Explorando una nueva era de construcción social.
Jesús Galindo Cáceres
http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm
Grupo de Acción en Cultura de Investigación.
http://www.geocities.com/diplotecnicas/diplomado.htm
PRESENTACIÓN.
La televisión es el gran misterio de nuestra época. Vivimos con ella desde hace cincuenta años y aún no entendemos lo que significa para nuestras vidas. Tenemos una idea práctica cotidiana de su uso, existe un conocimiento pragmático de su importancia y ventaja para el mercado, el comercio, la publicidad y la propaganda. Pero el espacio conceptual para su comprensión cabal está abierto. A lo largo de décadas algunos de los mejores pensadores de nuestro tiempo le han dedicado un momento de su talento, otros han evadido el bulto, la responsabilidad de enjuiciar lo colosal e impresionante. Tenemos una colección de lugares comunes sobre el sentido y la ubicación desde lo simple y lo complicado. Ha sido un objeto de mirada crítica, eso es indudable. Pero seguimos sin tener un argumento para vincularla con fondos y formas filosóficas y de sabiduría coloquial . La televisión está entre nosotros, pero su presencia es en cierto modo invisible, tan común como el techo de la casa o la puerta de entrada. Ha estado construyendo la vida colectiva de más de la mitad del planeta, o colaborando en ello, y necesitamos saber cómo lo hace, en que nos transforma. La historia que sigue es una aportación a este curso de acontecimientos y visiones.
I.
Dimensiones
de un programa de investigación.
1.
Lo
Configurado. El gran contexto socio-cultural.
En un
curso posible metodológico lo primero que aparece cuando observamos un fenómeno
es el contexto. La pregunta primera es sobre el marco de circunstancias y
situaciones donde se desenvuelve. En el caso de la televisión el problema que
aparece es de gran tamaño pues el contexto coincide con el propio espacio
social en toda su amplitud. Quizás si el interés fuera sobre algún aspecto del
fenómeno televisivo el contexto podría ser menor, pero si la mirada se dirige a
todo el fenómeno a lo largo de la historia, las coordenadas tiempo-espaciales
requieren una matriz que cubra a la totalidad social, es decir, a todo el mundo
social sin excepción. Este fondo de la
empresa de investigación sobre la televisión necesita coordenadas de grueso
calibre, pero también un marco selectivo que de prioridad a unos elementos
contextuales respecto a otros.
Lo
configurado tiene una connotación más espacial que temporal, se construye sobre
una escala de tiempo mayor a la situación que habrá que analizarse. De ahí que
mirado el contexto desde la situación a observar parece casi inmóvil, o
moviéndose a un ritmo menor, dentro de una dimensión del metabolismo social más
lenta. De ahí que algunos nombren a este telón con categorías de la historia
respecto a lo social, señalando con esto la diferencia de escala y su utilidad.
En el caso de la televisión, y de la televisión mexicana en particular, ese
contexto necesita enmarcar y fijar el gran proceso constructivo del siglo
veinte, en particular de la post-revolución, de los años treinta y cuarenta
hacia acá. La televisión surge en los cincuenta, dentro del contexto de
modernización del país, dentro del proceso de industrialización de aquellos
años. Y después acompaña a la historia social por cincuenta años, pasando de
ser un elemento participe del gran proceso a ser un protagonista central.
Lo
configurado aparece en el caso mexicano asociado al centralismo de la Ciudad de
México, unido a la urbanización material y mental del país, y al pacto entre la
sociedad política emanada de la revolución y la elite económica emergente y
antecedente. Se necesitan entonces los trazos de este cuadro a lo largo de por
lo menos setenta años para ubicar al fenómeno televisivo en el. La parte
industrial del asunto es importante, está llena de visión y oportunidad. Pero los
contenidos también son claves. Al tiempo que aparecen las condiciones para que
exista el sistema tele-tecnológico , también aparecen las formaciones
ideológicas y discursivas que lo impulsan y le dan curso a la producción de
programas y mensajes televisivos.
Lo
moderno como sistema ideológico-discursivo, lo nacionalista, el consumo, lo
urbano, son algunas de las formaciones que entran en juego en este curso de
acontecimientos. El televidente también es un ciudadano, un creyente, un ser
simbólico, que se encuentra con una propuesta económico-política-cultural que se parece a la propia pero también es
distinta y agresiva. En esta negociación se formará el nuevo mexicano a partir
de los cincuenta, y en particular el mexicano de la Ciudad de México, que
estará en una situación privilegiada respecto al resto del país, pero también en una posición de mayor
permeabilidad a los nuevos mensajes que verá y escuchará en forma cotidiana
durante las siguientes décadas.
2.
La
configuración. El mundo de la vida cotidiana.
El gran
objeto de estudio de la televisión como fenómeno social-cultural es la vida
cotidiana. Ahí es donde se observa lo que ha sucedido con el mundo a partir de
la presencia del fenómeno televisivo. Lo cotidiano es el referente concreto de
la mirada que investiga, el marco situacional donde se mueve la vida desde la
escala de los actores concretos. Es el escenario en el que se verifica el
movimiento, el cambio, en el mundo de la gente común mayoritaria, en el
contexto de aquellas grandes coordenadas de la modernización, la urbanización y
la conformación de un estado nacional.
El
corazón de la vida cotidiana no tiene muchos lugares donde latir, la vida de la
gente se mueve entre trabajar, comer y dormir. Entre estas actividades básicas
se escenifican otras de igual o mayor importancia, las erótico-lúdicas, las de
la salud y el cuidado del cuerpo, las de información y conocimiento, las de
comunicación y comunión. El nicho donde todo esto adquiere orden y organización
como sistema es la figura de la casa-hogar-familia. Y es también donde la
televisión tiene su lugar de mayor importancia, ahí entra en contacto con gente
de todas edades, sobre todo los niños, y de todo género, sobre todo papá y
mamá. Y lo más interesante es como televisión y familia forman parte de un solo
sistema de relaciones en una gran parte de la población mexicana, y en la
Ciudad de México en particular.
La
televisión acompaña a la vida familiar a lo largo del día y de la semana,
ordena el tiempo libre, interviene en la distribución de los objetos, adquiere
una presencia jerárquica en la sala, el comedor, la cocina y el dormitorio. El
tiempo espacio de la vida familiar tiene en el aparato de televisión y en la
programación televisiva a dos elementos sustantivos de su composición y
organización. Un proceso de investigación sobre la televisión necesita tomar
como ejes de su estrategia estos componentes. El nicho casa-familia es central
para la vida social general, y dentro de el como sistema la televisión ocupa un
lugar importante, protagónico, participante,
La casa
también es el centro de la dimensión afectiva de la vida social. Ahí aprendes a
querer y ser querido, o a lo contrario, y la televisión vuelve a ser parte de la configuración. Entre lo
que sucede en la pantalla y lo que sucede fuera de ella hay un correlato que
se manifiesta en rating, horarios
estelares, estereotipos de éxito y fracaso, de amor y desamor, de soledad y
vida comunitaria, de lo que es ser hombre o mujer, adulto o niño, joven, nacional
o no, ciudadano o criminal , y otros muchos elementos componentes de lo que
puede ser. La televisión es la gran proveedora de representaciones sociales,
las cuales se van ajustando con el tiempo, adaptando, adoptando. Pero aún
dentro del perfil de un comportamiento normativo y valorativo estándar dictado
por la tele, también tiene espacio para lo excéntrico, lo novedoso, la moda y
la innovación. Todo sucede mientras la gente está en su casa mirando a la
pantalla.
En este
asunto habría dos dimensiones que ordenar, la que conecta a la televisión con
el orden de la vida diaria, en la construcción desde y en el ámbito de lo
doméstico, y la que conecta a la televisión con el imaginario, el objeto del
deseo de los televidentes. Ante la pantalla aprendes a desear, pero también
realizas tu deseo en forma imaginaria.
3.
Lo
configurante. La energía creadora de la vida socio-cultural. La recepción.
Hasta
aquí el programa metodológico ha señalado el objeto y el contexto. Por una
parte el escenario de la vida cotidiana en su nicho primordial de lo doméstico,
y por otra parte el gran contexto de la vida socio-cultural en un marco
histórico que le da sentido y lo condiciona. Observar lo que sucede en lo
concreto situacional, y darle sentido en los contextos generales, parecería ser
un curso de operaciones sensato, pero no es suficiente. Para completar el
modelo hace falta algo que vaya más allá de las relaciones formales posibles
entre lo micro y lo macro, entre la observación particular y el mapa conceptual
de lo general. Se requiere una apuesta a la parte constructiva del proceso.
Cómo es que todo aquello se verifica, esa es la pregunta, y la respuesta
metodológica es una apuesta hipotética sobre la recepción, sobre lo que sucede
en el momento de la recepción, sobre la construcción del sujeto.
Así
como en el contexto tenemos un énfasis en el espacio, una perspectiva que nos
lleva a imágenes e ideas más o menos fijas por la escala en que se configuran,
y la finalidad con que se construyen, aquí el énfasis es en el tiempo, en el
proceso de cambio en la subjetividad, en el metabolismo del movimiento de los
marcos de la percepción, en la parte procesual
del fenómeno. Todo esto cabe dentro de una hipótesis sobre el concepto
de recepción, sobre lo que acontece cuando las formas discursivas de los
mensajes televisivos y las formas discursivas de los televidentes se encuentran
y reorganizan el campo discursivo general.
Cuando
los televidentes están mirando la televisión pueden suceder varios escenarios.-
Primero. El televidente está siendo construido por el discurso que está
percibiendo. Lo que ve y escucha se incorpora a su esquema de percepción, que
en consecuencia se reprograma.
Segundo. El televidente está participando en el proceso de
reprogramación de su esquema de percepción, atiende lo que ve y escucha y en
consecuencia selecciona y reordena según criterios que le son propios a su
persona, a su forma familiar y social.
Tercero. El televidente está observando y reorganizando en su interior
asuntos de todo orden relacionados o no con el mensaje televisivo, con lo cual
la televisión sólo es un detonador de trabajo mental, un estimulante para
reorganizar el programa de percepción
asociado más al propio contexto del televidente que al del mensaje.
Entre
la creación del tercer escenario, la apropiación del segundo y la sumisión del
primero, existen variantes situacionales que sólo la observación, la reflexión
y la comunicación permiten aclarar. De
hecho los tres escenarios se verifican en la recepción, incluso en un mismo
momento en forma compleja. De ahí que la investigación tenga que trabajar con
tendencias y con variables asociadas que marquen énfasis y coyunturas. Lo que
sucede en la recepción es complejo, la participación de diversos niveles de
contextualización así lo muestran. Cada
situación es única, cada televidente también, pero hay corrientes de
composición y construcción sociales que pueden ser identificadas. El mundo de la
recepción es móvil y múltiple, pero puede
ordenarse en formas colectivas comunes reiteradas. El sujeto colectivo existe.
II.
Elementos
de un programa metodológico de investigación.
4. Primera Fase. Sistemas de información sobre lo configurado.
En una
primera fase el trabajo de investigación se concentra en el marco de lo
configurado. El gran molde social necesita de una matriz de representaciones
para ubicar al fenómeno de la recepción en los hogares. En cincuenta años de
televisión mexicana un país se movió, se colapso varias veces, resurgió. La
primera tarea es construir las coordenadas de ese gran proceso nacional en su
contexto mundial.
Esta
primera operación requiere de una mirada socio-histórica. La matriz se
organizará en grandes dimensiones, por ejemplo la económica, la política y la
cultural. Este trío ha sido tradicional para representar en mapas sintéticos a
las formaciones sociales a gran escala. En la dimensión económica serán
presentados los datos que muestren el movimiento del país desde una matriz macroeconómica,
como lo hace un secretario de Hacienda. Deben aparecer con claridad los actores
básicos de la acción en los sectores elementales, el primario, el industrial,
el comercial y el de información. En lo político se ubicará la información
sobre movimientos sociales y figuras de la institucionalidad, como los poderes
constitucionales y los partidos políticos. En lo cultural la matriz representa
a las grandes fuerzas constructivas de lo simbólico, como las iglesias y la
religión, la secretaría de educación y la gestión pública, y los medios de
difusión masiva, entre ellos la televisión. Esta información aparecerá por
décadas y por periodos de cinco en cinco años, para dividir a los cincuenta
años en diez y veinte partes respectivamente. Para cada parte serán
seleccionados los acontecimientos principales, así como sus personajes,
acciones y conflictos. La idea es hacer una representación de campo de las
principales fuerzas de cada dimensión y sus relaciones fundamentales, con el
resultado de una viñeta por cada etapa reconstruida.
Este
gran esquema de representación del país, se contextualizar a su vez por el
marco internacional correspondiente, así como por los antecedentes que marcan
las trayectorias de las tres grandes dimensiones desde principios de siglo, de
la revolución para acá. Paralela a esta tarea de síntesis de lo que otros han
hecho para describir y comprender al país, se requiere otra gran tarea
específica del medio, la televisión.
La
televisión tiene su propia historia en estos cincuenta años. Una trayectoria
que se mueve por lo menos en dos aspectos, el que se refiere a la parte
industrial-económica, y el que se refiere a la parte industrial-cultural. En la
primera se necesita información sobre lo que ha significado como empresa, como
capital económico, en lo referente a la producción de televisores y la
infraestructura para difusión tecnológica, y en lo referente al emisor y su
infraestructura y organización empresarial para emitir. En la segunda, la
industrial-cultural, se necesita la información sobre lo emitido, todo lo que
ha sido la programación y contenido durante estas cinco décadas.
Toda
esta información sobre la televisión no está tan concentrada y evidente como la
del país en general. El trabajo se torna entonces en una labor de archivo. Como
auténticos historiadores, los investigadores tendrán que sumergirse en los
centros de documentación existentes para mirar desplegada toda esa información,
para después ensayar formas sintéticas de clasificación y organización. Todo
esto lo llevarán a cabo con una lógica de sistemas de información. De ahí que
la organización en diez y veinte partes para el marco contextual nacional sea
la misma forma que ordena la información sobre la televisión. De esta matriz
sistemática surgirán elementos de relación y asociación para construir muchas
hipótesis de trabajo posteriores.
Al
moverse esta primera fase de la investigación en la dimensión de lo
configurado, la guía metodológica de organización conceptual a partir de
nociones de modernidad y urbanización es clave. La parte conceptual del trabajo
guía a la parte operativa sobre análisis y síntesis de información. El mapa
categorial que desglosa lo que se entiende por modernidad y urbanización en
México requiere todo el tiempo que sea necesario. En el se contará con los
elementos y argumentos para decidir y enjuiciar los esquemas descriptivos sobre
el desenvolvimiento del país y de la televisión . Muchas de las propuestas
existentes no trabajan a partir de marcos empíricos sobre lo nacional, sobre
México, de ahí que se requieren ajustes y adaptaciones, al tiempo que
propuestas y riesgos, para conceptuar lo que aquí ha sucedido bajo la forma de
lo moderno y lo urbano. Este es un componente de todo el trabajo que puede
cerrarlo o abrirlo a críticas y reconfiguraciones posteriores.
Así
pues, en esta primera fase se construye una gran matriz de un sistema de
información que describe que ha sido México en los últimos cincuenta años, que
ha sido la ciudad de México en particular, junto con otro sistema de
información sobre el desarrollo de la televisión como fenómeno industrial
económico y cultural, todo guiado por un marco conceptual sobre la modernidad y
la urbanización como fenómenos económicos, políticos y culturales.
5. Segunda Fase. Sistemas de información
sobre la configuración.
Esta es
la fase de trabajo de contacto directo con los actores sociales. Aquí se
observará lo que ha sucedido con los televidentes a lo largo de estos cincuenta
años de teleaudiencia. La base del trabajo es una combinación entre entrevista
etnográfica, historia de vida y observación etnográfica. Los televidentes serán
entrevistados, su pasado será reconstruido, su presente será registrado, y sus
aspiraciones también.
El mundo
doméstico ha sido intervenido por la televisión, desde su llegada las
situaciones familiares han cambiado en un antes y un después y en un durante.
La única forma de tener acceso a este proceso es a través de la reconstrucción
de lo acontecido. Para ello se requiere la aplicación de una tecnología
adecuada a la reconstrucción, la historia de vida. En este caso aplicada en dos
partes. En la primera se obtiene una visión general de la vida del televidente
y su familia, en la segunda una visión
particular de su vida
como televidente. El protocolo de la entrevista
supone una guía construida sobre una base etnográfica, complementada por una
visión historiográfica, obteniendo con esto un esquema de construcción de un
sistema de información sobre la vida en trayectoria y en etapas, hasta llegar
al momento presente y las proyecciones hacia el futuro.
El
trabajo de campo supone la premisa de la combinación entre criterios
antropológicos y sociológicos. Los
informantes son considerados como miembros de una especie, por tanto comparten
con su especie una serie de características, al entrar en contacto con un
informante también se entra en contacto con el grupo al que representa. El
partir de esta premisa supone dos tareas
antes de la ejecución de la tecnología historia de vida. Por una parte la
construcción de una sociografía del espacio social por representar, por ejemplo
la Ciudad de México, en particular la zona sur, y más en particular la
Delegación de Coyoacán. Y por otra la
decisión de cual familia será la seleccionada por sus rasgos sociográficos de
representación.
La
Delegación de Coyoacán es una decisión pertinente bajo un criterio fundamental,
es la zona con mayor movimiento cultural de la ciudad y del país. Observar el
fenómeno de la televisión en una región tan cultural puede proporcionar
premisas interesante, faltaría por supuesto complementar el estudio con
regiones complementarias en composición. La decisión sobre las familias y los
informantes parte de la sociografía de la región. Posee una composición
demográfico-social mixta, por una parte sectores medios y altos, por otra
sectores populares. La historia de la Delegación en estos cincuenta años la
caracteriza por un perfil más hacia sectores medios, con una composición
popular compuesta por asentamientos que vienen desde principios de siglo y
otros que se fueron formando en el periodo que aquí interesa. Lo más
conveniente sería tener representaciones de todos, tomando en cuenta el estrato
socio-económico y la antigüedad del asentamiento. Una vez hecho esto lo que
sigue es seleccionar a las familias de esta matriz territorial-histórica. Una
familia por cada sector, hasta completar una bateria de informantes por edad,
sexo y sector . Lo importante es tener un marco de comparación entre informantes,
ya sea por sector, por edad o por sexo.
La guía analítica permitirá sacar mucho provecho de las diferencias y
semejanzas que se obtendrán.
Una vez
decididos los informantes lo que sigue es preparar las sesiones de entrevista
con el protocolo de historia de vida enriquecido. El contacto con las familias
es muy importante, se deben crear las condiciones para que la entrevista
grabada se mueva dentro de los límites del protocolo propuesto. Si esto sucede
el relato será de cualquier manera espontáneo, pero dentro de la forma
propuesta por el investigador. La entrevista se lleva a cabo en tres partes, la
primera para la historia general de la familia y el informante, la segunda para
la historia como televidentes, y la tercera para completar información de la
guía a priori construida con criterios etnográficos e historiográficos de
construcción del tiempo y el espacio sociales.
De
acuerdo a la guía conceptual de la modernidad y lo urbano, el concepto que se
estará explorando en la situación de campo con los televidentes será el de
estilo de vida. Lo que nuestra época marca como diferencia de otras, lo que la
ciudad de México marca con relación a otras, es el estilo de vida. Este se
manifiesta en la forma de construir las situaciones en las que se interviene.
Este marco situacional se configura en los espacios sociales de la vida pública
y privada, y en nuestra hipótesis en forma privilegiada y básica en la
casa-hogar-familia. Será el ámbito doméstico el que será explorado y descrito
en referencia al estilo de vida. La gente es la forma en que vive, los
comportamientos que ejecuta, los objetos que compra y que desea, las mercancías
que consume, los rituales en que participa, los que le gusta y lo que le
disgusta, por lo que lucha y por lo que disfruta. Y todo ello está conectado
con el discurso de la televisión, ese analizado en la primera fase. La
modernidad de un lado de la televisión está asociada con la modernidad del otro
lado del aparato receptor. Ahí se verifica la construcción social de la vida
contemporánea, en este encuentro entre formas de vida y de percepción, entre lo
que la gente vive y lo que mira en la televisión.
6.
Tercera Fase. El análisis de los sistemas de información.
En esta
última fase de la investigación el trabajo se concentra en el análisis. Los
sistemas de información han sido construidos, desde el contexto hasta el texto,
es decir la situación de recepción y el discurso que hace referencia a ella en
forma descriptiva, reflexiva y reconstructiva. En el vértice de estos sistemas
está la hipótesis constructiva. La recepción nombra un fenómeno de creación,
apropiación y transcripción del discurso televisivo. Ahora lo que toca es tomar
estos distintos sistemas de información y construir con ellos un modelo posible
de representación sintética del fenómeno televisivo. Para empezar hay que
analizar el texto de las entrevistas.
Las
entrevistas son fenómenos de la vida en su continuo constructivo, fueron
diseñadas para promover ciertas formas discursivas que representaran
descripciones, narraciones y argumentos sobre el estilo de vida asociado a la
recepción televisiva. Estas expresiones son grabadas y transcritas para
facilitar su análisis. En este sentido pasan de expresiones discursivas a
formas textuales fijas. Por eso pueden ser trabajadas en su composición y
organización narrativa y argumentativa. En toda expresión de una historia de
vida existe un nivel individual único de composición y organización y un nivel social común, que comparte el informante
con todos los miembros del grupo del cual forma parte. Al analizar el texto de
la entrevista será este segundo nivel el pertinente, dejando el otro para otro
tipo de ejercicio. Así pues del análisis derivará un sistema de información
especial que representa al discurso social común, la parte sociológica de una
de una entrevista individual.
Los
análisis concretos que se aplican a los textos son el análisis de argumentación
y el análisis narrativo. Con el primero se pretende construir representaciones
de los mapas mentales de los informantes, y por tanto del discurso social
común. Y con el segundo se busca construir la representación de los programas
de vida, de las trayectorias vitales que guían el camino de los televidentes
por la vida social. Estos dos objetos de conocimiento interactúan con el sistema de información construido
sobre la programación televisiva y sus contenidos, que a su vez se relaciona
con el discurso de representación de la
modernidad y lo urbano del gran contexto social. De ahí sale la imagen final de
la investigación. Se mostrará la relación entre la vida cotidiana del
televidente y el movimiento macro social de las grandes formaciones discursivas
constructoras del gran contexto social-histórico. Entre una dimensión y otra habrá
coincidencias y distancias, las que existen entre la vida de la gente común y
el gran proceso constructivo macro. Ambas son parte de la misma totalidad, pero
separadas analíticamente para visualizar sus relaciones, sus afectaciones, sus
contradicciones.
El
análisis de argumentación se mueve dentro de la configuración espacial del
discurso, fija el proceso constructivo social
y lo esquematiza en un momento. En este sentido se configura
analíticamente en el orden del contexto socio-histórico. El mapa mental del
informante-grupo de referencia está en una escala de tiempo macro, es el orden
de los valores y los objetos valorados más allá de lo situacional particular,
es el esquema de valores que representa lo que la gente desea, busca, guía su vida. El método identifica los objetos y
juicios de valor sobre esos objetos. Con este catálogo se arma un gráfico que
representa las jerarquías y las relaciones, mostrando lo que es más importante
y lo que es menos en la percepción de la vida del informante-grupo de
referencia.
En
análisis narrativo trabaja sobre la configuración temporal del discurso, busca
reconstruir las trayectorias de la vida de los televidentes. Con ellas se
construyen posibles programas de vida, es decir secuencias de acontecimientos
prescritos a priori que guían la vida de la gente. Estos programas de vida se
sintetizan a partir de la obtención de las secuencias de vida concretas de la
vida de la gente, y con ellas de las regularidades compartidas entre todos los
informantes, para después regresar a las secuencias primeras reordenándolas en
programas particulares por sector,
generación y sexo.
Con los
mapas mentales y con los programas de vida, se tienen los elementos para
regresar a la hipótesis constructiva. La recepción será comprendida como un
modelo de construcción social donde ciertos programas de vida y mapas
perceptivos provenientes del discurso televisivo entran en contacto con otros
programas y mapas provenientes de otros lugares sociales, y se encuentran en
los sujetos, que crean, se apropian o transcriben para seguir el impulso vital
de continuar la vida social. Sabremos entonces en parte cual es el papel y
jerarquía que la televisión tiene en todo este proceso.
III.
Hacia
la construcción de una guía conceptual-metodológica.
7. Necesidad de figuras conceptuales complejas y sencillas.
El
asunto aquí es la puesta en revisión del trabajo de construcción conceptual
cuando la televisión es estudiada. El trabajo de conceptualizar tiene dos
momentos claves en un proceso de investigación, el punto de partida y el punto
de llegada. En uno se necesita una visión que guíe las operaciones de
composición y organización de la información en categorías de conocimiento.
Esto quiere decir que se acude al sentido sintetizado hasta el momento de mirar
de nuevo al mundo empírico y su complejidad. Por el otro lado esta el momento
de síntesis de conocimiento después del trabajo de construcción de los sistemas
de información y el análisis de ellos. Aquí el investigador es un creador, un
operador sobre el lenguaje y el significado que intenta abrir el sentido más
allá de donde lo encontró . Esto sucede dentro de un curso de operaciones
previstas por un programa metodológico.
En el
caso del estudio de la televisión como un fenómeno psicológico social la
complejidad está presente desde un inicio. El problema de principio es el de la
composición y organización del espacio-tiempo del fenómeno. Las ciencias
sociales tradicionales están acostumbradas a tratar con acontecimientos que se
verifican en un lugar durante un tiempo. Pero el caso de la televisión sólo
cabe parcialmente en este enfoque. Si
por una parte lo que sucede está aconteciendo en algún lugar, la empresa
televisiva o la situación alrededor de la pantalla receptora, verlo así separa
lo que está unido en otro sentido. La televisión reorganizó al tiempo y al
espacio de otra forma. Antes el espacio era privilegiado en la
conceptualización, el tiempo sólo unía espacios de configuración. Ahora el
tiempo es factor no sólo como marcador del cambio, sino como configurador
directo del acontecer. Esto necesita nuevas figuras conceptuales y principios
constructivos.
El
fenómeno es parte de la reflexión semiótica de la vida social. Cuando el efecto
socializador se realiza en una situación espacial tradicional, la observación
de lo que sucede está en la misma dimensión de lo observado, gente haciendo
cosas. Pero en el caso de la televisión, hay un observador que está observando
a gente observando algo que está presente en una pantalla, por una parte se
presenta una acción de segundo orden, y por otra parte uno de los componentes
es virtual. La metodología de investigación social no está a la altura del
acontecimiento, puede dar cuenta de lo que sucede en cada caso, pero sólo parte
por parte, para dar cuenta de la complejidad de lo que observa necesita incluir
lo que sucede en la percepción y reflexión del televidente, y lo que sucede en
el productor y difusor del mensaje. Todo esto es un objeto multidimensional que
no conviene reducir sin asumir las implicaciones, pero por otra parte no es
fácil proponer un modelo sencillo que lo aprecie en toda su complejidad.
La
televisión es un objeto potencial de reorganización conceptual y metodológica
de las ciencias sociales. Su complejidad exige formas de aprehensión nuevas, su
composición como manifestación evidente es más compleja, y su organización
interna como fenómeno en todas sus dimensiones es tan compleja como los objetos
tradicionales de las ciencias sociales más complejos, como la personalidad, la
cultura, la religión.
8.
El cambio y el movimiento en el contexto doméstico de la recepción.
Un
segundo asunto, muy ligado al primero, es el metabolismo del cambio que está
presente en el fenómeno televisivo. Antes, el espacio estaba privilegiado en la
observación de lo social, porque las manifestaciones de los sistemas de
información colectivos eran muy regulares, para nuestros ojos parecería que las
cosas cambiaban poco y con
lentitud. Pero ya no es así, ahora lo
manifiesto es modificado en forma constante, lo que lleva a pensar que el
movimiento se ha acelerado y que por tanto algo ha mutado en el fondo
estructural de lo social. Así dicho parece que ya se identificó algo
sustantivo, pero no. En efecto muchas partes del sistema social cambian a una
velocidad mayor, pero eso no quiere decir que el sistema de información que las
impulsa también haya cambiado, más bien es posible que sólo una parte de el
haya mutado y el resto sea tan estable como antes. Y la variación temática
podría continuar buscando otras hipótesis. Lo que queda claro es que el asunto
no es sencillo ni está agotado.
Este
contexto conceptual afecta la decisión metodológica de trabajar con el ámbito
doméstico como privilegiado sobre otros, para estudiar la historia social de la
recepción de la televisión a cincuenta años de su existencia. La apuesta es que
de todo el espacio social en movimiento y emergencia, existe un nicho que ha
conservado a lo largo de cinco décadas cierta estabilidad y centralidad en la
socialización colectiva, lo doméstico. Para que esto sea consistente se
requiere reorganizar lo que se puede entender hoy por espacio-tiempo de lo
doméstico. Se parte de la figura de la familia viviendo en una casa a lo largo
de toda su vida, pero pronto se necesitan de otras imágenes, todas aquellas que
puedan incluirse en un espacio-tiempo de socialización estable sólo en forma
relativa, familiar sólo como una imagen amplia, casa en el sentido del ámbito
al que se regresa y del cual se parte en forma cotidiana. Es decir, la
definición es funcional, y el estereotipo desaparece.
Y por
otra parte, lo doméstico como ámbito de lo privado en oposición a lo público
también se modifica. Desde el momento en que entran la radio y la televisión a
los espacios domésticos el dentro y afuera de la casa cambia. Nunca más será la
casa familiar la imagen del castillo que separa y protege del exterior, en un
sentido simbólico nunca ha estado tan dentro de lo privado lo exterior que cuando
se mira una hora de televisión. Ahora
resulta que el lugar privilegiado para formar ciudadanos, personalidades
públicas es la casa, la sala de televisión. Y además aparece la imagen de que
lo doméstico se define ahora no por el hogar, el lugar donde está el calor del
fuego, la cocina, el alimento, sino por el aparato de televisión, el lugar
donde está la tranquilidad de sentarse a descansar mirando al programa
favorito. La televisión también define lo doméstico, pero eso ya no es lo que
era, es otra cosa.
La
imagen es la del cambio, nuevos escenarios, nuevas situaciones, nuevas
configuraciones. Parece ser que el fenómeno televisivo permite a las ciencias
sociales mirarse a sí mismas e identificar sus cualidades y limitaciones.
Seguir mirando al mundo contemporáneo desde un programa conceptual del siglo
diecinueve puede ser útil para entender como esa época se ha continuado hasta
nuestros días, pero no lo es para comprender todo lo nuevo que nuestro mundo
tiene ahora y para lo cual no tenemos ni conceptos ni visiones suficientes. El
reto es imaginar de nuevo y refundar el programa sociológico, y esto sucederá
gracias a los problemas y preguntas que nos traen nuevos objetos de estudio
como el fenómeno televisivo.
9. Complejidad y simplificación. El fenómeno televisivo como objeto emergente .
El
esquema de la retórica aristotélica trasladado al mundo académico de la
comunicación simplificó muchos problemas y preguntas, y en ese impulso cerró
los programas conceptuales para la comprensión compleja. Cuando se presentan
estudios sobre la televisión siempre está presente en alguna forma la imagen
aquella del emisor, canal y receptor, la cual fue pensada y aplicada a sistemas
físicos de transmisión de información, como el telégrafo. Son muchos los
críticos que han señalado la limitación de esta imagen por la ausencia del
mundo semiótico complejo de la significación, y la inexistencia de la presencia
de los contextos sociales de significación. Pero el esquema
aristotélico-telegráfico continua vigente en la mente de los investigadores, y
por supuesto de sus lectores. La comunicación desde este marco está aún por
descubrirse y explorarse de manera conceptual.
El caso
de la televisión es un claro ejemplo de sobresimplificación de lo complejo. En una parte del fenómeno se
observa que una empresa difunde mensajes y unos espectadores se exponen a
ellos. Este es el primer nivel de configuración. Para algunos esos es todo, y
desde esa perspectiva se pueden sacar conclusiones, de hecho la investigación
más común durante muchos años se ha movido en este nivel. Pero hay más. Un
segundo nivel de configuración supone que algo vincula a emisores y receptores
más allá del canal tele-tecnológico, esto supone contextos de implicación, lo
que en apariencia está separado en una parte, está unido en otra, se trata de
averiguar en que consiste ese vínculo que es lo que permite o no la vivencia en
común de un mundo semiótico. Este es
más interesante y ocupa cada vez más a investigadores académicos y comerciales.
Pero aún hay más. Trabajando con lo más actual de la ciencia social se puede
hacer la hipótesis de que todo el fenómeno es un gran campo de interacción de
sistemas de información, donde unos compiten con otros por sobrevivir en la
forma de vida social, la televisión es un agente de esos sistemas, y potencia a
unos y debilita a otros. Pero existen otros agentes y el campo de la
comunicación entre sistemas de información es grande, y para sobrevivir unos se
unen a otros y otros someten a algunos. Este sería un tercer nivel de
configuración.
Lo que
sucede es que cada nivel es percibido y construido por distintos marcos
conceptuales y programas metodológicos. No es lo mismo trabajar con conceptos
como emisor y receptor, que con conceptos como sistema de información y sistema
de comunicación. No es lo mismo aplicar encuestas de opinión, que elaborar
programas metodológicos que combinan tecnologías, distributivas(como la
encuesta), fenomenológicas (como la etnografía), hermeneúticas (como la semiótica),
y estructural-reflexivas (como las historias de vida y los grupos de
discusión). Las visiones complejas suponen estrategias complejas. Y así, la
investigación se convierte en un oficio constructivo de nuevas visiones
conceptuales y nuevos cursos operativos metodológicos y tecnológicos. La
televisión puede ser un objeto de estudio que permita observar todo esto e
impulsar su desarrollo.
COMENTARIO PARA CERRAR UN TEXTO Y ABRIR UN DIÁLOGO.
El
fenómeno televisivo permite pensar en la construcción de nuevos programas de
investigación para las ciencias sociales. Lo primero que tocaría hacer es
sistematizar la experiencia de investigación hasta hoy, apuntando las
regularidades y las variaciones. De ese ejercicio podríamos aprende mucho
todos. Pero al mismo tiempo es posible ensayar nuevas formas de aproximación y
análisis. El mundo académico promueve estas actividades y las avala. Hay mucho
trabajo por hacer en asuntos de orden conceptual y metodológico, se necesita
oficio e imaginación. Estas tareas sólo pueden ser emprendidas en forma
colectiva, en el encuentro de sistemas de información y sistemas de
comunicación que los relacionen, dentro de sistemas de investigación públicos y
publicitados.
Aquí se
presentó un ejemplo de trabajo de investigación. Las guías que lo norman son
varias, por una parte la construcción de sistemas de información para distintas
dimensiones del objeto, y por otra la aplicación de instrumentos de elaboración
de información desde una perspectiva constructiva reflexivo- discursiva,
ensayando conceptos en un análisis semiótico-discursivo. El programa se
ubicaría en lo que aquí se nombró como segundo nivel de configuración de la
complejidad del fenómeno televisivo. Así que en ese sentido da un paso adelante
en ambición respecto a los estudios tradicionales a base de encuestas, pero
está por debajo de los más ambiciosos desde una lógica cibernética y
cognitiva. Un granito de arena para la
playa académica.
Jesús Galindo Cáceres.
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