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“Espero
que esta
declaración no sea en vano”
Lo dijo, muy emocionada, una ex detenida que
tiene a su esposo desaparecido. También declararon tres familiares de víctimas.
En tanto, en la resolución por el caso Etchecolatz, un juez se excusó y
ya está designado el conjuez que lo reemplazará.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Una mujer cuyo esposo está
desaparecido, reclamó a los jueces de la Cámara Federal de La Plata que
su historia no quede archivada y que se haga justicia: “Espero que esto
no sea un circo para exponernos”, pidió.
Mirta Alicia Mazza relató que su
marido, Jorge Alday, fue secuestrado el 22 de agosto de 1977, a la salida
de la fábrica metalúrgica en donde trabajaba, en Valentín Alsina (Lanús).
Al día de hoy la mujer no supo nada del destino de Jorge.
La testigo declaró que ella también
fue secuestrada el mismo día que su esposo, por un grupo de civiles
armados que la esperaba en su domicilio, manteniendo a su madre como rehén.
Y que los represores saquearon la casa: “Nos robaron todo, quedó el
departamento sin nada, teníamos todo nuevo porque eramos recién
casados”, dijo Mazza.
La mujer dijo que al llegar a su
domicilio un grupo de hombres la introdujo en un auto, y que fue llevada a
un sitio que no supo identificar. “Llegamos a un lugar donde se abrió
una cortina de hierro, se escuchó el chirrido”, precisó. Ese lugar sería
el centro clandestino “El Olimpo”. El dato se afirma con la presencia
de un represor apodado “Conejo”, a quien Mirta Mazza nombró.
En
ese punto de la declaración, en la que la testigo continuaba llorando,
el presidente del Tribunal
le expresó: “Me alcanzaría con saber si fue
golpeada”.
“Me torturaron”, respondió Mirta Mazza.
“Me atan a un elástico. .
.—continuó la mujer en su testimonio—, no sé si tengo que contar
esto. . .”, se preguntó y comenzó a llorar. “Espero que no sea en
vano, que esto no sea un circo para exponernos”, solicitó compungida
Mazza, al sentir que una vez más tenía que contar el modo en que fue
apremiada ilegalmente sin que los represores rindan cuentas ante la
Justicia.
En este punto de la declaración,
en la que la testigo continuaba llorando, el presidente del Tribunal le
expresó: “Me alcanzaría con saber si fue golpeada”. “Me
torturaron”, respondió la esposa del desaparecido Jorge Alday. Y explicó
que le hicieron un “interrogatorio incoherente”, mientras permanecía
vendada.
Cuando el juez le preguntó si podía
identificar a alguno de sus secuestradores o torturadores, la testigo
reveló: “Yo salí de garante en un crédito, a uno que me secuestró”.
“¿Podría identificarlo?”, requirió el Tribunal. “Sí, nunca lo
dije”.
Los jueces consideraron que, dado
el estado de la testigo, ese dato podría revelarse en privado. De esta
forma, se pidió el desalojo de la Sala de Audiencias, y el público
presente esperó afuera hasta el final del testimonio de Mirta Mazza.
No obstante, durante la declaración
“en privado”, la mujer no aportó datos de importancia para la causa.
Declaró la madre de un
desaparecido
Por otro lado, María Teresa Bailo
contó a los jueces de la Cámara cómo secuestraron a su hijo la
madrugada del 7 de enero de 1978.
Según la testigo, un grupo de
hombres golpeó la puerta de su domicilio violentamente y luego
preguntaron por el apellido de una persona que ni ella ni su esposo conocían.
“Dijeron que saliéramos con las manos en alto y entraron como 50
hombres armados”, relató la testigo.
Luego de revisar la casa, los
secuestradores se llevaron a su hijo Julio César Acuña, a la pareja de
éste y al novio de su hija, un tal “Daniel”, que según contó Bailo
habría pertenecido a la Armada en aquel momento.
La testigo comentó, muy
emocionada, que a los pocos días apareció Daniel diciendo que lo habían
golpeado y luego lo habían arrojado de una camioneta. “Pero si a vos te
tiraron de una camioneta y te pegaron, cómo no estás lastimado”, le
preguntó el cuñado de Bailo a Daniel, que no ofreció respuesta.
Después del secuestro, Daniel y
la hija de María Teresa Bailo —que estaban comprometidos— se pelearon
y nunca más la familia volvió a ver al presunto marino.
María
Teresa Bailo contó que acompañó a su nuera a un hospital. “El
doctor preguntó cuando la vio:
‘¿La agarraron las ratas?’. Y como le dije que
había estado desaparecida no la quiso atender”
A los dos meses de su desaparición,
la pareja de Julio Acuña fue liberada con graves signos de golpes y
torturas con picana. Bailo contó que acompañó a su nuera a un hospital.
“El doctor preguntó cuando la vio: ‘¿La agarraron las ratas?’. Y
como le dije que había estado desaparecida no la quiso atender”, afirmó
la testigo.
Bailo relató también que su hijo
tenía una moto que, al momento de su secuestro, estaba en arreglo. Cuando
habían pasado dos meses de la desaparición de Julio, ella y su esposo
fueron al taller a retirarla y se encontraron con que “se la había
llevado la policía”, según manifestó.
La noche del secuestro, en el
barrio hubo un gran operativo en el que se detuvieron ilegalmente a
decenas de personas.
Por otro lado, declaró Silvia
Isabel Pinedo, esposa del desaparecido Jorge Omar Astudillo, secuestrado
el 2 de julio de 1976 en su casa de Ensenada, a las 5 de la mañana.
“Tiraron la puerta abajo. Yo estaba durmiendo junto a mi marido”,
manifestó Pinedo. Luego dijo que los secuestradores los encandilaron con
una luz y se llevaron a su esposo, que nunca más volvió a ver.
En ese mismo episodio, las Fuerzas
de Seguridad secuestraron a su hermano, Ángel Mario Pinedo, del que
tampoco tuvo noticias en 23 años. Las dos víctimas trabajaban en
Astilleros Río Santiago.
“En la Unidad Penal N°9 (de Olmos), en Infantería, en
la Armada, en la Curia... Nos echaron de todos lados”, afirmó la
testigo sobre las averiguaciones que hizo acerca del paradero de su esposo
y su hermano.
Tuvo noticias de su marido
después de 21 años
En la jornada de hoy también
declaró Laura Ethel Mannarino, esposa de Néstor Edgardo Arrúa,
secuestrado el 3 de julio de 1978 en su domicilio.
La testigo contó que los
secuestradores, primero, “amenazaron y arrinconaron” a sus padres, que
vivían en una casa vecina, y luego ingresaron en su domicilio y se
llevaron a su marido.
Laura Mannarino y su padre
intentaron perseguir los dos autos Ford Falcon en los que se movían los
represores, pero fue en vano. Luego, dijo, “intentamos hablar por teléfono
y nos habían cortado la línea”.
Mannarino afirmó ante los jueces
que nunca más supo de su marido, pero el fiscal Julio Piaggio recordó en
la audiencia que semanas atrás, la ex detenida Inés Paleo había dicho
que vio a Néstor Arrúa en el centro clandestino de detención conocido
como “La Cacha”, que funcionó en las afueras de esta ciudad. Piaggio
también dijo que Laura Bretal, sobreviviente de ese mismo centro, lo había
nombrado en su testimonio.
La mujer dijo que recién ahora,
después de más de 20 años, tenía noticias sobre su marido. Personas
pertenecientes a organismos de derechos humanos y el propio personal
judicial la contactó con las dos ex detenidas de “La Cacha”.
Etchecolatz: un juez se excusó
Ayer, los nueve jueces de la Cámara
Federal de esta ciudad y los cuatro jueces federales de primera instancia
del distrito de La Plata se reunieron para resolver el pedido del
camarista Leopoldo Schiffrin de citar a prestar declaración indagatoria
al ex director de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires, Miguel Osvaldo Etchecolatz.
Durante el cónclave, el juez
federal de primera instancia Ramón Miralles se excusó porque su familia
y él sufrieron la represión ilegal de la última dictadura. El caso de
la familia Miralles sirvió para condenar a los comandantes de las juntas
militares y al ex jefe de la Policía Provincial, coronel Ramón Camps.
Según el Código Procesal Penal
de la Nación, un juez debe excusarse de intervenir en un proceso—entre
otras razones— si anteriormente fue denunciante de una de las partes, si
sus familiares estuvieran interesados en el proceso o si él tuviera interés
en el caso, cuestiones que se cumplen en la situación de Miralles.
El
juez federal Ramón Miralles se excusó de opinar
sobre la indagatoria a Etchecolatz porque su familia y él sufrieron
la represión ilegal de la última dictadura.
De esta manera, Miralles no integrará
el grupo de trece jueces que decidirán sobre el pedido de Schiffrin. En
su reemplazo votará el conjuez Isidoro Goldenberg.
El próximo plenario se llevará a
cabo el jueves 2 de diciembre, y de no lograr una mayoría de siete votos,
la Cámara seguirá llamando a otros conjueces hasta que se llegue a un
acuerdo.
En el primer plenario, en el que
participaron sólo los nueve jueces de la Cámara, la votación arrojó
cuatro posiciones diferentes. Tres votos —entre ellos el del propio
Schiffrin— adhirieron a la citación indagatoria de Etchecolatz;
dos jueces propusieron que el caso lo tomara un juez de primera instancia;
otros dos votos sostuvieron la intervención de la Cámara Federal de
Buenos Aires; y los restantes dos rechazaron el pedido. (Ver Acuerdo)
Ahora, la presentación de
Schiffrin precisa de cuatro votos más para llevarse adelante (7 del total
de 13 jueces que votará el 2 de diciembre). Si esto sucediera, el
Juicio por la Verdad se convertiría en un proceso penal.
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