"El
camino fue largo y el sol fustigaba con sus radiantes rayos.
El segundo nevado mas alto del
Perú era la única frescura del día, pero estaba
muy lejos.
Finalmente llegué a la
mágica laguna de Lauricocha, hogar del hombre mas antiguo del Perú."
Al día siguiente,
mi carpa fue iluminada por el sol que otra vez se levantaba radiante sobre
el horizonte. El sol iniciaba asi su tarea de calentar aquella tierra y
derretir la fina capa de escarcha acumulada durante la noche.
Fui levantado por el saludo
efusivo del jinete que viera bajando las escalinatas el día anterior,
el mismo que me pidió documentos.
Con su gran sombrero, el
jinete se había apeado de su caballo para dirigirse a ver como me
había ido. Su rostro no dejaba de sonreir y me deseo otra vez suerte.
El luego se alejó cabalgando presurosamente a cumplir sus obligaciones..
La puna estaba dorada, la
epoca de lluvias aun no comenzaba y la sequedad de la zona solo era apropiada
para el pastoreo de borregos y llamas. Levanté el campamento y mientras
ajustaba mi equipaje en la mochila, el grupo de personas que conformaban
la familia Cornelio, avanzaba arreando su ganado lanar.
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El Sr. Jacinto Cornelio
era un anciano que ya no realizaba esos menesteres. El paseaba por los
alrededores con su fiel gato, sin duda, adaptado perfectamente al clima
de la zona. La bosta ( heces de vaca) que era utilizada para cocinar estaba
cubierta por mucha paja para evitar que se humedeciese con algún
esporádico aguacero. |
Me
comunicarón los de la estancia, que el lugar incaico conocido como
Tambillo, estaba desmoronado y no valía la pena verlo. No me atreví
a acercarme a aquel lugar pensando que una gran tristeza me embargaría
al ver mi pasado lejano disperso por la irresponsabilidad de algunos hombres.
Cerca al puquial de donde
obtuve agua, un estrecho arroyo nacía. Mas allá vería
como se le unirían dos afluentes para luego descender violentamente
en las profundidades de la quebrada Ancopalca.
Al
iniciar la segunda jornada eran como las nueve de la mañana . Despidiéndome
del anciano de la blanca barba, levante mi mochila sobre la espalda y seguí
al Real Camino, que bello, se dirigía al Norte.
Según el mapa debería
descender
hasta los 4100 para luego volver a ascender. Ese tramo sería sumamente
largo y pesado. Al lado del camino, un grupo de caballos pastaban el duro
ichu. Tres halcones descansaban sobre el terreno, y al espantarlas, alzaron
majestuoso vuelo. De alas negras y cola blanca, aquellas aves se dirigieron
a las faldas del Cerro Tambillo que empezaría a crecer mas y mas
a mi paso.
| Pocos cientos de metros
adelante, un grupo de casas aparecían sobre lo alto de una loma.
La visión era fantástica. Los cálidos rayos del sol
caían con fuerza sobre la puna, y el cielo , límpido y azul,
contrastaba con la tonalidad dorada del pasto seco y el ichu de la localidad. |
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Crucé
el riachuelo que comenzaba a aumentar su caudal y proseguí por el
lado derecho del Cerro Tambillo. Aquel tramo se presentaba en muy buen
estado resaltando a mi derecha las eternas piedras que habían sido
incrustadas en la tierra para guiar a los viajeros por la ruta real.
Otra vez sufría la
ausencia de agua. Aquel río se hallaba lejos de mi , muchos metros
abajo del camino. El camino ondeaba por aquella agreste puna y cambiaba
su rumbo al Noroeste. Mi altímetro marcaba los metros ascendidos
que venía acumulando durante aquella jornada. Mas que el desnivel,
el altímetro iba registrando las frecuentes subidas que experimentaba
el camino.
La soledad me inducía
a pensar en mi familia y amigos. Paso a paso acortaba mi distancia al lugar
en donde debía descender para encontrar la que había sido
por siempre un anhelo observar, la laguna de Lauricocha.
Aquella larga laguna de siete
Kms de longitud perfectamente alineada de Este a Oeste, no estaba al lado
del Camino Real. Esta se encontraba a escasos 4 Kms en el punto mas cercano
del camino. sin embargo, habría que caminar mucho mas, para ver
los reflejos de la cordillera sobre ella .
Me encontraba ya en la parte
mas baja y comenzaría la subida hasta los 4250 msnm. Todo no era
mas que agrestes riscos de pálidos pastos , y el camino, desafiaba
las alturas al haber sido construído a la mitad de las faldas de
los cerros . Una pequeña choza en Pampahuay, marcaba el adios al
río que me habia acompañado por horas.
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El ascenso si que fue terriblemente
duro, a pesar de la calidad del camino. Sentía que el calor era
mi mayor enemigo y que la sed mi tormento. El clima seco de aquellas alturas
era un mal transmisor de la temperatura, por ello , cuando las nubes cubrieron
momentaneamente el lugar donde estaba , recibí el agradable frescor
de una suave brisa.
Atrás mío quedaba
un camino que se distinguía por muchas leguas. Las negras piedras
que lo enmarcaban constituían un casi infinito rosario extendido
sobre las sierras y adornando las gargantas de aquellas profundas quebradas. |
Muchas
grandes nubes cubrían ya el cielo , y por entre ellas , la luz del
dorado astro se escabullía para calentar el alto territorio. El
punto mas alto estaba cerca. Me encontraba en el lado Este del gran cerro
Guagracatán, al que luego volvería a ver desde el otro lado
, desde la laguna Lauricocha.
| Alcancé por fin el
collado , casi a los 4250 msnm, y surgió ante mis ojos la blancura
de las nieves posadas sobre las altas cumbres de la cordillera Huayhuash.
Me encontraba cansado al culminar la ascensión y solo pensé
en depositar mi mochila sobre el suelo y sentarme a descansar. |
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En aquella cumbre, una ventisca
soplaba con singular energía . Saqué las cartas originales
de mi portaplanos negro, y traté de identificar a cada blanca cúspide
que lejanas, a casi 30 kms de distancia , me dignaban al mostrarme su cautivadora
belleza. |
Cuando
en la Semana Santa de ese mismo año estuve en las faldas de aquellos
nevados, me fue imposible el disfrutar plenamente de ellas debido al mal
clima que imperaba. Aquella vez , las nubes cargadas de lluvias, se habían
depositado sobre los gigantes blancos impidiéndome admirar sus cumbres,
seductoras fatales de los que se habían atrevido a conquistarlas.
Siempre con el exquisito
espectaculo que me otorgaba la cordillera Huayhuash, continué hacia
adelante. El gigante Yerupaja, con sus 6634 msnm, parecía un coloso
centinela observando la pujante vida que desarrollaban los hombres del
Ande.
| El descenso por el Real
Camino seguiría hasta los 4000 msnm. Al Oeste del Cerro Yanagalan
, una gran planicie atravesada por innumerables surcos me hizo perder momentaneamente
el camino. No aparentaba estar a mas de 4100 mts sobre el nivel del mar,
mas parecía estar en algún bajo llano, ancho y extenso. |
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Algunas casas dispersas
por aquel lugar conformaban las únicas estructuras sobresalietes
en la pampa. Era el caserío Yanagalán y el punto geográficamente
mas cercano del camino incaico a la laguna de Lauricocha. |
Un señor del lugar
se acercó a conversar conmigo y enterarse del motivo que me llevaba
por esos lares. Me dijo que desde ese lugar podría bajar a la laguna
buscada, pero que para eso, debería tomar otra vez el rumbo Sur.
De hacer esto debería podría regresar al camino nuevamente
pero mas al Norte de Lauricocha, dejando así de recorrer varios
Kms del Real Camino.
Desde Tambillo, mi punto
de partida de aquel día, también podría haber llegado
mas pronto a la laguna y por una ruta mas corta. Pero mi principal deseo
era no perderme de ningún centímetro de la ruta real por
donde el Inca recorrió su imperio.
Dejé
aquel lugar de excepcionales paisajes, y caminé unos Kilómetros
mas hasta el caserio de Angoluto. En ese lugar, y antes de cruzar el débil
torrente de un arroyuelo, que era un afluente mas del ancho río
que salía de la laguna Lauricocha, encontraría un camino
,el mas corto , y que me llevaría desde el Real Camino hasta Lauricocha.
Casi imperceptible el camino
descendía velozmente. Unos campesinos me guíaron hasta las
cercanías de él y me indicaron como encontrarlo. El río
Lauricocha estaba ahora a mi derecha y parecía cargado. La trocha
se acercó momentaneamente a él, y en ese instante, la senda
se tornó peligrosa.
Desde el camino de herradura
veía a vacas y caballos pastando a orillas del río . Según
el mapa, el sendero experimentaría una curva de casi 90 grados,
pero desconocía que La laguna permanecería oculta hasta el
último instante
| .Estaba un poco desorientado
ya que el camino de herradura se había convertido en un camino de
cabra. Temeraria e irresponsablemente intenté proseguir. En un momento
dudé e intenté regresar. Descanse un gran instante meditando
que hacer, y también me pregunté donde estaba el camino que
tanto buscaba. |
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Opté por regresar.
Aun observaba alrededor mio en busca de alguna solución. Para suerte
mía, descubrí el trecho del camino que subía vertiginosamente
en forma serpenteante por la fuerte ladera. La trocha estaba nuevamente
allí . Respiré con mayor tranquilidad y al avanzar, la pendiente
fue disminuyendo. |
Me
encontraba hacia los 3800 msnm y a la misma altura del río que tenía
a mi derecha. El campo estaba seco y en algunas partes cubierto de muchísimas
rocas. Al otro lado del río , unas altas y abruptas laderas formaban
parte de la quebrada de aquel torrente.
Unas mujeres salieron de
una de las chozas cercanas al camino y decidí seguirlas. Aquellas
mujeres estaban lejos de mí
pero no las perdería
. Me encontraba ya en una larga planicie por donde el río de la
laguna se juntaba con otro haciendo que todo este sector tuviese muchas
tierras húmedas.
Crucé varias veces
aquellos meandros y aun no se distinguía la deseada laguna. Una
gran loma, al Oeste , ocultaba la belleza de sus aguas . A lo lejos , aparecieron
los plateados techos del gran caserío brillaban bajo el sol de la
tarde.
Afuera de una de las casas
mas largas, un gran grupo de personas destacaban con sus multicolores ropas.
No sabía aun que pasaba en aquel lugar, tampoco como me tratarían.
La pampa era inmensa y paso a paso fui rodeando la tosca loma que se levantaba
solitaria en la llanura.
Al superar aquella barrera,
mi sueño de estar en esa laguna se hizo realidad. Me detuve a contemplar
detenidamente aquella gran fuente de vida y sentí una gran emoción
el ver endulzada mi exploración con semejante visión.
Repentinamente escuché
unos agudos gritos. Al voltear mi mirada en busca del origen de aquella
bulla, divisé a un gran grupo de niños que venían
corriendo hacia mi. Uno a uno fueron llegando y, estrechando mi mano, me
saludaron cariñosamente con la frase: "Buenas tardes tío".
La casa antes vista era la
escuela del caserio de Lauricocha , antes hacienda. Los níños
de humilde vestir y con sonrientes rostros no dejaban de curosiar alrededor
mío. Un señor muy maduro , se acercó al grupo que
me rodeaba bulliciosamente. Su nombre era Nicanor Pulido y ejercía
la labor de director del colegio del caserío de Lauricocha.
Las casas estaban bastante
distanciadas una de otra y cualquier sitio era bueno para acampar. Un atento
muchacho me alcanzó una gaseosa de desconocida marca y la disfrute
con gran deleite.
| Faltaban pocos minutos para
las cinco de la tarde . Desde el momento en que había planeado estar
en aquella laguna, había deseado capturar su imagen al ocaso y con
el cielo límpido. Quería obtener similares colores logrados
al caer el sol en el horizonte del mar. Eso, no pudo ser posible. |
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Densas nubes ocultaban al
sol, pero sus rayos escapaban de su encierro. Luminosas estelas bajaban
sobre la laguna como si la presencia del divino , bendeciera esa fuente
de agua, alimentada por los deshielos de los glaciares. Una fulgurante
luz resplandecía sobre la laguna haciendola parecer como una gran
bandeja de oro. |
Armé mi carpa y coloqué
mis cosas en su interior. Los niños aun retozaban alrededor contemplando
cada movimiento mío. Después de conseguida el agua en un
puquial cercano, acudí a conversar con Don Nicanor para conversar
mejor sobre lo que me traía a esa región.
Le mostré mis mapas
y le hablé de mis proyectos. Después de la breve charla me
despedí de él y fuí a preparar mis alimentos. Fueron
18 kms recorridos en seis y media horas de caminata efectiva realizadas
para alcanzar Lauricocha y su laguna situada a 3845 msnm .
Al día siguiente iría
en busca de otras bellas imágenes, imágenes que solo las
captaría a tempranas horas. La noche llegó y yo , en una
completa soledad, a orillas de aquella laguna antes el hogar de hombres
primitivos, intenté descansar.
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Mapa
del Segundo Día
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