Ana María Machado.
|
Ana
María Machado:
en la encrucijada de nuevos caminos Premio Andersen 2000 Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez Imposible sintetizar en unas pocas líneas la trayectoria de una intelectual que ha incursionado en distintos géneros de la ficción –cuentos, novelas, poemas, obras de teatro–, ha escrito crítica y ensayo, y ejerció el periodismo en Brasil, Inglaterra y Francia. Ana María Machado fue, asimismo, una de las directoras de Quinteto Editorial; ha traducido al portugués clásicos de la literatura anglosajona como Peter Pan y Wendy y El jardín secreto; ha impartido cátedras universitarias; y fundó en Rio de Janeiro la librería Malasartes, la primera de su país especializada en libros para niños. Además, tiene un título de doctora en lingüística en la Ecole Practique des Hautes Etudes, en París, obtenido con una tesis dirigida por Roland Barthes. Sobre Ana María, escribió su compatriota Lygia Bojunga Nunes (ganadora del premio Andersen en 1982): “Leyendo a Ana, contadora de historias de primerísima calidad, una de las cosas que más me atrae es la presencia constante de una formidable visión crítica de nuestra sociedad y del mundo”. Junto a una amplia producción bibliográfica dirigida a lectores infantiles y juveniles –en la que sobresalen títulos claves para la evolución de esa zona de las letras en su país, como Historia medio al revés (1979), Raúl de la herrumbre azul (1979), Palabras, palabritas, palabrotas (1981), De olho nas penas (1981) y Bisa Bea, Bisa Bel (1982), por citar unos pocos–, Ana María Machado es autora también de varias novelas destinadas al público adulto, como Alice e Ulisses (1983), Tropical sol da liberdade (1988), Aos quatro ventos (1993) y O mar nunca transborda (1995).
Ganadora en varias oportunidades de los premios al mejor libro infantil y juvenil otorgados por la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil (sección brasileña de IBBY), del premio Jabuti de la Cámara del Libro de Brasil y del premio de la Asociación Paulista de Críticos de Arte, así como del premio internacional Casa de las Américas, concedido en La Habana, la medalla Hans Christian Andersen, que entrega cada dos años la IBBY, le ha sido concedida en la plenitud de su capacidad creadora. Esta introducción no debe omitir que, además de todo lo
señalado, Ana María es una mujer encantadora y una extraordinaria
compañera de paseos. Recorrer junto a ella las calles coloniales
de La Candelaria, en Bogotá, o las del barrio Gótico, en
Barcelona –y comprar amarillentas aleluyas en una librería de uso,
o probar las delicias de los restaurantes del mercado de La Boquería–,
es siempre una experiencia intelectual inolvidable. Y es que su vasta cultura,
su agudo sentido del humor y su maravillosa humanidad, hacen de su conversación
una experiencia tan deliciosa como la lectura de sus libros.
No creo que pueda decir que la escritora desplazó a la pintora, no es exacto. Sigo siempre pintando, pero es un espacio totalmente de goce y libertad, sin ninguna exigencia de ser excelente ni mantener un nivel ya obtenido por la obra anterior. Además, la pintura para mí no está metida directamente con lo conceptual, es más cercana a la intuición. Me completa de otra manera, distinta de la literatura. Por una parte, escribes libros para niños; por otra, complejas novelas para adultos. ¿Son dos mundos o uno solo? ¿Qué los une o los divide? Es un solo mundo, el del lenguaje que busca el sentido de existir, que relata y que quiere hacerlo de manera nueva.
¿Existe un hilo conductor, un propósito o idea que enlace las novelas que has escrito para los lectores adultos? Seguramente hay un hilo conductor en cada una de ellas. Pero son distintas
entre sí. Tratan de cuestiones éticas en las relaciones entre
personas –de amor, de amistad, de familia. Se ocupan del tiempo y de los
cambios que el tiempo trae. No creo que yo sea la persona más indicada
para analizarlas desde afuera y señalar lo que pueden tener en común.
En general, los críticos hablan de mi lenguaje y de los personajes
fuertes. Pero creo que, a lo mejor, lo que tienen en común es que
todas dialogan de alguna manera
¿Cuáles son tus gustos como lectora? Mis gustos son muy variados. Me encanta, sobre todo, leer novelas, poesía
y ensayos inteligentes y claros. He leído mucho a Hemingway, Camus,
Thomas Hardy, Clarice Lispector, Guimaraes Rosa, Lya Luft. Siempre releo
a Machado de Assis y Eça de Queiros. Algunos autores contemporáneos
que amo: Italo Calvino, García Marquez, Margaret Atwood, Jose Saramago,
John Fowles en ficción. Vale decir que la ficcion inglesa contemporánea
me interesa mucho: Anthony Burgess, A.S. Byatt, y tantos
¿Qué se siente al ser escritora en un país de 150 millones de habitantes donde la tirada promedio de una novela es de tres mil ejemplares? Aunque yo tenga la dicha de ser una escritora que ya vendió en ese país siete millones de copias (y dicen que los libros infantiles tienen un promedio de cuatro lectores por copia), no hay dudas de que me siento muy preocupada con el problema del aceso al libro en Brasil. Soy una militante de la lectura y trabajo con maestros para que puedan despertar a sus alumnos para que lean. He trabajado para el libro en muchas instancias distintas: dicté clases de literatura (en la secundaria y la universidad), fui crítica, editora, librera (por 17 años). Creo que el contacto con la literatura es uno de los derechos básicos del ser humano. En una oportunidad escribiste que no cambiarías por ninguna otra la época que te ha tocado vivir, ¿sigues siendo una mujer en la encrucijada de nuevos caminos? Sin dudas. Cada vez más. Algunos afirman que en el siglo XXI las mujeres desempeñarán un papel destacado, que tendrán mayor participación en la vida social y una mayor realización personal. ¿Qué opinas al respecto? Espero que sí. No sólo porque es justo y lo merecemos, sino también porque el mundo lo merece.
¿Qué significa recibir el premio internacional Andersen? Significa, primero, un reconocimiento internacional de la calidad e
importancia de un tipo de literatura para niños y jóvenes
que hacemos en América Latina. Una literatura que nace de una necesidad
de expresion de un autor y no del encargo comercial de un editor después
de una investigación económica de mercado. Además,
como brasileña, escribiendo en portugués, significa también
una esperanza de que logremos salir un poco del gueto de esta nuestra lengua
tan bella, pero tan desconocida, que funciona siempre como una barrera
intransponible. Es una paradoja; una lengua hablada por millones de personas,
mucho más que el francés o el alemán, pero sin embargo
ignorada del mundo, viviendo una condición de minoritaria.
Las vidas cambian siempre. No tengo cómo evaluar si con el reconocimiento cambiará más que con el desconocimiento. Yo soy la misma. Lo que hago sigue teniendo las mismas calidades o errores que tenía antes. Pero nada sigue siendo lo mismo. Sólo me preocupa el esfuerzo para no creer en apariencias superficiales y seguir fiel a lo que es esencial. ¿Cuál es tu mayor deseo cuando escribes un libro para los niños? Que sea bueno, lo mejor de mi capacidad. Y que lo lean, lo entiendan, en lo mejor de la capacidad lectora de quienes lo reciban. Se habla mucho de la importancia de la oralidad en tus libros para niños. ¿Tus oídos son importantes a la hora de escribir? Mis oídos son importantísimos en todas las horas, incluso en las de escribir. O de recordar. O de imaginar. O de leer, incluso cosas que me hacen preguntar sobre el autor: "¿Qué pasa? ¿Ese tipo no tiene oídos? ¿No oye lo que dice la gente? ¿Cómo puede escribir algo tan falso?" Creo que los oídos son fundamentales, porque nos permiten recibir la voz del otro. Si no les damos importancia, nos quedamos en un vértigo de subjetividad. Si alguien que no ha leído tus libros para niños quisiera conocer tu obra, ¿cuál título le recomendarías para comenzar a adentrarse en ella? Bisa Bea, Bisa Bel. Ahí estoy entera.
|