Marlon Brando

Considerado uno de los mejores actores de
todos los tiempos, el excéntrico y mítico Brando encarnó y contribuyó a
crear en los años cincuenta la figura del joven en rebeldía contra la
sociedad. Su belleza física, su intensidad y su insondable método
interpretativo han brillado en numerosos papeles que conjugan gran expresión
emotiva, indiscutible inteligencia, una torrencial fuerza instintiva y un
misterio siempre presente tanto en su arte como en su vida de constante
búsqueda. Brando estudió en el Dramatic Workshop y en el Actors Studio de
Nueva York, especializándose en la técnica de Stanislavski. En 1944, debutó
en Broadway con la sentimental I Remember Mama, obra a la que siguieron Candida
y The Eagle Has Two Heads, en 1946. Al año siguiente fue el feroz
Stanley Kowalski en A streetcar named Desire (1947), de Tennessee
Williams, papel que habría de inmortalizarlo en el cine cuatro años más
tarde. En la década de los 50, Brando debutó en pantalla con Hombres
(1950), de Fred Zinnemann, en el papel de un veterano de guerra interpretado con
virtuosa intensidad. Tras ser lanzado al estrellato con Un tranvía
llamado deseo (1951), de Elia Kazan, fue un revolucionario
mexicano en ¡Viva Zapata! (1952) y Marco Antonio en Julio
César (1953), de Joseph L. Mankiewicz. En 1954, cautivó e intimidó al
público en el melodrama motociclístico Salvaje (1954) ganando
asimismo el Oscar por su papel en La ley del silencio (1954). El
mismo año, fue Napoleón en Desirée (1954) y, al año siguiente,
actuó en Ellos y ellas (1955). Le
siguieron las irregulares La casa de té de la luna de Agosto
(1956), Sayonara (1957) y Rebelión a bordo (1962). Trillada
su imagen de rebelde, Brando interpretó en los sesenta papeles de otra índole
en películas como Piel de serpiente (1960), de Sidney Lumet, Su
excelencia, el embajador (1963) y Dos seductores (1964),
en la que intentó una parodia de sí mismo. A finales de la década, cuando su
celebridad había descendido, destacó en Reflejos en un ojo dorado
(1967) y Queimada (1969). Recuperado su poder para atraer al gran
público con su magnífica interpretación de Don Vito Corleone en El
padrino (1972), con la que ganó su segundo Oscar, brilló en El
último tango en París (1972) y a continuación anunció su retiro del
cine, interrumpido sin embargo en varias ocasiones: en Missouri
(1976); como el padre de Supermán, la película (1978); en Apocalypse
Now (1979); en El novato (1990); y en Don Juan De
Marco (1995), así como en The Brave (1997), dirigida por
Johnny Depp. Este extraño y para muchos entrañable personaje que se mantiene
obeso y alejado de la prensa, rechazó en 1972 su segundo Oscar y ha vivido
durante años en Tahití, ajeno a Hollywood y sus modelos. Creó un estilo
intenso y una técnica interpretativa que han marcado la evolución de diversos
actores, desde James Dean hasta Robert De Niro. En 1994, publicó su autobiografía, Songs my Mother
Taught Me.