Benjamin Radford*
The Skeptical Inquirer, March-April 1999
Traducción de Alejandro Borgo
Alguien le robó la mayor parte del cerebro y
Ud. probablemente no lo sabía. Bueno, no significa exactamente que le hayan quitado
el cerebro, pero han decidido que Ud. no lo usa. Se trata del viejo mito,
escuchado una y otra vez, que dice que la gente usa sólo el diez por ciento del
cerebro. Mientras que para aquellos que repiten ese mito esto probablemente
sea verdad, los demás felizmente usamos todo el cerebro.
Ese remanido supuesto del diez por ciento
aparece todo el tiempo. El año pasado, los avisos publicitarios de la revista
nacional para la U.S. Satellite Broadcasting mostraban el dibujo de un cerebro.
Debajo figuraba la leyenda: “Ud. sólo usa el 11 por ciento de su potencial”.
Bien, estuvieron más cerca que el mito del diez por ciento, pero todavía les
faltó un 89. En julio de 1998, la cadena de televisión ABC emitió unos spots
promocionales del programa The Secret Lives of Men (“Las vidas
secretas de los hombres”), para la temporada de otoño. El spot consistía en una
propaganda en la que se podía leer, “Los hombres sólo usan el diez por ciento
del cerebro” ocupando toda la pantalla.
Una de las razones por las cuales este mito ha
permanecido, es que ha sido adoptado por videntes y otros integrantes del
mundo paranormal para explicar los poderes parapsíquicos. En más de una
ocasión he escuchado a videntes que le dicen a la audiencia “Solamente
usamos el 10 por ciento de la mente. Si los científicos no saben lo que hacemos
con el 90 por ciento restante, ¡entonces debemos estar usándolo para los
poderes parapsíquicos!” En Reason To Believe: A Practical Guide to
Psychic Phenomena (Razón para creer: guía práctica para los fenómenos
parapsíquicos), el autor Michael Clark menciona a un hombre llamado Craig
Karges. Karges cobra un montón de dinero por su programa Intuitive Edge (Al
filo de la intuición), el cual está diseñado para desarrollar habilidades
parapsíquicas naturales. Clark cita a Karges diciendo: “Normalmente utilizamos
sólo del 10 al 20 por ciento de la mente. Piense cuán diferente sería su vida
si Ud. pudiera usar ese otro 80 ó 90 por ciento, que conocemos con el nombre de
mente subconsciente” (Clark 1997, 56).
También ésta fue la razón que dio Caroline Myss
intentando explicar sus poderes intuitivos en una sección de Eye to Eye
with Bryant Gumbel (Ojo a ojo con Bryant Gumbel, o Frente a frente con
Bryant Gumbel), que se emitió en julio de 1998. Myss, que ha escrito libros
sobre el desarrollo de los “poderes intuitivos”, dijo que todo el mundo tiene
dones intuitivos, y lamentó que usáramos tan poquito del potencial de la
mente. Para empeorar las cosas, apenas una semana antes, en el mismo programa,
se había presentado información correcta acerca del mito. Entre el programa y
la publicidad, aparecía en pantalla un spot con una breve encuesta: ¿Qué
porcentaje del cerebro usamos? Las respuestas, tipo multiple-choice (de
elección múltiple) iban desde el 10 hasta el 100 por ciento. Apareció la
respuesta correcta, lo cual me alegró. Pero si los productores sabían que lo
que había dicho una de las entrevistadas era clara y manifiestamente erróneo,
¿por qué permitieron que saliera al aire? ¿El cerebro derecho no sabe lo que
está haciendo el cerebro izquierdo? Tal vez la entrevista a Myss era una
repetición, en cuyo caso los productores presumiblemente chequearon los
hechos después de que se emitió al aire y sintieron la responsabilidad de
corregir el error en la emisión de la semana siguiente. O posiblemente las emisiones
se difundieron en secuencia y los productores simplemente no se preocuparon y
emitieron a Myss y a su desinformación de todos modos.
Incluso Uri Geller, quien construyó su carrera
tratando de convencer a la gente de que podía doblar metales con la mente,
salió al ruedo con esta perlita. Esto aparece en la introducción de su libro Uri
Geller’s Mind-Power Book (El libro de los poderes mentales de Uri Geller):
“Nuestras mentes son capaces de proezas notables, increíbles, y todavía no las
utilizamos en su plenitud. De hecho, la mayoría de nosotros usamos sólo
cerca del 10 por ciento del cerebro, con suerte. El otro 90 por ciento está
lleno de habilidades y potenciales aún no descubiertas, lo cual significa que
nuestras mentes operan en forma muy limitada en lugar de funcionar a pleno. Creo
que alguna vez tuvimos pleno poder sobre nuestra mente. Lo hacíamos para
sobrevivir, pero a medida que el mundo se sofisticó y se hizo más complejo nos
olvidamos de muchas habilidades que alguna vez tuvimos” (énfasis en el
original).
El argumento que dice que los poderes
parapsíquicos provienen de la vasta parte del cerebro no utilizada se basa en
la falacia lógica del argumento por ignorancia. En esta falacia, la falta de
pruebas para sostener una posición (o simplemente la falta de información) se
usa para tratar de apoyar una suposición determinada. Aunque fuera cierto que
la mayor parte del cerebro humano no se usa (lo cual no es cierto), eso de
ninguna manera implica que haya alguna capacidad extra que pueda darle a la
gente poderes parapsíquicos. Esta falacia surge constantemente en las
afirmaciones paranormales, y prevalece especialmente entre los partidarios
de los OVNI. Por ejemplo: dos personas ven una extraña luz en el cielo. El
primero, un creyente en los OVNI, dice, “¡Mira allí! ¿Puedes explicarme eso?”
El escéptico contesta que no, que no puede. El creyente en los OVNI se
regocija. “¡Ja! ¡No sabes lo que es, por lo tanto debe tratarse de
extraterrestres!” dice, argumentando desde la ignorancia.
Lo que sigue son dos de las razones por las
cuales el mito del diez por ciento resulta sospechoso. (Para un análisis más
extenso y detallado del tema, véase el capítulo de Barry Beyerstein en el
nuevo libro Mind Myths: Exploring Everyday Mysteries of the Mind, 1999 [Mitos
de la mente: explorando los misterios cotidianos de la mente]).
1)
Las
técnicas de investigación por imágenes tales como los PET (Tomografía por
emisión de positrones) y la fMRI (resonancia magnética funcional por imágenes)
muestran claramente que la mayor parte del cerebro no permanece inactiva. En
verdad, aunque ciertas funciones menores pueden utilizar sólo una pequeña
parte del cerebro en un momento determinado, cualquier conjunto de actividades
o patrones de pensamiento complejos usarán muchas partes del mismo. Así como una persona no utiliza todos los
músculos a la vez, tampoco utilizan todo el cerebro a la vez. Para ciertas
actividades, tales como comer, mirar televisión, o leer The Skeptical Inquirer,
usted puede usar unas pocas partes específicas del cerebro. Sin embargo, en el
transcurso del día se utilizarán casi todas las partes del cerebro.
2)
El
mito presupone una localización extrema de las funciones cerebrales. Si las partes
“usadas” o “necesarias” estuvieran dispersas por todo el órgano, esto implicaría
que de hecho se necesita gran parte del cerebro. Pero el mito implica que la
parte “utilizada” del cerebro es un área discreta, limitada, y la parte “no
utilizada” es como un apéndice o amígdala, que ocupa espacio pero es
esencialmente innecesaria. Pero si todas esas partes del cerebro no se usan,
el hecho de remover o dañar las partes “no usadas” no conllevaría grandes
efectos o ni siquiera se notaría. Sin embargo las personas que han sufrido
traumas cerebrales, un infarto, u otro daño cerebral, frecuentemente se
encuentran severamente impedidos. ¿Ha escuchado Ud. a algún médico decir,
“afortunadamente cuando la bala penetró en el cráneo, solamente dañó el 90 por
ciento del cerebro, que no usaba”? Por supuesto que no.
El mito no es simplemente algo estático o un malentendido.
Tiene diversas formas, y su adaptabilidad le da una vida más prolongada que la
que tiene un spam laqueado. En su versión básica el mito afirma que años atrás
un científico descubrió que nosotros utilizamos verdaderamente sólo el 10
por ciento del cerebro. Otra variante se refiere a que sólo el 10 por ciento
del cerebro ha sido mapeado, y que esto se malinterpretó mapeado
por usado. Antes, Craig Karges había presentado una tercera variante.
Ésta dice que, de alguna manera, el cerebro se encuentra ingeniosamente
dividido en dos partes: la mente consciente que se usa del 10 al 20 por ciento
del tiempo (presumiblemente a plena capacidad); y la mente subconsciente, en
donde el restante 80 ó 90 por ciento del cerebro permanece inutilizado. Esta
descripción revela un profundo malentendido de la investigación de las
funciones cerebrales.
La larga vida del mito se debe en parte a que
si una variante resulta incorrecta, la persona que cree en ella puede
simplemente cambiar la razón de su creencia y apoyarse en otra base, mientras
la creencia misma permanece intacta. Así, por ejemplo, si a un individuo se le
muestra un examen PET en donde se observa actividad en todo el cerebro, todavía
puede seguir argumentando que lo del 90 por ciento se refiere a la mente subconsciente,
y por lo tanto la figura del mito queda a salvo.
Independientemente de la variante, el mito se repite y se expande, sea por gente bien intencionada o por aquellos que mienten deliberadamente. La creencia que permanece es, entonces, lo que Robert J. Samuelson denominó un “psico-hecho (psycho-fact), una creencia que, a pesar de no estar sólidamente basada en los hechos, se toma como real porque su constante repetición cambia la manera en que experimentamos lo que vivimos”. El lego va a repetirlo una y otra vez hasta que, tal como sucede con la advertencia de no tirarse al agua después de comer, termine por convertirse en una creencia ampliamente difundida. (“Triumph of the Psycho-Fact”, Newsweek, May 9, 1994.)
Los orígenes del mito no son del todo claros.
Beyerstein, del Laboratorio de comportamiento cerebral de la Universidad
Simon Fraser en British Columbia, lo ha rastreado hasta principios del siglo
veinte. En una reciente columna de la revista New Scientist también se
sugirieron otras fuentes, incluyendo a Albert Einstein y Dale Carnegie (Brain
Drain 1999). Probablemente tenga un sinnúmero de fuentes, principalmente la
malinterpretación o malentendido de los hallazgos científicos legítimos así
como los gurúes de autoayuda.
El más poderoso atractivo del mito es
probablemente la idea de que podemos desarrollar poderes parapsíquicos o al
menos lograr ventajas competitivas tales como mejorar la memoria y la
concentración. Todo esto se encuentra a nuestra disposición, como dicen los avisos,
si aprovechamos el más poderoso de nuestros órganos, el cerebro.
Ya es tiempo de desechar este mito, aunque si
ha sobrevivido casi un siglo, seguramente continuará vivo en el próximo
milenio. Quizá la mejor manera de combatirlo sea contestar a nuestro
interlocutor, cuando lo mencione, “Ah, ¿y qué parte no usas?”
Estoy en deuda con el Dr. Barry Beyerstein por
sus sugerencias y ayuda en la investigación.
Beyerstein, Barry. 1999. Whence cometh the myth that we only use ten percent of our brains? In Mind-myths: Exploring Everyday Mysteries of the Mind and Brain, edited by Sergio Della Sala. New York: John Wiley and Sons.
Brain Drain. 1999. The Last Word (column). New Scientist 19/26 December 1998-2 January 1999.
Clark, Michael. 1997. Reason to Believe. New York: Avon Books.
Geller, Uri, and Jane Struthers. 1996. Uri Geller’s Mind-power Book. London: Virgin Books.