Yo soy la muerte / libro
completo de López Dzur

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Cartas Recibidas

Biografía

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Yo soy la muerte

Dedicatoria

Meditatio mortis

PRIMERA PARTE
Narrativas del yo cesativo
Ella no es
Mensaje
El dragón
La baya
Nexos
Transformación
Solidaridad
Estado gestatorio
A María Songo
Causalidad
Metamorfosis
La inesencia
La presencia adversa
La alegría incuestionda
Vanadis
Los enanitos
Los falsos sentidos
Te conozco
Llámame Deseo / Alegría
Yo soy la muerten (1)
Sobrevivencia del amor
La ursulina
Los nihilistas
Los alacranes
Los chupasangre

Introducción a la Laguna
La laguna
Las alas rotas
Las cucarachas

SEGUNDA PARTE
¿A dónde vamos?
Giman
De la transitoridad
El gusano negro
La soledad
Elegía a Victor Emilio «Chato»
Elegía a mi madre
Kaddish / In memoriam

TERCERA PARTE
Labores y memorias de Juanito Pana
Troglodita silenciosa, la muerte
¡Qué pena de advenir y carrusel!
A Moncho Lira
El negro Atán
Murió Sandalio La Yegua
El líder de «Los Sucios»
Don Aguedo y Juanito Pana
Olga Clavelillo murió de amor
La muerte mandó un destrozo
A Ramón Durand
María Peregrina
El gran señor
Hipocresía
La muerte generosa
Házme fiesta hoy, Cosabella
Doña Dolores pateaba el ataúd
Se acabó el velorio
Lamento de Moncho Lira
Memorias de Luis Vélez
Meditación de Juanito Sacramento
A don Mayito el Zapatero

Oralidad de los demonios
Un demonio llamado Trujillo
Profetas de sombras
Oralidad
La intrusa
Los hermanos traicioneros
Mi hermana, la Oscura
La provocadora
Presentes
Viaje en la montura de un dragón
El expansionismo
Cementerio
Tragedia haitiana
Dos seres demónicos
¿Por qué deifican a ladrones y verdugos?
Un demonio llamado Henri
No tengas miedo
No irán a la barca de gloria
Oralidad para ser escrita
¿Qué es la muerte?
Los criminales
Los folcloristas del crimen
Hijos de mis cinco sentidos
Ego, cesa
Florecerás
Merde de gens
Los cínicos
Los obscenos
Llegaron los Marines
Los Catorce Grandes
El karma de Esaú
El dharma de Jacob
El ruido mundano
La primogenitura
Karma es ser-ahí
Excelencia de ladrón
Las palabras prestadas Los simulacros
Los vampiros
La filosofía del dinero
Los posmodernos
Obesos del consumo
Los buitres

CUARTA PARTE
La barca de la muerte
Reagan a bordo
Mala distribución
Las carencias
Para encadenar el pecado
Los elegidos
Horsarsipah
Isis / Isha/ Varona / Evé
We are ready for war!
Esperan a un asesino con amor
Ejecución de Rodrigo el judío
Matanza judía en Lisboa
Los cananitas de hoy
La Mano Invisible
La riqueza de lo simple
La muerte de Marcianita
La generación autómata
Los silenciosos
En la generación equivocada
A mamá
La mudez impura
Los imprudentes
El pluralismo cínico
La muerte del Tradicionalismo
Un demonio llamado Franco

La barca de la gloria
No necesitaré lo que ya tuve
Viajeros
La muerte habla por teléfono
Los suicidas
La memoria renovada
Los kármicos
La mordida
La muerte del hombre monológico
Murió Pascasio Lamourt
La barca de la medianía
La barca apropiada
El abuelo
La esencia reuniente
Llegó tu rey
Fernando se vistió de muerte
Para matar a la bruja
El Guayabal en llamas
Ha muerto tu rey
El sujeto fementido
El paladín mentiroso
Ya no me detengo
La gloria cavernaria
La nueva moral
La desesperanza
Espíritu
De la muerte a la vida
En la barca está un valiente
El asesino del sujeto
La Nueva Derecha
El cadáver en la bañera

La invención del alma
La reencarnación
El ladrón sublime
Mito-poema
Ibris
Marco Antonio y Cleopatra
La habladuría
El desafío
La muerte social
Los desinformadores
Los vendidos consagrados
La muerte mediática

Danza macabra

Obra personal

Estéticas mostrencas y vitales

Memorias de la contracultura

Las zonas del carácter

Amplificación incestuosa

Las reses

Meditación del ser

Breves Antologías

Kim clin clin

Homenaje a Pan

Fluidez del canto

La posibilidad del amor

La gente que me gusta

Para despertar a Leti

Fisiología de la excitación

Los senos cósmicos

Monografías

El independentismo en San Sebastian del Pepino (1848-1978)

Comevacas y Tiznaos / Partidas Campesinas Armadas en Pepino en 1898

Indice / Comevacas y Tiznaos

Maestros en San Sebastián (1900-1950)

La literatura pepiniana y el folclor

Bibliografía / La literatura pepiniana y el folclor

Los Tipos folclóricos de Pepino y la cultura popular e histórica

Tipos Populares / Folclor en Pepino

Literatos y poetas de San Sebastián

Pintores de San Sebastián del Pepino

Poesía

Tantralia (1)

Tantralia (2)

Tantralia (3)

Tantralia (4)

Tijuana

Las zonas del carácter (2)

Heideggerianas (1)

Heideggerianas (2)

Heideggerianas (3)

Heideggerianas (4)

Primera / Segunda Parte

Tercera

Libro de la Guerra (2)

Libro de la Guerra (3)

Libro de la Guerra (4)

Libro de la Guerra (5)

Fisiología de la excitación

Putamen

Dopamina

Homenaje a Pan

Homenaje a Hebe

Oir

Nihilismo nocturno

El amor existe

Gaitiana

Meditar el ser

Homenaje a Hebe

Letralia

Jacinta

Lo idílico

Tus piernas

El vacío

La casa donde llegas

Antología del Erotismo

Cuentos

Guillé el Loro

Mantillita

El Guabá

Crucito, el Feo

El exhibicionista

Marcianita Echeandía

El reportero y la diva

Como una amazona

El acto de Cobita

Fray Juan y el reloj

Heideggerianas / 3

Mi araña predilecta en el congal

El hombre que hablaba solo

Memoria del ultraje de Floris

Lot y el esquizoide

Evaristo

Las goteras

Meditatio mortis

Cada plano es una velocidad vibratoria… La muerte es un cambio en la velocidad de vibración… el proceso de entrar en niveles expandidos de consciencia y de cómo elegimos expresar la energía cósmica, que es la base de nuestro ser: Betty Bethards

* * *

Primera parte

Narrativas del yo cesativo


En la noche no duermo. La muerte me desvela.
Viene como el aroma. A pique estará de una ribera.
Adorno imaginario será de mis persianas.
Sin embargo ahí está como brisita fría.
Bajo mi sábana un resuello origina.

Entra a mi almohada. Juega,
salta la cuica en la cama.
Me pega muslos friolentos. Bien que diría:
No existe; pero, al final, con leve voz, la escucho:
¡Yo soy la Muerte, Carlos, natura rerum!

5-13-1989

*

Invitación

Este es su mensaje químico. Conclusivo.
Con ese olor se insinuará la hembra.
Una Dama es. Evocada como Madre de la Madre,
Madre-Tierra, materia prima, oscura y vil
para quien no le ama y desprecia
los dones de sus cinco sentidos.

«Ven a mi hiperespacio por tan sólo una noche».
Me mostrará la rosa de su mano, un cubo,
un sendero, la escalera, los dos mercurios,
el último obstáculo y la Nada.
«Quiero enseñarte sobre el gran arte
del morir», me dijo Ella, mi Loba.

5-13-1989

*

Ella no es

No. Ella no es madrejón ni seco río.
Ni habita siempre en el hiperespacio
más allá de las tres dimensiones conocidas.

Le gusta la superficie toroidal de mis ejes
y unce las toroides de mis planos
y a mis cabrillas las vuelve torbellinos.

¡Ay, Bicha de Balazote! me has despertado
y en el rescoldo de mi angustia te apareces
y escardas de mí lo bueno y quemas
de mí lo malo. Con tu piel me coses
un velario. Con tu memoria me compartes
la narrativa propia de mi yo y el Olvido.

5-8-1989

*

Mensaje

Y me dijo: «¡Regístralo! ¡Enano!
Dílo al fondo de los alveos.
Flúyelo con tu palabra cantarina...
¡A nadie ya gusta que les hable!»

Soy la Dama Maldita, el aquelarre
de los viejos nitritos, lo volátil,
la sublimación expresada en paloma
que irrumpe del humo del dragón
y se desciende como águila
sobre rocas de sal y amianto.

5-9-1989

*

El dragón

La sangre de la que se nutre el dragón
es el espíritu universal de las cosas:

Marie Madelaine Davy

Y aquel Dragón verde amaneció sobre mis ojos;
me comió poco a poco la nariz, mis labios,
me dejó una nuez por garganta, su dulce imperio
de alas por brazos; sólo me dijo: Sígueme.

¿Y qué querra de mí?...
el Yo cesativo, razón interior que en el corazón
tiene la bestia que es llamada el hombre;
un animal es, aún no acabado, aún segundón
para llamarse Libre, dueño de los ámbitos orientativos
que competen a los dioses; el yo sicológico
es resuello de luz del grupo fosfatado;
«pero yo doy más, Yo La Muerte, aún a los galfarros,
ociosos de la obra, Opus Magnus
de la vida y la muerte doy el TODO».

5-6-1989

*

La baya

Y para no dejarme en la estacada a oscuras
con buitres del lamento, me escondió
como si la Eva mitocondrial ya me supiera
su perfectible fruto, baya caída / o más bien,
arrancada de sus manzanares.
¡Vaya que roban a las Erides!

En el bolsillo de su plumaje, quepo
(y no digo que voy, me llevan)...
pero también lo he querido.
Me llevan, ceso en lo precario, pero soy valioso,
me llevan como primer ser creado
de su ADN imponderable, molecular, visible,
en la esquina de este mundo
al que se dio su nombre, Madre-Tierra,
Tierra Mía, Dama mía que me llevas,
bicha mía que comes los ojos...

Supe muchos de sus apellidos y nexos
con las siete hijas de Eva, vientre son
(en que han nacido varones)
con mitologías heroicas y custodios, sabios
de todos los lenguajes, geografías y colores,
casi todos temidos, quemados en hogueras.

Ahora, sin ojos veo más que el vidente;
acuérdate de los Ciegos Divinos, oyendo su corazón
ya me parece que escucho lo que está
más allá de la molécula, la divina palabra del Vacío.

No es que me hable sobre 16,569 pares de bases,
círculos de longitud y proteínas. Estoy dentro
de las hélices mismas de la Vida
tan pequeño como los fotones.

4-15-1989

*

Transformación

«Y mensajeros hay como yo y como ella,
tu Divina materia, en irrestrictas formas,
y podemos ser gigantes como las nebulosas
o minúsculos como un grano de mostaza,
o la chispa en la sinapsis de redes neuronales...
... y puedo ser la que suba a tu cama,
presencia de carne y hueso que deja
que la asalte, que ebullicione de amor
tu instinto en la caldera,
o puedo ser la que te arranque de los huesos
y se vaya contigo a espesuras etéreas,
al ego cesativo que te llamó a los sueños».

5-5-1989

*

Solidaridad

Aún más, dioses han conocido mi nombre
de igual modo como doy los suyos.
Y no es sólo hoy, todo verano
vendrá con lluvia, lamerá mis párpados.
Ella me comerá los ojos, vendrá
y estaré en duermevela
y yo, Carlos pupa, invocador de lo Eterno,
volaré a los silencios de la polimerasas;
entraré a entramados de fosforilización oxidativa.

Dondequiera que sea que me lleve, iré con gusto.
Insistí muchos años en quererlo, en comer esta
nostalgia. Iré con gusto a ver los ángeles de mi niñez
porque si bien ya no viven, con nosotros,
algunas veces regresan. ¿no es cierto, Doña Fita?

5-3-1989

*

Estado gestatorio

Te contaré que muy pocas veces fue feliz el mundo;
pero, con geografías generosas,
yo fui madre querida, rueda de timón
y Sirena y pez, con rumbo, alegría.

El mundo es un dolor de parto,
permanente estado gestatorio,
incesante sucesión de formas nuevas,
molicie atroz de lo caduco... mas canta,
poeta, mis creaciones, no pierdas la memoria
de que yo también sufro y canto,
y estoy muerta por tí de amores.

Deseo que tú perdures
y me cantes.

*

A María Songo

Quiero que afirmes al mundo y lo quieras.
El mundo es una campesina de pies ligeros
(una campesina muy hermosa)
y si le das un tambor, no es perezosa.
Bailará ante tu flauta y serpiente
(endurecidas) la melodía más dulce:
Libertas a fundamento.

Elige que harás con María Songo, flor y pepa
del ritmo, cadera que armoniza con los otros
(cuídala del exterminio) porque a mí
me extermina quien extermina al prójimo.
Y yo, tan pajarona, distraída por amor a los gozosos,
no les muestro al rival ni mi otra cara,
la Guadaña homicida.

5-18-1989

*

Causalidad

Quienes no autotrascienden el ser que los limita,
desorganizadas hallarán sus relaciones afectivas
y preguntarán por qué es así, y les diré:

¡Golfarros, no buscaron el Ser Real
ni la fuente bendita de La mujer en el fango,
no bendijeron la Loba, la Zorra, la Sabia Muerte.
Se rieron del mundo físico y sus causalidades,
se rieron de la necesidad del necesitado,
se rieron de la pepa que está dentro del fruto!

5-22-1989

*

Metamorfosis

Tú... ama mi fango, hijo mío,
que yo de lo turbio forjo La fuente de aguas
cristalinas; la Muerte es filtro. Del fango es alimento.

Tú, medita en mis huesos, siémbralos en nombre
de la Güenda; yo, los haré como semillas
que se pudran y florezcan y sean un vestigio al fin
de lo nuevo en tus ojos y en tus pasos.

Es mi palabra: lo que te doy no se vencerá
ni la estacada de nuevos abandonos.

5-13-1989

*

La inesencia

Tampoco encontramos nunca lo inicial en el volverse
historiográfico hacia el pasado, sino en el pensar
rememorante que piensa a su vez en el ser que esencia
(das Gewesende):
Martin Heidegger

Ahora que te preocupa el recuerdo
(sin que pienses en lo ya-sido esenciante,
lo importante, destinada verdad del ser),
te doy este consejo: vive el hombre en el imperio
de la inesencia, entre entidades maquinales,
abandonado a su tribu de creencias,
presupuestos teologales, encubiertos de tradición
de codicia, crimen y sofismas, malvive; el lenguaje
es la perpetuación de sus metafísicas,
el recuerdo, su fantasma abstracto,
signo de sus bestialidades; el gozo fascista
del poder los engrama y legitima
sus dizque aportes a la historia,
realpolitik de acción violenta
y agresión incondicionada.

5-19-1989

*

La presencia adversa


Llámalos desde hoy como yo les llamo:
matricidas, hijos de la venganza,
seres no fraternos, demonios del aire.

Nómbralos, sin piedad, pero no seas
como ellos, porque el malagradecido
se aparta de sus bendiciones.

*

La alegría incuestionada

El ente es. Su ser contiene la verdad de que es
y el privilegio de lo incuestionado:
Martin Heidegger

La narratividad que te doy en torno al Yo que cesa
que sea tu alegría; sólo doy el ente verdadero,
realmente efectivo, simple, puro
para que sea multiformidad
de tu voluntad; otros te dan demonios,
espectros en el aire, transmundanerías
para que siga el dolor de los pobres
en manos de los que batallan su dominio planetario.

No. Para hijos, en carne y hueso plantados,
doy la amplitud irrestricta como herencia,
el crecimiento ilimitado como gracia,
libre albedrío, magnus opus, de delicia
y la palabra de pase es: Elije, produce,
porque potencialmente infinito fue, ha sido
y será este misterio mío...

La LIBERTAD es PARA el mutuo gozo,
la producción, la responsabilidad y la vida.

2.

El recuerdo que se interna en la historia
puede ser el único camino transitable hacia lo inicial:
Martin Heidegger
El yo que cesa... ¡feliz se va!
Regresa al estanque donde estoy
(o lo espero, presta a quitar de sí
su olor a grajo, su angustia,
lepras mistificadas, contigencias).
Va contento el yo cabrón.

El dolor se los deja a los llorones
y el gozo se lo lleva consigo.
De incertidumbre y ambiguedad,
lo instintivo que se arrastra
por un hecho perdido, lo limpio.

La batalla de no resignarse
(si estuvo siendo la monda de quien lo burla
y lo escarnece) la ceso. La quito.
Alégrese la pajarilla de su alma:
ya no es un yo cesado, censante,
cesativo, sin trabajo, ad perpetuum.

El Yo que tendrá cuando regrese es un SER-PARA,
ser-para-el mundo,
ser-para la libertad,
ser-para el Gran Sí y para el Gran No,
¡oh, ser dialéctico!

Yo gregario, vinculado al NOSOTROS.
Un yo, con libre albedrío.
El Yo que es enemigo de las trampas
y el azar, ya no es Güica oralizada
en leyendas de necios,
en burla de bastardos.
Su madre existe.

*

Vanadis

¿Para qué buscar tan lánguidas bellezas
más allá de tu cuerpo querido y de tu corazón dulce?:

Charles Baudelaire

Lo que doy a los cinco sentidos
es demasiado generoso, cada vez es más rico.
Es un yo-casi-glorioso y si lo piden lo doy
y si lo toman por ser poco, lo retiro.

Te diré que soy llamada Vanadis
y mis templos tuve y tendré en los cielos
del Norte y en las cuevas de Vikingos
y de Vanes germánicos; se me invoca
como Freya, la más puta de los Ases.

Y me dijeron maga, curandera, pitonisa
porque soy más sabia que puta,
pero más ardiente y bella que las joyas
de las Valquirias y la Maya.

... Yo soy La Muerte, Carlos,
y dispenso la Luz en el yo cesativo
y con mis besos regenero a varones
de débiles potencias, doy libertad vital
y liderazgo; pongo en los inviernos
del abrazo la erótica y mi alegría se avanza
en otoño, en verano, en primavera.

En un manto mágico de plumas de águila
te guardo, te subo a las nubes más altas,
a predios del hiperespacio.

Te he llevado a mi palacio en Asgard,
donde recibo por Odín las almas de los muertos,
donde amo a los dioses del futuro.
a los enanos que trabajan con mis cinco sentidos.

2.

a la primera entre las Valquirias

Amo a todos los varones en Odín,
a todas las hembras las compadezco en Od,
sufro las tristezas de cada ser y mis lloros
son los ríos de la fertilidad, el canto erótico
de ser-en la voluntad inmensa del Desear...

Mis amantes son como tú. Están
llenos de deseos, otros exacerbados;
todos son táctiles, les dí peso y dimensión,
así los quiero; unos oyen y no saben que oyen,
pero son ruidosos, lamentadores, importunos.

Me gustan los amantes que oyen
(me gustas por eso). Cuando hablan
en realidad meditan, Carlos;
o simplemente me invocan
con nostalgia (¡como has hecho tú!)

Me gustan los enanos que fabrican
collares con lo que más me sobra
(el oro de mi llanto); ellos lo transforman
en arte gigantesco, en estética profunda.
Ellos me piden el cuerpo; a caricias
y besos cortan mi llanto. Lo secan.

3.

a Dvalin, Alfrik, Berling y Grer

Voy a las grutas de los orfebres
pequeños. Hoy el arte se produce
con fanfarria y escándalo;
no voy tan a menudo ya;
nada que me guste encuentro.

Nada. Los joyeros ya se suben
a las cimas de su propio ego.
Los obreros de la voz son
impuros soplapotes y su aliento
son gárgaras. Ya no son melodiosos.

Voy a la gruta, cuando la Tierra
es seca, cesativa y mi lluvia veraniega
hace falta como vagina de creación
y estímulo, cuando seco está
el mercado de los soñadores.

... los hábiles son los únicos humildes.
No se aupan en las alteridades
ni en las vanidades de su conocimiento.

Cada sentido es un punto que se hila
en lienzos de mi carne; nada de mí desean
(los hábiles, los generosos, los amigos)
que no sea el aliento de mis besos.

*

Los enanitos

A Silvio Rodríguez, cantautor cubano

Cuando yo ví la joya / gruta / templo
de los enanos fieles, amé por ellos
la Humanidad entera y ofrecí
mucha gloria, oro en la abundancia
de El Dorado, ciudades de Jauja como perlas,
pero nada quisieron, NADA de ese metal
a cambio de la joya que motivó mi gusto.

Me pidieron sexo, acuéstate conmigo,
enróscame en Tu Noche, juventud eterna,
vejez voluptuosa, hija de Niord. Hoy
que seas del enano, con los ojos ardientes.

Mañana del enano que administra el olfato,
luego serás del orfebre que creó un nuevo oído,
y, te espera, lector mudo y pequeño
mas quien conoce tus antiguas feromonas.

¡Ay, esos enanos cargados de deseo!
tienen vivos los sentidos, saben
como subir a mi púbis, comerse
la señora, la Dama de Frau Freya,
la rosa, el nido, el sendero mutuo
para la libertad del fundamento.

2.

Somos independientes de la esencia del mundo
y dueños de ella:
Ignacio Falgueras Salinas

Visito las cuevas de la Humanidad.
Entro lo mismo al palacio de Odín
que a la gruta de los enanos.

Amo del zorro que hay en tí, tu voluntad sincera
y tu inteligencia presencializante.

Me gusta tu relacionalidad
(por amar te vences a tí mismo).
No esperas premio... pero, yo
para tus cinco sentidos, me desnudo
y, atrévete, te voy a dar las libertades.
Libérate en mi cuerpo. Quiéreme.

... porque tu sociedad es bipolar y maldiciente;
ya no cree que tiene un Ego cesativo,
ya me piensan majúa, puta vieja de lloricas,
insignificante madre de la madre,
abuela peluda, desdentada, pordiosera.
Han inventado un almarracho que no tengo.
Tú, no hagas caso: ¡Amame!

*

Los falsos sentidos

Ellos no me conocen. Protejen
sus ojos que para nada digno lsirven,
ojos que vieron poco no son ojos,
son báculos de ciegos, sus mediocridades;
si no aprendieron a usarlos para bien,
ciegos son para mí, aunque vean externamente,
la externalidad de lo hermoso, lo desfigurado,
el horizonte de lo adorable, lo temible.

Oyen y oyen en demasía el gemido de sus atrocidades,
el cañón sonoro de sus exterminios; en vano se le dio
la oreja, o más en vano, se le dio la boca,
el rugido, la señal verbal que enriquece
el tacto y el afecto y las ganas y las oxitocinas.

Maldito sean en la muerte lo que me oyeron
y me dieron la espalda y, en el regreso finito del mundo,
se quedan con los entes desencializados,
con el trámite maquinal de las mentiras
y los distanciamientos.

«¡Es que no te conocen!» ... pero yo sí.
Los entiendo. Los apoyo hasta que cesa
su tiempo, con mi misercordia.

Pues tú, desde hoy, aprende que no bajo
a la Tierra por ellos, que no subo al árbol de la vida
por seres que no tienen ojos (ni distinguen
los frutos); no me interesa ni el sordo ni el ciego,
ni el mudo que enmudece, teniendo voz y calla,
porque el cobarde halaga, habla cuando le conviene,
verbaliza en el habla su contento,
su ventaja, su charlatanería.

*

Te conozco

Dí, desde hoy, que me has conocido
(¡a La Dama que tienes extasiada!)
con el Yo cesativo, con la joya de oro
de tu canción temprana, hecha de enana carne,
pero de intensos fuegos, pequeño Carlos,
la has conocido e identificado, no olvidas
a quien te come los párpados a besos,
no olvidas a la más puta puta
entre las masas dionisíacas de tu canto,
tú que crees en la Voluntad afirmativa
de lo hermoso (¡yo soy lo hermoso, Carlos),
tú que crees en los juegos heraclíteos
de lo finito y lo eterno (¡yo soy la plenitud
que ya esperabas!), la muerte que te quita
lo finito y de absorbe y te come los ojos
y se enfanga contigo en plexos de sol y abundancia,
de misterios, ocultos más allá del lenguaje
y las lógicas absolutas y viles certidumbres
de los poderosos, autócratas
de metafísicas de engaño rastrero.

*

Los asquerosos

Hay hombres / bestias / entes / seres que yo no quiero ver.
Son los que dejaron de pensarse como egos cesativos.
Me dan asco y no voy a sus camas a entregarles
su futuro sepulcro. A ellos no les cierro los ojos.

Yo no. Otros que sean los que susurren
una mentira para ellos: «Están muertos».

No me arropan las colchas de esos cadáveres vivientes.
Me gusta más tu cobija y tu cuerpo desnudo
que me adivina, me acaricia, me sube con manos
tiernas, esplendorosas, pequeñas, al estómago.

¡Tú me has amado, me invocas, me respetas:
tú me llamas hermana, madre, mujer, amante,
materia prima de tus ansias, pulpa femenina
de tus sueños! ¡Cómo me amas, enano,
desde la flor de tus cinco sentidos!
Me siento más bella cuando tú me quieres.

*

Llámame Deseo / Alegría

Los egos cesativos no son en su propia opinión
entes reales, puros, originariamente dignos.
Sin mí no pueden serlo; yo sí les digo
objetos míos, yo sí les bendigo y les proveo
lo que no cesa, lo que sólo halla su infinitud
en mi belleza y mi verdad, en mi magnificencia.

2.

Desde hoy me llamarás
Deseo / Alegría / ausencia de tristeza.
Que sean otros los que me digan
Puta Muerte / hechicera / choripanta traicionera.

No tú, Carlos, orfebre de palabras. Cántame
como canta el beso tierno a los labios.
Admira mi boca roja de vanadio.
Abre mis muslos, mira la charca en que nacíste;
sumérjete en mi parto; nazcamos juntos
en el amor de la voluntad de belleza.

Te prestaré la joya de Gersimi.
Te haré nacer en la luz de los mares.
Edén llamaré a tu isla, alcoiris su libertad.
Libre albedrío, tu consciencia.
Tu nuevo Yo, el que no cesa,
lo fundaré en el acto que se llama Armonía.

Bozeman, Montana - Abril 1987

*

Yo soy la muerte

Ya va a venir el día, pónte el alma
Ya va a venir el día, pónte el sueño
Ya va a venir el día, pónte el cuerpo
Ya va a venir el día, dobla el aliento,
triplica tu bondad rencorosa
y da codazos al miedo:
César Vallejo

No, no. No, enano mío, hijo de mis fuegos
interiores, pez de mi Obra en los cinco sentidos,
no me llames Deidad ni diosa
ni Autoridad ni super-Ente.

Tú sabes ya, te lo dije, cómo vengo
a la mujer y al hombre. Tú sabes
el dolor ontológico del Parto e investigas
la Gran Obra del misterio del Ser, tú, heiddegeriano
gorgojito de mi gozo, gusano de Jacob.
No me llames Diosa ni te escondas
en miedos ancestrales.

Tú sabes quién soy: ¡Yo soy la Muerte!

2.

Te puedes levantar
y, a flor de labios, musitar bendiciones,
evitar que la mañana coma pulgas o trague polvo.
Te puedes aromar de optimismo
con tal que puedas reinventar calendarios
y cepillar antipatías y opresiones ajenas
contra tu mismo hirsuto pelo cotidiano.
¡Pero la muerte te mira!

Con el hueso de los muslos.
cadereas la felicidad hecha promesa
como placer de la piel y las piernas;
en fin, hay días para soñar,
perfectos días que no tienen iguales.

Oyes que alaban al sol hasta las ratas pudridas,
lo que no evita, después de todo,
el oculto lado oscuro, donde la bestia muerde,
el sótano donde alguien vive
haciendo miel del cansancio
y meditación de la alegría.

Y cuando bajas o subes
a ese escondido tendedero de muecas y cicatrices,
te mugen hasta las sombras y las ranas del patio.
Te llevan cucarachas y sal a la boca.

Es cuando el día muele su vendaval de decepciones.
Frente a los ojos, te anuncia el Decaer
para que sepas lo sucio, raído, malcortado de tus ropas,
a pesar de ese hueso alegre que te danza
y el zapato social con que ilusionas.
ideológicamente, la satisfacción.
el progreso y la historia de tus credos.
que apuntan, dificultosamente,
hacia la esperanza.

Bozeman, Montana - Abril 1987

*

Sobrevivencia del amor

Alguien tiene que amar
y llevar esa bandera al territorio
de su sobrevivencia, al clamor
de sus huidizas formas de contacto
más allá de las definiciones.

Aún triste soy tan lúcido
que me vuelvo poeta, no porque escriba nada.
No. Lúcido porque sobrevivo, asomado
a la curiosidad como alimento,
igual que el niño que espera, o el viejo hambriento
que se confió a los juegos de probabilidades
desde una urgencia, o quieta invalidez.
Una limosna grata.

Sencillamente, el amor se sospecha,
sea lo que sea, nazca de besos
tan vitriólica y eróticamente entusiasmados
o nazca de miradas que enriquecen lo que eres,
por sólo aproximar algunas tolerancias
que se olvidaron en lo oscuro
y en el apariencialismo sin sustancia,
sin vigor ni ternura.
Amor es sobrevivir lúcidamente.

2.

Con el desafío de todo cuanto impulsa a muerte,
a cada instante se prueba el hombre.
Todo lo destruye con su obsesión de glorias...
pero la riqueza no termina de hartarlo
porque su lugar es debajo de la tierra,
infernalis locatio.

En la más oculta y recóndita porción
del alma humana, en ese inferus predio,
infernalis locatio, se cocina
la muerte diariamente.
Dentro de nosotros, la naturaleza
se alimenta de ansias, de apetitos oscuros
y todo es una larga noche, una larga noche.
No hay madrugadas por la falta de soles.

El hombre enciende la luz que puede,
su deseo de transparencia.
Y ésto no basta porque todo es
breve, sucio, antiheroico.

Cada mortal se levanta hambriento
como si comiera sales del sequedal,
gusanos que son externas huellas.
Incapaz de morder las duras rocas
por la blanda bestia, coces da al aguijón.

Se la pasa soñando con pasiones y riquezas,
con cambios y transformaciones,
con luchas, con anhelos,
pero así como sueña y construye, olvida
y da pasos atrás y cae y muere...

La impermanencia está en sus ojos
y hiede tras la máscara del humus
y se lo come la inercia como volcán de gorgojos
y avisperos de cuitas.

Y entonces... viene la primiginia manera
de matarse y, al hacerlo, más olvido,
y por lo que olvida, sufre el hombre
y el ímpetu de sangre
(que en él es su riqueza)
se agita y no se lo perdona
y no se reconcilia con la vida
que yace en las moléculas.

Y es por ello que el hartazgo de la muerte
es el drama más sincero con que despertamos.
Es trago de vino mañanero:
y la patria no es una razón de morir
(ninguna guerra tan heroica
que no sea más de lo mismo).
Nos medimos por el polvo y el olvido
y nos vivifica y lame la muerte
como a perros precarios y pulgosos.

La batalla nos sangra las manos y el odio
es la cadena, nuestra cola de crímenes históricos.
El oro y la fama no son razones para morir
sin esta jerarquía perdida entre los dioses.
Cocinar fantasías es sólo aproximación,
no memoria del fuego perpetuo,
pero si dejamos de soñar
también se deja de vivir.

Y ninguna venganza, orgullo, jerarquía
desoculta lo que es tan deseado,
lo que habríamos perdido, sin buscarlo.
La muerte sigue siendo nuestra sombra
y sobre ella, sin gusto, cohabitamos.

17-3-1990

*

3.

Nunca nos libraremos de los ciclos de muerte y renacimiento hasta que lleguemos a conocer esta Energía que está detrás de toda apariencia, todo ciclo y toda etapa de crecimiento. Cuando conocemos al Unico, la base de nuestro verdadero ser, empezamos a identificarnos con nuestra naturaleza eterna, en lugar de hacerlo con las etapas por las que estmos pasando en un determinado momento en cualquier vida en particular:
Betty Bethards

Esto me dijo la Muerte, esa linda, erótica porción
de ser que sube a la cama y ciega mis ojos
cuando más se habituaron a apariencias,
a estructuras, a fórmulas de ver, con aprehensión,
al percibir externo de las lógicas formales:
ésto me dijo: las muertes que te duelen
son homicidios sociales, vulgares matazones,
nociones de asesinato; me has estado confundiendo
con violencia, con agresiones que mi Ser no comete,
que tú no accederías, porque tu Ser es infinito.
Hay otro Yo que no cesa, el Unico divino.

Es Tu porción de espíritu y desata al Yo que canta,
al Yo que no es promesa ni accidente, conoce
todas las cosas; tu Yo es tan noble como el fuego,
protector como la tierra en la que soy tu tacto,
tu oído y voz, tu hembra, tu útero, la Semilla,
fluido amiótico y tu barca. Tu cuerpo.

Esto me dijo la Muerte que se ha comunicado
porque viene conmigo, suave como unos muslos,
tiernos como pezones que se pegan al pecho:
No me asesines, no me separes, no me lamentes
en el plexo de Tu vida, en el otero abierto...
Soy tierna piel, mitad de tu embeloso,
mitad de tu alegría en lo manifestado,
renazco y te renazco, amado mío.

No me dejes ir con ritmo pauso y calma chicha,
ni te asustes porque mi la velocidad es inmensa.
Es tu infinito, mi caos es verdadero amor
y brisa en tu almohada y vendeval que ni imaginas
cuando desata su viento, su lluvia, su tempestad
en la Montaña tras el Valle, en las palmeras
de tu isla, en las navas de tus cauces
externos o interiores. Imagina, imagina,
Nuestro Infinito, amado mío.

*

La ursulina

A Catherine de Alejandría, Patrona de los Filósofos,
cuyo intelecto brillante y su elocuencia ante filósofos paganos
le valió la pena de tortura y decapitación. Año 307.

Una vez y no se repetirá si no en la bruma,
en hologramas sobrantes, en cascarones rotos
que alguna vez tú, judío, gusano de Jacob,
llamaste tikkum, tú, ombligo de Nadis,
ida y pingala de las tantralerías, hoy
que te desprendes del cordón de plata,
vén a ver dónde y cuándo ha existido
el alma colectiva… la memoria, el dolor,
el yo que cesa, tu alma
y nuestras almas, complicadas…

Sí, este recuerdo lo olvidaste.
Y duele y regresa y se repone y clama.
Oigo el alma tuya muchas veces y esa sed de espíritu
que tienes (te conturba) y ese dolor en común que no cesa…

¡Ay, desnúdate del traje terrestre! Ven sin harapos
porque en Egipto sobran, evade esa pobreza tan mezquina.
Házte fuerte en el alma, tu yo triste, para que escuches
ésto que vivíste y lo olvidas, despréndete
del vínculo orgánico en la cama
y no vuelvas al sueño muy temprano…

Permite que te coma los ojos, hoy por lo menos.
Ciérralos al tacto de mis besos
antes que venga tu novia oscura…
Amános a todas. Te haré ver las ursulinas
y llegaremos en la noche
y te comeremos el corazón que se pudre
y la carne que se aja. Se envejece.

Y te chuparemos con lengua viva,
virus lunare, y te sacaremos del vapor
del multum in parvo,
de lo mucho que estorba en las palabras.

Hoy vas a sentir la piel caliente. Somos las salamandras
y el fuego purifica el buen metal, tu espíritu es
lo mejor que heredaste, tienes lustre de diamante
y de primeras aguas. No necesitas sutilezas bizantinas
ni este color y lujo del Oriente. Basta que te diga:
El espíritu observa y sabe más que el alma.

Esta enseñanza doy a tí, el odiador más pequeño
de ídolos, el más asqueado de la diversión pagana
que no recuerda el sufrimiento, ni al pasado enmienda.
Ellos que se entrengan con el gozo hedonista de los poderosos.
Vuelvan a la noria, como la burra al trigo. Todos. Menos tú.

¿Qué tal si te hablo sobre la niña de Alejandría
quemada, por ser noble y creyente del amor del Espíritu,
Apolonia de Egipto, qué tal Cintia si te dijera
cómo ataron su pie al caballo más arisco y bruto
y la revolcaron por las calles, siendo niña?

¿Te habló Doña Dolores, devota de Santa Eulalia,
cuando siendo la santa de la edad de catorce años,
la torturó la Barcelona dioclesiana? ¿Tenían algún sentido
sus estampas católicas, sus almanaques de santos
y vírgenes y ángeles armados y templarios?

¿Crees en las 11,000 vírgenes de Ursulina o la historia
de la huérfana Merici, o hay que devolverte a la Colonia
de Alemania, donde la Santa Ursula mostró el alma
y lloró las vírgenes de su compañía, ultrajadas
por el poder y el vicio del Establecimiento Masculino?

Sí, querías verme la cara, ¿no?. Querrías saber
si existen de verdad las vírgenes voluntarias,
las místicas, las brujas del Medioevo, las iluminadas,
las doctas de la Iglesia, las milagreras, las angelicadas,
las santas de almanaque y de poder y de gracia divina...
pues, existen.... y son almas, almas poderosas
y antiguas y quienes en ellas creen tiemblan o cantan.

Lo mismo existió el alma de la historia,
que ya es mero y fantasmal residio
de iconografía del Estado teocrático,
demasiado adorno para las discusiones baldías,
mucha crema para tortas placeras y baratas
y la frívola y sutil reverberancia de Bizancio.

Existió el alma que hizo mis ojos dos capangos
y mis vestiduras un capuz, permanente luto,
alma románico-medieval, mal alma, hijo mío,
pues quitó de mi semblante lo expresivo,
y dio sólo un realismo enfermo y esquilmado,
el adorno que pudo dentro de los dogmas y concilios.

Vuela hacia aquel candelero bizarrón, házte
a mayor luz y mírame, en la esquina del carrancón,
pues allí subí a la muerte; no obstante, entre primeras
que lo dije, estoy: «¿Qué muerte?»

¿Qué muerte? si la muerte no existe...
Allí estuve ante cincuenta filósofos paganos
antes que El Innominable me llevara al Sinaí;
mira al lado del carrancón mi rueda de tortura.

Giré, como ruleta, amarrada a los rayos,
me maldijeron enemigos, rompieron mis vestidos;
finalmente, en prisión, intentaron mi ultraje;
pero soy fuerte, como la fe de lo Absoluto
y puse mi cabeza en el asador, y sí, tras un milagro,
yo fui decapitada. A los 18 años de vivir,
tan fervorosa, subí a los cielos, ví lo infinito:
¿qué mujer vive así allá en tu mundo,
en hic-et-nunc, donde tú moras, tu aquí y ahora,
quién desde adolescente se enorgullece de su dios
y vence la Rueda del Samsara? ¿Quién?

*

Los nihilistas

El nihilismo está aquí. Nunca toqué a sus puertas;
ellos sí. Con miserables disimulos y pidieron
que llorase por aquellos extravíados
de alas rotas y evangelio vacío, desmemoriados
que cayeron a tierra (sin el mínimo del ser soteriológico).

Caídos o arrojados, quedaron maltrechos
y burlados sus caballos y el auriga
por la senda del kairós, tiempo oportuno,
y poco a poco se mecieron en olvido,
en pasado destituidor-destituyente
y descreyeron todo, hasta el buen caballo
hasta ser los muy publicitados por su deterioro
y su propio hedonismo, su circo egoico,
su voluntario escarnio. Con gozo discontínuo,
se recompensa el fracasado y el cínico.

A ninguno prometí paraísos. Sólo tiempo,
el mejor de los tiempos, Kairós. Más allá
de los huesos pelados y la cal de las tumbas,
sólo invité a vivir, vivan, vivan y regresen
con una meta objetiva, les dije.
Vuelvan al mundo, con cauteloso olvido
de lo-sido, pero sin saldo inmundo.

2.

El nihilismo está aquí, exactamente
entre Marx y Rockefeller, en lema declarado
Novus Ordo Seclorum, en continuum
donde el fundamentalismo prohija sus ladrones
bajo abrigos de coseidad y las sabandijas salen
de los escondites a sumarse al simposium,
maldicen a Darwin, a Marx, a Freud,
mas no son órfico-platónicos, no creen
en nadie, siendo los Nadie mismos y su Don,
no creen en nada, sólo en los alacranes.

No conocen el reino del Ser, no agradecen
la Madre que los nutre, se amarran los ovarios
en el alma, se depilan los chochos
en reinos de calvice, pero ¡qué
discursos universalizantes! son los suyos:
sostén y encumbramiento del dominio de los otros
y el lobo cada vez más lobo para el hombre.

Los nihilistas dijeron que en medio del combate
del capital y la cultura serán cuasi felices,
bajo la espesura de reinos de escatalogía
y aventolados por el luto crecerá su germen,
el creador de lo infecto, por caos de las nociones
de universalidad y etnia tendrán sus seguidores,
polarizarán los disensos. Ocultarán las reconsideraciones.
Matarán la historia antes de ser ellos mismos los cadáveres.

Escupirán las sendas perdidas, las alternativas,
las raíces, las normativas despreciadas
del historiarse-humano.
No creerá en Nada ni en Nadie.

3.

Samuel Huntington pidió que se instinguen
los choques de civilizaciones. La nueva ultraderecha,
docta, fideísta, criminal, mataría con lluvia ácida,
a falta del láser de Luke Skywalkwer. Crearán
las celdas clandestinas, los Guantánamos,
los campos de tortura, los espionajes domésticos.
George W. Bush, Jr. y sus fariseos rezan a fin de mentir
y arrojar bombas, chantajear, amenazar y acallantar naciones.
A todo lo llamarán World Security, seguridad interna.

Con el placer demacrado, el dolor viene,
mamparándose en todos los disgustos. Torcida
la noción de Unidad imposible, en obsesión
ante la vil impermanencia y el Shunyata, la subjetividad
ya es mercancía, o debe serlo y como tal se determina
y niega ante las culturalidades funcionales
y la coronilla sagrada y la Flor de Loto de mil pétalos.

Ahora claman que el mundo, aquí, el único
que es nuestro con sus balsas menores de hiyanas,
es una talega de inmundos alacranes
y una vida nocturna de empresarios
en sociedades permisivas del chantaje.

4.

Inventaron los antros en complicidad
con lombardos y usureros, esa mousiké
de arañas negras con ponzoñas
que matan al hombre-niño, al niño-viejo
y al proyecto: el Nuevo Hombre.
Alacranes de color céreo, amarillento,
a las hijas de Havvah se acercaron y pidieron
acceso a la Balsa Menor, a nuevos cuerpos,
a sendas que son de musas viajeras de la Dukka
y que úteros llevan adentro, ¡ay! las hijas de Havvah,
robadas como las Sabinas por alacranes
que saben sabotearlas y que las devalúan
una vez que les niegan su alimento.

Cómo maldicen al sol, ahuecan las pinzas
(porque no tienen alas) y se van a lo oscuro.
Desde ahí, por guerra viven, las vigilan
y una vez que juegan a las barajas, se lanzan
a las penumbras, se sumergen bajo las faldas,
rompen el hueso de la luz, el hueso sacro
con que los pastores del Ser hacen sus flautas
y ofrecen un canto conmovido y femenino.

8-5-1998

*

Los alacranes

Los alacranes (ellos y ninguno otro)
neutralizan a los enérgicos, a los resentidos;
legalizan las irreverencias, tocan la flauta,
a cambio de que nada se tenga
como Mallum prohibitum, manzana de discordia,
tabú, fruto prohibido, ¡ay! las hijas de Havvah
son para la noche del stop-club, son para mascarlas
el centro vientre, romper sus hímenes y despojar
las pensiones de los Woopies
con estos simulacros de misericordia y amor
(lujuria y sexo), venderlas, esclavizarlas;
¡ay! en el antro-mundo.

El alacrán (ellos y ninguno otro)
clavan el aguijón, pican con el lema:
«Todo está entre nosotros maldito».

2.

Como los instruyeron con el viejo lema
(que los hígados son el cimiento del amor
que es divino), muchoS trabajan. Otros no.
¡Los parásitos! Son los agitadores y demagogos
al acecho. Venderán la resurrección de las arpías.

«Trabajad», les piden, «hasta que sangren sus manos,
aún en la noche, no descansen. Trabajad».
La espina atravesada que es su única luz
(la indestructible dignidad del hueso sacro)
la administra el oligarca, dueño del Carro de Febo
y el Orden Apolíneo. «Trabajad para las herrerías
de Marte, trabajad que en la calle de mercaderes italianos,
seréis compensados. Trabajad».

«Que se rompan los lomos, sed todo hígados,
hablen con dejativa voz, sed sedentarios
como alondra que nidifica, con abundancia
de frutos en la primavera».

Los sagaces cibelianos son de Lombard Street,
londinenses al servicio florentino, e instruyen
sobre el fuego de Tofet y al niño de hinojos ante Molcoh.
«Quien no trabaja se vuelve niño turulato,
raquítico, sin pasión, será castrado...
No sean cobardes, hijos de Merop.
No duerman, trabajen. Trabajad».

4-7-1990

*

Los chupasangres

La propaganda del Orden Apolíneo existe.
Desde el comienzo de la historia, los llamó
al sacrificio. Al trabajo, a la obediencia, al deber,
al pago una vez al año.

La espinita se saca sin dolor cuando el partido
les convocan al paseo. Cada año
se premiará el buen esfuerzo
(explotación renal: la cura de la espina).

En el Carro de Febo, uno solo manejará,
el más sabio, laborioso y apto; pasajeros,
pocos van a poder viajar al paraíso,
«pero trabajad, trabajad sin descanso».

2.

Contrario al alacrán que por la noche maldice
y que en la penumbra mata y se procrea
con los gozos de la Sociedad Permisiva
contrario a él que estimula
la alada avispa social y daña lo mismo
que la falta del pan diario.

Ella, en la iracundia bohemia, cumple su parte.
Es una ménade en el antro de nudistas
y pornógrafos; bajo luces, ejecuta su desgarbo
de alegría. Su panal de hiel lo anida
o coloca a los cuatro vientos la alada avispa.

¡Es tan chismosa! Y orugas de abrazo
no permite ni arañas de posibilidad deja vivas.
A vuelos de mariposas las obstruye.

Blasfema a la luz del día.
Y no tiene mejilla en su diestra
con qué santificarse ni una garganta
o puerta para acceder al divino Ser,
vivo y concreto, que a la derecha
su nombre besa en la mejilla.

No fecundan los huevos; pero...
del macho, zanganote, se alimentan
en un apartadijo afótico, de miedos y rencores.

4-7-1990

* * *

Introducción a la Laguna

Hoy leí / me sumergí en el libro de las horas:
el hombre apresurado, la mujer infinita.
A los hijos de la Estigia, cuatro son
en la Tierra, los observé en las aguas.
Los extraje del naufragio
y los salvaguardé con angustia.

Los vestí con la sociología.
Quité harapos, sedimento malo.
Los alimenté con piel nueva, futuro.
Para el hambriento dí pan de optimismo.
Los alivié en los kimtu, en aldeas gentilicias,
en villas de refugio, aún consoladoras.

Naditu les habló misericordia:
«Hay luz moral», les dijo,
«el bien y el mal que luchan,
ldualidad de la luz y lo oscuro»,
en un punto singular. Será Cocito
en qué sé yo lugar del mundo,

su laguna de dialéctica fecunda.

Hay también cien años de lágrimas
y ríos y charcas y olvidos y naufragios
por donde se desplaza la flecha
del tiempo, el uno puntual que marcha
y organiza la recta, aunque concibe
a veces su mundo caprichoso,
retrógrado, in desperadum.

Fúnebre día es hoy
cuando sicológicamente
se les recuerda el hallarse
en lo olvidado, lo desfigurador,
el rumor y el colapso,
el Señor CadaQuien y el Don Nadie,
acaecerse sicológico
en lo ya conocido, Tánatos y Eros,
que si bien se han opuesto,
rescatados de Cocito, en tierra firme,
si algo lamentarán,
es lo que siempre después del Gran Amor
y del Milagro providente: haberse odiado.

2.

Hoy lo femenino muere con su divinidad extraña
y los varones mandan, esquilman el comando.
El matriarcado se convirtió en la Luna,
la locura, el caos, lo introspectivo.
El tiempo nació hoy.
Nació el tiempo
con número nupcial de desamparo.

El hueso frío es el agua de la Oceánide.
Niké llena de horas y sepulcros
es la victoria, conato de la muerte.
Cratos nació para matarla,
tarde o temprano será,
él no se esconde en piedades,
él es, por cotidiano, vil proceso,
un trámite, una letre de caché,
sello del rey, voz de instituciones.

3.

Los hijos de Estigia aparecieron.
Han llegado hasta aquí
comidos de niebla, hartos
de mar y quejidos, sedientos
de un sol que sea niño desnudo,
lozano, nutrido por la leche olvidada,
sonrisas de la boca de la Madre,
calor de sol gentil, humano.
Y la pefecta conformidad
de la obediencia iluminada,
la inocencia, que lo nutra
ad aeternum.

4.

Hoy es el día de la alternancia
para cuatro estaciones
del viaje de las almas.

Un día será la primavera
Y, por momento, vendrá
el verano seco, la sed,
ausencia de las aguas.

Un día será como el otoño
Y, más que con los ojos,
con qué sé yo del Ser,
se verá la tristeza.

Un día será el invierno
y sabemos que hay días
que claman por la calma,
porque hay días de lo-no-cualitativo.

Un día hay que parece un remolino,
Tifón, marejada, volcanes.
Días hay de piedras que achocan
tu cabeza, te engendran la molicie
cuando estás en el suelo.

5.

Cinco silencios que la bestia no goza,
sin embargo, los tiene el náufrago viviente,
y la Lamia monstruosa,
sensible empero, con su Materia Bruta,
cinco modos de decir, vida prestada,
existencia mía, vida breve,
respit de la Mort,
lamia
de existencial obsesión y desconsuelo,
a cuyos hijos verá del todo heridos,
desangrados, en burla,
aún insepultos por el Meqaber.

Por lo que, entonces, les entrega
el llanto noche y día, tiembla
sin cesar un momento, y se gasta
su mirada, y se pone cetrina
y duele el amor, el sexo, el Bíos.

Una vez sea cumplida
a fuerza pertinente de lo ónticamente
necesario, la unidad fundamental
de estos cinco sentidos, a la viuda
del Ser, a la huérfana, a la madre
que perdió los hijos, miradas
de reposo daré, ojos para la madrugada:
un día será del Gran Sepulturero
y la némesis, la venganza y el dolor,
pero otro día, se te hallará en la alquimia.

Lamia, la verás, María parturienta,
de Belén, Naditu, vestal acadia,
verán la promesa cumplida
y, como templarios que custodian
el Secreto, inventarán las palabras
y las alegorías, dirán contra la Muerte
y por la muerte:
Soy el Acaecer,
los puntos en el centro de las cosas,
un dolor en punto para el parto,
un parto a punto de nacer,
el punto encima de las íes,
un punto en punto caramelo…
más insondable que la muerte
es la esencia
y todas sus totalidades,
el desafío, el bíos,
la apofánsis,
el ala,
el fundamento
del fundamento.

6.

Un día seré el equilibrio
de los astros errantes
y la gravedad
y Newton
y una estrella de seis puntas
y un carajo.

Otro día seré las preguntas
de los hombres interiores
y el hombre completo
que se asomara al humanismo
y, por hacerlo, pagó el precio
que dan los traidores
y los homicidas.

7.

Siendo que llegó la tarea
de mi Séptimo Día, mi única misión
será avisarte que yo canto y alabo y digo
las Nenias del Juicio Final:
se acabó la Muerte,
la espantosa miseria,
se acabó la colonia de huesos
tirados a los buitres, se acabó
la dependencia del Mantengo
por hambre de ser y de espíritu.
El estado asociado, en batalla
de desgracia fue vencido.
El miedo que nos puso
de rodillas a mamar
de la Maceta del Tirano
fue castrado;
al hombre entre dos tríadas
se lo ha nombrado
Príncipe del Sábado.

7-9-2002

*

La laguna

En ningún cromosoma que tenga
su oscuro espejo en el mandala,
la vocación de voz para herir al olvido,
se alimenta una palabra señera, sólo en Mí,
La Energía, la Hoz de la Muerte,
la Guadaña de la Eterna Viajera.

Ella emite su Aliento cuando parece
que lo quita; ella rehace, con su amor,
la identidad sobreviviente.

Entonces, el silencio del cadáver
se queda en su vacío, en la vibración inferior
del hoyo en luto y el féretro llorante.
Mas ninguno que observa entre los deudos
se transfiere al proceso, en este silencio
del que muere, no hay espuma onírica
ni polvo pisoteable, no aire mustio,
sólo la Luz del Túnel de aquel que ya
no puede escapar a Sí mismo,
a su Espíritu, a su ser verdadero,
aproximante, ya abierto.

2.

Laguna Estigia, río luctuoso,
realidad contínua del ego cesativo,
tránsfuga y sangrante, lágrima y risa
de Caronte, perla de oro de las Erinas
y las más putas putas del Ovario Bendito,
la nave tiene prisa. La barca
está abatida por las olas.

El agua empuja para no sentir
todo lo que se pudre en un pantano:
al planeta envilecido del primate.
Algo se tiene que morir, las almas desgarradas,
el yo cesativo que se pervive idiotamente
en la historia perpetrada de los mitos
sin hallar su justa interrelación, su calidad
de vida en el espaciotiempo vibratorio.

El alma envilecida, su cerebro que fue
alma irascible, piloto, el buen caballo,
ya no halla superficie de contacto,
porvenir inductivo, simetría de salvaciones,
las rutas del interior del Cielo.

*

Las alas rotas

Allí se encuentra el alma con su dura y fatigosa prueba... marchan hacia las regiones escarpadas que conducen a la cima de la bóveda del cielo... Cualquier alma que, en el séquito de lo divino, haya vislumbrado algo de lo verdaderio, estará indemne hasta el próximo giro y, siempre que haga lo mismo, estará libre de daño:
Fedro, 246, 248

Por la belleza, la verdad y la bondad,
ha de sufrir el hombre, se cansará algún día
porque sufrir tiene un límite y Zeus pesa
los keres del sufriente, le pesa el alma
para retirar el Letum de las sombras
y llenar de luz, lo que condena,
el Moros, la discordia, la vejez,
la Némesis; por un poco de Gloria Eterna,
se encarna un ser que muere.
Querrá un destino aquí, crecer
sus alas con el bíos irascible.

*

Las cucarachas

Nadie sale impune de nada, jamás:
Betty Bethards

*

El ser perdido

¿Por qué, si hay infinitas estrellas,
el cielo es negro?:
Paradoja de Olbers

¡Hay un más allá de la idea y de las paradojas!
Y qué sé yo de Platón y de ocho cuartos
para decir a quien muere qué le espera
y que es el más allá y cómo difiere
de lo que tuvo pensado. No yo.

Los muertos se van como les da la gana
y pocos se arrepienten de lo sido,
explicó Juanito Pana, y tan pronto se van
de esta espesura, no se entera él, uno tampoco,
qué será de ellos, si van a ser impíos o encontrarse
en el temido submundo o el Paraíso predicado.

¿Irán a ver su desnudez, su verdades ocultas,
sus escuetos servicios? ¿Irrumpirán en lágrimas?
¡Qué sé yo si lo eterno es una imagen móvil,
si hay que vagar como en la Tierra vagamos!
¿Qué?… si bastaría estar quietos, metidos en la caja,
porque el mundo es lo estático, sólo se mueve
el tiempo. Lo objetivo, lo terráqueo, es más apariencia
que solidez y realismo… Lo que los muertos
comunican es que a veces, cuando
se van, vagan desnudos, y ¿quién les quitó
sus ropas? El tiempo que todo pudre
y, ¿quién se ríe? La vergüenza es tan grande
y unos se tapan los ojos; lo acobarda el asco;
otros se tapan, el sexo, aún no saben
que de nada les sirve y que, en un mundo intemporal
como es la muerte, ya se ha perdido todo:
el prestigio, el sexo, la riqueza y el decoro mundano.

Los que se acepatan como son y así aceptan a otros,
a los médium les dicen: Nunca supimos que estuvimos desnudos.
Nunca supimos que vagamos y fuimos casi eternos e infinitos.

3-9-1993

* * *

Segunda parte

¿A dónde vamos?

A veces las palabras se ocultan entre líneas…
(…) No sabes si estás despierto o dormido,
si eres tú quien escribe / o alguien te dicta:

en: A Carlos López Dzur

Déjame ir más allá y verlos.
Oír si han soltado los mirlos.
O si el miedo que alegan
que tú inspiras tapiará los sepulcros
de sus cuerpos, guardará la viña.

Navégame un poco más allá
de la bruma tan espesa, allá
donde hay mesones, llévame.
Asómame a escondrijos
de radiaciones cósmicas, formas
aún por inquirir, mas no fantasmas.

¿Cómo estarán ahora esos hermanos?
¿Cómo Chato, mis padres, mis abuelos?
Amigos muertos, héroes que amo…
¿Serán como precarias masas
de la atmósfera, metagnomías 270 veces
más pesadas que los ojos del átomo?

No importa qué electrones.
Llévame a verlos.
Revélame sus almas, reencuéntrame
con sus miradas y sus cuerpos.

Muéstrame a los viajeros del desierto,
a los que llamaste cruzadores,
aunque fueron ladrones en el Kimtu,
o mercenarios rumbo a los caminos
de tus Lugares Santos en los Montes.

2.

Abre, entonces, tus ojos, Carlos,
tus ojos interiores, ojos en el Zohar,
iris de troubadour, boca
de «dolce stil nuovo», tus ojos
tranquilos, pero de chispa picante
(la guerra verdadera la tienes
en el alma, curioso olfateador
de mis memorias), Zorro viejo.

Te diré a dónde van y quiénes son
los que a la otra orilla va llevando Caronte.
Puede que los escuches, puede que sólo lloren.
Algunos han sabido que se han muerto;
otros no. Todavía creen que sueñan solamente
o que bebieron mucho, o que les juegan
sus bromas de mal gusto los extraños.

3.

Esta laguna es cualquier punto
del alma; como Estigia la designó
el mortal en su «para sí», forma
en que como tales viven.
Es pues el recuerdo tomado del azar
y del rincón de los mares,
aguas en que nacíste.

Será, después del viaje placentario,
que una No-Eternidad ha maldescrito
esa mirada desde el puerto de los días.
O tal vez EstigIa se argumenta como punto
de nostalgia, vínculo renovador del río uterino,
el más heroico, cuando inocencia
aún tenía el varón / la mujer,
matriz «en sí» del ser,
porque el «en sí» es eterno,
eterno y femenino.

Una vez asomados a la charca
de la existencia bruta, amarga,
la Muerte existe.

Díme si conoces con amor
afluentes de tu barrio y de su orografía.
Díme antes si hay quebradas
en la tierra aún no saladas
por la violencia del hombre.

De otros mundos y vidas
a los que díste pisadas y olvido,
he de pedirte cuentas, Carlos.

¡Te están haciendo Tu Carpeta,
obreros de las delaciones
y ángeles son que visten
como mirlos e imitan la voz
de los lenguajes,
desde su pico amarillento!

La Estigia puede ser El Nilo,
el Sena, el Ter de Catalunya.
Culebrinas, Guajataca,
o un pozo en Mirabales.
O un Salto del Guacio.
Infinitas son las hijas de Cefiso,
dios de las aguas oscuras
de las que beben los muertos.

4.

Voy a navegarte, por terco
que te pones, por rumbos que olvidaste.
Vayamos por ejemplo
al Guacio que se creció en agosto
y se tragó a los realistas
en días de la invasión americana.

A otros, en desbandada, ávidos
de verse cautivos por los yankees,
bautizo entre los cobardes
dio el río Guacio y la muerte.

Mira a quien tengo allí,
sentado, con la fingida ofrenda
de una pierna enyesada:
Julio Soto Villanueva.

A su lado, observa tú con detenimiento,
ya descorrí las cortinas de brumas,
tengo a Francisco Arocena.

5.

a Jean Paul Sartre

Hay una muerte que se vence lentamente;
una muerte que no tiene mentiras.
Ella pone más presencia del ser en el mundo
y a los hombres cobija.

Los observa desnudos ante su mirada.
Los viste. Los nutre. Propicia las Dharmas.
Los vomita desde Aquel que los devora.
Con la ofrenda es posible.

Litando la alabanza, sacrificándose
en la Tierra de los Vivos, sin esperar
baúles y tesoros de bienaventuranzas,
las gracias de cada quien y privilegios.

Lo único que nos revela inagotables,
dignos del infinito, indevorables por Cronos,
es este sacrificio, la muerte linda del dar
con darse desinteresado y profundo,
dar aunque sepamos la existencia
signada por absurdos: haber nacido
y tener que morir en medio de este abismo:
«la nihilización siempre posible de mis posibles».

6.

No se trata de las renunciaciones.
No del cadáver del Deseo.
No de una moneda colocada
en la costilla o la boca del difunto.

¡Esto se paga en vida,
venga o no venga la Muerte!
Esta es la virtud anticipada
y la gracia trascendente,
la bendición a tiempo:
¡Eros, eros, eros!

7.

No me los llevo al infinito, Carlos.
No estés triste por ellos.
Volverán a lo mismo, en breve:
Mingo La Perra a trepar el palo,
Sabino, a la albañilería,
Cornelia a santiguarnos.
A rezar, La Puerca y Pascasio.

Un palo encebao es la vida
de ellos, sus habitáculos en el yo,
en la autohisterizaciones,
en las norias del buey
y lo alienado.

Estas gentes no tienen plenitudes.
No son del Uno, ni sospechan
a Spinoza, ni los otros lados
de la onticidad y sus universos.
Están verdes y crudos,
sin comprensión primaria
de los cinco sólidos perfectos,
apenas balbuceantes
en sus metafísicas.

Van a sanarse después
de mucho herirse y regresar
a herir, después de mucho sanarse.

8.

¿Cómo podré desnudar mi alma
de esos archivos ancestrales?
Sé que he vivido miles de siglos
acumulando mi historia (…)
cambiando cascarones, ropaje:

Héctor Soto Vera,
poeta y espírita pepiniano

Cuando vuelvas de este viaje
desde el centro vector de tu futuro,
cuando regreses, punto en Uno,
del lado que elegíste, dí
a todos los que puedas,
a tu familia, vecinos, conocidos
de toda laya y todos los colores,
díles que víste la Dama, Soror Mistique,
y que Ella es la Madre que los ama,
la siempre fiel y femenina,
la siempre llena de gracia.

Que al varón, cualquiera sea,
ella quita la angustia todavía.
Sea rica o sea pobre,
Ella se posa en el otero, tiene altares
en lo recóndito del ser,
en campo abierto y late
y te mira con ternura,
te limpia los latidos con el habla
suave, dulce, misericordiosa.

Tú recuérdales La Flecha
en Sagitario, su lugar del firmamento
que apunta al Norte; en la ruta
del Camino de Santiago
y díle: «La ví y la amaré ad aeternum».

En la noche de San Juan, da el mensaje.
Ella es quien recibe a los que llegan
a la Boca del Cero, que es la Nada,
antes de pisar las moradas
de sólidos perfectos.

Díles que la víste en un templo de la bruma
y que cada esquina del mundo tiene
a una de ellas, Cefiso lícuo, río
de los muertos, es sólo un nombre
del agua lavadora, ella hecha agua,
ella, jabón de higiene purificadora:
misión interior, edificante: la catharsis.

Vuelve a la tierra con este recado:
«Ví La Dama, la hermana / madre /
bendiciente del hombre, la Gran Consoladora,
el verdadero bíos, el vínculo de amor
en el centro vector del Extremo Futuro».

9.

Dílo porque gigantes del escarnio
dijeron en Corinto que Ella es venganza,
eco que retumba con su risa macabra
los cuatro costados del mundo.

Que es lujuria violenta, sexo criminal,
putanga que paga su holocausto
con vidas de inocentes.
Ellas / Keres en derredor de las piras hedientes,
danzan con sus amantes y son hermanas
del maldito Destino, condenadoras,
érides de discordia y burlas del Erebo.

Nada de éso, Carlos, hasta los blasfemos
se dan derecho a la mitología.

10.

a María H. Escoda

Te presento, visitante, a la ker verdadera,
la Cesta hermosa de tu alma,
donde la Dama puso su presencia,
su realidad, su teorema.

Ella es la palabra de pase.
Tu boleto de entrada. Invócala.
Con Ella descorrí la cortina de la Niebla.
Al decir su nombre se autoriza que irrumpas
en el paisaje de otras vidas y te leas
en la barca y despiertes
para el viaje consciente de la Muerte.

Dí conmigo, al confesar su nombre,
María, llena eres de gracia:
Y gracias por la Cesta que enriquecíó
mi existencia con virtudes.

Mírala, Carlos, y tiembla y llora
(estás a punto de hacerlo)
porque hermosura más grande no existe,
nunca la verás como hoy, radiante,
resplandeciente, espléndida.
Es la dama que brilla y observa
el Lago, la Laguna, el río de los adioses,
los estanques de olvido, el dolor
y la memoria.

La más joven es Ella,
La Dama del Occidente judaico-cristiano
que te corresponde, la has visto y olvidado
como todos los hombres, externos y apáticos,
mas ella no. Te dio la cesta
y el don de bendecirla, invocarla,
llevarla a tu espacios en el mundo,
para que aprendas a sacar del fondo
de la psiquis, lo que eres y ella es,
lo que anhelas y ella anheló y obtuvo:
el poder creativo,
el encanto,
la belleza,
la naturaleza pródiga,
la justicia militante,
el júbilo y la intuición del intelecto.

11.

Llora, Carlos, porque la muerte
es mi nostalgia y el destino-en-común
y el ser-con-otro, y no hallarnos
a veces, tantas veces, de contínuo,
cuerpos-vindicados-puros,
cuerpos de Cárites en el Dasein humano.

… pero yo estoy contigo, te dí el peso
de ker, el alma, y una cesta
con algunos de mis frutos, tu alimento
cuando creas que te falto.

Yo sé que me has amado
(tú, como pocos) y me has necesitado
y, aunque no lo sepas, he estado contigo.

He permitido que me veas
como una madre, como una amiga:
así me encarno, sin que me digas
Soror Mistique, Cárite, misterio, musa,
Angelita, Gracia, Eterno Femenino.

Tú me necesitas, lo sé.
Te agrada mi alimento.
¡Pues te bendigo!

Has comido mi nombre
y de mi dones y en las mujeres
te he querido y deseado,
me ha gustado lo que cantas
de mis sexualidades.

… me ha gustado
lo que preanuncias y defiendes
de mis festividades…

12.

Cuando vuelvas a tu allá,
donde quieras lo decidas y ante gentes
que yo pondré a tu lado, dí con tus palabras
y otras que echaré en la cesta más hermosa,
en almendras de tu emoción divina,
en alta amígdala de tus nervios humanos,
en memorias que doy desde las aguas,
que la Madre existe, coauxilia,
que la madre quiere un templo
y un templario, jinete que monte
consigo compañera,
navegante que pilotée
una barca
y reme en los riachuelos
del encanto.

13.

Seguramente, tú querrás
el regreso a ese pueblo
donde yo tuve un Templo
y te conocí con otro nombre
y otra piel y otros huesos.

... un templo para mí es la Vida
y la alegría más pura
porque no existe legislación represiva
ni venganza; un templo es fe,
deseo, pasión, esencia,
la voluntad natural de pobladores.
Yo tuve una comunidad
que sí... me amaba
y tú estabas allí,
adivinabas mi alegría.

14.

En ésto creo, Carlos,
y lo escribiré como una carta
para un enamorado. Pónlo
en la cesta invisible que te doy
con aroma y mandato de mi alma.
Esto dijo Atabey en su descanso eterno;
ésto lo dijo Irene, matrona que recibió
al herido y desnudo Sebastián,
asaetado en poste del Estadio Palatino:
No morirá del todo la fe,
la santidad del hombre
y su conexo histórico.

15.

La muerte es santa, Carlos,
pero hay una muerte que hipnotiza,
mentirosa propuesta de los destructores
y no es mía y no me representa.

Ebriedad es. Sopor de un limbo innecesario.
Acaricia con uñas largas aún a los vivos.
Con dientes blancos y ojos severos,
miente, sonriendo, bebe la sangre oscura.

Cuando veas a los que te aman
o pudieran llorarte, dí que la muerte
a la que irás un día no es tipo de condena.
Es muerte verdadera, cesación,
meramente. Ella no me suplanta:
te recibe La Dama, la Cárite más bella,
el esplendor, el ángel.

Tú no mueres en verdad, Carlitos.
Vienes a verme por un rato
y me pides que te restaure el ser
y ponga júbilo y dones en tu alma:
el eco de mi voz en el corazón tuyo.

*

Giman

Si la gente fuese capaz de darse cuenta de que todos elegimos nuestra propia raza, que hemos sido ya de todas las razas no existirían los prejuicios. Las personas con prejuicios deben volver a vivir las mismas circunstancias de aquellos individuos a los que ellas condenan: Betty Bethards

Giman y escuchen el dolor.
Aprendan a temblar porque un poquito de miedo
es necesario y rico como el sedimento
para la carne llagada.

El dolor es un bálsamo secreto,
río profundo, caudal que fluye
anónimamente, día día.
Su memoria, con engaño, se olvida,
pero está siempre con otros
preguntando si le sabes el nombre,
su entraña, sus heridas abiertas,
sus paisajes siniestros.

La tristeza neural, como la sed del cruel,
Bebe del cinismo consuetudinario
y se seca a las orillas de los vados
como hierba por todos escupida.

Aunque breves y secables
sean las lágrimas, el gemido se asoma
tantas veces y otras tantas se esconde.

El dolor chapotea en aguas frías
y congela los huesos
para que el corazón no reviente.

¡Por eso! ¡giman mientras puedan,
escuchen el dolor en la mañana
para que enlutezca el olvido!
y asesine el motivo que burló en carne viva
la porción húmeda de sangre que les toca!

2-7-1989

*

De la transitoriedad

A George Simmel, primer sociólogo de la modernidad,
sicólogo de la acrobacia y la pirotecnia, hombre sin base firme,
retórico neobarroco de la transitoriedad…

Estos son los discursos sobre la muerte amarga,
la agonía ad hoc, defunción giratoria,
el sepelio insoportable, el petardo,
la disolución infernal, la Nada victoriosa
y el nihilismo. Aún sabiendo la directa relación
entre la vida y la forma, ellos no van al fondo,
no se juntan contigo, no suben a la Nao de la bruma,
menos se ponen en tus botas.

No lloran con la ralea sufriente
que pide tu café, el asma de tu madre, la tragedia,
el disparo, el cuchillo rayado y afilado
con la brea de una orilla de tu calle.

Ellos buscan el espíritu del tiempo
como se busca un chiste en el vacío,
un pedo difuntal entre utensilios,
una definición impresionista de la Nada.

Por la expresión básica de instintos
no van a la fe, sólo la mientan.
Huyen a los saltos, leaps of faith
kierkegardiano, intrahistoria agónica,
senequista, goyesca, unamuniana.

A la esperanza no le daríán su hóla
olfateando la pasión. Vivos ya están
en los panteones, muertos en nequencia,
deambulan como zámbies…

No saben el discurso, la queja existencial,
abierta y dolorosa, el don, la hondura
del ebrio despreciado, Moncho Lira,
el don histriónico, oratorio, de María Culito,
la pobreza dura, el esfuerzo, el heroísmo
de Millita, el hambre en la misericordia,
la reunión de los pobres por un caldo
y zapatos, o trapitos nuevos y fiambrera
que les brinden los Torres y Boultrón,
Cheo El Indio, o para el pobre
la cajita de muerto de Don Aguedo.

Para tus días, nada saben sobre la muerte.
Inventan estructuras y cohesiones sociales,
el dominio, el puño atroz, la Mano Invisible
del estragulamiento, para que no se construya
un yo maravilloso, ser-con-otros
projimal, destino comunitario, benévolo.

*

El gusano negro

Quiero sentirme tan jovial,
como siempre, reconfortado con besos
que lo son por amor
y por festejo espontáneo de vida
y por anhelo profundo de abrazo.
Mis brazos han querido
su casa, inventar espacio,
encerrar en sí, cariño por cimiento.

¡Pero un gusano negro escarda
en mis rincones; un ave
tal vez cenicientamente roja,
hoz clavada que su nido
se inventa con mis sámagos!

A veces y tal vez a trasquilones
voy cantando sin que nada me importe
y me azora una piedra,
curso de raíces, sol maravillado,
luz derramada donde nadie contempla.

Mis manos han querido apresarla
sin hilvanar una sombra
y digo… «es para mi casa, tibia,
deliciosa, blanda, y será mi descanso»
al fin... que ¡no para tí,
zopilote. Por tí nunca he cantado
ni a tus sombras llamo,
nunca, ni por arrugas lleno!

Hay una vieja alegría en el mundo,
o sí, en la geografía, en la memoria
de mis manos y brazos y piernas,
en la piedad inocua
de alguien triste y cansado,
con dos ojos soñadores
como los que he tenido...
ay, y ahora soy...
tan pobre como para pedir silencio,
tan rico como para vagar en años.

Necesito el sol sobre mi boina
(tengo dos ojos y todo lo bello
se acredito al vivir con ellos
¡cómo me han obsequiado!)

Todavía tengo un árbol al que digo:
«Me asombro»... y una dulzura de mujer
que se conspira en antojos
y una canción que vive de mis labios.

Tuve cuanto quise y pude merecer
¡menos esta mitad de la muerte!
que vuelca el horizonte, de repente.

Me ensombrece.
La tempestad amanece
con sospecha de asalto y alfileres
tan intrusivamente que estoy aquí
ante una tumba abierta, con mi nombre
y mis rodillas, tiesas y selladas.

La ronda del pájaro negro
saluda en mi piel, sólo arrugas
y polvo y lentos pasos y olvidos.

*

Soledad

Me dejaste solo.
Recogíste todas las palomas
y las mariposas y los soles diminutos
y las semillas que había en los cielos.

Me dejaste con una espera
que ya no tiene asombro
sino la sensación de una tierra hendida,
abismada con su propio crujido de volcán.

¡Ya no puede ser peor, ya no resisto!
¿Cómo es la ausencia? … que no hay posibilidad
de sonreir desde los huesos. ¿Cómo es no verte?
¡Que la tierra me traga y no me espanto?

Tu voz se fue de mis labios
¿y para qué decir palabras que el viento
dispersa o en la pared rebotan?

Me dejaste solo y yo exendí mis brazos
Hasta nunca verlos pues no pude estrecharte.
Ya no existió el sentido de tu cuerpo y el mío.

En el espejo, como en un recuerdo borroso,
pareces un fantasma; en sueño, borrosamente,
reapareces y te pienso un delirio, incoherente,
y suspiro queriendo más de tus voces.

Pero ya no te veo. Ya ni tú ni yo existimos.
¿Dónde está tú? Que juegas con la muerte.
Yo estoy acá, en complicidad de yerma.

Esta geografía es una boca callada.
Y mi alma es un dolor inverso.
En este vacío entre frutas de lo cotidiano,
no quiero olvidarte. Te invoco.

1-12-1980

* * *

Elegía a Victor Emilio «Chato»

In memorian: a mi hermano

Fui primero por él, la oveja negra
de tu casa, zángano infantil
lleno de lodo... ¡él era mío!
él que se dio postín con la noche y la gavela
y a todo dijo adiós y supo irse
con alegrías de zorro por los montes,
con la boca rabiosa y satisfecha.

Un día, cuando tú estabas ausente,
casi olvidándolo, yo mandé por él
al herodes de la Muerte
y lo hice beber sangre de sus hígados.
A Chato lo premié con el honor
de estar conmigo y saqué las tulangas
de su boca soñadora de dulzura
y lo mandé al hospital, a costa de su ira,
sus maldiciones y odio...

A él sí me lo llevé.
De tí no quiero nada todavía.

II.

Tú conocíste ya las zonas del carácter.
Eres menos frágil, gozas
con emociones subterráneas
y tus ojos están abiertos noche y día
y te atarea el destino
y juegas a las consignas.
Huyes de mí, me eludes, aborreces
mi sombra, me apaleas, me versas
morringuero y cotudo.

Es difícil matarte y darte palos;
te lanzas entre farolas por una muerte digna.
Crees que mereces el mundo que no tienes,
uno justo, solidario, placentero,
donde haya dignidad bajo los soles,
donde haya amor con oleajes de luna.

Tú sí eres un listo, Carlos, aún en quebranto
y por eso te abjuro, no te quiero.
A otro elegiré que pueda herirlo;
a otro que te hiera cuando muere.

III.

Yo voy hasta las sombras
donde crecen las audacias del ánimo.
A los más pintados, tatuados de jenipa,
descabezo, los tuerzo.

Yo quito la ilusión de sus imágenes,
sus qualias alterados, sus victorias,
visiones alucinatorias de escondite.
Si ellos, con los dedos me mienten
por seudafia, yo les pudro los dedos.

Al montonero, con metralleta en mano,
con el tiro de un cobarde, lo descuento.
Cosido a balas lo dejo por gracia
del más torpe cagarriche con gatillo.

Yo voy más allá de tintes de copey y jagua.
Ninguno se me esconde, ninguno sobrevive;
yo les pudro las caras, yo les quemo
con pústulas el rostro y hago del ácido
la sed de la epidermis;
con cirugías estéticas no me elude nadie.
Yo hago polvos las máscaras, Palilo.

Todo el que huye es mío.
Todo el que canta, jactado por fáciles alegrías,
dirá elegíacamente: ¡Muerte, me cagaste!
Me gustan los inocentones y los temerarios.
El que no quiere morir, me enoja y tienta
y yo voy y lo mato, lo persigo.
Le doy mi dulce trago amargo.

Soy el dolor de muelas de muchos valentones,
guapos de esquina, curros de barrio.
En las cárceles me doy festín, suplo
navajas y fileros largos.
Al guerrillero lo mato en la manigua.
Al policía granuja, como al patriota artero,
los sumo a los heroicos pendejetes
a los que mato, yo soy más narco que el narco,
yo soy el hampa insorbornable de la Muerte.

IV.

Fui primero por él, la oveja negra
de tu casa, zángano infantil
lleno de lodo... ¡él era mío!
Tú lo querías porque fue como el niño
que no crece, crédulo, soñador,
caprichoso; a cada niñaja de su rumbo
quiso engañar con besos, acostarlas,
olvidarlas, tirarlas de su lado
(yo estuve con él, viendo su lado oscuro;
yo comencé a ser Herodes al matar su inocencia;
yo te pegué con el martillo en la frente,
¿recuerdas? te noquié, te levanté
aquel chichón que fue como tu marca ciclópea
de espíritu, un ojo de ajna chakra,
señal de tu monte mágico en la muerte.

Usé su mano de niño,
su temerosa mano; por golpearte lo premié,
lo hice majo, azotador, travieso,
más fuerte que tus versos,
más fino que tus oídos, ya por sí agudos,
pues han soñado lo sagrado en la pobreza,
en la santa y fuácata casa del maestro.

Tú lo querías y se fue, lo quité
de tu lado para que no se llenara
de palabras ni de libros, como tú...

¡No sabes, Carlos, como odio tu silencio
desde entonces; no sabes cómo odio
tus palabras, Carlos, tus lamentos!

V.

Siempre rondé la casa de la asmática
(la mitad de la muerte es dolor y agonía).
A Yuyita, tú la querías como a tu propia alma.
Así querías a Chato, el más travieso,
la oveja negra de tu casa.

Una vez le quemaste el pelo, ¿recuerdas?
Tiraste kerosene en una esquina
del fogón cuando él se arrimó, desprevenido,
al fuego; tras las tres piedras calientes, víste
las llamas subiendo a su cabeza
y te asustaste; víste su muerte.

Yo soy la muerte traviesa
y contigo también juego y me plazco.
Yo fui en el gas, tu mano, quise probarte;
entonces supe que hasta la vida darías
por él, tú lo querías.

Por eso lo abrazaste y corríste a él,
lo llenaste de besos y apagaste
cada greña encenizada, casi llorando;
¡Te asustaste, pendejo! ¡Pobre Carlos!

¡Así son mis simulacros, niños importunos
como flamas; a riesgo de coquipelarse
con un puño de fuego; no así los infiernos
que tengo prometidos!

VI.

Una vez se tostaba el café,
o más bien, los garbanzos que como té
beberían aquellas sangüijuelas adventistas
que el Sábado alabaron, ¿recuerdas?
se alababan a sí mismos, sí, mentira
y, además, bebían de tu café y de tu trabajo
(¿qué palabras dieron a tí, mi pobre Carlos?
sino clamores por tu arrepentimiento,
el Juicio Final viene
y a Dios te encaras, con corazón rebelde,
emplazando el fin del asma
de tu madre; al pastor dijíste, mentiroso).
Se fueron siempre bien servidos,
orondos, anchos, de tu casa.
Llamaron el reposo su joder, prohibir,
gesticular, adoctrinar y hacer predicaciones...

Desde siempre los odiaste; eras un listo,
caramba, detrás y por delante de tu tez de rosa
y tus pequeñas manos, debajo de esos ojos
que lloraban, pese a tanto miedo
y fastidio e himnos fatuos.

VII.

¡Cómo me gusta la guifa de matadero,
la tristeza de ese trecho final,
después de la agonía!
El enfermo que ya no combate
y perdió las ilusiones
y se entrega a mí, ya suplicante.
¿Serás tú otro bohemio acobardado?
El, marido golpeador, inspirador
de ajenos lloros y terrores, al dolor temía
y lloraba él, en lecho de amarguras difuntales.
Como bebito desvalido y desvelado, al fin
gritó sus postraciones, me dio sus alaridos.

¿Cómo harás cuando seas tú
el que deba morirse y estés tendido?
¿Serás dulce otra vez, te estarás quieto
y estoico, o azotarás con tus manos
el cráneo que arde con el infierno vivo?

No lo sé aún. Te gusta el fuego.
Antes de reclamarte, yo pondré
mucha ceniza, Carlos,
en tus cabellos y tus bigotes.

Entonces, recordaré
las zonas de tu infancia,
semillas de tu carácter.

Tú atizaste la leña
bajo una enorme paila,
tú, niñajo, hacendoso en quehaceres,
por amor a tu madre...

¡Para tí, como juego sería
y hacerlo, en largas horas, solitarias,
menear los granos
y echar tus ojos a fantasmas espirales,
ángeles del humo, visitantes de fuego,
y largarte con ellos, quedo, callado.

Con dedos intrusos dentro de la olla,
seleccionabas tus garbancillos tostados
(para tí, sabrosos, semicrudos).
¡Qué pueril tu delicia al comerlos y mascarlos
y ver las llamas y cantar al humo
y sentir los olores y danzar con el viento
y, finalmente, echar la azúcar,
oh, azuquita mami, hasta que hierva
y sea negra la jalea como una oveja,
granos del descarrío, dolor
desmenuzado a caspucias, a despellejo.

Sobre un papel de estrasa, ¿recuerdas?
tendías tú el granerío, tu menjumje;
se tendrían que secar las semillas oscuras
del café o el garbanzo.

VIII.

Danzaba él, mamito en las discotecas,
hábil en el meneo, guisaba la figura del donaire.
Usó el pelo como Sandro, aquel puma argentino,
y cantaba sus canciones, imitándolo.

Debbie, la gringa, fue su chica más hermosa
y ella lo amaba como a nadie, se casaron
pese a él ser ingrato, ofensivo, violento.

Se aferró al circo de amigos y parranda
y al pretexto, con las copas me calmo,
con la coca y otras viejas me alimento.
En farra lo fue perdiendo todo,
su bella casa en el Viejo San Juan,
su apartamento, su mujer,
sus amigos...
y hasta perdió el trabajo
y fue a la inopia, enfermo, avergonzado...

Por compasión, esencia del amor mío,
lo reventé con cólicos biliares
y le sequé la boca y le dije: No bebas,
te lo ordeno; ni sufras ni repliques.
Yo soy el Lobo y depredo.
A su linda cabellera,
del negro más intenso, la desgreñé
con prematuras canas;
sus cachetes chupé
como ebrio que escurre la botella.

En fin, yo soy la ira hepatálgica.
No respeto ni rostro ni quijada.
Tumbo y tiro como a moco al que me place.
No serías tú, Carlos.
De tí no quiero nada todavía.

IX.

Cuando danzas, tú...
el que todo lo sufre y lo perdona,
cuando cantas, muchas veces callaste,
Tus tonás no son de mi fandango.
Bebes y jodes a ratos,
pero tus vinos no son de mi cova.
No se te puede hopear ni echar diabladas
ni de habladas ni gritos; no soy
lo que has llamado Tu Zorra, tu poema.

Me has odiado, quizás, antes que yo.
Me has detenido para quizás amarme;
me has olvidado quizás para quererme.

Contrario él, en horas muertas,
vas hucheándome con tus perros blancos.
Entonces fui por él, la oveja negra
de tu casa, zángano infantil
lleno de lodo... ¡él era mío!

1984

* * *

Elegía a mi madre

A mamá Yuya (1925-1987)

... fue una mujer maravillosa.
Luz en la nebulosa de otras vidas
que llegaron a ella en llanto doloroso:

Víctor López Nieves

Mi madre fue mujer delhic et nunc,
hogareña, abeja de su panal no siempre dulce,
vertical, transparente, fiel, a veces triste
como la morriña, a veces cantarina
o nerviosa como el moriviví de los campos.

Ella protegió y crió a las erictonias,
a los hijos de nadie, a los faltos de abrigo.
Su mano, entonces, fue más pródiga y feliz,
magia provedora y cariño,
trigo de los cielos, pan de nobles.

Documentó estrellas,
caspucias minerales del llanto,
pero hartó a muchas lunas marchitas
en el cieno y el vaho.

Por eso, apasionada y justa,
jamás vivió satisfecha de sí misma
ni fue cómplice de refistoleros de capital
mal repartido, ladillas chupasangres.

Cultivó su propio jardín.
Encendió sus soles.
Maternal, pacífica y guerrera,
no fue llorona de llevanzas, sino fiera,
maldiciente y dulce, por los suyos.

¡Hábil en el huso, el telar y las agujas,
la cocina y las transformaciones!
Quiso lagos, manantiales, lluvias,
todo lo que es Dios sin reservas,
spinozianamente dicho,
epicúreamente calculado.

Amé su coraje purificador, su voz
contra el desamparo y las negaciones del frío,
compasiva de los agrios mataperros del doliente.
¡Sólo así fue consuelo mío y ajeno!
más que discurso y ejercicios de amor puro.

Creció entre los avatares de su propia cruz.
¡Y por eso la quise! Y de los montes de hoy
hizo ciudades con olor a mañana.

Nació del cráneo roto del poder,
del cascarón del hampa, hija de palas de glucosa
y dendritas vehementes de tritonio,
ultrajada de prudencia hasta las médulas,
con semillas de Zeus en Mirabales
y él se derramó, adormilado, con sus sesos al aire,
para que no la matara la logomanía más vil
ni la tocara el mamarracho cotidiano
en las calles del olvido y Don Nadie.
Y por eso la he querido.

Laurita quiso llamarla Palas, Atena, Tritogenia
cuando la vió salir por las heridas como se dijo
en las leyendas de Pelasgo; pero fue en una isla del Caribe
que nació, después de todo, envuelta en Cidral
para el casto monte que fue su frazada, Mirabales.

Allí inventó la brida y la carroza,
manejó un Renault que fue su blanco palomino,
y a sus flores cortaba con tijeras del solsticio
para que el invierno llegara con promesas,
con descanso, con flores del Hebrón
vueltas hibisco o sorgo de los montes de Israel
e hizo con la flauta música de amor
por los que oyen.

Silbó por la espesura del temor y la muerte
y por senderos, donde araban al barbecho
y mugieron bueyes sin aliento,
sin consuelo en el dolor, caminó.

Dicen que cayó de las nubes como ángel
y que amaba a los huertos.
Debe ser verdad.
Cultivó muchas flores
y se enternecía con el rocío.

A nadie dijo: Deténte. No camines.
Ni moverse es bueno;

¡ya que fue jiribilla sin descanso!

Frágil y bella como una mariposa,
aunque supo su destino de gorgojo y polvo
en la tierra que la sepultara, ¡la quiero!

2.

Nunca falta un roto para un descosido;
así que se casó en feudo de sombra
donde la doxología da su migaja de récano
y los moros van y los moros vienen
y las moscas lamen y aprietan el cuello
con su vaticinio de tormento que aparentan
dar consuelo, aunque sean cuchilladas.

Sin embargo, ella formó sus utopías,
sus fántasticos nexos
con el fuego del porvenir.
Bendijo su propia desaparición
cuando pensó que hay un mas allá de vida,
gozo por entregarse a la Nada
que lo contiene todo
sin decirlo, sin jactarlo
y sin que nadie lo espere.

Ella estuvo desnuda en cada asombro
y el que más fiel, en su vigilia,
fue buscarla
como al barro de sus propios sueños
la vio bañarse a solas y secarse al sol.

3.

Fue Tiresías, afortunado,
mi padre, el pobre ciego.
¿Quién habitaría en su mañana,
en sus espacios de cosecha y alabanza,
si con ojos de maruga la llamara?
¡Nadie!

El que, como asno que mastica el malojillo,
se tragó las piedras y deshabitó los huesos
por impuras ecos de pureza y forma ingrata,
no pudo conocerla ni acariciar
la fibra castaña de su pelo
ni verse en su mirada como miel del cielo
ni contarse humano para su paraíso.

Desafiando el asma de su cuerpo,
ella hizo su horóscopo de gracia
y ninguno mayor que su afán de inspirar
una sonrisa, una esquina generosa en el infierno.

En la manigua urbana, tuvo
belleza de cartel, pero, sobre todo, doncellez
tibia para su marido, lealtad real,
renuncia, sacrificio... Para navegantes con destino,
velero y faro. ¡Siendo gacela de los montes,
fue ninfa y canto de arroyuelos y, en las citadelas
del tedio urbano... obrera con ser iluminado!

4.

Para amarla, con gratitud veraz,
me bastó meramente escudriñar sus manos,
a veces ya rugosas, o sucias,
mas siempre tiernas en medio de la lluvia
que nutre y los jardines que declaran lo bello
y los desvelos que organizan el rascate y el consuelo,
como si fueran empeños de raíz en vez de dedos.

Para alcanzar a comprenderla,
el que miró olambrillos y se hizo el majá muerto
llegó a su casa, Biblia en mano, a predicar
al Temible y sus demonios de hollín
y mentar a la Luna de Valencia
y al mundo malversante del goyyim
y las paganas vanidades del incrédulo
y las colectas y el sábado de gloria
y las piadosas chanzas;
pero el que estuvo a matar con sus bolsillos
se llevó el contra-evangelio de otro modo:
¡como pan y como abrazo,
como diaria piedad, sin sermoneos,
como ropa, como vianda y hermandad
desde los huesos,
serena amistad sin aspavientos!
¡Y por eso la quise
y la he querido y la quiero!

5.

Ha muerto el asma laboriosa.
¡Ya lo dió todo tu hija, doña Laura!
Ha muerto el corazón blando
y la sangre rebelde y luchadora.
¡Ya lágrimas se cantan y se cuentan
entre muchos que la amaron!

Ha muerto con sus labios finos
y su nariz judaica.
Se despidió de las parcelas de la vida
y de su hogar en calma
y del barrio urbano del humilde.

¡Su voz tiene escondite en mis recuerdos!
Se ha ido delgada, menuda, frágil,
húmeda como el beso del rocío,
friolenta como rosa blanca que amanece.

Ha muerto, Julia sagrada,
Atena de los bondadosos y los tristes,
almohada y refugio de los que convalecen.
Murió la flor de hibisco, el recao,
la berenjena, el ajizal, la yerbabuena.

Ha muerto la rosa blanca, la martiana,
la voz serrana de Spinoza en el Séptimo Día,
el café de las tardes, la tertulia...
La que cosió camisas en la escasez,
la enfermera de permanente turno,
la esposa del maestro,
el timón del poeta.

6.

¡Ya sólo dice adiós a los Ortizes!
Ha muerto y Raquel está triste y Rebeca
y todos llegan y se juntan y el esposo
está en el luto, desde el alma más mustia
de los desconsuelos y la tiniebla más negra
de sus ojos claros, llorosamente grises...
Su mano que cortó mis cabellos ha muerto.
Su rico guisar, su vigor de hormiga mágica,
su diligente trasiego, su desvelo, descansan.

Volvió al cieno:
ahora es agua y aliento,
mineral del camposanto y memoria.
¡Ya exprimió su aroma y su dulzura
para dejarse enteramente grata
como efluvio!

Ha muerto con el nombre de sus hijos
en la boca, con última ternura del marido,
con sencillez de helecho,
con sensible dignidad de bondadosa.
¡Y por eso la quise
y la he querido y la quiero!

* * *

Kaddish / In Memoriam

A Víctor López Nieves (1919-1995)

Aquí estás aparentemente muerto, padre mío,
y yo que te amé, separado de tí,
también estoy tendido desde el alma
y recito mi trozo de alabanza
por tu honorable vida y tus ojos ciegos.

¡No es fácil escribir sobre hombres tan llenos
de silencio, tragados por las madreperlas,
sin la predecible sensiblería de los truhanes!
¡Fuíste tan fuerte, haz por haz,
conspirador velado en las costumbres,
pero tierno como los niños lujuriosos
y traviesos, tus alumnos sedientos de secretos!

¿Cómo fue tu vida de soldado?
¿Cuántas mujeres
tuvo tu uniforme de huesos grises,
tu guapura y tu estampa,
tu donaire de poeta caribeño?

Recuerdo tus muchos libros,
tus medallas, tus diplomas de hombre brillante,
tus monedas, tus piezas de recuerdos,
tus viajes a países extraños
y tus múltiples gabardinas y cobatas y trajes
y tus vivas a la independencia y al albizuísmo,
al Fidel de los '60s, a la ciencia soviética,
a la España democrática, sin Franco...

¿Cómo fue que llegaste a los campos, a la jaragua,
para robar la Luna en Mirabales y cazar
liebres con los Luiggi,
o despasearte por la Loma de Elizalde,
cómo descubríste el Charco del Peñón
y el Salto de Collazo?

Amaste la aviación, piloto de fantasías,
y a los héroes de la Sierra Maestra
y amaste a diez piedras de tu sangre
y a tus nietas y tu casa y tu Yuya, nueva Eva.

Al final, amaste la fe con ojos ciegos
y la tristeza de perder la mitad más querida
de tu cuerpo para ganar la mitad
más gloriosa de tu alma...

¡Qué irónica plenitud el amor tiene!
Hasta los poderosos como Nimrod
caen quebrantados y se los traga Seol
para llenarlos de vida.

II.

Lev yodea marat nefsho

Aquí recuerdo tu corazón
cuando aceito esta piedra con espíritu
y la guardo en la morada clara, sin espiguillos,
para que no se hurte tu cuerpo por salteadores.
Consagro para tu tumba,
el limpio tabernáculo
para que el sol en directo queme
el plexo de tu pecho.

Ya que el corazón es nuestra roca,
que sea tu propia piedra
la que consuele tus angustias.
Sobre tu cabecera la puse
porque ya estás muerto
y se te llama a secarte
como la vid en la inopia.

¡Ya para nada sirve tu esqueleto
ni en nuestra memoria viva!
De otro modo, colocaría esta piedra
sobre tus pies, con orden
... patead, dad coces.

Pero el corazón sabe más
que el calcañar y las rodillas
y ahora vives para volar
en las sospechas de lo inefable
como el piloto, el guerrero, el navegante
en otra barca de la vida...
Creed en aras de conocer,
no esperéis la verificación a priori,
crede quiad absurdum,
crede, ut intelleges,
viejo ateo.

Ahora que penetras en la realidad de la muerte,
yo aceito la piedra de tu cabecera
y te encarezco que despiertes
en la pulpa cuántica,
con ondas de contínuo movimiento
ante el gran Testigo de la Constancia de la Luz.

27-4-1995

* * *

Tercera parte
Labores y memorias de Juanito Pana

Feo como alacrán que maldice
con su voz dejativa tras morderlo la muerte
(en acusmia de sepulturas bermejas y abandono
pues le hablaron las ánimas) salió
como duelero aquel Don Lino,
el maestro rural de Guajataca.
El Muerto Vivo.

Feo, pero seguro. En libro de concordancias
y cósmicos secretos, leyó textos de Alfarabí,
instrucciones precisas sobre cómo presidir
la Danza, el aquelarre, la fiesta de los macaveres.

Malo fue pelar el ajo y morirse sin recordar
a otros, a su pueblo, el por qué se mete
a espabilar los cuerpos en los montes
en medio de las quemas y las hambres.

Mujeres de Pepino, adoratrices de curas y albalaés,
esclavas del Sacramento Santísimo, ni a los Adonis
amados de Afrodita, la Muerte los proteje.
Un jabalí vendrá por él o ellos. Los mascará.
A todos los Adonis los destaja.

Niñas Cabrero, Mantilla Yparraguirre,
hijas de las familias de abolengo,
nenas más tiesas que el ajo,
leeré la Gran Cartilla de Alfarabí,
con voz que me permita persuadirlas
como Hernández Arvizu lo haría en vida
si viviera este día... no hay
ya Manos Negras en España, a su juicio
se fueran a la mierda, en escarmiento,
huyeron de Jerez y Andalucía. Se largaron
a Cuba, a Filipinas, al santo monte.

Comenzarán las Fiestas con Titina en la carreta
y una Novilla delante que la arrea; en enero
por Fiesta de patrón, habrá Misa y Danza
y el Negrito vestido de levita va decirles
que hay insensatas opresiones y mentiras.
El Santo de Narbona viene también en la comparsa
y el Hijo de Dios, el propio Cristo, con él viene
y con otros flechados, dolidos en la carne,
perseguidos y quemados en hogueras, vienen
y dirán lo que les dije: Este pueblo
de San Sebastian del Pepino
no es eterno, no rezará siempre como reza,
no seguira a pie juntillas sus hoy virtuales Sacramentos
(dándose azotes de ayuno y ausencias orgasmales,
resolviéndolo todo con misas de paga y ostracismo
para sus hombres generosos, verdaderos autarcas).

La muerte viene. Querrá su danza violinera.
Que no se enoje Don Andrés Cabrero
porque con Solines Hernández querrá bailar
la Calaca, ni se enoje Echeandía porque
Luisa Vientós ha de bailar conmigo.

Vendrán diablitos, ex-esclavos de sus matorrales,
explica Lino, el hereje por siglos, el rebelde. El feo.
En las Danzas de la Muerte, se pide
Que sea el óbolo de hondo regocijo, que el propietario
Ee niegue por un día sus privilegios en Casinos.
Sepan pobres y ricos que la vida es finita
y vanidad de vanidades, el terco fruto.

Con las damitas de Zagarramurdi y las Labayen
bailarán, levitas a su vuelo y colorines, los demonios
en la Plaza, los sátiros morrongudos que lo solicitaron
a las Benajam, a las Arvelo, las del Pozo y Ballesteres.

2-6-2004

*

Troglodita silenciosa, la muerte

A veces me complico la vida
persiguiendo un nombre, el tuyo,
palabra señera que describa
tu mancebía y violencia de tronga.

«Cuando venga Ella», digo, y medito
cómo de la vida tomas tú la esencia
que te place, sí, me pregunto.
Al parecer la vacías: todo queda
tan quieto, tan solemne, después que vienes…

¡Y no te sacias, troglodita silenciosa!
Sacas vientre de mal años y exiges más
y más y más... ¿Serás la más cruel?
¿O la más bondadosa?

De una dicha precisa, nada dejas,
sólo caspucias, migajillas, fatua luz...
El cadáver. ¿Y qué importa?

Ya tu nombre, tu intención de olvido,
tu tálamo venal, garito concupiscente,
se presentó en la Misa, pidió perdones.

En la escena que tuvo por espinos
el verbo y su garganta,
lo dulce y permanente de otro ser
hasta este día, tronga lo hicíste andurriales,
para que huyera de tí, o te evitara.

Y me sospecho que nadie volverá a quererlo
(pero no se muere solo una vez, tú misma
lo traes y te llevas y, al final,
y palpo otra vez la hediente y sorda contextura;
lu carne impiadosa, otarra rancia
de intertextualidad...

*

¡Qué pena de advenir y carrusel!

Imagino a los muertos
como langostinos que saltan de la red,
peces por insaciable apetito transformados
y que oscurecidos, en el día final, se fijan tiesamente
al regodeo de la tristeza mía, se pegan
a las horas en que sucumbo contigo, Sepultura,
y con sus cuerpos...

La feroz madrugada vibra
el ciego holocausto de la aproximación;
me voy cuando ya tú me sueltas,
te dejo, pero me has sustentado en agonía
(y, si me has mutilado, qué ojos lo dirán, no sé).

Estuve al habla con una pena inmunda
y nueva que ajota hambre de ser
y prisa de aguacero, repentino e intenso,
y muina de barro y godeo de celo y mujer.
¡Ay, qué empleo me dio la pena y la tronga,
ardiente, lujuriante, caprichosa!

¡Que arrastre sobre los vientres de la sepultura
los de estos vientos que han devorado un mal soñar,
con los maderos viejos, leños de mal arder
y el mal dolor del trinqueval, con dos ruedas
del carrro negro, deslizado y sepulto al fin,
allí en la ribera de uverillos que florecen
en abril, y luego se secan, ajenos al río y la mar!

¡Qué pena de advenir y carrusel,
la vida como noria y giros de Samsara!
Téngase lástima por mí que los sepulto, por todos,
por los que nunca se aferraron al hoy
y por los siempre se aferraron al ayer
en medio del desgaste del ser-en-otros
y en Uno-ser y en Nadie-ser, espaciados
en inmensidad maravillosa. La muerte al fin.

Huérfana de palabra, Ella satisfecha en mí
y mi incrédulo yo, satisfecho con ella...
Entristezco, Don Aguedo. Vea que entierro
los míos, un cadáver tras otro, y ¿quién
vendrá por la sospecha de saberme poco,
todo y nada, cautivo de su nombre,
a enterrarme a mí?

Una memoria agradecida se encargará
de quitar mi nombre de Cerbero,
pero... ¡Ay! me hallas, te veo, te solicito
y con qué ojos percibo lo que seas,
no lo sé, Muerte, hasta hoy.
Hice el oficio de servirte, peor hubiera sido
ser verdugo y juez… En tristeza personal, te confieso.
Te he amado; yo te desnudo.
En cohecho de noria y carrusel, te amo.
Tú y yo fornicamos sobre las sepulturas.

26-4-1989

*

A Moncho Lira

A Ramón María Torres, pionero
del canto poético en el Pueblo de Pepino

...soltamos la palabra que es relámpago.
Iluminamos el coñazo de la Tierra
y cada trueno es el tambor
del latido universal y poderoso.
Sabemos el pálpito al misterio
y el pulso a las arterias
de cada árbol y bestia
y pájaro y lagarto.

Sabemos el color a toda imagen
y el rostro a toda visión y el aroma
a toda alborada, la humedad a la sangre.

Si nuestra voz se calla, el trayecto
de nuestra mudez es la Muerte,
pero la vida sigue ahí, vuelve
como anillo sideral y silueta
de metáforas latentes,
orbitantes, volátiles,
con prisa de hermosura.

Respiramos una música escondida
que todavía no es canción
en la boca del mundo,
pero que lo será y a veces, lo es...
porque el poeta es shamán entre shamanes
con mitología y en las profundas playas
(donde aún no llegan los peces perdidos)
lanza él la red de la esperanza
y la convocatoria.

Salva el poema ahí-donde...
la muerte nos vigila y el anzuelo homicida
caza a los prosaicos, mata al inocente,
detiene y pesca a los incrédulos.

Hay quienes preservamos
la distancia porque hay algunos
que odian la música
y no saben oír
y no saben amar,
mucho menos, verse
en octavas de atracción
permanente y contínua.

Entre aquellos que susurran
con equívoca rivalidad
de modelos mecánico-causales
está la varonía de los asténicos,
tróficas mentes, unidimensionales,
estériles de ojos blancos,
con un negro óseo, sin vuelo,
bajo la nube y la viga pupilaria
y con una sola voz para decirlo todo.

Ellos gritan y crujen y gimen
(dizque por elucidaciones), pero,
en su lugar, construyen
una clínica epidemia
hecha de ciegas medidas.

Los apasionados sufrimos y gozamos
por causa del sonido y la idea,
la gracia y la ironía,
los tonos y las promesas,
los silencios sin mudez,
el trino y las certidumbres,
el fuego y las lealtades,
las tristezas y las fantasías.

¡Qué ricamente nos llena la ola,
qué interior nos subjetiva en el espacio,
qué lecciones de unidad y convocatoria
nos dan: la Naturaleza, la Muerte,
la espera, el karma,
la gravedad y la entropía,
la dualidad y el orden asimétrico
que guarda como monstruo
la Maya sin miopía!

16-6-1989

*

El negro Atán

A Luis Cantántara (el negro Atán),
el velador de cementerio

Como ese día no hay otro que se valga.
Lamí el alimento emocionado, conoceré de Moncho Lira
su última morada, entraré al Viejo Cementerio,
al templo blanco de los idos, y preguntaré
al negro, más negro de los negros,
«¿Don Luis, cuál es la tumba? ¡Quiero verla!
porque dicen que su voz se oye por las noches
y que recita, entre tumbas, versos a la Scharrón,
ayes suyos por su enamorada».

No llevé flores, pero sí las Estampas
de Jerónimo Ramírez de Arellano
(lo escondí en un bulto de escuela).
Sólo, por si me oyera, ensayé lo que dije:
¡No te olvidaron todos; te leemos gracias
a don Jerónimo, el maestro, gracias
a un Boceto de Andrés Méndez Liciaga.

11-4-1989

*

Murió Sandalio la Yegua

Ven, Pavín, con bombardino en mano,
y que tu hijo se traiga la guitarra
y sus dedos mágicos y su alma
que es toda melodía.

Murió Sandalio la Yegua, artesano
con talentos exquisitos. Hay que recordar
los cargadores y el linaje de Cirila, fallecida.
Ocho generaciones por su causa se formaron.

A dos trancadas, se presenta la Muerte.
Llegó anoche al Pueblo de Pepino.
Ya se sabe por quien vino, sigilosa,
Luto pone en la casa de Sandalio.

Vengan, trajineros, que hay que llevar
su ataúd al cementerio y escardillar
ese palmo de sepulcro que a las verijas
y las piernas de Cirila se parecen,
a sus brazos hermosos y velludos,
a sus manos eficientes que tan gratas
fueron para las barraganías y los caprichos
de Cheo Font, su cortejo bravucón y majadero.

Arrancaremos las malas hierbas
en plena madrugada, acostaré al hermano,
consolaré a Pavincito, echaré en sal la tristeza
que los toca; es gente buena, cantarina.

Han sido útiles y honestos tanto que,
sin aflicción alguna, lo echaré en la boca
del reposo, en la tapia de la muerte,
como a las propias rosas.

16-6-1989

*

El líder de “Los Sucios”

a Juan Ignacio Bascarán Quintero (1854-1898),
guerrillero mayagüezano, organizador de la tropa
voluntaria de «Los Sucios».

No me gustan los ahorcados.
Menos las cárceles que injurian
el cadáver, menos las dudas
y circunstancias misteriosas
de eventos tales en que la muerte
reclama al inocente y al apesadumbrado.

Juancho, ¿qué pasó contigo?
Te colgaron, Bascarán,
y una bala perdida no aparece.
Del libro de visitas, se cortaron
las páginas. Al parecer, no te conoce
nadie. Siquiera Concha Gayá,
tu mujer, tus cuatro hijos.

No me gusta esta moneda
que se puso en tu boca, Juancho,
ni que haya nadie que reclame
tus huesos, ninguno que te ofrezca
un adiós en tu siglo, espadachín valiente.

Desde la Cárcel de Mayagüez,
después del duelo llamaron a Caronte.
Desaire a Schwan hicíste; sólo se dijo
Capitán de incendiarios, come-vaca,
ése tu nombre... «Hagan el favor
de tirarlo muy lejos; ya está muerto
y aún sangra, el balazo que,
en Arecibo, le dimos».

3-12-1998

*

Don Aguedo y Juanito Pana

«¿Por qué la muerte está de ronda
todo el tiempo y el Padre de los Pobres
(lo nombran Don Aguedo Vargas y Labaille)
en el oficio triste, convirtiendo en ataúdes
sobrantes de las cajas de ajos,
tablones que nos saben a sal
de bacalao si los lames?»,
a tí lo pregunto
a tí, Juanito Pana.

«¿A quién entierras hoy, don Juanito?»,
le preguntan. Juanito y la muerte
siempre hablan, se conocen
secretos. Intercambian confesiones
y, tarde o temprano, él no calla.
Y tampoco la muerte.

*

Olga Clavelillo murió de amor

A una hija de Polo Clavelillo,
el quincallero, a la hemana de Gin,
el guitarrista, a la mujer
de un macharrazo, el policía,
se le recibirá en tierra y camposanto.

«A ella me la trajeron:
yo le entierro sus huesos».
Su historia supimos en el Pueblo,
pero su cuerpo, que era osamenta,
puro hueso, flacas carnes,
del Bronx provino.

¡Pobre mujer! con una tijera se armó,
corrió al marido y le dijo, en su histeria,
«Tú no mereces la felicidad.
Con engaño me manchaste la cama,
con sudor de otra mujer,
te subíste a mi cuerpo».

Se llamaba Olga Clavelillo
y, mujer de un abandono ocasionado
sufrió la burla a sus treinta años de amor,
fielmente compartidos.
Se llamaba Olga Clavelillo,
hija de Polo, el quincallero.

Ella, linda y dominante,
potoquita, con piernas bien formadas,
antojable culito, murió, señal amarga,
murió de amor, vieja, con el útero yermo,
loca y malquerida, añadió el sepulturero.

Y le comenzaron ataques de locura
y ascos por no comer y hallarse
con la ropa que olía a marido
por 30 años en su cama
y, al rato, advino su amargura
y se armó de una tijera. Quería matarlo,
junto a su chilla: éste
su solo pensamiento.

Un negro de 6.’4’’,
un negro macetongo de New York,
también puertorriqueño, su marido
y la mató de un golpe sin macana
y de un tiro sin pistola.
Dio en su alma garrotazos
de resentimiento, ella en despecho,
soportándolo todo, callando.

Enloqueció de amor, de pronto,
porque el amor es un puñal filoso,
un mal pretexto en palos
y también mata si aprende cuchilladas
en el trapo de la espalda traicionera,
en la mortaja de los días de llanto.

El le estrujó en sus narices
otra mujer adquirida. La embarazó
a sus espaldas y le dijo:

«Olga, tendré un hijo,
el que tú no me díste, ya no bajaré
al Joyo de Millán a darme tragos.
Hallé mi dicha. Díme adiós, hoy es
que de veras me jubilo y descanso…

Tengo una mujer salvadoreña
y más joven que tú y más ardiente;
ven y mírala, está en el carro,
convéncete, ¿o le digo que baje,
y te muestre a mi hijo?…»

Y, por machorra y burlada,
murió Olga Clavelillo.

6-7-2006

*

A Ramón Durand

… a Ramón Durand, quien fundó, en el 1835, el Cementerio
de los Coléricos, en la parte Oeste del Cementerio Viejo

Nunca ví a ese Durand,
al cura que sabía sobre la muerte,
al sacerdote compasivo del enfermo.
Yo en los curas no creo.

A ellos, quizás con excepción
del que mientan, Ramón del Ochocientos,
la muerte les da asco y los pone nerviosos
y, por ello, hablan en idiomas extraños.
Se le tuercen los labios y se le encrespa el pelo.

La muerte sobre la que hablan escupe
sobre el pobre, aleja a los mendigos.
Su Muerte no dialoga, es absoluta,
demasiada santa y se da el poder
que tiene a soberanos, a sus gendarmes,
se desliga del tiempo y las instancias
de la calle y de las horas, una muerte es
sin Alguien Cotidiano, sin un sepulturero
de mi estirpe: Yo soy Juanito Pana,
en materias de sepelios, el Maestro.

El sacerdote reza algunas jeringonzas.
Le pagas su latín, su ofrenda, sus misas
de post mortem, pero él no te entrega
el respeto que yo entrego.
Al Estado, al Monarca, a los Papados,
los llamaron en antaño, cuando fueron
tiempos del presbítero Durand,
cura aparte de coléricos
y tiempos de Cabrero, el hacendado,
la soberanía indivisible,
el derecho absoluto, lo acabado
y perfecto; pero la muerte en persona
me lo dijo: ¡Me valen ocho cuartos,
me cago en todos ellos!

*

La muerte mandó un