MARGARITA ROSA Y LA MÚSICA:

Se la puede encontrar con la única compañía de su guitarra, deshilvanando las armonías y conjugándolas con otras, para volverlas a componer según su espíritu creador. Primero encuentra la melodía. Acto seguido, la vemos en la composición de las letras, una prosa que se vierte de la conciencia al papel, sin tamices de ningún tipo, pero si a partir de un sueño, un amor irrealizable o de incontables sentimientos extraídos de su experiencia. Finalmente, los resultados de esta escritura automática se transforman en los versos de las nuevas canciones. En sus genes está escrito el llamado de la música. Antes lo habían seguido su propia abuela, Margarita María Cucalón, y su padre, Gerardo de Francisco. A su abuela era un privilegio oírla cantar, y su papá componía canciones y organizaba grupos con apenas diez años.

Fue un cultivo de música que vivió su mayor apogeo en aquellas reuniones que presenció en su casa de su Cali natal, en la infancia. En medio de la alegre bohemia comandada por su padre, tuvo lugar una casera grabación: acompañada por la guitarra de Papi Blue, Margarita cantó "Cada vez que pienso en ti", "Una bella historia" y temas de Joan Manuel Serrat, cantautor que cautivaba su gusto musical a los siete años.

El sencillo cassette marcó un presagio de lo que sería su camino de la música: una cuestión de amigos, de calidez y de alegría, pero también de mucha búsqueda interior.

"El baile y la música en general me apasionaban y, naturalmente, sigue siendo así. Pero es que de niña me bailaba sola, al ritmo que fuera".

Nueva York, Cartagena de Indias, Bogotá, Londres y San Juan de Puerto Rico servían de escenario a la nuevas facetas de su vida y por tanto había menos instantes para la música. España, marca un encuentro con las notas y el nacimiento de su pentagrama personal por la soledad, las añoranzas de la tierra natal y la necesidad de ocupar todo el tiempo que el quedaba libre en el Viejo Mundo. Sumó un profesor de guitarra que consiguió a través del directorio telefónico. Él le enseñaba canciones de su amado bossa nova del Brasil, Margarita desbarataba y rehacía. El resultado de este empeño se concretó en un extenso material que permaneció oculto por mucho tiempo por su timidez. Miedo y vergüenza por el desnudamiento de su alma.

En Colombia la esperaba la "Gaviota". Se vendieron millones de copias y tanto discos como novela le dieron la vuelta al mundo. Con ello rompió el mito de cantar, especialmente al descubrir en los conciertos esas sensaciones de multitud, poder, alegría, hermandad y de profundo amor, que querría volver a vivir en muchas ocasiones más.

Margarita Rosa cuando canta, lo que hace es cumplir el sueño de liberar y expresar sentimientos, compartiéndolos ahora con mucha gente.

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