GREGORIO SELSER
           un latinoamericanista comprometido con la libertad y la justicia  



ESTOS TEXTOS DE GREGORIO SELSER SON PARTE DEL ACERVO QUE LA FUNDACION LATINOAMERICANA GREGORIO SELSER

ESTA PREPARANDO PARA TODOS AQUELLOS ESTUDIOSOS DE LA REALIDAD POLITICA EN AMERICA LATINA

PARA INFORMACION Y SOLICITUD DE LOS MATERIALES COMPLETOS(MAS DE MIL ARTICULOS DE LOS AÑOS 1986 A 1991 POR FAVOR DIRIGIRSE A ESTA DIRECCION :

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UN INFAME NEGOCIO : LA GUERRA

                libros escritos por GREGORIO SELSER

1955 Sandino,general de hombres libres;Ediciones Pueblos Unidos de América,Buenos Aires,1955
este libro ha sido re editado en diversas ediciones en toda América Latina
1957 Situación político-social de América Latina(Informe de la F.U.A.),Editorial Perrot,Buenos Aires,1957
1958 El pequeño ejército loco:Operación Méxco-Nicaragua,Editorial Triángulo,Buenos Aires,1958
este libro ha sido re editado en diversas ediciones en toda América Latina
1959 Sandino,general de hombres libres,(versión definitiva ampliada en dos tomos),prólogo de Miguel Angel Asturias,editorial Triángulo,Buenos Aires,1959
este libro ha sido re editado en diversas ediciones en toda América Latina
1961 El guatemalazo,ediciones Iguazú,Buenos Aires,1961
1962 Diplomacia,garrote y dólares en América Latina,Editorial Palestra,Buenos Aires,1962
1964 El rapto de Panamá:de cómo los Estados Unidos inventaron un país y se apropiaron de un canal,Editorial Alcándara,Buenos Aires,1964
1964 Alianza para elProgreso,la mal nacida,ediciones Iguazú,Buenos Aires,1964
1965 Argentina a precio de costo:el gobierno de Frondizi,ediciones Iguazú,Buenos Aires,1965
1966 ¡Aquí Santo Domingo!La tercera guerra sucia,Editorial Palestra,Buenos Aires,1966
1966 Espionaje en América:el Pentágono y las técnicas sociológicas,ediciones Iguazú,Buenos Aires,1966
1967 De Dulles a Raborn:la CIA,métodos,logros y pifias del espionaje,ediciones de política americana,Buenos Aires,1967
1968 Punta del Este contra Sierra Maestra,Editorial Hernández,Buenos Aires,1968
1970 La CIA en Bolivia,Hernández Editor,Buenos Aires,1970
1971 Los cuatro viajes de Cristobal Rockefeller(con su informe al presidente Nixon),Hernández editor,Buenos Aires,1971
1972 De la CECLA  a la MECLA,o la diplomacia panamericana de la zanahoria,Carlos Samonta editor,Buenos Aires,1972
1974 Una empresa multinacional:la ITT en Estados Unidos y en Chile,Granica editor,Buenos Aires,1974
1974 Chile para recordar,ediciones Crísis,Buenos Aires,1974
1974 Los marines:intervenciones norteamericanas en América Latinaediciones Crísis,Buenos Aires,1974
1975 El Pentágono y la política exterior norteamericana,(con Carlos Díaz),ediciones Crísis,Buenos Aires,1975
1975 De cómo Nixinger desestabilizó a Chile,Hernández editor,Buenos Aires,1975
1979 Trampas de la información y neocolonialismo,(con Rafael Roncagliolo),Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales(ILET),México D.F.,1979
1980 La batalla de Nicaragua,(en colaboración con Ernesto Cardenal,Gabriel García Márquez y Daniel Waksman Schinka),Bruguera mexicana,México D.F.,1980
1981 Apuntes sobre Nicaragua,CEESTEM,editorial Nueva Imagen,México D.F.,1981
1982 Bolivia,el cuartelazo de los cocadólares,Mex-Sur editorial,México D.F.1982
1982 Reagan,de El Salvador a las Malvinas,Mex-Sur editorial,1982
1983 Honduras,república alquilada,(tomo I),Mex-Sur,México D.F.,1983
1984 Nicaragua,de Walker a Somoza,Mex-Sur editorial,México D.F.,1984
1984 Informe Kissinger contra Centroamérica,El Día en libros,México D.F.,1984
1984 Cinco años de agresiones estadunidenses contra Centroamérica y el Caribe(1979-1984),Ed.de la Universidad de Guadalajara,Guadalajara,México,1984
1987 Salvador Allende y Estados Unidos:la CIA y el golpe militar de 1973,Universidad Autónoma de Puebla(Archivo Salvador Allende),Puebla,México,1987
1988 El Documento de Santa Fe,Reagan y los derechos humanos,Alpa Corral,MéxicoD.F.,1988
1988 Panamá:autodeterminación versus intervención de Estados Unidos,(con Pedro Buskovic C.,Diego Prieto y Carlos Fazio),CIDE,México D.F.,1988
1989 Panamá:érase un país a un canal pegado,Universidad Obrera de México,México D.F.,1989
1989 La violación de los derechos humanos en los Estados Unidos,Editorial Mestiza,México D.F.,1989
1989 el libro anterior La violación de los derechos humanos en los Estados Unidos ,re editado en Universidad Autónoma de Sinaloa,Culiacán,Sinaloa,México,1993
1990 Los Documentos de Santa Fe I y II,Universidad Obrera de México,México D.F.,1990(traducción de Gregorio Selser y Stephen A.Hasam)
1991 Los días del presidente Allende,Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco,(Archivo Salvador Allende),México D.F.,1991
libros póstumos:
1991 Luchas sindicales históricas de los obreros en Estados Unidos,Universidad Obrera de México,México D.F.,1991
1995 Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina.Tomo I(1776-1848),
coedición de U.N.A.M.Universidad Nacional Autónoma de México(Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades),Universidad Obrera de México Vicente Lombardo Toledano,U.A.M.Universidad Autónoma de México,Unidad Azcapotzalco,1995
1997 Cronología delas intervenciones latinoamericanas en América Latina.Tomo II(1849-1898),coedición de la U.N.A.M.,Univ.Obrera de México y U.A.M.(Azcapotzalco),1997
NOTA:están en preparación para ser publicados el Tomo III y el Tomo IV de esta Cronología de las intervenciones...
NOTA:en preparación también para ser editados :
Los otros militares
Benjamín Zeledón
Honduras,república alquilada(Tomo II)


agradecemos a Stephen A.Hasam la autorización para publicar en este espacio la lista de libros de GREGORIO SELSER ,de quien fue colaborador



algunos artículos periodístcos de GREGORIO SELSER >>>>

Prensa Latina - México

 
                                             < Página en construcción,
                                                gracias por su colaboración>

El Día - México

17-4-86
 

Frank Ortiz, belicoso embajador en Argentina, regaña a "Tip" O'Neill
 

Desde 1945, el proceloso año en que el embajador Spruille Braden se lió en intermitentes conflictos con el régimen militar presidido por el general Edelmiro J. Farrell pero en el que fungía como figura principal el general Juan D. Perón, es posible que no haya habido otro diplomático estadunidense que tienda a comportarse en Argentina con similar ánimo de procónsul.
 

Su historial, empero, en América latina, se remonta a varias décadas atrás. Se jacta de estar en funciones, en el Departamento de Estado, desde hace 35 años. Su primera fama estalló en 19696, en Perú, cuando el gobierno del general Juan Velasco Alvarado demandó a Washington que fuese retirado de su función de "número dos" de la embajada de Estados Unidos en Lima. En ese año tanto Chile como Perú habían vetado el ingreso en sus respectivos países del enviado especial del presidente Richard Nixon, Nelson Rockefeller. Estaba caliente aún la expropiación de los bienes de la International Petroleum Company (IPC), una subsidiaria de la Standard Oil, y se amenazaba al Perú con la aplicación de la enmienda Hickenlooper y otras lindezas del arsenal coercitivo estadunidense, cuando la inteligencia peruana detectó los nexos entre la empresa Plant Protection, Vigilancia y Seguridad Industrial S.A., regenteada por el ciudadano estadunidense William Demeter Chappers, y el despacho de Ortiz en la avenida Arequipa.
 

Se comprobó que tras la fachada de sus servicios de vigilancia contra robos o sabotajes, Plant Protection había elaborado un fichero de más de 50 mil peruanos, incluyendo a militares, políticos, sindicalistas y universitarios, catalogados por sus orientaciones político-ideológicas favorables o contrarias a Estados Unidos.
 

Velasco Alvarado intervino la empresa, secuestró sus archivos y a continuación expulsó de Per a Chappers. Con Ortiz el trámite fue más lento y menos ostentoso, pero finalmente, semanas después, Nixon lo retiró discretamente de ese sede diplomática. El siguiente paso de Ortiz se registró en la Guatemala del; general Romeo Lucas García. Allí, a despecho de instrucciones precisas del presidente James Carter, en relación con la política de derechos humanos, Frank Ortiz "protegió" al bestial dictador, desinformó permanentemente al Departamento de Estado, se mostró en público con los militares y los sectores gobernantes afines a él y culminó su actuación organizando, sin la correspondiente autorización desde Washington, la visita amistosa de barcos de guerra estadunidenses que realizaban maniobras en el cercano Caribe. Era un nuevo aval para el régimen de Lucas y así lo entendió el enfurecido Carter, quien según el método del "llamado a consultas" lo regresó a Washington, desde donde ya no volvió a Guatemala.
 

Gracias al público apoyo que prestó a la candidatura de Ronald Reagan en 1980, éste lo recompensó despachándolo como embajador ala país que los había expulsado doce años antes, Perú. Allí volvió a entrometerse en la política interna, involucrándose en ostensibles apoyos a candidatos opuestos al aprista Alan García. El triunfo electoral de este último indujo a Reagan a quitarlo de Lima, como medio de evitarse eventuales conflictos. Se lo envió entonces como embajador en Argentina --ya con Raúl Alfonsín en la presidencia-- y al poco tiempo el registro de sus actuaciones proconsulares comenzó a circular en los corrillos políticos, empresariales y sindicales, retrotrayendo la memoria de los tiempos del inefable "pig" Braden.
 

La última de sus hazañas fue relatada por Patrick E. Tyler en el Washington Post. Tiene que ver con la visita que realizó a Buenos Aires una delegación de 14 miembros --demócratas y republicanos-- de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, interesados en conocer la opinión de los gobiernos sudamericanos en relación con las gestiones del Grupo de Contadora y en general con la política de Reagan hacia Centroamérica. La personalidad más conocida de la delegación era Thomas P. ("Tip") O'Neill, presidente (chairman) de esa corporación desde hace más de tres lustros. Según la crónica de Tyler, el embajador Ortiz acompañó a los legisladores a la entrevista que éstos gestionaron con el presidente Alfonsín, y en lugar de observar una actitud de discreción y recato y permitir que los representantes mantuvieran un diálogo desinhibido y fluido con el mandatario platense, se inmiscuyó --en cierto momento con acritud-- respondiendo a preguntas que sus compatriotas formulaban a aquél, asumiéndose como interlocutor e impidiendo que fuese Alfonsín el que respondiera.
 

No satisfecho aún con esa intempestiva intermediación a la que el representante demócrata Fortney H. Stark, de California, frenó a la tercera interrupción con un "Señor embajador, los miembros de esta delegación queremos hacer las preguntas y nos gustarían las respuestas de quienes corresponda", Ortiz remitió al Departamento de Estado un violentísimo informe cablegráfico, acusando a O'Neill, Stark y Marty Russo, demócrata de Illinois, de "pretender presionar a líderes políticos de Buenos Aires para que condenasen la política de la administración Reagan en Centroamérica". Se agravió también de que esos tres legisladores pretendieron menoscabar su función como embajador e indicó que "el congresista Russo excedió todas las normas en sus ataques al gobierno al afirmar que el presidente estaba buscando una confrontación militar con Nicaragua" y que durante su visita, "O'Neill, Stark y Russo procuraron obtener una condena oficial argentina a la política de la administración".
 

El cronista Tyler, tras aclarar que el cable ultrasecreto (classified) "fue puesto a disposición del Post", añade que el legislador Russo, reaccionando ante la imputación, exhibió un videotape de la reunión con el presidente Alfonsín, en el cual Ortiz se muestra confundido acerca de cuáles son los países que están procurando negociar un acuerdo de paz en América Central'; en otra parte, Ortiz interrumpió a un legislador "que preguntaba cómo se podría lograr una solución pacífica en la región y respondió que existía una pequeña oportunidad para negociar con el gobierno marxista-leninista (sic) de Nicaragua"; más aún, cuando el representante George Miller, demócrata de California pidió a Alfonsín 'que utilizara su prestigio en América latina para urgir la celebración de negociaciones, Ortiz se interpuso y preguntó a Alfonsín si tenía conocimiento de algún caso en que un gobierno marxista-leninista convino en aceptar reformas democráticas". Fue allí cuando Stark encaró a Ortiz y le pidió que se callara la boca.
 

De acuerdo con la crónica de Tyler, uno de los legisladores que pidió no ser identificado aunque apoya la política de Reagan en Nicaragua, le expresó: "El cable de Ortiz no es una correcta descripción y pretende evitar que influya en los votos contra Reagan. El embajador se extralimitó al tratar de proyectarse a sí mismo en las reuniones de investigación entre los miembros de la delegación bipartidista y los funcionarios argentinos y también se ha extralimitado al enviar esta clase de despacho cablegráfico a Washington".
 

En ese despacho Ortiz concluye quejándose de que "Nicaragua fue con mucho el único asunto discutido y los legisladores pidieron a los funcionarios argentinos que condenaran la política de Reagan"; que cuando despidió a O'Neill en el aeropuerto "le dije francamente que en mis 35 años de servicio jamás había presenciado una actuación así"; y que era su opinión que se había producido "por lejos una intrusión no constitucional de la rama legislativa en las prerrogativas de la rama ejecutiva".
 

Lo que no deja de provocar nuestra curiosidad es cómo si se trataba de un cable ultrasecreto, el Post pudo tener tan fácil acceso a su texto, que figura en su edición del 10 de abril, páginas 1 y 14.


Prensa Latina - México

El Día - México

14-1-86
 

Argentina: alineamiento --¿realista?-- del canciller Dante Caputo junto a Shultz
 

Tanto que se había estado preservando el gobierno de Raúl Alfonsín de crearse innecesarios o gratuitos frentes de confrontación o de crisis internas, por inopinada y sorprendente declaración del canciller Dante Caputo la Argentina aparece hoy ubicada en la línea del frente de la agresión --en su caso indirecta- contra la nación y el pueblo de Nicaragua.
 

Nadie ignora que aunque Caputo está considerado como el más influyente de los miembros del gabinete de Alfonsín, no habría podido expedirse como lo hizo, sin la anuencia del primer mandatario.Y esto sí es grave, porque incluso cancilleres de la dictadura militar de 1976-1983 --recordemos a Oscar Camilión y Nicanor Costa Méndez-- fueron mucho más cautelosos y prescindentes en materia de política interamericana, de lo que se muestra ahora el ministro Caputo. Dicho esto, con independencia de la verosimilutd o asidero de su argumentación, a nuestro juicio totalmente deleznable. Si sus fuentes de información son la embajada en Managua o sus asesores para el área de Centroamérica, se impondría una urgente reactualización de sus datos, a todas luces en nada ajustados a la realidad y la coyuntura política y económico-social de Nicaragua.
 

Pero si de lo que se trata es ubicarse en posiciones gratas al Departamento de Estado de los Estados Unidos, de nada valdrían recomendaciones en favor de razones honestas y acordes con la verdad, puesto que el gobierno de Ronald Reagan, como pocos en la historia de los Estados Unidos, ha sentado normas y pautas de diplomacia internacional en las que la distorsión de la realidad resulta la más usual herramienta de trabajo. Deplorable línea sería la de una Argentina que, contrariando la línea histórica del hoy gobernante partido, la Unión Cívica Radical (UCR), adhiera a las formas belicosas, terroristas y falsificadas de la política exterior norteamericana.
 

Nada tendría en común, por ejemplo, con las posiciones del presidente Hipólito Irigoyen, recordables para instancias tales como las de la intervención armada de Estados Unidos en la República Dominicana (1916-1924), con la del presidente Arturo U. Illia cuando en 1965 se rehusó a enviar tropas argentinas para que sirviesen de cancerberas por cuenta de aquella misma potencia agresora contra la misma víctima dominicana agredida, ni con la del presidente Juan D. Perón cuando en la X Conferencia Interamericana (Caracas, 1954) dispuso no votar como lo deseaba el prepotente canciller John Foster Dulles, que con el pretexto del anticomunismo inició en aquella reunión la fase final de la ofensiva destinada a derrocar al gobierno constitucional de Jacobo Arbenz, en Guatemala.
 

Tampoco nada tiene que ver esta recientísima declaración de Caputo con la ubicación latinoamericanista de las formas y el discurso de su Gobierno durante buena parte de 1984. Ni con la tradición de la diplomacia argentina --cuando en verdad el Palacio San Martín la tuvo, de autonomía y principios-- de respeto a la soberanía, independencia y autodeterminación de las naciones y pueblos de nuestra América.
 

El 21 de diciembre de 1984, el canciller Caputo afirmó que "Argentina es un país occidental, no alineado y en vías de desarrollo" y que "tiene una política exterior realista". En ese tópico explicó que Argentina se acercó a Centroamérica "por razones de solidaridad fundamental con los países de América Central", en procura de "evitar que el conflicto se propague y que la guerra generalizada se instale en la región (y) por lo tanto, solidarios en la paz nos interesamos por el destino final de aquella situación".
 

Con el jabonoso lenguaje de la diplomacia clásica, Caputo añadió entonces que existen "motivos de interés nacional" en la participación argentina en la peripecia centroamericana y en "aquella situación" en la que no menciona al actor y responsable principal, el gobierno de Estados Unidos, ya que, explicó, "si una guerra viniera a instalarse en esta región, sus efetcos se propagarían, no tenemos ninguna duda, a todo el continente latinoamericano." Más aún, desde México a Tierra del Fuego nuestras sociedades se verían conmovidas, polarizadas, radicalizadas", conviertiéndose por ende en un "atractivo particular para el conflicto y el hostigamiento de las superpotencias".
 

Estas consideraciones ya habían sido expuestas por el mismo desaprensivo funcionario meses antes, al advertir respecto de los riesgos que para el subcontinente tendría una resistencia armada a la dictadura militar de Chile, pues en ese caso se incorporaría a esa lucha el ingrediente de la confrontación Este-Oeste, que es una de sus obsesiones burocráticas. Como si los más de once años de régimen sanguinario pinochetista fuese solamente y en puridad un fenómeno clásico del militarismo sudamericano y de cesarismo criollo tradicional, ajeno a los mecanismos del poder transnacionales de los cuales el más idóneo de los instrumentos, para América Latina, ha sido el trasplante de la pseudo doctrina de la seguridad nacional.
 

Ya entonces semejante opinión del ministro de relaciones exteriores argentino implicaba una arrogante intromisión en asuntos que competen al propio pueblo chileno, abstracción hecha de la correcta o equivocada percepción publicitada por el transitorio administrador de la diplomacia vernácula, cuya misión como funcionario le veda ese tipo de incursiones "interpretativas". De esa misma, peligrosa y presuntuosa intromisión "interpretativa" no menos que insolentemente calificadora fue culpable el mismo canciller cuando afirmó ante la prensa que los problemas de Centroamérica no tendrán solución "si Nicaragua es o sigue siendo en alguna forma o una base política del Este o de sus aliados en América latina". La arrogancia en este caso se une a una miliciosa y no fundada interpretación de la realidad nicaragüense, así como a una sospechosa parcialización que omite, de nuevo, al actor más importante de "los problemas de Centroamérica", que es el gobierno de Estados Unidos.
 

La insidia sobreabunda cuando acto seguido el funcionario añade: "Jamás enarbolaríamos la bandera de un régimen marxista-leninista (nadie le preguntó si su Gobierno tenía semejante intención, de donde salía sobrando la alharaca). Es sindispensable que Nicaragua sea latinoamericana (con lo cual sugería que no lo es y que quizás pertenezca a la galaxia Andrómeda) y queremos para 'Latinoamérica' una democracia plena (exhorto que omitió la mención de dos vecinos inmediatos con abundantísimos déficits en esa materia, como lo son Chile y Paraguay).
 

Por muy mal informado que Caputo esté o quiera estar respecto de Nicaragua y de Centroamérica (y conste que jamás antes la prensea argentina refleja una tan minuciosa desinformación como la que está padeciendo en ese tópico en los seis años últimos), las normas de la diplomacia le inhiben el ejercicio de un paternalismo que ni Managua ni las restantes capitales del istmo le han autorizado ejercer. Ni está previsto en las normas de la diplomacia internacional, por muy países "en vías de desarrollo" que sean los de esta transida y aherrojada América, que cualquiera de ellos se arrogue la potestad de calificar o descalificar la naturaleza del régimen de gobierno o de sociedad política o económica de cualquier otro, así sea --que no lo es en el caso de Nicaragua aunque así lo sugiera la retórica de Caputo y la repetidora mentira de su colega George Shultz-- "marxista-leninista".
 

El canciller Caputo, que debe su formación académica a escuelas políticas gabachas, cabría recordarle que la primera formulación moderna del principio de no intervención, contenida en un documento jurídico, figura en el artículo 119 de la Constitución de Francia

--el país de sus amores-- del 24 de junio de 1793: "El pueblo francés no se inmiscuye en el gobierno de las otras naciones; tampoco soportará que las demás naciones se inmiscuyan en el suyo".
 

Guardadas las debidas distancias de lugar y tiempo, el 4 de marzo de 1933, en Montevideo, durante la VII Conferencia Internacional Americana, el artículo 8 de la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados allí aprobada, estableció: "Ningún Estado tiene el derecho de intervenir en los asuntos internos o externos de otro Estado". Ese principio, por si no lo recuerda Caputo, fue denodadamente defendido en la conferencia interamericana precedente, por el delegado argentino --perteneciente al partido UCR--, doctor Honorario Pueyrredón, quien no vaciló en enfrentar y hasta con cierta violencia, en esa reunión, a Estados Unidos. 


Prensa Latina - México

El Día - México

15-1-86
 

Argentina: la mala memoria de Caputo acerca de la política de Washington
 

Repetiremos los últimos párrafos de nuestra nota anterior, habida cuenta de los faltantes topográficos que tornaron indescifrable su texto:
 

"Al canciller Caputo, que debe su formación académica a escuelas políticas gabachas, cabría recordarle que la primera formulación moderna del principio de no intervención, contenida en un documento jurídico, figura en el artículo 119 de la Constitución de Francia --el país de sus amores-- del 24 de junio de 1793: 'El pueblo francés no se inmiscuye en el gobierno de las otras naciones; tampoco soportará que las demás naciones se inmiscuyan en el suyo'.
 

"Guardadas las debidas distancias de lugar y tiempo, el 4 de marzo de 1933, en Montevideo, durante la VII Conferencia Internacional Americana, el artículo 8 de la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados allí aprobada, estableció: 'Ningún Estado tiene el derecho de intervenir en los asuntos internos o externos de otro Estado'. Ese principio, por si no lo recuerda Caputo, fue denodadamente defendido en la conferencia interamericana precedente por el delegado argentino --perteneciente al partido UCR-- doctor Honorio Pueyrredón, quien no vaciló en enfrentar y hasta con cierta violencia, en esa reunión, a Estados Unidos."
 

Incluimos las referencias históricas porque fue precisamente en la VI Conferencia Internacional Americana (La Habana, Cuba, 15 de enero-15 de febrero de 1928), donde la Argentina, junto con México, El Salvador y Uruguay --entre otros pocos más-- rescató para el decoro y la honra de su mejor diplomacia --que no necesariamente ha sido consecuente en sus principios y formulaciones-- el sostén y afianzamiento de los postulados del no intervencionismo. La pasión conque el delegado Pueyrredón defendió esa tesis argentina además de otras posiciones que enfrentaban a las del delegado estadundiense Charles Evans Hughes y a su corte de países panamericanizados, llevó al delegado platense a disentir de las instrucciones de su propia cancillería y a renunciar estrepitosamente y en plena reunión a su función y a dimitir simultáneamente a su cargo de embajador argentino en Estados Unidos.
 

Pueyrredón fue mucho más fiel al principismo de Hipólito Yrigoyen que al de su sucesor Marcelo T. de Alvear --igualmente perteneciente al partido Unión Cívica Radical (UCR), hoy de nuevo en el gobierno argentino en la persona de Raúl Alfonsín--, a cuya cancillería representaba. Y enfrentó al representante del presidente Calvin Coolidge, el mandatario que había ordenado la invasión de la República de Nicaragua y la consiguiente ocupación del país centroamericano violando todos los principios del derecho internacional, una costumbre estadundiense de principios de siglo que hoy repite aunque por torcidos métodos y muchos más intermediarios el gobierno de Ronald Reagan.
 

Alvear era mucho más complaciente para con el imperio, que Yrigoyen. Y este último, justamente por no serlo en materia petrolera, iba a ser derrocado por los militares el 6 de septiembre de 1930. Del mismo modo que lo sería otro presidente radical casi por las mismas razones, Arturo U. Illia, el 28 de junio de 1966.
 

¿Resulta ironía del destino que en vísperas de la llegada al país del factótum del derrocamiento de Illia y el principal malhechor de la "patria financiera" surgida de la sanguinaria militarada de 1976 a 1983, David Rockefeller, el canciller Dante Caputo, haya tenido la triste ocurrencia de situarse junto al secretario de Estado, George Shultz, en lo de colocar al gobierno de Daniel Ortega Saavedra en el banquillo de los acusados como reo de "marxismo-leninismo"? ¿Tan pronto ha olvidado Caputo la actitud cómplice de Estados Unidos junto a Gran Bretaña, y la ayuda diplomática, militar y estratégica que Washington prestó a Londres en el desatinado desaguisado de las Malvinas? ¿No se repitió entonces hasta el cansancio que "por fin Argentina había descubierto quiénes son sus verdaderos amigos y quiénes sus enemigos en América latina"? ¿De dónde sino de los militares de la "Guerra Sucia" se contaminó la Argentina de la 'caza de brujas' transnacionalizada vía pseudo 'doctrina de seguridad nacional'? ¿Será nueva política presente y futura del gobierno de Alfonsín ser parte de la corte panamericanizada y "guerra-friísta" orientada desde Washington?
 

Siquiera sea para contrastar esta infausta posibilidad, creemos del caso reproducir la tesis del doctor Honorio Pueyrredón, que con el título de "La estabilidad de América reposa en el imperio de la soberanía del derecho" expuso en La Habana el 4 de febrero de 1928 con la mente puesta en la Nicaragua agredida:
 

"Señores:
 

"Este es el momento de formular definiciones categóricas y precisas.
 

La soberanía de los Estados consiste en su derecho absoluto a la entera autonomía interior y a la completa independencia externa. Ese derecho está garantizado en las naciones fuertes por su misma fuerza y, en las débiles, por el respeto que le deben las fuertes. Si ese derecho no se consagrase y no se practicara en forma de absoluta armonía jurídica internacional, no existiría.
 

"La intervención diplomática o la intervención armada, permanente o temporaria, atenta contra la independencia de los Estados, sin que la justifique el deber de proteger intereses de nacionales, ya que de tal derecho no podría, a su vez, ejercitarlo las naciones débiles, cuando sus súbditos sufrieran daño por convulsiones ocurridas en las naciones fuertes.
 

"Estos principcios, ya consagrados como una conquista de la civilización, se imponen aún más en América, para la feliz convivencia de los pueblos que la forman.
 

"La República Argentina ha practicado esos postulados en todos los momentos de su historia a pesar de que, en más de una ocasión, los intereses de sus nacionales, residentes en otros países, hayan estado en peligro.
 

"El ciudadano que abandona su patria para incorporarse a la soberanía de otro país civilizado, se somete a su jurisdicción y a sus leyes y corre su suerte.
 

"Es preferible consagrar este principio, a pesar de sus posibles inconvenientes, ante los infinitos bienes que se derivan del respeto a la vida soberana de las demás naciones.
 

"La República Argentina considera que, a ese respecto, es imprescindible que las jóvenes naciones de América pasen por las transformaciones y la experiencia del gobierno propio, evolucionando naturalmente en ensayos de instituciones políticas, hasta llegar, sin intervenciones extrañas, a la perfecta madurez de la democracia que ha de regir sus destinos en paz interior y en concordia internacional.
 

"Esta doctrina ha sido sustentada por la Argentina a través de su vida como nación independiente y la ha reiterado en una ocasión solemne, ante la primera asamblea de la Liga de las Naciones, preconizando la igualdad jurídica de los Estados, cualesquiera que fuese su extensión material, reconociendo sus derechos inalienables como entidades soberanas en el concierto universal de las naciones.
 

"La delegación que presido, expresa en nombre del pueblo y del gobierno argentinos, como condensación de sus sentimientos de solidaridad americana, su fe en el triunfo definitivo de estos principios inmutables, a fin de que la estabilidad de América repose en el imperio de la soberanía del derecho."
 

La invasión a Nicaragua en diciembre de 1926 y la ocupación por las tropas norteamericanas que proseguía en momentos en que se celebraba la Conferencia de La Habana, la había justificado Coolidge argumentando la protección de la vida e intereses de los ciudadanos norteamericanos en ese país, asolado por una guerra civil de la que había sido uno de sus actores Estados Unidos.
 

El periódico conservador porteño La Prensa, en editorial del 7 de febrero de 1928 y con el título de "La voz argentina frente al imperialismo", aplaudió esta vez al representante del partido al que adversaba, con párrafos como los siguientes:
 

"La delegación argentina se ha comportado en esta emergencia lo mismo que en el debate que promovió respecto de la guerra aduanera de tarifas, a la altura de su misión. Y si en este último punto, dentro de principios indiscutibles de justicia y de cooperación, defendió los intereses de la producción nacional, en el asunto de las intervenciones internacionales alzó su voz en defensa de las repúblicas débiles, no para pararse frente a los fuertes, sino para colocarse, como siempre, de parte de la razón y del derecho, que acompañan a los sostenedores de la independencia y soberanía absoluta de los pueblos.
 

"La nación argentina, idealista, generosa, pacífica y animada de la mejor buena voluntad para con todas las naciones del orbe, habría tolerado un descuido de su delegación en la defensa de los intereses económicos nacionales, pero no le habría perdonado un silencio vergonzante en la oportunidad que le correspondía pronunciarse en contra de los actos del imperialismo que se realizan en perjuicio de las pequeñas repúblicas americanas."
 

Hoy día, La Prensa ya no utiliza el vocablo "imperialismo" y sirve, por lo demás, a los intereses de Estados Unidos. En lo interno, ataca virulentamente al gobierno de Alfonsín y subliminalmente propugna su derrocamiento. ¡Sería muy triste que algún editorial de esta publicación aplaudiera las palabras agresivas del canciller Caputo contra Nicaragua! Triste, pero no improbable. 



Prensa Latina - México

El Día - México

18-2-86
 

En Belice la oposición cuestiona la cesión de tierras a Coca-Cola
 

A fines de 1985, en esta misma columna, detallamos la colosal cesión de tierras que el actual gobierno de Belice efectuó a personeros de corporaciones transnacionales, con el propósito de que aquéllas fuesen destinadas al cultivo de cítricos y de caña de azúcar a su vez aprovechable para productos derivados del alcohol.
 

Mencionamos que con la total aprobación del primer ministro Manuel Esquivel, un latifundio de aproximadamente 700 mil acres, situado en el norte del país, pasó de manos de la Belize Estate Company Ltd. --de la familia Bowen, uno de cuyos miembros, Barry M. Bowen, es propietario de la empresa distribuidora de Coca-Cola en Belice-- a la del consorcio empresarial constituido por Paul Howell & Walter M. Misher, la Coca-Cola Foods (subsidiaria de la Coca-Cola Company con sede en Houston) y el propio Barry Bowen. Los nuevos copropietarios se adjudicaron 50 mil acres cada uno; los restantes 550 mil acres pasaron a ser propiedad conjunta: 30 por ciento para Coca-Cola, otro tanto para Howell & Misher y el 40 por ciento para el diligente Bowen.

El conjunto de transferencias ocurrió en septiembre de 1985 y tuvo la virtud de conmover a una alicaída oposición, que encontró al menos un motivo para embestir al régimen de Esquivel, con un tema bastante sensitivo, después de acallados los ecos de la campaña electoral que ubicó en el gobierno al Partido qnico Democrático (UDP). El Partido Unido del Pueblo (UPP) está denunciando ahora la naturaleza y alcances de esa transferencia de tierras, que en la práctica implica la enajenación de unos 2 mil 800 kilómetros cuadrados de territorio nacional, casi una octava parte de la superficie de Belice.
 

La especializada publicación guatemalteca Inforpress Centroamericana (no. 676, 6 de febrero de 1986, pp. 3-4), luego de comentar que aún no se ha informado qué uso se proponer dar, el consorcio adquirente, a 661 mil 186 acres de los 868 mil 186 ya bajo su dominio y de registrar que por esa ya por otras importantes razones "la gigantesca transacción" continúa bajo severa crítica, agrega:
 

"Documentos oficiales, análisis del exterior e incluso el parcial punto de vista de la prensa simpatizante del partido gobernante, el Democrático Unido, exaltan al consorcio Coca-Cola por su inversión en Belice, por ejemplo, en su boletín de septiembre pasado, al examinar las implicaciones de la transacción no hace mención a ninguna posible desventaja, irregularidad o inconveniente. El semanario The Reporter describe la negociación gráficamente; 'el aterrizaje de un gran pez ...hazaña ésta cuyo efecto más perdurable es el saber que Belice puede salir y competir exitosamente atrayendo inversiones'.
 

"El opositor Belize Sunday Times, por el contrario, califica al hecho como 'la rapiña de Coca-Cola' y predica que 'volverá de nuevo a frecuentar a esos ministros' (los de UDP). El Times y otros críticos continúan preocupándose por la impresionante extensión de la transacción. Se recuerda que tanto en el Caribe como en Centroamérica --para citar solo los casos más cercanos-- los latifundios en manos extranjeras, especialmente aquellos dedicados a la minería y a la agroexportación, han conducido en su momento a controversias entre los gobiernos y las transnacionales, a conflictos laborales y a enardecer los sentimientos nacionalistas de los pueblos, que derivan inevitablemente en complejos conflictos sociales.
 

"Entre tanto, aún no se conoce el uso que se les dará a los aproximadamente 7 millones de acres, en violación de las exigencias legales vigentes para extranjeros que demandan que antes de efectuarse la compra de tierras se sometan a consideración los planes para el desarrollo de las mismas. La Coca-Cola únicamente ha informado que utilizará 25 mil acres al cultivo de cítricos, durante los próximos siete años.
 

"El Caribbean Insight, de noviembre pasado, señala que 'la transacción tiene un gran potencial desde el punto de vista de la Coca-Cola'. El transporte de concentrado de naranja desde Brasil, a la compañía Minute Maid (subsidiaria de la Coca-Cola) resulta más caro que desde Belice. Además, la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI=Caribbean Basin Initiative) ofrece una ventaja tarifaria del 30 por ciento o de dos dólares por caja de fruta. Esta inversión beliceña, incidentalmente, es la más grande bajo la CBI hasta el momento. Belice tampoco presenta, hasta el momento, conflictos laborales entre productores y procesadora, como acontece en Brasil, ni su clima es inclemente como lo es el de Florida, Estados Unidos, que es la otra región que produce concentrados de naranja para Minute Maid.
 

"No es factible asegurar que los cítricos y específicamente el concentrado de naranja que la Minute Maid se propone procesar en Belice para el año 2001, serán siempre objeto de demanda comercial y generadores de divisas para el país. Desde ya, por ejemplo, los precios del concentrado de naranja para el mercado internacional se encuentran bajando a raíz de la recuperación de la producción estadunidense. Esa caída de precios significó ya para Belice una reducción del 14 por ciento en los ingresos del segundo trimestre de 1985, comparados con los ingresos del primero, aun cuando en este segundo trimestre la producción fue la misma que en el segundo trimestre de 1984.
 

"Tampoco puede contarse con que los incentivos tan atractivos que actualmente ofrece la CBI se extenderán más allá de 1996. Es previsible también que los productores estadunidenses y brasileños --ya que cuentan con el suficiente tiempo-- tomarán medidas para proteger su propio mercado frente a la industria beliceña. El gobierno tampoco podrá descartar la posibilidad de una nueva experiencia como la que tuviera con la empresa británica Tate & Lyle, que abandonó Belice afectando considerablemente la industria del país. No se conoce que la Coca-Cola se haya comprometido a mantener operando la industria procesadora de concentrado de naranja.
 

"Y finalmente, en lo que se refiere a la producción de cítricos, la tierra negociada, que se encuentra a 40 millas al noreste de la ciudad capital, es poco profunda, tiene escaso drenaje y su Ph es neutro, características opuestas a las recomendaciones para el cultivo de cítricos; pero en cambio son útiles para la siembra de maíz, arroz y frijol, productos que actualmente se importan de la vecina Guatemala ..."


Prensa Latina - México

El Día - México

19-2-86
 

Más revelaciones sobre el papel de la CIA en las muertes de presos hondureños
 

El corresponsal itinerante del New York Times en Centroamérica, James LeMoyne, proporciona en su más reciente crónica, fechada en Tegucigalpa y titulada "C.I.A. Acussed of Tolerating Killings in Honduras" (La CIA acusada de tolerar asesinatos en Honduras"), datos accesorios acerca de la actividad de la Agencia Central de Inteligencia en el país hoy llamado "portaviones terrestre de Estados Unidos en Centroamérica".
 

La información ya era en parte conocida, pero LeMoyne la ratifica públicamente con el auxilio de testimonios de funcionarios norteamericanos y hondureños a los que él acudió y cuya identidad no puede, lógicamente, añadir. Su crónica es, pues, digna de ser reproducida en circunstancias en que en Honduras hay nuevas autoridades civiles y hubo ciertos cambios en la cúpula militar. A continuación, el texto íntegro publicado en el Times el 14 de febrero presente, con el añadido de notas que son de nuestra cosecha.
 

La CIA lo supo
 

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) ayudó a las fuerzas de seguridad hondureñas, que sabía eran responsables del asesinato de un número de personas arrestadas por razones políticas entre 1981 y 1984, según dos funcionarios estadunidenses y un militar hondureño.
 

Los agentes de la CIA no tomarán parte directamente en las acciones de las unidades del gobierno hondureño, dijeron los funcionarios norteamericanos. La ayuda que proporcionaron incluyó el entrenamiento y la asesoría en la obtención de inteligencia, como parte de un programa para poner fin al trasiego de armas desde Nicaragua a los rebeldes izquierdistas en Honduras y El Salvador.1 'La CIA no tuvo nada que ver con el secuestro de personas' --dijo uno de los norteamericanos, que tiene un íntimo conocimiento de la política estadunidense en Honduras-- 'pero sí sabía lo que pasaba y cuando alguna gente desapareció, optó por mirar hacia otro lado'.
 

Un funcionario norteamericano dijo que los asesinatos políticos perturbaron a algunos miembros de la embajada de Estados Unidos y de la CIA. Aunque los informes de esa época de la embajada sobre derechos humanos mencionaron los abusos, se minimizó su gravedad así como la naturaleza evidentemente sistemática de los asesinatos.
 

Al menos 200 personas, la mayor parte de ellas supuestamente izquierdistas, pueden haber sido asesinadas o hechas desaparecer por razones políticas en Honduras entre 1981 y 1984. No resulta claro cuántas de ellas fueron asesinadas por las unidades mencionadas. A partir del día en que un nuevo comandante en jefe militar ordenó poner fin a esa práctica, los abusos tendieron, aparentemente, a cesar por completo. 2
 

De acuerdo con lo expresado por los dos funcionarios norteamericanos y con fuentes el Congreso, la CIA utilizó la información recogida por las fuerzas de seguridad hondureña para hacer cesar bruscamente el flujo de armas. Los funcionarios, que pidieron no ser identificados a fin de proteger sus carreras y que entonces actuaban en la embajada estadunidense en Tegucigalpa, dicen que el programa, fuertemente respaldado por la administración Reagan, fue considerado un importante éxito.
 

Dos fuentes hondureñas y un funcionario norteamericano dijeron que asesores militares argentinos así como nicaragüenses antisandinistas fueron igualmente responsables por el asesinato y la desaparición de un cierto número de izquierdistas. Al serle solicitado un comentario acerca del reporte sobre los asesinatos cometidos por los militares hondureños con los que colaboraba la CIA, Michael O'Brien, un vocero de la embajada de Estados Unidos en Honduras, dio a conocer una declaración especialmente preparada con ayuda de miembros del Departamento de Estado en Washington. La declaración dice:
 

'No existe conexión alguna entre el entrenamiento profesional específico que pudiera haber sido provisto por el gobierno de Estados Unidos a las fuerzas de seguridad hondureñas, y las acusaciones de que personal de seguridad hondureño haya estado subsiguientemente involucrado en actividades propias. En ningún momento hubo allí una implicación del gobierno de Estados Unidos con las actividades supuestas de escuadrones de la muerte'. 3
 

Instado O'Brien a comentar el informe de que se habría realizado una investigación secreta del gobierno de Estados Unidos, acerca de los abusos cometidos por las fuerzas de seguridad hondureñas, O'Brien declinó hacerlo: 'Se trata de un asunto de inteligencia acerca del cual, como norma política, no formulamos opinión' --dijo.
 

Un vocero de la CIA en Washington, Patti Volz, negó todo involucramiento de la Agencia con cualquier grupo que pudiera haber asesinado o hecho desaparecer a personas detenidas. El ejército hondureño expidió un informe el año pasado, autoabsolviéndose de responsabilidad alguna en la mayor parte de los denunciados abusos. 4 El embajador de Estados Unidos en Honduras en la época de los asesinatos, John D. Negroponte, declinó referirse al conocimiento o involucramiento de la embajada en relación con aquellos abusos. 5
 

Un oficial del ejército hondureño ahora fallecido, 6 informó a miembros asesores de congresistas de Washington, en 1984, acerca del efectivo involucramiento de la CIA con la unidad del ejército hondureño así como de que el oficial a cargo de ella era culpable de los abusos.
 

Aspectos de la reunión fueron revelados por Dick McCall, asesor en política exterior del senador demócrata John F. Kerry, de Massachusetts, y por Bruce Cameron, ex director legislativo de la organización Americans for Democratic Action. Ambos coincidieron, en entrevistas telefónicas desde Washington, que el militar, mayor Ricardo Zúñiga, denunció que la CIA ayudó a crear una unidad secreta de inteligencia hondureña, conocida como 'Batallón 316'. El mayor Zúñiga afirmó que la unidad era la culpable de los asesinatos y desapariciones --confirmaron.
 

Los detalles de las declaraciones del mayor Zúñiga no pudieron posteriormente ser confirmados, debido a que aquél fue asesinado el año pasado por un socio en negocios que le debía dinero. 7
 

A diferencia de las matanzas masivas realizadas por los ejércitos de Guatemala y El Salvador en los años recientes, los asesinatos políticos en Honduras parecen haber sido altamente selectivos. Analistas políticos hondureños observan que esta es precisamente la evidencia de que los asesinatos fueron cometidos por unidades entrenadas bajo estricta supervisión. Preguntado recientemente acerca de qué ocurrió con los sospechados de izquierdistas en Honduras, un oficial de la FUSEP respondió que podían estarse reagrupando secretamente para realizar nuevos ataques, 'o quizás nosotros ya cortamos sus cabezas' --agregó haciendo sobre su propia garganta un signo de corte con los dedos.
 

Los asesinatos comenzaron, de acuerdo con fuentes hondureñas y estadunidenses, cuando se descubrió que casas de seguridad en Honduras estaban siendo utilizadas para proveer a rebeldes izquierdistas locales y de El Salvador, armas de Nicaragua y después de que se registraron atentados terroristas y secuestros por guerrilleros entre 1980 y 1982.
 

La administración Reagan y el jefe del ejército hondureño, lvarez Martínez, declararon entonces que estaban resueltos a poner fin a esa provisión y, de acuerdo con algunos funcionarios norteamericanos, la administración organizó un plan de interdicción de armamento. el general lvarez trabajó en estrecha conexión con la CIA. Graduado en una academia militar en Argentina, lvarez era un anticomunista extremado. Fue él quien llevó a Honduras en 1980, a expertos argentinos en contraterrorismo, para que entrenaran a las fuerzas de seguridad hondureñas, así como a los rebeldes nicaragüenses antisandinistas. Los argentinos dijeron que previamente ellos habían ayudado a crear los escuadrones de la muerte del gobierno argentino, que habían eliminado a millares de izquierdistas, según lo dijeron militares hondureños que trabajaron con aquéllos.
 

De acuerdo con un funcionario estadunidense, la CIA pudo haber ayudado a financiar parte del entrenamiento realizado por los argentinos. Después, la CIA tomó un rol más activo, ayudando directamente a las unidades de inteligencia hondureñas.
 
 
 
 
 
 

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1. Ese trasiego, si existió, ya había cesado en 1981 totalmente. Pero Estados Unidos persistió en la acusación al menos hasta 1984, a sabiendas de su impostura.
 

2. Alude al reemplazo, el 31 de marzo de 1984, por el general Walter López Reyes, del hasta entonces jefe de las fuerzas armadas, general Gustavo lvarez Martínez, iniciador de los asesinatos y desapariciones de presos políticos desde cuando era titular de la Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP) hondureña.
 

3. Manifiesta ambigüedad y retorcimiento de la frase: nadie dijo que hubiera "escuadrones de la muerte" en Honduras, como los hay en El Salvador y Guatemala. Los crímenes los cometió directamente y con conocimiento de lvarez Martínez la DNI (Dirección Nacional de Investigaciones), una unidad oficial del ejército.
 

4. Ese informe, retardado durante más de un año, fue pública y vigorosamente denunciado como falso y mentiroso por la Comisión de Derechos Humanos hondureña, presidida por el doctor Ramón Custodio.
 

5. La comisión presidida por el Dr. Custodio denunció repetidas veces esas muertes y desapariciones al propio embajador Negroponte, sin obtener más que excusas diplomáticas.
 

6. Alude al mayor Ricardo Zúñiga Morazán, asesinado a fines de 1985 en circunstancias harto sospechosas. El Christian Science Monitor, de Boston, afirmó que fue el ejército quien ordenó su muerte, precisamente por sus declaraciones al Congreso.
 

7. Esa fue la versión oficialmente difundida y el supuesto criminal, un cubano de Miami, habría confesado que dio muerte a Zúñiga ante la imposibilidad de pagarle un préstamo de unos 50 mil dólares. Pero el argumento parece demasiado pueril en relación con todas las circunstancias que acompañaron el asesinato.


Prensa Latina - México

El Día - México

19-3-86
 

Sectores sindicales y eclesiales de Estados Unidos, adversos a los contras
 

A pesar de las conocidas orientaciones de la central obrera de Estados Unidos, la AFL-CIO, el debate acerca de los nuevos presupuestos bélicos solicitados por el presidente Reagan en favor de su ejército de mercenarios contra Nicaragua ha provocado reacciones, hasta ahora sin ejemplo, por parte de sectores sindicales afiliados a aquella organización.
 

En una carta abierta a miembros del Congreso, 23 dirigentes obreros de algunos de los más importantes e influyentes sindicatos les demandaron el rechazo al programa de los 100 millones de dólares destinados a atizar la no declarada guerra de Washington a Managua. El quincenario Frontine de Oakland, California, en su edición del 17 de marzo presente, informa que el National Labor Committee in Support of Democracy and Human Rights in El Salvador (Comisión Nacional Obrera de Apoyo a la democracia y los Derechos Humanos en El Salvador), hizo el 3 de marzo una presentación ante el Congreso protestando contra cualquier provisión de dinero a los contras.
 

El documento lleva las firmas de los aludidos 23 dirigentes laborales, incluyendo a Douglas Fraser --ex líder de los United Automobile Workers--, William Winpisinger --presidente de la International Association of Machinists-- y Jack Sheinkman, líder de la Amalgamated Clothing and Textile Workers Union, y en su texto se indica que "los cien millones de dólares solicitados por la administración Reagan para los contras, sea como ayuda militar o camuflada como 'ayuda humanitaria' resulta contraproducente y por último empeorará las cosas en Nicaragua (...) Más dinero a los contras simplemente quiere decir nuevos baños de sangre".
 

En campo pagado, publicado el domingo 16 de marzo en el New York Times con el título de "Contra Atrocities" que no requiere de traducción, 18 líderes religiosos, firmando en representación de "más de 200 dirigentes religiosos nacionales" de Estados Unidos, reclaman que "en el nombre de Dios, cesen las mentiras, cesen los asesinatos". El texto de la declaración, que ocupa un cuarto de la página 7, dice:
 

"La administración Reagan ha estado mintiendo al público en procura de la ayuda militar y del así llamado auxilio 'humanitario' para los contras. Exageración, desinformación y falsificaciones totales constituyen el meollo del caso de la administración contra Nicaragua. Se han estado publicando informes fidedignos acerca de que los contras están cometiendo sistemáticamente atrocidades violatorias de los derechos humanos contra los civiles inocentes. Los contras no son luchadores de la libertad. NOS OPONEMOS A CUALQUIER AYUDA A LOS CONTRAS EN CUALQUIER FORMA."
 

El desplegado lleva las siguientes firmas: Thomas Gumbleton, obispo de la arquidiócesis católica de Detroit; Leontine T. C. Kelly, obispo de la Iglesia Metodista Unida, de San Francisco; Marshall T. Meyer, rabino de la N'nai Jeshurun, de la ciudad de Nueva York, el mismo que en 1985 desmintió públicamente la aseveración de Reagan acerca del supuesto antisemitismo del gobierno de Managua; Philip Cousins, obispo, presidente del Consejo nacional de Iglesias; Paul Moore, obispo episcopaliano de Nueva York; Silvia Talbot, presidente de la Iglesia de Mujeres Unida; Harold Hopkins, obispo episcopaliano de North Dakota; John O. Humbert, presidente de los Discípulos de Cristo, de Estados Unidos y Canadá; Joseph E. Lowery, presidente de la Conferencia de Líderes Cristianos del Sur; Irwin M. Blank, rabino, gran presidente del Consejo de Sinagogas de Estados Unidos; Avery A. Post, presidente de la Iglesia Unida de Cristo: Carol Quigley, presidente del Inmaculado Corazón de María; Jim Wallis, editor de "Sojournes"; Ernest T. Dixon Jr., obispo, presidente de la Conferencia de Iglesias de Texas; William Sloane Coffin, ministro principal de la Iglesia Riverside, de Nueva York; Bernice VanderLoop, presidente de las Siervas de María, de Ladysmith, Wisconsin; Maurice J. Dingman, obispo católico de la diócesis de Des Moines, Iowa; y Vernon Grounds, presidente del Seminario Bautista Conservador.
 

El texto concluye con estas palabras: "Hacemos un llamado a todas las personas de fe y de conciencia a contemplar los efectos de la política de Estados Unidos en Nicaragua y a unirse con nosotros para decirle al gobierno de Estados Unidos: 'EN EL NOMBRE DE DIOS, CESEN LAS MENTIRAS, CESEN LOS ASESINATOS'." El desplegado fue financiado por contribuyentes de la organización Witness for Peace (Testigos por la Paz.)
 

En relación con esta declaración, cabe recordar que los 200 dirigentes religiosos mencionados --incluyendo a 20 obispos católicos y protestantes y a una docena de rabinos formaron el 4 de marzo con sus cuerpos una cruz en las escaleras del Capitolio como demostración contraria a la provisión de fondos a los contras. En el documento que hicieron público, los líderes religiosos condenaron la política agresora y armada de Rehagan: "Mediante exageraciones hasta el nivel de la histeria, mediante una permanente campaña de desinformación y mediante la continua repetición de falsedades obvias, nuestro gobierno ha elaborado una Gran Mentira en torno a Nicaragua. Nos rehusamos a suscribir el engaño, a que éste no sea refutado o a aceptar la insensata violencia que acompaña a tales mentiras. Unidos decimos, en el nombre de Dios: 'Cesen las mentiras, cesen los asesinatos'."
 

Frente a esta expresión de decencia y humanismo de los religiosos de estadunidenses, apoyan a Reagan de un modo reforzado a niveles jamás antes alcanzados, los fundamentalistas, conservadores y ultraderechistas Jerry Falwell y Marion (Pat) Robertson, por conducto de sus programas de televisión a todo el país, que son recibidos por millones de norteamericanos englobados como "la mayoría silenciosa", una gran mayoría de ignorantes en materia de política internacional, ignorantes en cuanto a los problemas y naturaleza de los conflictos que afligen a los países de Hispanoamérica y del Tercer Mundo, ignorantes incluso de dónde están ubicados geográficamente Nicaragua, El salvador, Honduras y Guatemala y cuya ignorancia es alimentada por el discurso irracional, histérico y mentiroso de Reagan y sus principales voceros.


Prensa Latina - México

El Día - México

20-4-86
 

Playa Girón: la prensa norteamericana fue cómplice activa en la invasión y desinformación con meticulosidad
 

El cronista de la UPI fue ratificado, entre otros, por el senador sureño George Smathers, quien en su programa semanal por TV se burló de las denuncias del canciller Roa: "Como los grupos de refugiados cubanos están finalmente comenzando a ponerse de acuerdo, uniéndose en la misma tentativa para derrocar a Castro --dijo-- éste necesitaba desviar el pensamiento de su pueblo de sus dificultades internas, enfrentándolo a esa vieja cortina de humo de una invasión norteamericana a Cuba." (1)
 

También lo hizo el embajador de Guatemala ante la ONU, Luis Coronado Lira, quien calificó de "mendaces y cínicas" las afirmaciones de Roa quien --añadió-- "con una contumacia digna de mejor causa, afirma una y otra vez que mi patria procede como sierva de entidades extrañas a la plena soberanía de Guatemala", cosa que rechazaba rotundamente "puesto que --concluía-- nosotros no somos títeres ni portavoces de nadie, ni tampoco estamos bajo la órbita de nadie". (2) Oficialmente también el presidente Ydígoras desmintió las acusaciones contra su gobierno, en un programa especial de TV que le sirvió, a la vez, para atacar y agraviar a Cuba.
 

Salta la liebre en California
 

Aquel mismo mes de noviembre, empero, todo el engendro comenzó a tener difusión, aunque débil, dentro de los propios Estados Unidos, por obra del doctor Ronald Hilton, director del Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Stanford California.
 

Este catedrático e investigador había estado tiempo antes en Guatemala y quizás sin proponérselo expresamente, hablando con sus colegas universitarios en ese país llegó a enterarse de lo que estaba ocurriendo en el departamento de Retalhuleu. A su regreso, reveló en la publicación académica que él dirigía, la primera punta del ovillo. (3) Afirmó que Guatemala "bullía" de exiliados anticastristas, los que se preparaban militarmente para regresar a Cuba para establecer allí un gobierno al estilo del que imperaba en la isla de Taiwan (Formosa) con Chiang Kai-chek al frente. Alegó Hilton que él no podía aseverar si la CIA estaba detrás de todo el asunto o era ajena a él, pero que no se explicaba cómo un país que estaba al borde de la bancarrota económica, podía permitirse el lujo de invertir más de un millón de dólares en un aeropuerto ubicado en una remota región donde ni siquiera existía el incentivo turístico de ruinas arqueológicas.
 

En los mismos instantes en que era distribuida entre sus suscriptores la especializada publicación de Stanford, Nicaragua y Guatemala eran sacudidas por sendos levantamientos armados internos antigubernamentales, de sectores cívicos y militares del centro liberal y de la derecha conservadora en ambos casos anticastristas. Los regímenes de Luis Somoza e Ydígoras, respectivamente, denunciaron ante la OEA esa "agresión" de Cuba y simultáneamente demandaron la presencia de la flota estadunidense del Caribe en sus costas, pedido al que el presidente Eisenhower no sólo accedió inmediatamente sino que hasta se excedió en la atención de la demanda. Por otra parte, siete días antes de que el mandatario estadunidense anunciara el envío de sus barcos de guerra hacia Guatemala, Cuba había denunciado que en la principal base marítima de ese país, Puerto Barrios, se había concentrado un gran número de naves de carga, sin identificación de nombre ni bandera, para descargar grandes volúmenes de materiales y equipos bélicos destinados a los contrarrevolucionarios organizados por la CIA.
 

En medio de la nueva barahúnda de acusaciones mutuas y recriminaciones por doquier --ya el candidato demócrata John F. Kennedy había logrado el triunfo en la primera semana de ese mes, sobre su rival republicano Richard M. Nixon--, el semanario liberal neoyorquino The Nation publicaba en editorial inquisitivo, en el que, con el título de "¿Estamos entrenando a guerrilleros cubanos?", recogía las revelaciones del doctor Hilton y advertía acerca de los riesgos que involucraría una agresión militar a la Isla. La nota decía:
 

"La Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha adquirido una vasta porción de tierra, con un gasto superior al millón de dólares, la que está fuertemente cercada y rigurosamente custodiada. El doctor Hilton fue informado de que era `de conocimiento común en Guatemala que el predio estaba siendo usado como campo de entrenamiento de contrarrevolucionarios cubanos, los que se preparaban para un eventual desembarco en Cuba. También se dice que personal y equipo de Estados Unidos están siendo utilizados en la base. Se dice que el campamento está ubicado en Retalhuleu, entre la ciudad de Guatemala y la costa del Pacífico. Puede ser que Fidel Castro tenga una base mucho más sólida de lo que la mayoría de nosotros percibimos, para sus confesados temores acerca de una invasión `tipo Guatemala financiada por Estados Unidos [...]
 

"Si Washington ignora la existencia de la base, o sabiendo que ésta existe, es sin embargo inocente de cualquier involucramiento en ella, entonces con seguridad las autoridades correspondientes querrán cortar todos los rumores infamantes [...] Pero por otra parte, si los informes recogidos por el Dr. Hilton son ciertos, entonces la presión pública debería orientarse a presionar a la administración a abandonar este peligroso y atolondrado proyecto.
 

"Hay una segunda razón por la que creemos que los informes ameritan su publicación: se podrían y se deberían comprobar inmediatamente mediante todos los medios de comunicación de Estados Unidos que posean corresponsales en Guatemala". (4)
 

Complicidad de la prensa
 

El razonable consejo de The Nation en relación con la actitud que debería asumir la prensa estadunidense fue desechado, al menos durante las semanas siguientes, con premeditación y alevosía. La complicidad de los medios de comunicación masivos con la operación en cierne, fue con posteridad comprobada académicamente por estudiosos y analistas de los problemas del periodismo moderno.
 

El resumen de uno de tales estudios fue proporcionado por un experto norteamericano, James Aronson, (5) si bien tal estudio iba a publicarse un lustro más tarde. Pertenecía a Victor Bernstein y Jesse Gordon. El primero, periodista veterano y corresponsal extranjero, había sido editor en jefe de The Nation desde 1952 hasta 1963; el segundo había sido corresponsal en Cuba y después asesor editorialista del mismo semanario. Su historia, registrada en una revista universitaria especializada en temas de comunicación, 16 es la siguiente:
 

"El viernes 11 de noviembre de 1960, día en que el editorial de The Nation entraba en prensa, Jesse Gordon distribuyó 75 copias --junto con una noticia fundada en el editorial-- a los más importantes medios informativos, incluyendo a las corresponsalías de publicaciones y agencias extranjeras con base en Nueva York. Los mensajeros llevaron las copias a las oficinas principales y Gordon mismo confirmó su recepción mediante llamadas telefónicas expresas. Hizo tres llamadas a la agencia AP. En cada ocasión un encargado distinto de la oficina le contestó que no había visto la copia ni la nota adjunta y le pidió un nuevo envío, cosa que fue correspondida con el envío de sendas copias en las tres horas siguientes. Sin embargo, su texto jamás ingresó en los teletipos de AP. De hecho, ni la AP ni la UPI usaron la información. Ningún servicio cablegráfico pidió a sus corresponsales en Guatemala, ese fin de semana, que verificasen la historia.
 

"El lunes 14 de noviembre, de nuevo por teléfono, Gordon habló con Francis L, McCarthy, jefe de la sección latinoamericana de la UPI. McCarthy le dijo: `Sí, hay una gran base en funcionamiento en Guatemala y aviones de Estados Unidos vuelan ida y vuelta. Pero el Pentágono niega todo conocimiento y el Departamento de Estado dice que no tiene comentario alguno que formular. Una de las historias que escuchamos es que Estados Unidos está construyendo la base para reemplazar a la de Guantánamo. A despecho del conocimiento de McCarthy --o de su educada sospecha-- la UPI no mencionó nada de la historia".(6)
 

De modo que hasta ese momento, fuera de las repetidas denuncias públicas de Cuba que la prensa norteamericana reproducía mínimamente o suprimía del todo, solamente el Hispanic American Report, The Nation y un único diario, la Gazette & Daily, de York, que glosó la circular de The Nation, no hubo ninguna otra publicación que se hiciera eco de lo que ocurría en Guatemala; y, por supuesto, las agencias AP y UPI bloquearon la noticia pese a que sus oficinas en aquel país centroamericano no podían ignorar la sensacional denuncia del periódico La Hora, del 30 de octubre anterior.
 

El New York Times recibió cuatro copias del resumen de The Nation. Una para su editor local, otra para su editor nacional de noticias --Herbert L. Matthews--, la tercera para un miembro del consejo editorial y la última para un reportero que cubría los aspectos domésticos de la situación cubana. Además, la historia fue despachada por PR Newswire, un servicio de teletipo privado. Las llamadas telefónicas al Times suscitaron interés y un pedido del número de teléfono del Dr. Hilton. Pero nada apareció impreso.
 

La Gazette & Daily, en un revelador editorial del 24 de noviembre, recogió la historia cronológica de la reluctante prensa. Después de reproducir la circular de The Nation, anotaba:
 

"La Gazette & Daily pidió a la AP [...] que verificara la información. La AP dijo que el artículo de The Nation le parecía `insustancial [...] Pero cuando explicamos que no le estábamos pidiendo que reprodujera de aquel artículo, sino, en cambio, que comprobara su veracidad en Guatemala, la AP puso manos a la obra. A los pocos días la AP envió una crónica que fue publicada en la página 2 de Gazette & Daily el 17 de noviembre, con el siguiente título: `El presidente de Guatemala desmiente informes sobre una fuerza anti-Castro. El encabezamiento resumía razonablemente la historia: la AP había entrevistado al presidente Ydígoras, quien había `calificado como falsas las afirmaciones publicadas por The Nation.
 

"En conclusión. En una carta desde Stanford, fechada el 19 de noviembre, el Dr. Ronald Hilton escribió lo siguiente:
 

"El viernes 18 de noviembre, Mr. (Lyman B.) Kirkpatrick Jr., inspector general de la CIA o sea su segundo mando, habló con el Commonwealth de San Francisco, sobre el tema general de América Latina. En el lapso dedicado a las preguntas, se le inquirió: `El profesor Hilton, de Stanford, dice que hay una base financiada por la CIA en Guatemala, donde se están haciendo planes para atacar a Cuba. El profesor Hilton dice que sería un negro día para América Latina y para Estados Unidos si eso se produjera. ¿Es cierto esto? Después de un prolongado silencio, Mr. Kirkpatrick replicó: `Será un día negro si somos descubiertos."(7)
 

Por si el lector pudiese ignorarlo, aquel Mr. Kirkpatrick, segundo de a bordo de la CIA, es hermano de Evron Maurice Kirkpatrick, quien desde 1940 hasta su retiro se desempeñó en la oficina de Investigación de Inteligencia y/o director de Operaciones e Investigación Política, del Departamento de Estado. La señora Jeane Kirkpatrick, esposa de este último, bien puede decir que su experiencia y su ideología tiene un comprensible origen familiar.
 

Con algo de vergüenza profesional
 

El New York Times, sin embargo, quizás con alguna poca vergüenza profesional, resolvió que "algo debía decir sobre el tema. Y lo hizo el 20 de noviembre, nueve días después de publicado el editorial de The Nation, incluyendo en su página 32 o sea casi en la sentina del diario, un despacho sin firma, basado en la entrevista de un corresponsal con el presidente Ydígoras. Decía: "El Presidente calificó estos informes como `un montón de mentiras. Dijo que la base era una de las varias en las que las tropas del Ejército de Guatemala está siendo entrenado en guerra de guerrillas.
 

El objeto del entrenamiento --dijo-- era el de combatir invasiones del tipo de las que habían ocurrido recientemente en Honduras, Nicaragua y Panamá".
 

En relación con esta `explicación', escribieron Bernstein y Gordon:
 

"Al mentir tanto al hombre del Times como al reportero de la AP, el presidente Ydígoras exhibió al menos la virtud de la consistencia. Pero hay otra observación, más significativa, que debe hacerse respecto de estos dos despachos. Ninguno de los dos reporteros dio el paso periodístico elemental (o, si lo dieron, no cumplieron con su deber de hacerlo constar), de entrevistar a algún miembro del equipo de La Hora, que había publicado la historia el 30 de octubre anterior. Como mínimo, en verdad, debieron haber entrevistado --o informado de un intento de entrevistarlo-- al director del periódico, Clemente Marroquín Rojas, que era a la razón miembro del gabinete de Ydígoras. (8) Más aún, si de acuerdo con el Dr. Hilton, la base y sus objetivos eran `de conocimiento común en el país, ¿recibieron los reporteros instrucciones de, por lo menos, comprobar este `conocimiento común? Pero ambos corresponsales eligieron ver al único hombre que con seguridad iba a desmentir la historia, el presidente Ydígoras". (9)
 

Cuando preparaban su estudio de caso, Bernstein y Gordon escribieron a la dirección del Times explicando la naturaleza de su investigación y pidiéndole su propia versión acerca de aquel episodio. En carta de respuesta a Bernstein, el 27 de abril de 1967, el editor en jefe, Clifton Daniel, hizo las siguientes especificaciones: 1) El Times habló con el Dr. Hilton para determinar si él poseía `algo más rumores de las evidencias a él atribuidas y que el interpelado respondió negativamente; b) El Times pidió a su oficina en Washington que siguieran el asunto, pero ésta `no encontró nada'; 3) Se pidió información a un stringer (periodista autónomo) en Guatemala y se obtuvo la respuesta de que había habido `rumores´ acerca de una base construida por Estados Unidos, pero que había `resultado imposible obtener una confirmación'; 4) La entrevista del 20 de noviembre había sido escrita por Paul Kennedy, el experto del Times en asuntos latinoamericanos, a quien se le encomendó que viajara de Nicaragua a Guatemala para comprobar qué había de cierto; pero tampoco él `encontró nada' y archivó su entrevista mantenida con Ydígoras el día anterior.
 

Puesto que el Times y la AP habían obtenido tan magro resultado y puesto que Ydígoras dijo a esta última que no se oponía a que los periodistas fueran a Guatemala "a comprobar los hechos por sí mismos", el St. Louis Post-Dispatch, periódico liberal de Saint Louis, Missouri, envió al corresponsal Richard Dudman para que hiciera una investigación de campo, en Nicaragua y Guatemala, Dudman no se tomó el trabajo de entrevistar a Ydígoras pero se movió por todas partes haciendo las preguntas adecuadas a la gente que importaba, todo con ojo avizor y oído atento. En poco tiempo descubrió que sí existía una aeropista de mil 200 pies de extensión restada a la selva guatemalteca y a 15 millas de camino pavimentado más cercano. Describió la pista y las barracas con capacidad para 500 hombres como "un notable trabajo de ingeniería" y citó las palabras de un guatemalteco, según el cual "muchos de los soldados de la base hablaban con acento cubano".
 

Crece la bola de nieve
 

Dudman prefirió despachar su historia desde El Salvador, para eludir posibles censuras, y lo explicó con todas las letras. Su crónica se publicó no sólo sin recorte alguno, sino apoyada por un editorial del Post-Dispatch, en el que se leía: "¿Qué está pasando en Guatemala? ¿Quién está tratando de encubrir qué cosa y con cuál propósito? ¿Por qué Richard Dudman debió viajar hasta el vecino El Salvador para enviar a este periódico su crónica acerca de lo que halló en Guatemala? ¿Y por qué le fue necesario escribir desde San Salvador que él apenas puede relatar `algo de la verdad?"
 

Estas preguntas, obviamente estaban dirigidas al gobierno y a la prensa estadunidense, pero tanto el uno como la otra no proveyeron ninguna respuesta. El 10 de diciembre, The Nation preguntó en editorial: "¿Está realmente más allá del poder de la prensa norteamericana descubrir quién está fomentando la crisis cubana, si Castro o los Estados Unidos?" Días después el periódico Los Angeles Mirror envió a Guatemala, con el mismo espíritu investigador, a Don Dwiggins, su experto en temas de aviación. Sus notas ratificaron lo que ya era un secreto a voces: dinero del gobierno de Estados Unidos estaba involucrado en la construcción del aeródromo y la base de Retalhuleu.
 

La AP, tímidamente, transmitió a sus clientes apenas tres párrafos de las revelaciones de Dwiggins, quien en una nota posterior fue mucho más explícito y detallista, (10) incluyendo un mapa ilustrativo. Reveló que los pilotos estaban siendo reclutados en Estados Unidos con una paga mensual de 25 mil dólares por cabeza; que resultaba fantástico construir una aeropista para aviones jet militares en un país que no poseía ninguno de ese tipo, que cuando preguntó acerca de ello y en forma directa a funcionarios guatemaltecos, no se lo pudieron explicar; que hizo la misma pregunta al embajador estadunidense John Muccio: "¿Prestó o donó Estados Unidos a Guatemala dinero para construir una base aeromilitar en el país?", aquél le respondió: "Usted debe formular esa pregunta a los funcionarios guatemaltecos"; y que, con esa respuesta en los oídos, le consultó al ministro de relaciones exteriores local, Jesús Unda Murillo, quien le expresó: "No es otra cosa que propaganda comunista".
 

Según Dwiggins, la de Retalhuleu y otras bases en el istmo centroamericano y en el Caribe serían utilizadas, en "una fantástica operación aérea programada para algún momento del año 1961, para lanzar un ataque coordinado contra Cuba". Describía la operación aérea que meses después, en efecto, se emprendería, con una sorprendente precisión de detalles. También se refirió a la existencia de una poderosa radioemisora que la CIA estaba haciendo operar desde las Swan Island (Islas del Cisne), territorio históricamente propiedad de Honduras pero que una misteriosa compañía estadunidense retenía como si fuese propiedad del gobierno de su país. La radio Swan, junto con la radioemisora WRUL, llenaban el espacio radiofónico de todo el Caribe, incluyendo programas contrarrevolucionarios como el llamado "Rosa de la Habana" (Havana Rose). Desde ellas se difundiría también la orden de invasión a la Isla, así como los llamados a la rebelión interna una vez producida la agresión en Playa Girón.
 

El legado de Eisenhower
 

Las revelaciones de Dwiggins se perdieron casi entre las noticias de la prensa diaria. The Nation era apenas un semanario que circulaba en los sectores liberal y demócrata de la intelectualidad estadunidense y los monstruos del periodismo escrito --The New York Times, el Washington Post, Los Angeles Times, etc.-- seguían mostrándose ignorantes de los preparativos de invasión, mucho más probables desde que el 3 de enero de 1961 y entre otros legados que la administración Eisenhower legó a la de su sucesor Kennedy, aquélla rompió relaciones con la de Fidel Castro, mientras arreciaban las denuncias de que aviones "no identificados" estaban dejando caer bultos con armas y pertrechos sobre distintos puntos de la isla.
 

Antes de que Kennedy asumiera formalmente el 20 de enero de 1961 la presidencia de Estados Unidos, The New York Times había enviado de nuevo a Guatemala a su corresponsal Paul Kennedy, para que continuara averiguando cuán cierto era lo de la base de Retalhuleu. El 10 de enero, ahora en primer página, el Times publicaba un despacho que de hecho ratificaba las denuncias contenidas originalmente en The Nation. Aunque siguiendo su peculiar estilo del "equilibrio de la noticia", mencionaba "los preparativos militares de Guatemala para lo que los guatemaltecos consideran que será un choque inevitable con Cuba", la crónica de Paul Kennedy dejaba en claro que los preparativos corrían por cuenta de Estados Unidos y de los exiliados cubanos y nada tenían que ver con Guatemala: "Fuerzas tipo comando --registraba-- están siendo adiestradas en tácticas de lucha guerrillera por personal extranjero, en su mayoría procedente de Estados Unidos, quien colabora también materiales e instalaciones terrestres y aeronáuticas".
 

Con todo lo cautelosa que fue la nota del Times, tuvo por virtud la de decidir a su colega sureño, el Miami Herald, a romper el bloqueo. El 11 de enero, en efecto, destapaba lo de la base de Retalhuleu con esta significativa explicación: "La publicación de la presente historia sobre el puente aéreo Miami-Guatemala ha estado retenida durante más de dos meses por el Herald. Esta edición se resolvió solamente después de que la ayuda de Estados Unidos a los combatientes anticastristas en Guatemala se reveló primero en otra parte".
 

Esto de "otra parte" aludía por cierto al The New York Times y al St. Louis Post Dispatch como mínimo. Revelaba además que el Miami Herald conocía los hechos desde antes de que los comentara The Nation y, entre líneas, descubría la existencia de un acuerdo tácito de la prensa --no era posible determinar si se debía a una expresa petición gubernamental-- de no menear el tema de Retalhuleu, acuerdo que habría sido roto por presión de la competencia noticiosa desatada desde que The Nation lo hizo público.
 

Así se explica que el semanario Time, que en su edición del 13 de enero se había mofado de "los continuos chillidos del pequeño melodrama sobre una invasión", en la edición siguiente del 20 de enero informó que los unificados grupos anticastristas en Estados Unidos representados por el Frente Revolucionario Democrático (FRD) estaban recibiendo un aporte de 500,000 dólares de Estados Unidos y que "la operación total" estaba dirigida por la CIA.
 

Ya no podía pedirse mayor claridad y exactitud. La prensa "grande" se había decidido por cumplir siquiera parcialmente con su misión profesional. De cualquier manera, iba a persistir en el juego del ocultamiento mayor y del diversionismo informativo, tanto para lo interno como para el exterior, vía agencias como UPI y AP.

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1. "Denunció Smathers que La Habana prepara intervenciones violentas", cable de UPI en La Prensa, Buenos Aires, 2 de noviembre de 1960, p. 2.

2. "En las Naciones Unidas", cable de UPI en La Prensa, Buenos Aires, 3 de noviembre de 1960, p. 2. Coronado Lira había formado parte del "Ejército de Liberación" de Castillo Armas en 1954, y a continuación su vocero de prensa. El 9 de abril de 1967, siendo embajador en la Argentina, el régimen de Onganía pidió su inmediato retiro, tras habérsele comprobado que utilizaba regularmente la valija diplomática para ingresar contrabando de prendas de nylon, perfumes y bebidas que vendía en Buenos Aires eludiendo las regulaciones aduaneras.

3. Cfr. Hispanic American Report, Vol. XIII, No. 8, noviembre de 1960, publicación del Institute of Hispanic American and Luso-Brasilian Studies, de la Universidad de Stanford, California.

4. "Are We Training Cuban Guerrillas?", editorial de The Nation, New York, 19 de noviembre de 1960.

5. Cfr. James Aronson, The Press and the Cold War, Cap. 11, pp. 153-169, "The Bay of Pigs". Boston: Beacon Press, 1970.

6. Victor Bernstein/Jesse Gordon, "The Press and Bay of Pigs", en Columbia University Forum. Fall 1967.

7. James Aronson, op. cit., p. 156.

8. Más tarde, Marroquín Rojas resultó electo vicepresidente de Guatemala, acompañando al mandatario Julio César Méndez Montenegro (1966-1970).

9. Bernstein/Gordon, op. cit.

10. Don Dwiggins, "Guatemalas Secret Airstrip", en The Nation, New York, 7 de enero de 1961, pp. 7-9. 


Prensa Latina - México

El Día - México

17-7-86
 

Triste papel del régimen hondureño: el derecho de peaje lo cobra el ejército
 

La explosión del contragate o escándalo de los dineros de la contra una de cuyas partes fue a dar a las fuerzas armadas de Honduras, así, en forma global y sin identificación de generales, coroneles o tenientes coroneles receptores del bribe o soborno, sigue dando que hablar en ese país tanto como en Estados Unidos.
 

Los 35 integrantes del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (COSUFFAA), que es la corporación que realmente gobierna en Honduras desde principios de la década de 1960 digan lo que dijeren el presidente José Azocan y su aborregado congreso, trató de paliar el efecto de ese nuevo estallido con la creación de una comisión investigadora integrada por militares cuyos nombres no fueron dados a conocer, organismo que, lógicamente, no tardó mucho en declarar la total inocencia de los uniformados. Esa autoabsolución no evitó que se supiera, por boca de Michael Barnes, representante demócrata por Maryland, que por lo menos 742.939 dólares acordados como "ayuda humanitaria" a la contra fueron entregados el 18 de noviembre de 1985 a las fuerzas armadas de Honduras, y que otros 450.000 dólares fluyeron el 10 de enero de 1986 hacia el comandante en jefe del ejército, general Walter López Reyes.
 

El que ese militar ya no ejerza aquella áulica función, no disminuyó la gravedad de la denuncia de Barnes. Es harto sabido en Honduras que ningún oficial, de teniente coronel para arriba, vive de su sueldo nominal. Los invisibles "extras" constituyen su verdadera remuneración al margen de lo que disponen los presupuestos oficiales. De otro modo no se explicarían las suntuosas mansiones y demás propiedades de generales y coroneles, cuyo costo no podrían solventarlo con su mero sueldo. Dos años atrás, Walter López mismo declaró en público que su sueldo mensual era de 7.000 lempiras (unos 3.500 dólares) y en esos mismos instantes se hacía público que su antecesor en la jefatura, el general Gustavo Álvarez Martínez, que apenas duró en su cargo dos años y que fue expulsado y exiliado por sus propios camaradas de armas, poseía una flamante residencia valuada en un millón y medio de dólares. Multiplicando 3.500 dólares por 24 meses, la cifra totaliza 84.000 dólares. Aun si los hubiera ahorrado toditos, no le habría bastado para dar un enganche al vendedor. Por lo demás, pagaba al fisco unos 500 lempiras anuales como impuesto a esa propiedad, declarada como terreno baldío.
 

De ese tipo de liberalidades está formada la corrompida economía hondureña, por otra parte una de las más pobres del Continente. En ese cuadro el sector de la oficialidad de las fuerzas armadas es la rama de la administración pública mejor remunerada. El presupuesto anual que se reconoce para esa rama es de 75 millones de dólares aproximadamente, al cual deben agregarse, desde 1981 hasta ahora, asignaciones como mínimo similares a aquélla acordada por Estados Unidos en concepto de "ayuda militar", que incluye armas y equipos pero también pagos "en negro".
 

Cuando Walter López quedó maculado por la denuncia de Barnes, remitió una carta al embajador John Ferch solicitándole "con urgencia la rectificación respectiva", aduciendo que era una imputación lesiva a su "persona, la honor de las fuerzas armadas y a la dignidad de mi país", conceptos éstos de dudosa existencia y de mucho más fácil probanza. López llevó su santa indignación a exigir al gobierno de Washington "la presentación de pruebas". A ese respecto siempre es recordable la anécdota del mexicano Luis Cabrera, quien había acusado a un político por un delito parecido. Como el agraviado le demandara la presentación de pruebas, Cabrera le respondió: "Yo lo acusé a usted de ladrón, no de imbécil".
 

Después de la autoabsolución decretada por los militares y de esta exigencia de López a Ferch, el ahora ex embajador en Honduras se procuró una fotocopia del cheque de 450.000 dólares que el ahora también ex comandante del ejército negó que hubiera pasado por sus dedos. Ferch la obtuvo del Banco Central. Es sabido que ante tan flagrante prueba López intentó una disculpa idiota: "Puede ser que en el gran volumen de papeles que tuve que firmar, haya pasado un cheque para las fuerzas armadas". Y por ahí fue a dar, de nueva cuenta, a la literatura fantástica de Honduras, eso del "honor de las fuerzas armadas" y de la "dignidad" del país.
 

Con la misma impavidez López había afirmado a Ferch: "Nunca he formado parte o intervenido en un esquema político-militar de la insurgencia nicaragüense". Es claro que Ferch sabía cuánto de mentira había en tamaña desmentida, pero no podía, por obvias razones, indicarle que más le valía no menear el tema. López exageró su desafío: "Un cheque por 450.000 dólares debió haber sido tramitado por el Banco Central o depositado en un banco privado. Es increíble pensar que una suma de esa magnitud pueda perderse de manera tan fácil". Ferch no tardó en probarle que el cheque llevaba su firma y se hallaba en el Banco Central. Pero eso le costó su cargo de embajador en Honduras. Su superior, Elliott Abrams, nunca tuvo sentido del humor y menos aún para asuntos de los contras.
 

Tampoco los mílites hondureños tienen sentido del humor y fueron ellos los que airadamente exigieron la destitución de Ferch. El diplomático no sólo los había dejado en ridículo sino que los había desnudado en su papel de comparsas de la agresión contra Nicaragua. Un papel que tiene precio en dólares. Es el "impuesto de guerra" o el "derecho de peaje" por su complicidad y su silencio. Los principales nombres de jefes y oficiales implicados en este tráfico de servicios y remuneraciones mutuas corre en boca del pueblo hondureño. No así en la prensa escrita o electrónica, que bien sabe que si puede ocasionalmente atacar a la corrupción de los sectores civiles, públicos o privados, es peligroso introducir el bisturí dentro de la crápula castrense doméstica, la que no vacila siquiera en exterminar, llegado el caso, a los suyos propios que se rebelen, como lo indica el asesinato del mayor Ricardo Zúñiga Morazán, hijo del líder conservador Ricardo Zúñiga Augustinus.
 

López sabe, como lo sabe también el cuerpo de oficiales representado en el COSUFFAA, que no menos de 1.400 kilómetros cuadrados de territorio de Honduras está controlado, y en parte ocupado o utilizado por los contras en sus operaciones militares contra Nicaragua. Conoce sus refugios, sus emplazamientos, sus lugares de concentración, sus plataformas de dispersión, sus almacenes, depósitos y campos de entrenamiento, en cada uno de los departamentos fronterizos con Nicaragua. Malos profesionales serían si ignoraran esa ocupación de sus tierras por extranjeros armados que con su presencia y actividad y solo en el departamento de El Paraíso, han provocado la ruina de los caficultores hondureños, que por medio de la Asociación Hondureña de Productores de Café (AHPROCAFÉ) están demandando al gobierno de Estados Unidos una indemnización de 50 millones de dólares por sus pérdidas. Apuntan bien los damnificados. No podrían hacer la misma reclamación a las fuerzas armadas de su patria, no menos culpables, por consentimiento, de esa situación. ¿"Honor", "dignidad"? ¿Cómo, dónde, cuándo? 


Prensa Latina - México

El Día - México

18-7-86
 

Presunto plan de la CIA: instalar un gobierno contra en Puerto Cabezas
 

Entre los variados planes de contingencia acutalmente en consideración por los expertos del Consejo de Seguridad Nacional, del Pentágono, de la CIA y del Departamento de Estado, el que por ahora cuenta con mayor confiabilidad es, de acuerdo con filtraciones --quizás premeditadas, quizás no tanto-- el de establecer en la ciudad más próxima de Honduras en la Costa Atlántica, Puerto Cabezas, un gobierno provisional títere respaldado por los rebeldes indígenas de la región adecuadamente adiestrados para combatir.
 

De Puerto Cabezas salió la flota que condujo a los cubanos anticastristas reclutados por la CIA y militarmente instruidos por esa agencia, en su viaje de invasión a Playa Girón, Cuba, el 17 de abril de 1961. Los barcos, también adquiridos por la CIA, fueron complementados por cerca de una docena de aviones que emplearon la aeropista, ampliada y adecuada al efecto, del mismo puerto. La expedición fue personalmente despedida por el entonces presidente de Nicaragua, Luis Somoza Debayle, cuya exhortación final a los ciáticos fue: "¡Traedme un par de pelos de la barba de Fidel!" El hijo mayor de Anastasio Somoza García y hermano de Anastasio Jr., no vio cumplido su anhelo por las razones conocidas del fracaso. Pero además murió al poco tiempo víctima de una dolencia cardíaca.
 

A juicio de los estrategas estadunidenses, Puerto Cabezas ofrece la ventaja de ser un puerto atlántico, pero además sería fácil de defender por tierra, de cualquier contraofensiva sandinista; utilidad anexa sería la de su relativa proximidad a la frontera de Honduras y la de que la región es el habitat de etnias indígenas que además de conocerla palmo a palmo, están hoy parcialmente enfrentadas al gobierno central de Managua. El asentamiento del gobierno títere facilitaría la labor diplomático-política estadunidense en el exterior y, en una instancia definitiva, su reconocimiento oficial por Estados Unidos. La zona sería a la vez plataforma de ampliación del control militar de esa frontera marítima hasta su encuentro con la desembocadura del río San Juan, límite con la República de Costa Rica. Del mismo modo lo sería para las actividades militares contras en dirección hacia el Océano Pacífico.
 

Según las versiones, lo más importante del equipamiento militar de los contras para la próxima etapa de la agresión consiste en lanchas rápidas artilladas capaces de actuar en el mar, en los ríos y en los lagos de Nicaragua; aviones, avionetas y hasta helicópteros; pero fundamentalmente para artillería antiaérea, incluyendo los sofisticados cohetes SAM. Los 100 millones de dólares de ayuda a los contras, solicitados por Reagan y acordados por el Congreso de Estados Unidos, en su mayor parte se destinarían a sufragar el costo de esos equipos.
 

Desde su ingreso militar en Honduras en 1981, Estados Unidos ha construido trece pistas aéreas militares, o bien amplió las existentes o, como en el caso del aeropuerto de Palmerola, lo transformó en el más importante de Centroamérica desde el punto de vista estratégico. La mayor parte de estas aeropistas o aeródromos tienen capacidad para el despegue y aterrizaje de los transportes C-130 y de los más avanzados tipos de aeronaves de combate, ya que su pista fue ampliada hasta 10.000 pies de longitud. La aeropista de Puerto Lempira fue ampliada hasta 6.000 pies de longitud, la de Rus Rus hasta 5.000 pies de longitud y la de El Aguacate (base aérea Lobo), hasta 5.500 pies. Estas tres últimas, las que más conectadas están con el aprovisionamiento logístico a los contras, se verán reforzadas con la habilitación del aeropuerto de Durzuna, en Mocorón, sede del 5o. Batallón de Infantería, al mando del teniente coronel Mario Amaya Amaya. Al ser inaugurada esta aeropista, el 22 de abril pasado, se le preguntó "si los contras podrían ser entrenados por los boinas verdes en su jurisdicción". El interpelado respondió: "Yo sólo cumplo órdenes". Durzuna está ubicado a 27 kilómetros de la frontera con Nicaragua, en el departamento de Gracias a Dios, en la Mosquitia hondureña.
 

El 9 de julio, el general John Galvin, jefe del Comando Sur del ejército de Estados Unidos con sede en Quarry Heights, ex Zona del Canal, Panamá, inauguró una nueva pista para aviones de todo tipo en el aeropuerto de Golosón, sobre la Costa Atlántica hondureña. Dijo en la ocasión que con ésta eran tres las instalaciones de esa clase construidas en Honduras con financiamiento norteamericano. En el caso de Golosón, el costo fue de tres millones de dólares. Estas obras, en unión de las de Rus Rus, Puerto Lempira y Durzuna, constituyen el dispositivo aéreo más cercano a la frontera con Nicaragua en el sector menos poblado de este país y por lo tanto el menos guarnecido militarmente. Las construcciones y establecimientos, incluyendo depósitos y almacenes, sólo tienen explicación en el marco de los preparativos bélicos estadunidenses en la región.
 

Son estas construcciones las que, a juicio de observadores en Washington, refuerzan la teoría de que será en esa región donde se instalaría el grueso de los combatientes contras y eventualmente la sede del gobierno títere gestado y sostenido por Estados Unidos. 



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