Rimas y Leyendas
"No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre
habrá poesía".

Rimas

          IV       XXXVIII
          XVI      XLI
          XXI      LVIII
          XXIII      LX
          XXX      LXVII

Leyendas

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IV


No digáis que agotado el tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira:
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descrubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que el cálculo resista;

mientras la humanidad, siempre avanzando,
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habra poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!


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XVI


Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que, oculto entre las verdes hojas,
suspiro yo.

Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan,
te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón
al sentir en tus labios un aliente
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo.


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XXI

"¿Qué es poesía?", dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
"¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía...eres tú".


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XXIII


Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso...¡yo no sé
que te diera por un beso!


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XXVI

Voy contra mi interés al confesarlo;
pero yo, amada mía,
pienso, cual tu, que una oda es sólo buena
de un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
"Mujer, al fin, del siglo diecinueve,
material y prosaica..." ¡Bobería!
¡Voces que hace correr cuatro poetas
que en inviertno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida,
con genio, es muy contado quien la escribe.
Y con oro, cualuqiera hace poesía.


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XXX


Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?,
y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"


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XXXVIII


Los suspiros son aire, y van al aire.
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?


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XLI


Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder,
¡Tenías que estrellarte o abatirme!...
¡No pudo ser!

Tu eras el Océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén;
¡Tenías que romperte o que arrancancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
una a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!


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LVIII


¿Quiéres que de este néctar delicioso
no te amargue la hez?
Pues aspíralo, acércalo a tus labios
y déjalo después.

¿Quiéres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémomos hoy mucho, y mañana
digamos ¡adiós!


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LX


Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.


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LXVII


¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca.
Las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zaras agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza:
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.


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