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Unos lo
aman, otros lo odian
Cuauhtémoc Blanco, el jugador más
polémico de México
MÉXICO (EFE) --
Cuauhtémoc Blanco, el delantero de las Aguilas del América, se ha convertido
en el tipo de jugador ante el cual los hinchas no pueden permanecer
indiferentes; o le rinden culto como a un dios, o lo odian, incluso fuera de
la cancha.
Aunque para muchos es el mejor jugador mexicano de la liga,
Blanco sigue actuando como un principiante y no pasa una semana sin que se
gane las portadas de los diarios, casi nunca por su mejor virtud, el manejo
del balón.
Sus seguidores le dicen "Temo" y lo ven como un ejemplo de superación
personal; además de que lo califican de héroe porque soportó el clima hostil
de la miseria en el barrio pobre de Tepito, donde creció, y hoy es un ganador.
Lo contrario ocurre con sus detractores que no lo soportan y se inspiran en su
apellido para enviarle dardos y calificarlo de arrogante, mientras piden la
guillotina para un hombre desafiante de las reglas más simples de urbanidad en
el fútbol local.
En un juego del América puede esperarse cualquier cosa de Blanco, lo mismo se
tira en el suelo tres o cuatro veces por cada tiempo, que le mienta la madre
al árbitro o finge orinar en la portería como un perro, una de sus formas de
burlarse de los arqueros.
La verdad es que el delantero no es tan bueno como cuando anota goles
elegantes ni tan malo como cuando ofende a los rivales; y si siempre está en
el ojo de la tormenta es porque su personalidad despierta pasión y todo se
exagera al referirse a él.
Nadie discute que Cuauhtémoc es una pesadilla para los árbitros, pero tan
incisivos como él son el paraguayo José Cardozo, el mejor goleador de la liga
en los últimos años, o el portero mexicano Oswaldo Sánchez, y ambos son
intocables hasta para los medios.
La diferencia está en que Cardozo, Sánchez y otros futbolistas de carácter
fuerte en el circuito son inteligentes con los medios, mientras que Blanco no
soporta a los reporteros y no se esconde para hacérselos saber, se burla de
ellos y los veta por iniciativa propia sin que nadie pueda evitarlo.
Eso le cuesta caro y cuando se equivoca, algo común, los periodistas le caen
encima y exageran sus faltas como hace par de días, cuando provocó una gran
pelea contra los jugadores del club Sao Caetano, y los medios sólo mencionaron
su nombre y olvidaron a otros que igual formaron desorden.
Con el pretexto de su actitud antideportiva, el jefe de los árbitros de la
liga dijo que era hora de empezar a castigar a Blanco, algo sorprendente
porque si Blanco causa desórdenes en la cancha es porque desde hace años, los
árbitros se hacen los de la vista gorda con sus actitudes.
De cualquier manera, sus irreverencias le dan color al fútbol mexicano y si
bien está lejos de ser el jugador "fair play" de México, es el menos aburrido
o al menos al que los medios acuden cada vez que hace falta una buena portada,
de esas que el goleador garantiza, aún sin abrir la boca.
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