| Joel Emmanuel Hägglund
nació en Gävle (Suecia) el 7 de octubre de 1879.
Su padre, Olof, era un trabajador ferroviario que tuvo nueve
hijos, de los cuales Joel fue uno de los seis que lograron sobrevivir.
La familia Hägglund eran feligreses devotos de la iglesia
protestante, en la que aprendieron música. Joel tocaba
el órgano, el piano, el acordeón, el banjo, la
guitarra y el violín. En alguna ocasión comentó
que disfrutaba más tocando el violín que comiendo.
Su padre murió en 1887 y su madre en 1902. Los hijos tuvieron
que vender el hogar familiar y la familia se disolvió.
Joel emigró a Estados Unidos en compañía
de Paul, uno de sus hermanos, bajo el nombre de Joseph Hillström.
Llegó a Nueva York en octubre de 1902. Los hermanos Hägglund
habían estudiado inglés en Suecia. Tenían
una imagen idílica de Estados Unidos como la tierra prometida,
el paraíso idílico de la prosperidad para todos.
Pero nada más llegar el emigrante sueco Joe Hill se dio
de bruces con la evidencia. Tuvo ocasión de conocer a
fondo la realidad capitalista más salvaje, al recorrer
los Estados Unidos de costa a costa desde Nueva York hasta Hawai,
como hobo en los trenes de carga o de polizonte en los
barcos, trabajando en las minas, en la industria maderera y como
estibador de los muelles. Su ingenuo mito se rompió pronto
por las duras condiciones de trabajo y la salvaje explotación
que padecían los trabajadores inmigrantes. Se estableció
finalmente en California y cambió otra vez su nombre por
el de Joe Hill. En 1910 se afilió al sindicato IWW, los
wobblies y fue uno de los dirigentes de la huelga de los trabajadores
del muelle de San Pedro, en California. En 1912 le apalearon
dejándole una cicatriz durante un mitin en San Diego.
El sindicato IWW comenzó a utilizar la música para
atraer la atención de trabajadores en reuniones sindicales,
e incluso en las esquinas de los barrios obreros. Hill compuso
canciones revolucionarias que aparecían en los periódicos
del sindicato, Industrial Worker y Solidarity. La fórmula
del IWW consistía en poner estrofas pegadizas y combativas
a las canciones populares y a los himnos que cantaban los trabajadores.
Hill solía decir que un libro es bueno, pero pocas veces
se lee más de una vez, mientras que una canción
se aprende de memoria y se repite continuamente. Esa era la fuerza
de la música como instrumento de lucha obrera. El sindicato
recopiló todas esas melodías, publicando un folleto
titulado Libro rojo de
canciones (Red Songbook) con repertorio
de himnos para las manifestaciones y piquetes de huelga. Estas
canciones tuvieron una extraordinaria importancia, ya que la
mayor parte del proletariado estadounidense era inmigrante y
apenas hablaban inglés ni ningún otro idioma común.
Hill era un decidido partidario de la incorporación de
las mujeres trabajadoras a la lucha de clases. A causa de su
lucha sindical los capitalistas dejaron de contratarle en California,
y tuvo que trasladarse a Utah, donde comenzó a trabajar
en unas minas cerca de Salt Lake City. Allí ayudó
a organizar en 1913 una huelga en la empresa United Construction
Company. Poco después de esta lucha, un antiguo policía,
John B. Morrison, fue asesinado junto con su hijo Arling de 17
años en un asalto a la tienda de comestibles que regentaban
en Salt Lake City. Le dispararon dos individuos que penetraron
en ella enmascarados. Su hijo trató de repeler la agresión
y, aunque logró herir a uno de ellos, fue también
abatido por los disparos. Un segundo hijo consiguió escapar
escondiéndose en la trastienda. Morrison siempre había
manifestado que había dejado de ser policía porque
le habían amenazado debido a alguna detención que
practicó. En la misma noche del asesinato, el 10 de enero
de 1914, Hill había sido atendido por Frank McHugh, un
médico de ideas socialistas, a causa de una herida de
bala en su hombro izquierdo en su consulta de Murray. Hill le
dijo a McHugh que había sido herido en una pelea por una
mujer. Además el médico pudo comprobar que Hill
iba armado con un revólver. A pesar de sus ideas socialistas,
el médico denunció a Hill a la policía al
leer a la mañana siguiente la noticia del doble asesinato
en la tienda de Morrison. De acuerdo con la policía le
tendió una trampa a Hill, citándole en su consulta
tres días después de la cura, durante la cual le
dio un sedante para que la policia pudiera detenerle más
fácillmente. La policía ya conocía sus actividades
sindicales. Relacionar el asalto a la tienda con la herida de
Hill era lo más sencillo, así que aprovecharon
la oportunidad para deshacerse de él. Lo detuvieron inmediatamente
rompiéndole los huesos de una mano de un golpe. Hill rechazó
confesar cómo se hizo la herida y tampoco dio el nombre
de la mujer con la que había pasado la noche para evitar
comprometerla, porque estaba casada. Se quedó sin coartada
aunque arriesgaba una condena a muerte porque Hill fue acusado
del asesinato de Morrison y su hijo. Los dirigentes de IWW denunciaron
que la detención de Hill era un ataque directo al movimiento
sindical. Los capitalistas del oeste, especialmente los empresarios
mineros del cobre de Utah, habían conspirado para quitarse
de enmedio a Hill con ayuda de Harry MaCrae, director de una
agencia privada de detectives. Incluso el gobernador del estado,
William Spry, admitió que deseaba utilizar el caso "para
frenar a la calle que ruge" y para despejar el estado de
sujetos sin ley y agitadores del IWW. A pesar de ello fue declarado
culpable de asesinato y condenado a muerte. Le dieron a elegir
entre ser ahorcado o fusilado. Joe Hill personifica la más
pura tradición de la canción revolucionaria. Quería
componer canciones para aventar las llamas del descontento, y
lo consiguió. Nunca grabó discos, pero los 53 temas
que compuso se siguieron cantando en los piquetes de huelga,
en las reuniones sindicales, en los mítines y en las manifestaciones.
No conservamos su voz, pero sí sus canciones que, aún
hoy, forjan los emblemas de la unidad y la solidaridad entre
todos los obreros. La antorcha que él prendió sigue
encendida. (Fuente: PCE) |