ESCUELA VIRTUAL PARA PADRES Nro. 48/98 - 16/03/98
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Hola Familias!!
Desde hace un tiempo he tenido escasa participación en las notas
de EVPP, sucede que he comenzado a trabajar luego de unas largas
vacaciones, razón por la cual me he dedicado a publicar las notas que
Uds. gentilmente me han enviado. En los últimos dias, al trabajo se sumó
la enfermedad de un pariente y mi participación se limitó a enviarles
algunas notas. Les pido disculpas, supongo que la semana próxima todo se
normalizará.
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DEBE HABER CLARIDAD EN EL PROYECTO FAMILIAR.
Lic. Eduardo Cattaneo
· Muchos de los fracasos familiares se deben a la incapacidad, por parte
de los cónyuges, para fijar un proyecto familiar común. Este proyecto
debe comenzar a formularse desde el noviazgo. y debe reformularse luego
al relacionarse con la realidad familiar.
· ¿Te has puesto a pensar si esperas de tus hijos algo semejante a las
expectativas que de ellos tiene tu esposa o esposo?. Si no lo has hecho
hasta hoy, esperemos que este artículo pueda ayudarte. No te apresures,
espera el mejor momento para hablar sobre esto con tu esposa o esposo.
Muchas veces este proyecto común existe, aun cuando no se haya acordado
explícitamente, subyacente en el interior y en el actuar de ambos
miembros del matrimonio; sin embargo es siempre bueno llevarlo al nivel
de un plan común perfectamente explicitado. De esta manera evitaremos
tomar caminos contrarios que desorienten a nuestros hijos.
· Dentro de ese proyecto familiar no solo se debe tener en cuenta lo que
esperamos de nuestros hijos, sino también lo que esperamos de nuestro
cónyuge. También esto debe ser explicitado, buscando el mejor momento,
ya que esto no debe ser causa de fricciones sino de tranquilidad.
· Muchas veces sucede que los cónyuges llegan al matrimonio con un
proyecto que incluye la propia felicidad, y a los hijos como parte de
esa realización personal. Pero deberíamos tener en cuenta que nuestros
hijos son personas distintas y libres, con capacidades e inclinaciones
propias que debemos respetar encaminándolas hacia el bien.
· Nuestras esperanzas con respecto los hijos, y aquello que nosotros
queremos de nuestra esposa o esposo, siempre debe ser flexible, ya que
estamos frente a personas actualmente libres, nuestro cónyuge e hijos
mayores, o que se encuentran conquistando su libertad, como nuestros
hijos pequeños.
· Una vez que nos hemos puesto de acuerdo con nuestra esposa o esposo
tendremos que comunicar a nuestros hijos lo que esperamos de ellos. Para
esto también debe buscarse el momento adecuado.
LA FORMA Y EL MOMENTO ADECUADOS
· Debe procurarse, como para cualquier charla familiar, esperar que
aquellos con los que tenemos que hablar estén tranquilos. Además los
temas deben plantearse en forma amable.
· Las conversaciones deberían desarrollarse en un clima de cariño,
alegría, confianza, tranquilidad y delicadeza. De esta manera será mas
fácil que la otra parte nos escuche con mejor disposición.
· Nunca debemos plantear estos temas, en momentos de tensión, durante
alguna pelea familiar, o ante una desgracia. Esto siempre suena al otro
como si le estuviésemos echando la culpa.
· La confianza necesaria se logrará siempre que creamos en nuestro hijo
y demostremos que el puede confiar en nosotros, porque cumplimos
nuestras promesas. Aquí hay una cuestión importante: muchas veces para
quitarnos un problema, ante la insistencia de nuestros hijos sobre algún
asunto determinado, le decimos que cumpliremos sus deseos más adelante,
pero sin estar seguros si podremos hacerlo y, otras veces, estando
seguros de que no podremos. Esto termina minando la confianza que
nuestros hijos tenían depositada en nosotros.
· Las conversaciones se deberán realizar de forma cariñosa y delicada.
Sin enojarse, ni gritar y estando dispuestos a admitirlo si nos
equivocamos; pero, en el caso de nuestros hijos, con firmeza: exigiendo
y corrigiendo.
· Si no estamos seguros de haber logrado el momento adecuado es
preferible no decir nada, ya que bien podremos causar el efecto
contrario al que buscamos.
NOTA: Recordemos siempre que, como se ha dicho números atrás, los
consejos sólo son consejos, no deben tomarse como normas generales, no
siempre son buenos para todos, debemos pasarlos por el filtro de nuestra
propia experiencia.
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EDUCAR
Ese derecho y ese deber de los padres, "original y primario respecto al
deber educativo de los demás" no se limita sólo a la educación
doméstica, que les corresponde necesariamente: también se extiende a la
libertad de que deben gozar para elegir las escuelas en que se educan
sus hijos, sin sufrir trabas administrativas ni económicas por parte del
Estado; al contrario la sociedad debe otorgar facilidades para que
realicen con eficacia esa libre elección.
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DEBES DECIR LA VERDAD O TE CRECERÁ LA NARIZ
Por Diego Ibañez Langlois
· La contradicción salta a la vista. Pero no todos la quieren ver. Pedir
sinceridad empieza por nosotros mismos, sobre todo a la hora de educar a
los hijos.
· Se engaña al hijo para tranquilizarlo. ¡Qué tonterías se dicen ante
una inyección o una visita al dentista!
· Cuando algo objetivamente duele, carece de sentido esconder el dolor
físico. Sólo se consigue perder credibilidad. Las amenazas y los
escándalos crean un ambiente de desconfianza, donde se pierde todo amor
a la sinceridad.
· La sinceridad cuesta a los adultos tanto o más que a los niños porque
el orgullo es más susceptible que la inocencia de quedar mal. El orgullo
no acepta que se empañe la imagen y retuerce las cosas con tal de quedar
bien.
AMOR PROPIO, DIVINO TESORO.
· Quien no se deja decir las cosas, no dice las cosas como son o como
sucedieron en realidad.
· Ese amor propio tan bien correspondido que llevamos dentro, nos hace
velar por la propia imagen como si fuera nuestro único tesoro.
Equivocarse y reconocerlo no daña el prestigio ni el buen nombre. La
sencillez para reconocer un error, aumenta el prestigio y humaniza el
trato entre padre e hijo.
· No debe asustar que los hijos vean nuestra fragilidad, pero sí que nos
oigan justificarla con mil razones distintas.
· La fragilidad de los padres sirve para demostrar a los hijos que
estamos hechos de la misma materia, y que somos capaces de luchar contra
ella.
· Es poderoso el instinto que lleva a los padres a "quedar bien", hasta
el punto que para no deteriorar la propia imagen, se es capaz de mentir,
de simular, de dejar de hacer lo que hay que hacer, o de hacer lo
distinto que se quiere hacer.
· Cuando se queda bien no haciendo lo que se debe hacer, no es la imagen
la que se estropea, sino la persona misma.
· Los respetos humanos son una falta de respeto hacia la propia persona
y hacia los demás.
· Los padres que están más preocupados de representar que de vivir,
están siempre pendientes del "qué dirán".
· Se ha dicho que la "hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la
virtud". Pero el "qué dirán" va más lejos: rinde tributo, no a la
virtud, sino a la opinión de los demás.
· Fuera de la casa se puede representar. Pero los hijos nos conocen como
somos. En la intimidad, las personas se muestran sin artificios ni
maquillajes. No se busca parecer.
· Es triste, pero ocurre, que en la casa se deje lo peor de uno mismo.
La intimidad no tiene nada que ver con la familiaridad mal concebida,
con un ponerse cómodos, sin que nos importen los que conviven con
nosotros y que son parte nuestra.
· No se trata de representar, sino de luchar por se uno mismo, estemos
donde estemos. Hay que conseguir que la identidad no cambie según los
ambientes y las circunstancias.
· Sentirse a gusto en la propia casa no significa transformarla en el
refugio del egoísmo, en el lugar de las compensaciones. Hacerlo equivale
a abusas de los que nos quieren.
· Ese padre o esa madre que son simpáticos y cordiales en la vida de
relación social, no pueden aparentar delante de los demás y regresar a
casa hoscos o poco comunicativos, sin ningún afán de dar de sí lo que
derrochan fuera.
· Si querer de verdad consiste en buscar el bien de los que se quiere,
es un desperdicio que lo mejor de los padres se luzca puertas afuera.
· La vida se vive y no se representa. Los trapos sucios se lavan en
casa. De acuerdo, pero ni la casa ni la propia familia son lavanderías.
· Verdad cruel: sólo levantando el techo de las casas se podría conocer
mejor a las personas.
· Decía un abuelo: "Llevo años viendo que la mentira rige las relaciones
sociales. Es allí donde la gente miente según las circunstancias, por
respetos humanos o por afán de quedar bien".
· ¿Captarán los niños esa falsedad de los adultos? Evidentemente.
· Un buen padre no es un superhombre, sino un hombre frágil y vulnerable
que está decidido a no serlo.
(extraido de Cristo Hoy)
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Hasta Mañama!!
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LIC. EDUARDO R. CATTANEO (Editor Responsable)
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