisión al nuevo monarca. No todos cumplen pues muchos caciques se resisten... ¿Quién era Carlos V para ellos...? -pensaban.


Los problemas con Diego Velázquez

Aún no había terminado el pleito y resquemor entre Cortés y Velázquez. Mensajes habían llegado a éste último acerca de la insubordinación de Cortés. Entonces envía una expedición de castigo al mando de Pánfilo de Narváez. Hernán tiene entonces que abandonar la ciudad de Tenochtitlán, dejando al frente de la misma a Pedro de Alvarado.

Cortés sale al encuentro de Pánfilo, lo vence y lo derrota. Se hallan en Veracruz. Narváez herido en un ojo cae prisionero. Parte de sus soldados se unen e integran a las huestes de Cortés. Y, no obstante que éste les otorga el permiso para volver a Cuba, prefieren seguir a su nuevo guía.


Problemas en Tenochtitlán

Entre tanto, en Tenochtitlán se produce una gran insurrección. Durante la ausencia de Hernán Cortés, Pedro de Alvarado interrumpe con violencia una ceremonia religiosa que se efectuaba en el Teocalli de Tenochtitlán. Esto provoca la indignación de los aztecas. Alvarado tiene que encerrarse con sus soldados en su cuartel y esperar el regreso de Cortés. Este llega con su ejército notablemente reforzado y obliga a Moctezuma a parlamentar con sus súbditos y que hiciera saber a los demás que sólo era huésped de los españoles y no su prisionero.

La turba enfurecida no le cree. Arremete contra él con flechas y piedras. Hay desesperación, ni Moctezuma ni los españoles saben qué hacer. La situación podía tornarse grave y complicada. Luego, el problema empeoraría. Moctezuma muere, según parece, desesperado, tres días después. Algunos dicen que murió envenenado.


Cuitláhuac

A la muerte de Moctezuma, los aztecas nombran a Cuitláhuac como su caudillo. Este, con renovado ardor y verdadera fuerza y alma de príncipe se pone al frente de los suyos. Ya antes había atacado a los españoles y les había vencido en diversas batallas.

Cortés considera entonces prudente evacuar la ciudad y dirigirse rumbo a Tlacopan. Sorprendido en su retirada, hubo de prodigar enormes esfuerzos para salvarse. Se perdieron un buen número de españoles, miles de aliados, artillería y muchos caballos.

Dice la leyenda que, al ver esto, Cortés se puso recostado en el suelo bajo la copa de un ahuehuete y lloró la pérdida de sus hombres, la pérdida de los suyos. Fue la noche del 1øˆ de julio de 1520. La historia la recuerda con el nombre de "La Noche Triste".


Nuevamente a la lucha

El caudillo no se arredra. Camina hacia el este, en busca de refuerzos. En Otumba lo espera un nuevo ejército azteca. Cortés tiene miedo, pero no le queda otra mas que luchar. La capacidad bélica de Cortés se manifiesta en esta ocasión. A pesar de la superioridad numérica de sus adversarios, Cortés logra derrotarlos.

Llega luego a Tlaxcala y desde allí solicita auxilio y ayuda a sus aliados, soldados y colonos españoles para poder derrotar a los aztecas. Para vencerlos -decía- se imponía la destrucción total de Tenochtitlán.

Piensa Cortés sitiarla por tierra y por agua. Durante diez meses se dedica a la construcción de naves, mientras la viruela, traída a México por uno de los soldados de Narváez diezma atrozmente a los indígenas.


El sitio a Tenochtitlán

Es en el mes de mayo de 1521 cuando se inicia el sitio de la gran Tenochtitlán. Cuitláhuac había muerto de viruela. Su sobrino Cuauhtémoc, joven y valiente príncipe, estaba ahora al frente y mando del ejército del imperio.

Heroica y valiente fue la lucha y defensa desesperada que de su ciudad hicieran por espacio de 85 días. Digna de admiración fue su heroica resistencia. Se sabe que Cortés, nada tonto, aunque sí un vil y cruel asesino, cortó el acueducto que introducía el agua a la ciudad; atacó las frágiles canoas y chalupas de los naturales y avanzó, lenta y tenazmente, destruyendo todas las casas y palacios, una por una, uno por uno. La ciudad cayó el 13 de agosto de 1521.

Cuauhtémoc entonces embarcó con sus familiares en una canoa y trató de huir. Fue hecho prisionero y sometido por sus vencedores al tormento de la quema los pies. La historia y la leyenda cuenta que a Cuauhtémoc se le aplicó aceite hirviendo en la planta de los pies, a fin de que dijera donde se hallaba escondido el tesoro real. Pero Cuauhtémoc calló y no dijo nada.

Los verdugos, al ver la inutilidad de sus recursos, optaron por bajarle. Cuauhtémoc seguiría con vida, aunque años después, Cortés, con su estrecho sentimiento de alma y su gran crueldad de la que nunca se pudo desprender lo condenase a muerte y lo enviase a ahorcar el 26 de febrero de 1525.


El nombramiento de Cortés

La otrora gran ciudad de Tenochtitlán queda totalmente en ruinas. Hay que reconstruirla y empezar a colonizar otros lugares. Cortés se lanza a esta aventura. Manda y envía levantar villas y ciudades en distintos puntos de lo que sería llamada la Nueva España.

El 25 de octubre de 1522, Carlos V, desconociendo los derechos concedidos a Diego Velázquez, nombra reconoce a Cortés como gobernador Capitán General y Justicia Mayor de los territorios conquistados, llamados, ahora sí, Nueva España.

Más tarde, en virtud de ser demasiado vasta la tierra conquistada como para dejarla en manos de una sola autoridad, se crearon dos audiencias: una, la de México (1527); la otra, la de Nueva Galicia (1548). Posteriormente, en 1534 se crearía el Virreinato de la Nueva España, a cuyo cargo estaría Don Antonio de Mendoza.


Su muerte

En 1540 nuestro personaje regresa a España. Ahí residiría hasta el momento de su muerte, en el pueblo Castilleja de la Cueva, en 1547. Su vida fue grande, como grandes fueron sus conquistas. España le reconoce y México le recuerda como un gran conquistador: Hernán Cortés.




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Federico Ortíz-Moreno


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