[El hecho de que esta página permanezca colgada, con la documentación correspondiente, significa que la criadora sigue sin hacerse cargo de su responsabilidad en modo alguno.
Ni disculpas, ni compensación moral o económica, ni una gatita sana:
no he recibido absolutamente nada por su parte, más que un trato humillante,
amenazante y vejatorio hacia mi persona,
después de haberme vendido una gatita con un defecto congénito
que en poco tiempo la llevaría a la tumba,
y de haberse guardado mi dinero en su bolsillo.]
Escarlata de "Santa Clara".
En el mes de agosto del año 2005 compré una gatita persa del criadero “Santa Clara” que murió por un defecto congénito, irreversible, a los 30 días de llegar a mi casa; y a pesar de la triste, dolorosa y angustiosa experiencia, y de haberme visto obligada a gastarme un dineral extra en el veterinario -además del que fui abonando, como es lógico, en vida de la propia gatita- para poder demostrarle fehacientemente a la criadora -que no me quería creer- su responsabilidad, ésta, de nombre Mª Ángeles Gómez Sanz, no quiere siquiera devolverme el dinero que le ingresé en su día por Escarlata, y mucho menos los gastos derivados de su patología y muerte.
El día 02/08/2005 le ingresé a Mª Ángeles Gómez Sanz la cantidad estipulada por la compra de una gatita persa roja tabby llamada Escarlata de Santa Clara.
La gatita me encandiló desde que la vi expuesta en su página web, y después de hablar con Ángeles por primera vez -que desplegó en ese momento todo su encanto- y de que me enviara tres fotos de la pequeña, me decidí a comprarla. El registro y el pedigrí los tuve que pagar aparte (aunque la criadora no me lo había advertido en modo alguno); en cuanto a los gastos del viaje, sin embargo, yo ya los daba por supuestos.
Pese a que, una vez ingresado el dinero en su cuenta bancaria, le pedí en varias ocasiones que me enviara más fotos de la gatita para ver cómo iba creciendo y evolucionando la peque, Mª Ángeles no me envió ni una sola foto más.
El día 23 de agosto, a las 9.53 de la mañana, recibí a Escarlata en mi casa. Ella fue desde el primer momento una gatita encantadora, muy tranquila y cariñosa; y yo me comportaba del mismo modo con ella. Me seguía a todas partes como un perrito, no paraba de lamerme, y me acompañaba siempre mientras trabajaba, y mientras descansaba. Era más pequeñita de lo que me esperaba, con aspecto de bebé, con barriguita; pero tardé un tiempo en darme cuenta de que tanto su excesiva "tranquilidad" como su pequeño tamaño y barriguita "de bebé" eran síntoma de algo; quizás, entre otras cosas, porque me entregaron la cartilla veterinaria con la fecha de nacimiento errada (como si hubiera nacido el 21/06/2005 y no el 21/05/2005, su fecha de nacimiento real); así que tampoco tenía clara su fecha de nacimiento. He de confesar, además, que lo de la fecha tampoco me preocupó en un primer momento: no le di mayor importancia, puesto que no pensaba que pudiera llegar a tenerla.
Como digo, esos síntomas no me llamaron la atención como para preocuparme en los primeros momentos, pero a medida que dichos síntomas iban yendo a más sí empecé a hacerlo. Al principio pensaba que sería una manera de ser y unas determinadas características físicas, y, en cuanto a su barriguita, primero pensé que sería por ser bebé, después la desparasité por si acaso tenía parásitos, pero la barriguita seguía creciendo, llegando a ser barrigota, y yo no sabía por qué. A medida que esto sucedía noté que cada vez comía menos, y que su dinamismo era cada vez menor. Consulté el asunto con varios amigos aficionados a los gatos persas, pero todo el mundo intentó tranquilizarme diciéndome que seguramente serían gases, sin embargo un detalle me dio la voz de alarma: el hecho de que se hiciera pis en un lugar inusual, y de que intentara hacer caca en su bandeja saliendo sólo una pequeña cantidad, con un aspecto -y un olor- anormal.
Era fin de semana, pero llamé al veterinario por si convenía acudir a una consulta de urgencia. Me dijo que esperara y que, si seguía así el lunes, la llevase. Yo pensaba que podría tratarse de una obstrucción intestinal; por eso el domingo le di aceite de oliva virgen, y un masajito en la barriga, y conseguí que hiciera caca esa misma noche. Sin embargo, Escarlata seguía muy hinchada, no mejoraba, y ese lunes por la mañana la llevé a la clínica veterinaria.
Desgraciadamente, después de una serie de pruebas, el veterinario me dio el diagnóstico fatal, que no esperaba en modo alguno. Era el día 19 de septiembre. Lo primero que hizo el veterinario fue palparla, y comprobó que tenía el abdomen lleno de líquido. Le hizo dos radiografías y me comentó que la cosa tenía muy mal aspecto. Le sacó líquido del abdomen para analizarlo y comprobó que era "un trasudado puro"; lo analizó y tenía 4 de proteínas. Le sacó sangre y comprobó que tenía 6.5 de proteínas, con lo cual descartó un posible problema de malnutrición (yo la alimentaba con pienso de gama alta, Hill’s Kitten). Finalmente redactó un informe, en el que plasmaba su diagnóstico y me advertía que la gatita no tenía remedio, al tratarse -según su criterio- de un defecto congénito irreversible; asimismo me explicó que Escarlata no tardaría mucho en morir, y que la criadora debía responsabilizarse a la mayor brevedad dada la gravedad y el origen congénito de la patología que sufría la gatita, patología que en poco tiempo la llevaría a la tumba.
Y, en efecto, el jueves día 22 de septiembre, en torno a las 9 de la mañana, Escarlata falleció, después de haber ido empeorado vertiginosamente en los últimos días. Ya no comía, apenas bebía, casi ni se movía, y murió. Lo pasé fatal durante todo ese tiempo, especialmente desde que supe el diagnóstico -pues no me esperaba una cosa así- hasta que la gatita por fin descansó.
Al día siguiente, por la mañana, el veterinario le efectuó la necropsia, y días después, una vez recibido vía fax el resultado serológico negativo del trasudado que había enviado a analizar (prueba de PIF), redactó sus conclusiones, confirmando que el deterioro y muerte de la gatita se había producido a causa de "una alteración en la circulación entre el hígado y el hemicardio derecho que provoca hipertensión portal y extravasación de líquido al abdomen", concluyendo, "debido a la edad de la gata y a las características de la patología", "que dicha alteración en la circulación es de carácter congénito".
Aunque yo no mantenía buenas relaciones con Mª Ángeles Gómez Sanz (por desacuerdos iniciales "leves", en comparación con lo que supuso el desenlace final de esta historia - v. infra nota 2), el día 18 de septiembre empecé a informarle acerca de mi preocupación sobre Escarlata, con el fin de saber si sus hermanos y padres estaban en perfectas condiciones o si, por el contrario, tenían problemas parecidos a los de mi gatita. A partir de ahí, dada la gravedad de la situación y su responsabilidad como criadora, tras diagnosticarse el defecto congénito de la gatita el día 19, la fui informando de todo lo que fue sucediendo hasta que Escarlata murió, y comencé a pedirle responsabilidades, puesto que toda la gente con la que consulté el tema -veterinarios, criadores, asociaciones felinas y asociaciones de consumidores- tenían claro que el criador debe responder ante un defecto congénito que provoca el deterioro y muerte de un gatito en tan poco tiempo.
Desde el mismo día 19 le fui enviando escaneada toda la documentación -firmada y sellada por dos veterinarios colegiados- a medida que la fui teniendo en mis manos, así como fotos de las radiografías, los resguardos y las facturas, a pesar de que ella quiso dejarme claro -una vez que le comuniqué el diagnóstico- que "por lo visto obligación no tengo, ya que la gatita iba en perfectas condiciones y si es eso lo que tiene no es una responsabilidad del criador" (cito sus propias palabras recibidas, por mail, el día 20/09/2005). Por supuesto que la gatita iba en perfectas condiciones, ¡aparentemente! ... Estaba limpia y aseada, eso sí... pero su defecto congénito era interno, no se apreciaba a simple vista, y menos a ojos de una simple aficionada, como era yo en ese momento.
Cuando Escarlata todavía vivía le di el teléfono de los veterinarios que la estaban examinando, por si quería consultar cualquier duda sobre su patología, pero no lo hizo; incluso me ofrecí a enviarle a la propia gatita ("la mejor prueba", según el facultativo), por si no me creía a mí o a ellos, para hacerle las pruebas que ella considerara oportunas... pero tampoco quiso hacerse cargo mientras, paradójicamente, me acusaba de ser una mentirosa con la clara intención de proteger su negocio y quitarse "el muerto" de encima. Eso sí, en cuanto falleció la gatita quiso saber si le haría la necropsia (también a mi costa, obviamente, pues ella no se mostraba dispuesta a hacerse cargo de nada), consciente de que si no se la hacía todo quedaría en el aire. Pero se hizo, y el resultado confirmó que se trataba de una patología congénita, de carácter irreversible y de desenlace mortal (como, desgraciadamente, así sucedió). Y ella, además de las acusaciones, los insultos, las amenazas y las descalificaciones que me profirió en repetidas ocasiones -tanto por mail como telefónicamente- a raíz de mis reclamaciones, sigue sin compensarme en modo alguno por lo sucedido.
Expongo todo esto públicamente ante la impotencia de haber estado reclamándole su responsabilidad en privado durante un mes, y ante la evidencia de que lo único que ha hecho realmente es rehuirla, machacándome -por si fuera poca la desgracia- en privado y en público por haber decidido reivindicar en voz alta mis derechos como compradora/propietaria de la pequeña Escarlata, y como persona con una dignidad. Y por eso decidí elaborar y colgar esta página web: para que todo el mundo sepa que esta señora me vendió una gatita con un defecto congénito; que la gatita murió, por esta causa, a los treinta días de llegar a mi casa; que el comportamiento que adoptó conmigo la criadora, a raíz de todo este asunto, fue desafiante, ofensivo, insultante y vejatorio; que conservo todos los recibos, justificantes, resguardos, facturas, faxes, informes, pruebas veterinarias y correos electrónicos que demuestran lo que afirmo; y que aún hoy estoy esperando a que Mª Ángeles Gómez Sanz me reintegre al menos parte de los gastos que el hecho de haberle comprado a ella esa gatita me ha ocasionado, pues la angustia, la preocupación, el disgusto y la experiencia nefasta que me tocó sufrir en aquellos momentos no me los podría compensar en modo alguno (aunque estuviera dispuesta a ello, que a todas luces no es -ni nunca fue- el caso).
Sin duda habría sido suficiente, para arreglar este triste asunto, que desde un primer momento, y antes de que todo saliera a la luz, se hubiera disculpado por lo sucedido y me hubiera devuelto el importe que yo le había ingresado previamente por la gatita (enferma sin yo saberlo), dejando a un lado los gastos colaterales (que yo asumía).
Pero muy al contrario, ante mis reclamaciones (que puedo demostrar fueron correctas en todo momento), esta señora adoptó conmigo un comportamiento desagradable, cruel, desdeñoso y ofensivo; no cesó de llamarme mentirosa en privado y en público, además de insultarme en varias ocasiones; me restregó por las narices -sin ningún tipo de pudor- que ya sabía en qué se iba a gastar el dinero que le ingresé en su día por Escarlata; e incluso llegó a amenazarme en tono mafioso escribiendo -en un mail del día 20/09/2005- lo siguiente: "a lo mejor vas a tener aún más problemas de los que ya tienes".
Y todo por haber decidido exponer públicamente la experiencia sufrida, después de haber estado reclamándole su responsabilidad en privado durante un mes sin ningún fruto ni económico ni anímico.
Y al margen de que otros criadores -conocidos suyos y con intereses similares- se han posicionado a su favor, con esta intervención he querido dejar testimonio de mi nefasta experiencia con dicha criadora, para que cualquiera sepa a qué atenerse si compra alguno de sus gatitos y tiene la desgracia de que le pase algo parecido a lo que me sucedió a mí. Porque lo que sí tengo claro es que una criadora responsable -y no interesada solamente en guardarse el dinero en el bolsillo- me habría reintegrado lo que cobró por la gatita una vez diagnosticado el defecto congénito que la llevaría a la tumba, sabiendo que a mí me tocaría sufrir indefectiblemente la peor parte: la de atender, sufragar, cuidar y ver morir a la pequeña Escarlata.
Primero vino la angustia y el dolor por lo que le sucedió a mi gatita Escarlata; después vino la rabia y la impotencia por el trato humillante que recibí de la Criadora. Y a estas alturas sólo puedo decir que todo este asunto me ha dejado, finalmente, agotada, terriblemente decepcionada y desesperanzada.
Si alguien se animara a apoyarme o a contarme alguna experiencia similar a la mía, o relacionada con ella, puede escribirme a escarlatadesantaclara@yahoo.es; se lo agradecería enormemente, además de comprometerme a mantener su anonimato como he tratado de hacer con toda la gente que me ha ayudado y que me ha manifestado su cariño y comprensión hasta la fecha.
Agradezco mucho su atención, y siento haber tenido que exponer públicamente un asunto tan desagradable; pero no podía quedarme callada, después de todo lo sufrido a raíz del deterioro y muerte de mi gatita Escarlata, ante el trato lamentable recibido, por parte de la Criadora, en relación con este asunto.
MUCHAS GRACIAS.
Nota 3: Algunas personas me han sugerido que Mª Ángeles, al menos, podría haberme entregado a cambio otra gatita de las mismas características; y ella misma no se cansa de repetir -desde que esto ha salido a la luz- que me la ofreció desde un primer momento. Pero tengo motivos más que fundados para sospechar que realmente nunca ha tenido esa intención:
4. Nunca ha aludido ni me ha enseñado a la gatita que -según proclama públicamente (nada más que para justificarse)- "pretendía" entregarme a cambio. Nunca me compensó en modo alguno por lo sucedido. Sólo he recibido insultos, amenazas, descalificaciones y chulerías por parte de esta criadora.
Y eso es lo que ella llama "apechugar con las consecuencias"... En fin... :-(((
[El hecho de que esta página permanezca colgada, con la documentación correspondiente, significa que la criadora sigue sin hacerse cargo de su responsabilidad en modo alguno.
Ni disculpas, ni compensación moral o económica, ni una gatita sana:
no he recibido absolutamente nada por su parte, más que un trato humillante,
amenazante y vejatorio hacia mi persona,
después de haberme vendido una gatita con un defecto congénito
que en poco tiempo la llevaría a la tumba,
y de haberse guardado mi dinero en su bolsillo.]